Tensiones sociales aumentan en Cuba bajo presión estadounidense
El bloqueo energético de Estados Unidos hacia la isla aumenta las tensiones sociales al profundizar aún más los impactos de la policrisis en la población.
Dormir se vuelve casi imposible para una gran cantidad de personas que enfrentan el impacto combinado de las altas temperaturas del verano y la falta de electricidad, sin condiciones económicas para instalar un respaldo energético propio.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS-Cuba
La Habana, 28 may.- Agotada por una crisis económica que se acentuó por los efectos de la pandemia de la covid-19, tras varios años de sostenidos y crecientes apagones y una inflación galopante que ha deteriorado el nivel de vida de una parte importante de su población, Cuba vive tensiones sociales sin precedentes en las últimas décadas.
“Es difícil el día en que no se hable de cacerolazos en un barrio o que en algún lugar un grupo de gente salió para la calle a protestar tras un apagón de más de 20 ó 30 horas”, comentó a IPS Cuba Julia Díaz, vecina de una zona periférica de la capital cubana, “muy tranquila” y donde “por suerte, nada ha pasado hasta ahora”.
A sus 64 años y con toda una vida de trabajo como ingeniera en una empresa estatal, Díaz comparó los tiempos actuales con la crisis de los años 90 del siglo XX. Fueron los años en que la desaparición del bloque socialista europeo impactó severamente en la economía cubana, condujo al llamado período especial, el éxodo de los balseros y los disturbios del 5 de agosto de 1995.
“Entonces, todavía teníamos esperanzas de salir adelante. Pero los tiempos ya no son los mismos. Cuba ya no es la misma”, comentó y enumeró “problemas acumulados” como la deteriorada calidad de la salud pública y el déficit de medicamentos, la crisis de la basura y la emigración sostenida de personas jóvenes que buscan un futuro fuera de la isla.
La crisis energética se agudizó al extremo este año con el bloqueo de Estados Unidos a la entrada de buques cargados de petróleo a Cuba. La baja generación de electricidad, con extensos apagones y colapsos del sistema electroenergético, se acompaña de déficit de combustible para el transporte y la cocción de alimentos, e inestabilidad en servicios vitales como el agua.
Para la socióloga cubana Mayra Espina, el momento que vive la isla desborda los marcos de una crisis y se convierte en policrisis, término que define la interacción entre crisis estructurales y sistémicas múltiples, que afectan todas las dimensiones de la vida y donde ningún problema es más importante que otro, ni puede enfrentarse de forma aislada.

Acción & reacción
Pocos son los incidentes o protestas que llegan a los medios de comunicación estatales, pero las redes sociales y medios de comunicación alternativos reproducen videos realizados sus protagonistas, así como enfrentamientos con fuerzas del orden.
Entre las excepciones se encuentra la publicación, el pasado 4 de marzo, de una nota del Ministerio del Interior sobre “hechos vandálicos” contra la sede del gobernante Partido Comunista en el municipio de Morón, a 440 kilómetros de La Habana. Según el texto, un grupo de personas apedreó el inmueble y provocó un incendio en la calle con muebles de la sede partidista.
Tras considerar como “comprensible” el malestar que provocan “los prolongados apagones”, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel advirtió en la red social X que “lo que nunca será comprensible” es la violencia y el vandalismo contra la tranquilidad ciudadana y la seguridad institucional. “Para el vandalismo y la violencia no habrá impunidad”, afirmó.
Al menos dos adolescentes cubanos fueron detenidos por participar en la protesta de Morón, según trascendidos, y podrían enfrentar largas penas por delitos graves previstos en el Código Penal, incluido sabotaje. Especial preocupación ha despertado el caso de Jonathan Muir Burgos (16 años), quien tendría problemas de salud previos a su detención.
Versiones circulan, además, de advertencias o detenciones a personas por expresar opiniones críticas en redes sociales, e incluso expulsiones de centros de trabajo. Tal fue el caso de la separación de sus funciones docentes del arquitecto y profesor titular de la Universidad Tecnológica de La Habana (CUJAE), Abel Tablada, en abril pasado.
Alrededor de 1000 protestas y denuncias mensuales se registran en el país desde inicios de 2026, con un promedio de entre tres y cuatro por día, según el Observatorio Cubano de Conflictos (OCC), proyecto que cuenta con el apoyo de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, establecida en 1992 en la ciudad estadounidense de Miami.
Las acciones pueden ir desde una sencilla publicación en redes sociales hasta cacerolazos, cierre de calles y quema de latones de basura. Del total de 1.133 protestas, denuncias y expresiones críticas registradas en abril pasado, solo 14 fueron protestas presenciales. La mayoría de las acciones se concentran en las provincias de La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba.

Isla bajo amenaza
“¿Lo que más temo? Que llegue a peores. Que en un momento de mucha tensión, se genere una situación verdaderamente violenta aquí en el barrio, un enfrentamiento con la policía o algo así”, comentó Díaz, madre de dos hijos y abuela de una adolescente de 16 años, muy activa en redes sociales. “No quisiera verlos metidos en nada de esto. Ni a ellos, ni a sus familias”, afirmó.
La mayor “incertidumbre” desde el secuestro en Venezuela por tropas estadounidenses del expresidente venezolano Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, es si Cuba “será la próxima” y si las constantes advertencias estadounidenses pueden llegar al extremo de una invasión con todas sus consecuencias, incluidos los posibles daños materiales y muertes de civiles.
Una encuesta realizada por medios independientes este año arrojó que 56,2 % de las personas que respondieron desde el interior de la isla estarían a favor de una acción militar estadounidense como salida a la situación actual que vive el país. Este y otros resultados fueron rechazados por fuentes oficiales cubanas que consideraron la investigación poco rigurosa y manipuladora.
Por su parte, el canciller cubano Bruno Rodríguez solicitó al Secretario General de las Naciones Unidas, el pasado martes 26, el apoyo del organismo internacional “para detener una agresión militar de Estados Unidos contra Cuba, que provocaría un baño de sangre, y para que cesen las amenazas de uso de la fuerza”.
Como la mayoría de la personas en Cuba, Díaz vive pendiente de las noticias que llegan de Estados Unidos y las amenazas cotidianas del presidente Donald Trump. “Lo mismo te hablan de invasión que de negociaciones. Ya no sé ni qué pensar”, comenta esta cubana que asegura no creer en milagros, pero de algo está convencida: “Así no se puede seguir viviendo”. (2026)
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