A debate

Ley de prensa en Cuba: en el banco de la espera

Abraham Jiménez Enoa

Dirige la revista digital El Estornudo y colabora con medios internacionales como Aljazeera, BBC World, El Courier Internacional, Vice News y Univisión.

Lo que más afecta al ejercicio del periodismo en Cuba hoy es su propia luxación. No hay conciencia en la prensa cubana de asumir el rol que le toca y si un país no es capaz de narrarse a sí mismo, está en un gran problema existencial, sencillamente no existe. Y ese es el gran problema del periodismo en Cuba: no existe. No lo encuentras en la radio, no lo encuentras en la televisión, mucho menos en los periódicos o en los medios digitales estatales y en los llamados “alternativos” es que se viene a encontrar un pequeño atisbo de esa realidad extraviada. ¿Por qué? Porque el Estado cubano sigue siendo el amo y señor de los medios de comunicación y esa condición ha hecho desaparecer la información pública, un eslabón esencial en el funcionamiento de las sociedades. Por esa razón, las instituciones se creen protectoras y dueñas de la información, lo que genera un gran temor a la hora de entregarla. Un temor en lo individual y en lo colectivo. Y precisamente ahí es donde Cuba le ha ganado la batalla a la prensa, al  sembrar todos estos años ese miedo ineludible que le ha zurcido la boca a la gente. Un pasaje lo muestra todo: cada 14 de marzo los vítores y la felicidad reinan en todas las redacciones del país, los periodistas celebran el día de la prensa, reciben además las felicidades de las instituciones que deberían cuestionar por antonomasia. Ese día es todo alegría y debería ser todo llanto.

Obviamente, si no hay orden y todo está patas arriba, debería existir un amparo legal que ponga las cosas sobre la mesa, con su debido rigor. La llamada ley de prensa sería lo ideal, pero realmente no creo que haya una intención sana y digna por parte del Estado cubano de legitimar algo tan peligroso para ellos, sino ya hubiera llegado. Por otra parte, hay que ver quién construye esa ley y sobre qué bases, porque estaríamos hablando de quedarnos en el mismo sitio. Si quienes elaboran ese documento son las mismas personas que censuran y que impiden el ejercicio del periodismo, evidentemente ese documento no será para nada confiable. El sistema de prensa en Cuba debería ser diverso, de libre elección, que los viejitos del barrio fueran temprano en la mañana al estanquillo de la esquina y lo mismo puedan comprar el periódico Granma, que la revista Bohemia, que alguna revista especializada en deporte o en moda y farándula o El Estornudo, que nadie les límite su lectura, que nadie les diga qué es lo que tienen que leer en su vejez.

La legalización de esas publicaciones nuevas, que viven de manera alegal en Cuba, sería un verdadero ejercicio de libertad de expresión en esta isla. Esa Cuba que están mostrando debería llegar al alcance de los cubanos, pero lamentablemente muere en las redes de Internet, que sabemos que ya es una necesidad y no un lujo para los cubanos. Y entonces lo que impera y lo que más se consume, aunque cueste creerlo, sigue siendo la visión dogmática, repetitiva y desfasada de los medios estatales, ellos siguen teniendo el mayor poder de audiencias. Pero, evidentemente, estas nuevas propuestas, con un discurso más fresco y más apegado a la realidad, están poniendo en jaque al aparato de prensa estatal; no por gusto sus propios periodistas viven una doble vida: escriben para ellos y para los medios no estatales, proponen un discurso en un lado y luego lo condenan en el otro, firman con su nombre y después se inventan algún seudónimo. Y eso habla de la doble moral y el desprestigio de la prensa cubana.

 

Como no soy investigador, no me atrevo a describir un escenario de consumo, solo a describir un poco sus rasgos. Y son excitantes esos rasgos. Es estimulante percatarse de cuán creativo está siendo el pueblo cubano para satisfacer sus necesidades de información y lo que cree que son sus derechos. Es como el agua embalsada, que siempre encuentra un lugar por donde salir. Está claro que los medios y formatos tradicionales perdieron su exclusividad, aunque todavía son hegemónicos.

Sin embargo, el usuario cubano es cada vez más también un usuario “transmedia”. Las dificultades para consumir contenidos con comodidad lo único que hacen es generar formas muy rupturistas de gestionar/producir/consumir contenido. El Paquete Semanal sigue establecido como el fenómeno sociocultural más relevante de la última década y contiene muchísimas enseñanzas para otros países subdesarrollados y con escasa penetración de Internet, como Cuba.

Los comportamientos de los adolescentes con las redes sociales (online y offline, esas que crean a través de aplicaciones móviles como Zapya) los vuelven muy similares a cualquier otro adolescente del hemisferio occidental. Y cada vez será más transformadora la actitud de los cubanos, toda vez que ya son ellos cada vez más “prosumidores”, productores/consumidores de sus propios contenidos.

Ya lo decía anteriormente, aunque el acceso a Internet en Cuba ha ido incrementándose, los precios siguen siendo altísimos y las condiciones de conexión siguen siendo paupérrimas. Eso indica que, al final, los medios oficiales siguen siendo los que mayoritariamente implantan la opinión pública en la isla. Existen medios alternativos de información como el Paquete Semanal (compendio digital que circula offline), pero en su mayoría las personas lo consumen con el fin del ocio. Al final, si nadie lee en casa, nadie irá a un parque wifi a leer noticias. Pero no se trata de eso, se trata de que, al menos, otorguen la opción de decidir.