Armando Capó: “No puedes separar a El regresado de Gibara”

El realizador de Agosto estrenó su más reciente largometraje en el Festival Internacional de Cine de Miami y en las citas de Guadalajara y Nueva York.

Armando Capó vuelve a los escenarios de su natal Gibara para contar la historia de El regresado

Foto: Cortesía del entrevistado

Las últimas semanas han sido para Armando Capó (Gibara, 1979) bastante activas: su largometraje El regresado, producido por GatoRosa Films y LAIMA, de Colombia, tuvo su premier en el 43 Festival Internacional de Cine de Miami, realizado del 9 al 19 de abril. “Miami es tan importante para el público cubano como La Habana”, destaca el realizador holguinero.

El recorrido continuó en México, donde su película fue parte de la Competencia Oficial de Largometraje Iberoamericano de Ficción en el 41 Festival Internacional de Cine de Guadalajara, del 17 al 25 de abril, considerado el certamen más sólido de América Latina.

Ya en mayo, El regresado, que había ganado el Fondo de la Embajada de Noruega y el Go-Cuba y también estuvo en el Mafiz de Málaga como proyecto y en Ventana Sur (Argentina) en su primer corte, se proyectó en las pantallas del 26 Havana Film Festival New York.

Allí, Julio Hervis, su protagonista, alcanzó el premio al Mejor Actor. Completan el reparto de esta cinta: Luis Alberto García, Raquel Rey, Arianna Delgado, Jazz Vilá, Eduardo Martínez y Edel Govea, entre otros. Por su parte, la fotografía es de Nicolás Ordóñez y la dirección de arte de Alexis Álvarez.

«Nosotros siempre vamos a defender que la película se vea en Cuba. Porque es su público natural y porque las películas se hacen para que se vean. Si esto no puede ser de manera natural ya pensaremos maneras o formas», añade Armando Capó en este diálogo para IPS Cuba, con El regresado como punto de partida y excusa para hablar sobre su cine.

Cartel de El regresado, segundo largometraje de ficción de Armando Capó (Foto: Cortesía del entrevistado).

La materia prima de Armando Capó

EPP: El regresado no es un filme autobiográfico, pero el argumento trabajado desde la ficción por Laura Conyedo parte de tus experiencias. ¿Te persigue esa necesidad de hablar de tu país y de los otros a través de tus experiencias?

AC: La materia prima de mis películas son mis experiencias como ser humano. Para hacer historias de La Habana todavía me siento un extraño. Aquí estaba la urgencia de volver a ese tiempo cuando me gradué de la escuela de arte y volví a Gibara.

La Gibara de ese momento era bastante amable. Esa atmósfera envuelve a Mandy y está en Agosto y en La tierra de la ballena a través de las memorias de Tony, Catalá y Lemus o mi voz en off. En ese tiempo fui feliz de alguna manera que solo puedo ver ahora y por eso vuelvo ahí una y otra vez.

Un personaje de ficción tiene que ser algo más allá de tus deseos y remembranzas. Así que Mandy se separa del Capó real para poder cumplir su cometido.

Como toda obra, la película tiene que dejar de ser tuya para ser parte del imaginario del público. Ese imaginario colectivo cambia. Se actualiza. Nos toca a nosotros correr la cerca e incluir en esta lo que la historia oficial se niega a recoger. La voz del otro. Las censuras. Las exclusiones. La represión. El hambre. Los errores. Las pequeñas historias humanas obviadas por el discurso del todo.

Pero no creo que sea algo consciente. Sucede de manera natural, solo con observar y mostrar es suficiente.

El experimentado actor Luis Alberto García junto al joven Julio Hervis López en un momento de la filmación (Foto: Cortesía del entrevistado).

Una veracidad documental

EPP: No pudiste rodar Agosto en Gibara, pero ahora sí tuviste la posibilidad de filmar espacios que son sitios de la memoria y los afectos. ¿Cuán necesario era estar en las locaciones donde el Armando adolescente vivió sucesos similares a los de Mandi?

AC: Gibara es el alma de la película. Los espacios imposibles de encontrar en otro lugar y mi conocimiento de ellos. Como el himno de Gibara que casi nadie me creía que era real y para mí tiene un valor sentimental.

Rosa María Rodríguez, la productora, nunca dudó que la única forma de hacer esa película era ir ahí, porque ningún otro lugar podría darnos estas condiciones. Tampoco hay un lugar más amable para grabar, donde puedes tocar en cualquier puerta y pedir ayuda.

La Habana es una ciudad hostil para el cine porque vive en urgencia constante. Por eso muchos planos tienen esa veracidad que parece documental. No puedes desconectar la película de su fuente, no puedes separar a El regresado de Gibara.

EPP: ¿Podríamos pensar que en El regresado miras el pasado como indicador del presente?

AC: Nada ha cambiado para bien en este país. Es un ciclo que se repite y cada vez es peor. Miro a todos lados y las circunstancias han vuelto multiplicadas. La única diferencia es que ahora podemos nombrar las cosas por su nombre a todos los niveles. El que no ve es porque no quiere ver o no le conviene ver. Ya no queda ingenuidad posible.

Julio Hervis da vida al protagonista Mandy y alcanzó el premio al Mejor Actor del 26 Havana Film Festival New York (Foto: Cortesía del entrevistado).

Las pequeñas decisiones

EPP: ¿Te planteas en El regresado la búsqueda de la identidad como la búsqueda de la libertad?

AC: Dejar a Mandy en el 2001, anclado en la memoria y en mi cariño a Gibara nos permite hacer la película en Cuba. El regresado trata de las pequeñas decisiones que marcan tu destino. No hace falta tomar grandes decisiones para que tu camino se tuerza o llegar a una encrucijada de vida o muerte. Siempre empieza con pequeñas cosas. Cuando aceptaste un privilegio y miraste a otro lado. Cuando decidiste callar. Los cantos de sirena del poder van sacando poco a poco lo peor de ti.

La libertad es un concepto abstracto. Mandy se va del pueblo, pero le espera otro más grande que funciona peor y una isla de la que no puede escapar. En un futuro, ya en La Habana y con obra como artista o no, habría sido parte del grupo que cuestionó el 349, del Movimiento San Isidro, y el 27 de noviembre habría estado frente al Ministerio de Cultura.

EPP: ¿Con El regresado cierras un ciclo de presencia y retornos a Gibara?

AC: El orden ideal sería: Agosto, El regresado y La tierra de la ballena (todas suceden en Gibara).

Solo que los tiempos del documental muchas veces son más urgentes que la ficción. Cuando fuimos a hacer el documental ya estábamos escribiendo el guion de la película. La tierra de la ballena es la despedida de Gibara, de mirar al pasado, mis memorias y orígenes. Ahí me declaro libre para buscar otro lugar.

Mi próxima película (si logro hacerla) se llamará El templo y trascurre entre La Caridad y Bariay. Se conecta con La certeza, un documental que grabé para DOCTV en esta zona cercana a la silla de Gibara.

Armando Capó, la productora Rosa María Rodríguez y los actores Arianna Delgado Consuegra y Jazz Vilá en la presentación de El regresado en el Festival de Guadalajara (Foto: Cortesía del entrevistado).

Tan libres como nuestra conciencia

EPP: El filme ganó la primera y tercera convocatoria del Fondo de Fomento del Cine Cubano en las categorías de Desarrollo y Producción, lo que lo vincula a los mecanismos institucionales de producción del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). ¿Cuánto puede influir esto en las decisiones a tomar en una película que aborda, precisamente, las relaciones entre arte, ideología, poder y sociedad?

AC: El Fondo está instituido por el decreto ley 373. No es un fondo del Icaic. Este es el responsable de su ejecución, pero no tiene ninguna responsabilidad o compromiso en particular con El regresado, excepto la que debe tener para todo el cine cubano.

El Icaic no puede influir en nada que no sea técnicamente la ejecución del guion o el cumplimiento de los términos del contrato. Con esta película hemos sido tan libres como nuestra conciencia y la autocensura nos permiten ser.

EPP: ¿Qué beneficios y limitantes posee apostar por el cine independiente en Cuba?

AC: Lo bueno: la libertad, el ser dueño de la obra y poder tomar las decisiones estéticas y económicas. Lo malo: las dificultades para financiarlo en país en crisis dentro de un mundo en crisis. El estado que mira con recelo al cine que no retrata de manera bonita la realidad. En la convocatoria del año pasado del Fondo solo se financiaron cortometrajes.

El cine tiene que ser absolutamente necesario

EPP:¿Encontró Capó la identidad y la libertad, su manera de no guardar silencio, de no conformarse con las normas, aunque se tenga que enfrentar por esto mismo a otros muchos mecanismos de poder social y político, en las posibilidades del cine?

AC: Me gusta creer que la decisión de Mandy va a marcar su futuro. Va a marcar a quién o para qué le va a servir el arte como forma de expresión. Pienso que el poder es algo muy peligroso. Que corrompe y va marcando un camino a lo que no hay vuelta atrás.

Los directores tardamos años para poder hacer una película y se nos va un fragmento de la vida en el camino. Es demasiado tiempo y esfuerzo para que no sea importante y no nos afecte. Por eso el cine tiene que ser absolutamente necesario. No voy a hacer ninguna película que no sea capaz de mirar hacia atrás y estar bien conmigo mismo. Eso por supuesto tiene sus consecuencias. Pero espero dormir en paz (2026).

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