La historia de una ciudad contada por sus niñas y niños
El evento teórico Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano expone la obra del reconocido fotógrafo cubano Pedro Abascal.
La Habana luce como muchas ciudades en las instantáneas del fotógrafo cubano Pedro Abascal. Este suceso lo suscriben ahora los fragmentos de las series Dossier Habana y Habana color que conforman su más reciente exposición personal.
«Para los niños se hace esta fiesta» es el nombre de la exhibición. En ella se reúne apenas una muestra del trabajo realizado por Abascal entre 1989 y 2013. Son fotografías muy diferentes a nivel de concepto, color, formato. La treintena de instantáneas que conforman esta selección solo tiene en común la mirada del fotógrafo hacia niñas y niños en acciones cotidianas y espacios diversos y el tomar a La Habana como escenario.
Lo más curioso es que la mirada de Abascal logra ser, en muchas ocasiones, la de los propios sujetos retratados. Como si el fotógrafo jugara o sufriera a la par de las y los pequeños en el momento en que detiene la vida con su cámara.
Surrealismo
Del ensayo Dossier Habana rescata Pedro Abascal varias de las fotografías más impresionantes de esta exposición. En blanco y negro se nos presenta esta serie hecha con tecnología analógica. La ciudad en medio de la dura crisis económica de la década de 1990 se muestra en sus precariedades a través de las niñas y niños retratados en relación con algún objeto, espacio o historia.
En una de las instantáneas, un muchachito, de pelo largo y camisa desabotonada, contempla la vida desde la puerta de alguna desvencijada bodega de La Habana Vieja. Parece que está solo. Tiene el rostro triste.
En otra, dos pequeños hermanos semidesnudos ocupan una carretilla junto a un televisor viejo y presumiblemente roto. El transporte es halado por dos personas de la tercera edad que a la vez sujetan con delicadeza a ambos niños para evitar caídas.
Las imágenes del Dossier Habana nos muestran una ciudad en tonos grises, que contrasta solo de manera sutil con la alegría de algunas niñas y niños retratados.
La céntrica calle Prado, tomada por patinadores adolescentes, las aceras de La Habana como espacios de juego de improvisadas acróbatas, son algunas de esas otras imágenes felices que amplían el sentido de la serie.
Mención aparte merecen las dedicadas a pequeños invidentes o débiles visuales. Ellas y ellos son los únicos fotografiados en sus escuelas.
No son estéticamente complacientes los ángulos desde los cuales retrata Abascal a este grupo. Pero es precisamente ese detalle el que los muestra en su pleno y admirable dominio de la vida.
La segunda serie que conforma esta exposición tiene una mirada más atenta a los paisajes rurales que también conforman La Habana.
A simple vista luce mucho más contemporáneo este fragmento, producido ya con tecnología digital. Aunque es evidente que a Abascal le sigue interesando mostrar a infantes solo en sus espacios más tradicionales de juegos.
El lente nos descubre a uno que se esconde tras las sábanas colgadas en una tendedera. Propone varias imágenes de dos pequeñas que corren por una campiña totalmente surrealista en sus colores de atardecer. Contempla a otros que compiten en una cancha de básquet.
Renuncia a montar juntas algunas imágenes, como la de las niñas que corren campo traviesa, a pesar de que aparecen evidentemente como series.
De cualquier modo, esta mirada sostenida a niñas y niños en sus entornos familiares y extraescolares otorga otro alcance a la muestra.
Las marcas de la ciudad, más evidente en Dossier Habana, se diluyen casi de forma total en Habana color.
El fotógrafo parece decirnos que no importa la geografía para descubrir y mostrar el universo de la infancia. También, parece decirnos Abascal, que La Habana ha cambiado.
El prestigioso creador ha asegurado más de una vez que se niega a manipular imágenes. Dice que sus instantáneas «son momentos encontrados y ahí están». Por tal motivo asombra aún más el surrealismo de los paisajes que adornan su serie a color.
Fiesta de imágenes
Pedro Abascal (La Habana, 1960) es reconocido como uno de los principales fotógrafos contemporáneos cubanos. Tiene formación autodidacta y una amplia lista de intervención en exposiciones colectivas y personales.
A pesar de su declarada resistencia a reconocer moldes conceptuales en la división por géneros de la fotografía, su obra es reconocida por la crítica como documental.
Ha trabajado como fotorreportero, fotógrafo publicitario y de fotofijas en el cine. Su amplia experiencia ha contribuido sin dudas a conformar su sello profesional.
En el 2003 publicó un ensayo monográfico sobre su obra documental, titulado Documentos Personales.
La inauguración de Para los niños se hace esta fiesta se produjo el 9 de diciembre. En las notas del catálogo, María los Ángeles Pereira asegura que «La singularidad de esta muestra viene dada por el alma descontaminada y jovial que le confieren los personajes fotografiados».
Pero está claro que la experiencia del fotógrafo crea corrientes de intertextualidad muy curiosas en algunas de las imágenes. A veces porque «prefiere pasar inadvertido» como dice Pereira, otras porque parece jugar con sus protagonistas.
La muestra se incluye entre las actividades colaterales del evento teórico Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano.
Este encuentro propicia el diálogo entre especialistas sobre la producción cinematográfica del continente hecha a favor de niñas, niños y jóvenes y se suscribe cada año en el programa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Como es también costumbre Para los niños se hace esta fiesta trascenderá la cita habanera del cine. Permanecerá hasta el mes de enero en la galería del Centro Hispanoamericano de Cultura, ubicado en la intersección de las calles Malecón y Prado.
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