El lente de Claudia Rodríguez Herrera se acerca, esta vez, a objetos aparentemente “sin historia”. El escenario es el taller de un fabricante de sables de esgrima, un hombre que dedicó su vida a su trabajo, llegando a alcanzar grandes premios pero que con el tiempo fue relegado y echado al olvido. En analogía con los objetos que lo rodean, esta persona persiste en su labor, a pesar del óxido y la desidia.
No hay artificio ni abundancia en la existencia de lo común que mucho tiene que ver con la naturaleza misma y el ser peculiar de la gente que habita la Cuba profunda.
Captar los detalles es para cualquier fotógrafo más que un ardid técnico, un arte. Claudia Rodríguez Herrera saca a la luz, en estas instantáneas, “fragmentos” de parte de la Naturaleza que acompaña nuestra existencia y que muy raras veces nos detenemos a observar.