A debate

Las familias y su reconocimiento legal en Cuba

Marta María Ramírez

Periodista. Feminista. Community manager independiente y autora del blog Martazos.  

La paternidad tiene, al igual que la maternidad, un rol esencial en la vida y formación de un niño o una niña.

En este sentido, el Código debería mirar los derechos relacionados con las licencias de maternidades y paternidades, acabar de cambiarle el nombre a la actual licencia de maternidad, atemperarla a otros modelos internacionales; por ejemplo, el noruego, que hace obligatorio el rol del padre, es decir, si se quiere acceder a la licencia de maternidad, la licencia de paternidad tiene que ser un hecho. En ese país, para dar licencia de maternidad, el padre tiene que participar de la licencia de paternidad y esto pactarlo. Se han comprobado sus resultados.

Desgraciadamente, es una realidad en nuestro medio que muchos padres no asumen aún con responsabilidad los roles que les tocan al interior de la familia. Por otra parte, sobre sus hombros descansa el rol de ser los principales proveedores; tienen que salir a competir para sostener económicamente a sus familias, aunque también esa visión tradicional se ha ido rompiendo debido al acceso de las mujeres a la vida laboral y profesional. Pero son muchos todavía los hombres que se desentienden de sus hijos. Por tanto, habría que trabajar más este asunto para seguir decontruyendo esos estereotipos que laceran a los propios padres.

De igual modo, creo que hay que hacer efectivos los tribunales de familia, que de verdad se encarguen de ver qué está pasando en casos de querellas por la patria potestad. Conozco un caso de una amiga que tuvo un hijo con un hombre que era su pareja, a los seis meses la botó de la casa, se desentendió del bebé, más allá de los 30 pesos que le dejaba algunos fines de semana. Un padre de estación, como lo llamo. Pero mi amiga reconstruyó su proyecto de vida con un hombre que no es cubano y se ve imposibilitada de irse de Cuba porque su antigua pareja no da el permiso de salida al niño, que ya tiene seis años, hasta que este no sea mayor de edad, es decir hasta los 18 años. Todas las instancias han fallado a favor del padre, porque no quieren que el niño emigre; pero nadie se ha ocupado de pensar dónde ha estado ese padre durante estos seis años.

 

Hay un crecimiento bastante grande de las familias monomarentales, es decir, de las familias lideradas por mujeres, mujeres solas que obviamente han accedido a la reproducción a partir de la existencia de una parternidad, pero esa paternidad está ausente de diversas maneras: desde las cuotas bastante bajas que se les exige a los padres en Cuba a partir del salario legalizado, hasta la ausencia total de los progenitores en la educación y manutención de sus hijos, un tema pendiente dentro de la agenda feminista cubana.

En el caso de las familias monomarentales, algunas son por elección. Y, por consiguiente, deberían estar documentadas, legisladas y amparadas.

Están también las familias conformadas por personas LGBTI y habría que darles el justo lugar que tienen. No creo que sea un modelo reciente. Nací en 1976 y desde la pasada década de los ochenta conozco este tipo de familia, porque en mi aula estudiaba un muchacho que era hijo de dos mujeres y además esa relación estaba pactada con un tipo de masculinidad, que ahora no podría precisar. De modo que, desde esa fecha, este tipo de familia no me es ajeno.

Existen, por otra parte, familias lideradas por abuelos y abuelas, que creo tampoco están siendo tenidas muy en cuenta. Hubo un caso bastante mentado mediáticamente, que fue el de las dos abuelas lesbianas que entablaron una pelea por la custodia de sus nietos a partir de la muerte de su progenitora. Este es uno de los modelos existentes, que es el resultado de estas misiones internacionalistas —como le llaman a la prestación de servicios cubanos en el exterior—, donde algunos de los hijos, incluso, menores de edad, quedan al cuidado de los abuelos.

Otro de los modelos que está creciendo en los últimos tiempos es el de las familias armadas por triejas o cuatriejas u otro tipo de formaciones que no son las relaciones de parejas heterosexuales. Y estas triejas o cuatriejas no las incluyo en las familias LGBTI porque tienen diversas maneras de relacionarse, pues no siempre hay orientaciones lésbicas u homosexuales dentro de ellas.

Creo que los legisladores —lo digo en masculino intencional— debieran ser personas preclaras y adelantarse a su tiempo; incluso, aun no adelantándose a su tiempo, deberían contemplar todos estos modelos y quizás hayan más, pues mi conocimiento de la realidad cubana no es absoluto. Pero, en cualquier caso, debieran tener en cuenta a todas estas personas y a sus necesidades puntuales.

Otro asunto que debería tener presencia en el Código de las familias es la adopción de hijos e hijas, en el caso de las personas LGBTI. Igualmente, habría que visibilizar con bastante fuerza a las familias monomarentales que se hayan constituido así por elección o por ausencia de la figura paterna, pues en cualquier caso es un fenómeno que apunta a la precarización de estas familias y de estas mujeres, y considero que no es justo que se les vaya a dejar fuera del Código.

Otra cuestión es acabar de nombrar desde el Código a las personas que trabajamos de manera independiente, que necesitamos una protección legal con las maternidades y paternidades, que estuviéramos comprendidas en las nuevas legislaciones.

Entiendo que el Estado cubano debe seguir siendo garante de la educación —y una educación, además, de mejor calidad, de la que está ofreciendo hoy—, pero de alguna manera debe dejarnos tener también otros modelos de educación, o simplemente dejarnos educar a nuestros hijos de otras maneras. Estoy pensando en los padres que están presos en Guantánamo, que son de alguna iglesia evangélica, y también pensando en mi caso y en el de otros padres y madres que queremos otras metodologías para acompañar a nuestros hijos en el proceso de su educación. Creo que esto debería estar contemplado dentro del Código.

Otro aspecto al que debe prestar atención el Código es a la convivencia de varias generaciones en un mismo espacio. Hoy conviven en un hogar hasta cuatro generaciones de cubanas y cubanos, lo cual implica que las familias no pueden funcionar bien y esto es una realidad bastante generalizada en nuestra sociedad.

Considero que es fundamental que se acabe de aprobar el matrimonio igualitario, porque fue una minoría en las asambleas para redactar la Constitución vigente en Cuba la que estuvo en contra y, aun siendo una mayoría, debería revelarse una voluntad política. Creo que Cuba es el último país de América Latina donde las iglesias no tienen un poder real por lo que este tema ha estado preterido. Somos uno de los primeros países en hablar de matrimonio igualitario.

Dentro de las asambleas donde se discutió este tema en la consulta popular, fueron pocas las personas que se opusieron y la participación en las asambleas fue bastante grande, o al menos más grande de lo que yo esperaba.

Entiendo parte de la polémica porque vivimos en una sociedad bastante conservadora, pero también entiendo que la voluntad política se ha cargado muchas veces esa polémica. En otros asuntos en los que no hemos estado de acuerdo, la voluntad política ha impuesto un mandato que quiero considerar justo. ¿Por qué no considerar justo el matrimonio igualitario, por qué no considerar justa la adopción de parejas del mismo sexo, cuando son realidades, solo que no existen garantías legales? Le guste a quien le guste, le pese a quien le pese, estas son realidades que no están garantizadas ni legisladas y lo único que provocan son sufrimientos en las personas y en su descendencia, si es que la llegaran a tener por vías que no son legales o no están reconocidas.