Y  se hizo el petróleo

El arribo a Cuba de cien mil toneladas de crudo de Rusia adquiere un valor simbólico de mayor alcance que el beneficio que aportará en términos de gasolina o generación de electricidad.

La llegada del tanquero ruso Anatoli Kolodkin a la bahía de Matanzas concitó gran repercusión entre la población cubana y en otros países que siguen atentamente el conflicto generado por el bloqueo energético de EEUU a Cuba.

Foto: Perfil de Facebook de Oliver Zamora Oria

El petrolero de bandera rusa Anatoli Kolodkin se convirtió en noticia central de la prensa occidental desde que enfiló abiertamente hacia Cuba hace un par de semanas, entre interpretaciones políticas múltiples que ponen de relieve la intensidad del drama humano y político que vive la nación cubana bajo el bloqueo petrolero máximo que Estados Unidos le aplica.

Al arribar el martes 30 de marzo  a la bahía de Matanzas (occidente) con cien mil toneladas métricas de petróleo crudo a bordo equivalentes a unos 730 000 barriles, el buque ruso se convirtió en el primero en tres meses que llega con semejante carga al país, golpeado por largos apagones, crisis del transporte y contracción de otros servicios básicos.

El cargamento del Anatoli Kolodkin, que será distribuido en la segunda quincena de abril, después de su refinación, apenas cubrirá 10 días del funcionamiento del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) y otras actividades económicas, según declaró a la prensa el director adjunto de la corporación Unión Cuba Petróleo (Cupet), Irenaldo Pérez Cardoso.

La refinación del petróleo donado por Rusia aportará fuel oil para la generación de electricidad en las patanas y centrales termoeléctricas de Mariel (occidente) y de Moa (oriente) y “diésel para generación distribuida de electricidad y actividades esenciales de la economía”, informó Cupet a pocas horas del arribo del combustible.

La corporación también declaró el propósito de producir “gas licuado de petróleo para la cocción de los alimentos de instalaciones críticas como hospitales y centros internos”, así como “un nivel de gasolina para aliviar la actual situación con la demanda del producto”.

En el consenso de autoridades de los tres países implicados en el conflicto en que interviene ahora el tanquero ruso, la llegada de cien mil toneladas de petróleo representa apenas un alivio en la crisis energética de Cuba. El consenso no es similar en relación con otras lecturas políticas.

En contradicción abierta con la inflexibilidad amenazante que había mantenido en meses previos, el Presidente de Estados Unidos,  Donald Trump, se apresuró a decir que había permitido la entrada del petróleo ruso. Pero la declaración la hizo solo cuando vio entrar al buque en aguas territoriales cubanas. Gran parte de la prensa occidental adoptó el punto de vista del permiso estadounidense, aunque no suscribieron cual tal ni las autoridades de Rusia ni las de Cuba.

El portavoz del Presidente ruso, Dimitri Peskov, declaró que Moscú “considera su deber” ofrecer asistencia a Cuba por las “condiciones de un bloqueo severísimo” en que se encuentra y prometió trabajar para continuar suministrando petróleo a este aliado del Caribe cuya situación calificó como “desesperada”.

“Esto, por supuesto, no puede dejarnos indiferentes, así que seguiremos trabajando en este asunto”, enfatizó Peskov.

En la primera reacción oficial de Cuba, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, manifestó en la red social X  : “agradecimiento al Gobierno y Pueblo de Rusia por todo el apoyo” y por esta «carga valiosa que llega en medio de la compleja situación energética que enfrentamos». La Embajada de Rusia en La Habana le respondió en la misma red social: «es un deber ayudar a nuestros hermanos cubanos en estas difíciles condiciones».

La Cancillería cubana manifestó, a su vez, que “esta valiosa ayuda llega en medio del cerco energético impuesto por Estados Unidos, que intenta asfixiar a la población cubana”.

Por la intensidad del drama humano que viven los cubanos en sus noches a oscuras y la dimensión política y económica del bloqueo energético total que EEUU aplica desde hace tres meses a esta pequeña nación del Caribe, el arribo del barco de Rusia adquiere un valor simbólico mayor que su alcance económico mismo.

Junto con la esperanza, el petróleo ruso ha encendido la memoria histórica del socorro geopolítico que salva a la Revolución Cubana cada vez que Washington le dedica un guion similar.

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