40 años del desastre nuclear de Chernóbil

A 40 años del desastre nuclear de Chernóbil, IPS Cuba rescata un reportaje de 2009 sobre la atención médica cubana a niñas y niños víctimas de la explosión nuclear.

Más de 26.000 niños de Rusia, Bielorrusia, Moldavia y Ucrania, víctimas de las secuelas del desastre nuclear, fueron atendidos en Cuba entre 1990 y 2011.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 26 abr.-  Varios millones de personas sufrieron los efectos directos de la radiación tras la explosión a la 1:23 de la madrugada, del 26 de abril de 1986, del cuarto reactor de la central nuclear de Chernóbil.  La nube radioactiva avanzó sobre gran parte del territorio occidental de la antigua Unión Soviética (URSS), alcanzando Europa central y los países nórdicos.

Construida en los tiempos en que la energía nuclear era una gran prioridad para la URSS, la Central Térmico Nuclear Memorial Vladímir Ilich Lenin comenzó a prestar servicio en 1977 en la localidad ucraniana de Prípiat, también conocida como “la ciudad del futuro”, a 18 kilómetros de la ciudad de Chernóbil y a unos 120 de Kiev, capital de la entonces república soviética de Ucrania.

En el momento de la explosión, unos 10.000 estudiantes procedentes de la isla cursaban estudios en universidades de la URSS, incluidas instituciones. Poco se conoce de las afectaciones que pueden haber sufrido, aunque se han publicado testimonios de cubanos que trabajaron en la limpieza de las calles en zonas cercanas a la explosión con evidentes secuelas para su salud.

En este 40 aniversario, IPS Cuba rescata un reportaje de mayo de 2009, escrito por nuestra corresponsal en La Habana Patricia Grogg para el suplemento Tierramérica, sobre el programa médico cubano que, entre 1990 y 2011, atendió de manera gratuita a más de 26.000 niños de Rusia, Bielorrusia, Moldavia y Ucrania víctimas de las secuelas del desastre nuclear. (2026)

El proyecto funcionó a través de convenio entre los ministerios de Salud de ambos países, con la participación además de la organización no gubernamental ucraniana Fondo Internacional de Chernóbil. (Foto: Archivo IPS Cuba)

 

Niños de Chernóbil aún llegan a Cuba para tratamiento médico

Patricia Grogg

LA HABANA, 2 may (IPS/IFEJ).- A miles de kilómetros de Ucrania, donde hace 23 años se produjo el peor accidente atómico de la historia, el sol y el aire puro de una playa de Cuba ayudan a recuperar a niños que siguen naciendo con secuelas del desastre.

Apenas comenzaba el 26 de abril de 1986 cuando estalló el reactor cuatro de la central nuclear de Chernóbil, en lo que entonces era la República Soviética de Ucrania. Según testimonios, la explosión elevó la temperatura a 2.500 grados, derritiéndolo todo a su alrededor. Una nube de polvo radiactivo se extendió por buena parte de Europa.

La radiación causó una amplia gama de enfermedades en la población, como cáncer y deformaciones congénitas.

Cuatro años después, empezaron a llegar a La Habana niñas, niños y adolescentes procedentes de la zona de la catástrofe. Aquellos 139 fueron los primeros de un vasto proyecto de asistencia que ha beneficiado a más de 24.000 personas. Según las autoridades cubanas, esta ayuda se mantendrá en tanto Ucrania la requiera.

El Programa Cubano Niños de Chernóbil -que hasta 1992 recibió también pacientes de Rusia y Belarús- dispone en Tarará, unos 20 kilómetros al este de la capital, de un pequeño hospital, escuela con maestros ucranianos y varias decenas de confortables viviendas para los pacientes y sus acompañantes.

El Programa Cubano Niños de Chernóbil se estableció en el antiguo reparto de Tarará, una zona de playa a unos 20 kilómetros de La Habana. Además de un pequeño hospital, la iniciativa incluyó una escuela con maestros ucranianos. (Foto: Archivo IPS Cuba)

“Desde aquí se mueven por todo nuestro sistema de salud, según sus necesidades”, explicó a esta reportera su director, Julio Medina. Ésa es su excusa para no hacer estimaciones del costo de esta asistencia que Cuba presta gratuitamente. “Lo importante es brindar toda la atención médica que requieren estos niños y jóvenes”, dijo.

El proyecto funciona mediante convenio entre los ministerios de Salud de ambos países. Medina mencionó también la participación del Fondo Internacional de Chernóbil, una organización no gubernamental ucraniana que calcula en 350 millones de dólares los gastos cubanos, sólo en medicamentos.

Ucrania se encarga del transporte, en tanto la estadía y los servicios médicos prestados en territorio cubano corren por cuenta de los anfitriones. Los propios pacientes sacan sus cuentas. “En mi país, el tratamiento que recibe mi hijo me costaría 80.000 euros (105.362 dólares)”, dijo Natalia Kisilova, madre de Mijaíl Kisilov.

El joven de 15 años nació con una oreja sin pabellón auricular ni conducto auditivo y con pérdida de audición. Médicos adscritos al programa que trabajan en Ucrania valoraron su caso y lo enviaron hasta aquí hace dos años. Cual orfebres, profesionales cubanos iniciaron de inmediato un tratamiento encaminado a corregir la malformación.

“Vivíamos en la zona del accidente y en los últimos años nacieron al menos cuatro niños con problemas similares a los de mi hijo… Yo no tengo dudas de que es consecuencia del accidente”, afirmó Kisilova, quien considera que este programa médico es “el más humanitario del mundo”.

Las enfermedades más frecuentes son cáncer de tiroides, leucemia, atrofia muscular, trastornos psicológicos y neurológicos, además de dolencias dermatológicas como vitíligo, psoriasis y alopecia. (Foto: Archivo IPS Cuba)

Pero Medina y el pediatra Arístides Cintra coinciden en que no siempre existe certeza científica de que las dolencias atendidas fueron provocadas por el desastre nuclear, porque se comportan de la misma manera que en personas no expuestas a la radiación. “En cualquier caso, el nivel de recuperación pasa del 90 por ciento”, aseguró Medina.

Las enfermedades más frecuentes son cáncer de tiroides, leucemia, atrofia muscular, trastornos psicológicos y neurológicos, además de dolencias dermatológicas que no se curan en Ucrania, como vitíligo, psoriasis y alopecia.

El estallido del reactor liberó, entre otras sustancias radiactivas, cesio-137, que permanece activo mucho más tiempo que las otras. “Las personas expuestas al cesio-137 están en riesgo de contraer alguna enfermedad, por eso atendemos incluso a niños aparentemente sanos que viven en zonas contaminadas”, explicó Cintra.

Sólo en 2000 se clausuró la central de Chernóbil, con el compromiso internacional de ayuda financiera a Ucrania para terminar las labores de confinamiento del material radiactivo y construir reactores más modernos que compensaran el déficit de electricidad. El presupuesto para un nuevo sarcófago que cubra el núcleo radioactivo ronda entre 1.300 y 1.400 millones de dólares.

En ese mismo año, Cuba renunció a terminar la construcción de una central nuclear iniciada bajo la era soviética, que le hubiera permitido ahorrar unas 700.000 toneladas de petróleo en la generación de energía eléctrica, y optó por soluciones “más eficientes y menos costosas”, como el gas derivado del crudo nacional. Si se construyera la central, Cuba sería el cuarto de América Latina en disponer de energía nuclear, después de Argentina, Brasil y México.

Un informe de la Asociación Nuclear Mundial contabiliza 436 centrales atómicas en operación en 30 países y otras 44 en construcción. Del total, 104 pertenecen a Estados Unidos (tenaz opositor al proyecto cubano de instalar reactores de tecnología soviética), 59 a Francia, 51 a Japón y 31 a Rusia.

El ucraniano Khrypunov asegura que entre 1987 y 2004 murieron por efecto de la radiación 504.000 personas, entre ellas 6.769 niños. Sólo en su país sufrieron daños sanitarios 2,3 millones de habitantes, y medio millón de ellos eran menores de edad. La mayoría de los que vienen a Tarará son víctimas de ese desastre.

Hacia 2015, las pérdidas económicas para ese país habrán sumado unos 180.000 millones de dólares, concluyó el diplomático.

Pero los riesgos para la población bajaron considerablemente y la juventud prácticamente no habla del tema, sostuvo. “Chernóbil pasó a segundo o tercer plano en la escala de preocupaciones de la gente”, dijo. (2009)

Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.