La inteligencia artificial no sustituye al cineasta, lo potencia
Daniel Ross realizó Bajo la Corteza, filme que define como un “algometraje” y el primero concebido y realizado en Cuba con un uso avanzado y estructural de inteligencia artificial
El director Daniel Ross en una imagen generada con inteligencia artificial.
Foto: Cortesía del entrevistado
La producción de Bajo la Corteza, el segundo largometraje de Daniel Ross Diéguez (DaRoDe), representó un desafió técnico y conceptual, sobre todo en el proceso de edición, para el joven cineasta independiente nacido y radicado en Guantánamo, la provincia más oriental de la isla de Cuba.
Su ópera prima, La espera, estrenada en el Festival Latino e Iberoamericano de Yale, Estados Unidos, en 2022, es el primer largometraje de ficción realizado completamente en Guantánamo y ahora Bajo la Corteza se convierte en “la primera película en Cuba concebida y realizada con un uso avanzado y estructural de inteligencia artificial (IA)”.
“Siempre he filmado fuera de las estructuras habituales del cine institucional y eso me ha permitió sentarme a planificar, después de investigar, cómo hacer y repensar ciertas cosas, cómo intentar con la ayuda de amigos y crowdfunding en redes sociales una película con estas características”, comenta el creador de Studio DaRoDe, la productora con la que ha realizado su obra.
A pecho abierto y desde el aprendizaje diario, en un contexto nada favorable debido a los sistemáticos apagones eléctricos y las dificultades de accesibilidad a Internet, Daniel se lanzó a trabajar con la IA hasta convertirla en “un colaborador invisible pero esencial” de su película. Bajo la Corteza se presentó en el panel “Revoluciones sin guion: el cine cubano contemporáneo y sus disrupciones”, moderado por el académico Jack D. Riordan de la estadounidense Universidad de Texas, Austin, como parte del programa del Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (Lasa) realizado en mayo en París, Francia.
Sobre esta cinta pionera en el país en el uso de la IA y su proceso de realización conversamos con Daniel Ross.

Del aprendizaje a la puesta en práctica
“No es solo la búsqueda desesperada de una idea brillante lo que genera una obra, sino la capacidad de estar abierto a lo que te rodea, de reconocer la oportunidad cuando esta aparece frente a ti y la tuve observando los resultados en el aprendizaje de la IA los primeros meses del 2023”.
La IA no sustituye al cineasta, de eso está seguro Ross, sino que lo potencia. En un primer momento le permitió una “profunda introspección” ―cuenta― al bocetar con la IA. Lo que le posibilitó conectar con las emociones y la esencia de sus personajes.
“Este proceso se vio claramente reflejado con la relación que desarrollé en el guion sobre cómo iba a resolver y mostrar ciertas escenas oníricas y sin afectar mi historia, la IA me reencuadró detalles para mi guion técnico”.
El filme fue su “prueba para compartir con todos, gratis, de que un cineasta independiente puede sistematizar su visión, construir mundos complejos y emotivos, y lanzar una película técnicamente ambiciosa desde la base del autodidactismo, la obsesión y la creatividad aplicada con IA”.
Mi cine es un compromiso con Guantánamo
Desde la planificación musical, aspecto importante no solo en su segundo largometraje, hasta la edición final, la IA fue “mi colectivo de trabajo y experto en consultas en todos los momentos de la edición”. En su cine, la música es un compromiso sociológico y antropológico con los ritmos autóctonos de Guantánamo. Y la propia provincia y su identidad articulan también su concepción artística.
“Mi cine —explica Ross— es un compromiso y una forma de hacer justicia a una provincia que tiene mucho patrimonio, endemismo, arte e historia, y que no le han dado los propios locales la importancia que tienen. La tainidad define hasta la historia del Caribe insular con sus hallazgos entre Maisí, Baracoa e Imías; pero no ha trascendido por falta de un vínculo fuerte con el arte. En mi obra saco toda referencia posible de Guantánamo y pienso mantener ese sello donde me encuentre”.
Una de sus primeras decisiones en el proceso de Bajo la Corteza fue utilizar IA para la generación y diseño de la banda sonora, especialmente en momentos incidentales y temáticos clave.

Una banda sonora que no acompaña pasivamente
Ross hizo ensayos de múltiples prompt ingenieros corregidos algorítmicamente, según sus intereses, sobre una serie de composiciones musicales originales que simulan óperas paródicas. La intención no era solo sonora, sino también narrativa y simbólica: ridiculizar con el alumbrón dentro del apagón cubano, desde lo lírico-musical y el caos que vive el protagonista, un actor callejero marginado.
“A través de muchos tutoriales de Youtube y cursos online me preparé ocho meses antes del rodaje de la película sobre prompts [indicaciones a la IA] específicos hasta que diseñé en programas de Open Source plantillas de patrones de clonación de voz RVC que me permiten un ADN vocal de cualquier humano y luego su distorsión con So-VITS-SVC que la puede ajustar infinitamente, cosa que con músicos demoraría años a ritmos exorbitantes de trabajo”, explica Ross.
A partir de ello, realizó piezas que fluctúan entre lo que llama lo “ceremonial taíno” y lo “absurdo operático”. El resultado fue una banda sonora que no acompaña pasivamente, sino que incide sobre la escena con intención dramática, satírica o emotiva. “Cada fragmento fue diseñado para dialogar con la escena en términos de ritmo, atmósfera y resonancia emocional”, destaca el director de documentales como Wildlife DaRoDe (2022) y el cortometraje de ficción La noria (2019).
Reconstrucción de un lenguaje bastante cercano al taíno
Una de las contribuciones más importantes también en el diseño sonoro y los efectos especiales de audio fueron secuencias que pudo construir desde la tensión acústica más que desde la acción visual, por lo que el trabajo con capas de sonido generadas o procesadas por IA fue decisivo, subraya.
“Tuve que forzarme —relata— a culminar entrenando prompt ingenieros en modelos LLM que personalicé hasta crear Meta prompt que educan y crean otros encadenados… Empleé motores de generación sonora entrenados por mí con modelos LLM de IA off line para el narrador ceremonial behique en su lengua taína, simular ambientes, locutores de radios en la base naval de Guantánamo con acento gringo latino, rezos ceremoniales taínos y efectos de envolvimiento espacial”.
Esto le permitió crear ambientes sonoros únicos, como el eco de un apagón, voces ancestrales reverberando dentro del subconsciente del personaje o efectos foley [de sala] hiperrealistas. Las voces de los behíques, por ejemplo, fueron clonadas digitalmente de modelos que desarrolló con largas descripciones de párrafos prompt para reproducir una fonética taína ceremonial inexistente en registros actuales, lo que añadió un nivel de inmersión sociocultural a partir de la investigación de costumbres ceremoniales profundas enraizadas en sitios de la geografía de su Guantánamo natal.
Ross enfatiza que aunque se conoce parte del lenguaje taíno por las investigaciones del monje Ramón Pané, acompañante de Cristóbal Colón en su segundo viaje a América, sobre todo entre los taínos de la isla La Española, existe poca información sobre el lenguaje de los habitantes de la región.
“Pero con lo existente y con la IA pude tener una referencia de cómo construir un lenguaje bastante cercano al taíno. Así hasta formar un diccionario de casi de 400 palabras. Quería un rezo tribal, pero no lo que hacen aquí en Guantánamo, en la Caridad de los Indios, que está españolizado”, acota.
Ahí la IA se convirtió en “un asistente perfecto, que no viene a reemplazar al director ni a nadie, sino a potenciar y ayudar en tu trabajo. Es un asistente en ascenso”.
La IA también en la postproducción visual
La integración de IA en la postproducción visual fue otra parte clave del proceso de realización. El uso de modelos de generación visual permitió diseñar flare de luz [destello o reflejo de lente] personalizados que ayudaron a rescatar escenas filmadas con recursos limitados, aportando profundidad, direccionalidad y atmósfera sin necesidad de recurrir a ópticas costosas o sets especializados.
“Generé con IA escenas surreales en los sueños y las divagaciones del personaje que jamás hubiera podido filmas o pagar semejantes efectos especiales”. El filme está protagonizado, destaca, por Juan González Fiffe en la piel de un artista callejero, junto a Ramón Moya, Alexis Ayala, Fermín Francel, Ana Z. Rodríguez, Reynaldo Cedeño, Regino Rodríguez Boti e Idalvis Olivares.
“Asimismo, utilicé técnicas de composición con CGI asistido por IA para expandir ciertos elementos del entorno o generar efectos abstractos —como visualizaciones oníricas del behique taíno— que en condiciones convencionales requerirían un equipo técnico especializado. Esto permitió mantener una estética estilizada y simbólica, sin comprometer la coherencia visual del filme”.
¿Qué es un “algometraje”?
A partir de la experiencia en Bajo la Corteza, Ross acuñó el concepto del “algometraje”, definido como un largometraje de ficción realizado con la IA como parte estructural del método de producción. “No se trata solo de usar herramientas puntuales, sino de convertir a la IA en un actor metodológico que asume tareas antes imposibles para un cineasta sin respaldo institucional”.
“Me impresionó en mis experimentaciones —explica— que planifiqué un algoritmo para la atención de los espectadores sobre el filme en determinadas escenas y en pruebas de fragmentos de visionajes fue acertada esa planificación, dándome una opinión colectiva formada y la seguridad de que lo que quiero se ha conseguido, según lo que he planificado en meses de ensayo”.
La IA le posibilitó expandir capacidades narrativas, técnicas y sonoras sin depender de grandes equipos o presupuestos. “Esto me permitió trabajar desde Guantánamo en condiciones reales de precariedad, manteniendo estándares de calidad internacional y un lenguaje visual y sonoro propio” (2026).
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