A debate

Discapacidad y acceso al empleo: la punta del iceberg

Librada Millán García

Cuidadora de personas con capacidades especiales en el poblado de Babiney, provincia Granma

Tengo 81 años y me dedico a cuidar a otra anciana ciega, que quedó sola al morir su hermana. Antes de ser cuidadora, trabajé como auxiliar de limpieza en escuelas y hospitales pero sin contrato laboral. Al morir mi esposo, recibí una pensión de 242 pesos mensuales, más algunos “trabajitos particulares” que hago para poder sobrevivir.

La atención que reciben los discapacitados, por lo menos en los alimentos, está un poco decaída, hay que estar para allá y para acá. Valga que la anciana que yo cuido sabe hacer sus alfombras, sus carteritas y va resolviendo… Ella trabaja mucho. Es muy inteligente y, a su modo, se “defiende”… Como trabajo y vivo con ella, hago mis “quilitos” y compro lo que haga falta y la ayudo mucho.