A debate

Fundamentalismo religioso en Cuba: aristas para un debate

Luis Manuel Ruiz

Jurista, cursó el Diplomado en Teología en 2014. Profesa Osha, Ifa, Palo Monte.

En primer lugar, permítame, exponer mi criterio acerca del fundamentalismo en general. Opino que este concepto es una construcción social de grupos antagónicos, que no es necesariamente malo o bueno, sino que depende de la capacidad personal para conocer los límites entre su ideología y el respeto a los demás como individuos y como sociedad. Ser fundamentalista no es ser extremista; al menos no cuando se entiende aquello que constituye fundamento.

Si bien muchas veces se ha planteado que es la interpretación literal de algún texto sagrado, trae consigo un elemento analítico, por lo que se subordina a lo que alguien supone que se debe hacer según la deidad.

No obstante, algunas religiones no tienen textos sagrados o escrituras litúrgicas unificadas. Ese es el caso de los cultos de origen africano que se practican en Cuba. Pero no por esto están exentos de ser catalogadas algunas de sus prácticas como fundamentalistas.

Siempre se vincula el fundamentalismo con la religión. Sin embargo, esta -como sistema filosófico social- cumple con los mismos criterios de cualquier sistema político.

De esta forma podremos ver que, en el capitalismo, por ejemplo, se tiene la figura del capital como motor impulsor y meta del sujeto capitalista. Este estará dispuesto a realizar cualquier acción o valerse de cualquier medio para aumentar su riqueza, sin analizar la afectación a otros o, en algunos casos la transgresión de valores morales.

En el socialismo se tiene la idea del proletariado o la masa trabajadora, como epicentro fundamental del sistema. Esta, según conceptos subjetivos, deberá actuar como un bloque con una ideología uniforme, con intereses semejantes y con objetivos específicos. En función de esto se ceden algunas libertades e intereses personales, ya que el bien común es lo que importa. Sin embargo, los límites de lo que se cede no los determina la masa, sino sus líderes, por lo cual esta actuación le brinda la mayor de las confianzas: la de determinar sus ideas y sueños.

Estas actitudes también son, según la definición, fundamentalistas, ya que las personas se desenvuelven solo bajo los principios de su sistema de creencias determinadas por otros e inamovibles, aunque estas no sean de carácter religioso.

Teniendo esto en cuenta, se puede inferir que el sujeto tildado de fundamentalista, no se considera como tal. Este considera que vive con la ideología correcta y en función de ella todo lo que haga será, al menos, justificable.

Por otra parte, y ya entrando en la religión, un sistema de comportamiento estricto, basado en el culto a una deidad determinada, generalmente es considerado como fundamentalista para otros. Entiéndase con esto que no me refiero a la práctica religiosa solamente, sino a una incorporación total de los principios de la misma a la vida del practicante.

Vivir según los preceptos de una creencia determinada no es tan simple como puede esperarse. Si bien el culto a la divinidad goza de un contenido de fe, asumir esta fuera del marco religioso obliga al practicante a asumir limitaciones y conductas que en ocasiones le pueden resultar engorrosas y exigirle algún sacrificio que vaya más allá de lo común.

Este ha sido el caso cubano por excelencia.

Sería extensa la explicación de por qué los cultos de origen africano no pudieron crear una base ideológico-social desde sus comienzos en Cuba.  La esclavitud no solo afecta la libertad de movimiento, sino que lastra la posibilidad de la práctica religiosa por ser esta contraria a la del esclavista. Tampoco se tenía acceso a los recursos materiales para la práctica ritual ceremonial.

Otro elemento es tanto la diversidad en el origen de los esclavos como la imposición de nuevas deidades, lo que creó una necesidad de transculturación y adaptación para garantizar la permanencia del núcleo religioso.

Como es de suponer, todo esto hizo imposible una práctica religioso-social afrocubana generalizada, al menos hasta la etapa Republicana, donde hubo un auge considerable en estas prácticas. Pero este decayó nuevamente con el triunfo de la Revolución y los principios del materialismo dialéctico.

Tomando como referencia lo antes dicho, en Cuba, el fundamentalismo religioso, respecto a los cultos afrocubanos, no es muy extendido.

El practicante cubano delimita, por lo general, la dimensión de sus sacrificios, y no asume ciegamente todo aquello que se le encomienda hacer en nombre de la religión. Más bien, su práctica, no su fe, está determinada por la dificultad o el obstáculo. Es en el momento de la dificultad que se reconoce necesario el sacrificio y se asume la limitación de que la deidad pueda imponer.

Por lo general, sin importar el estatus religioso con que se cuente, los preceptos sociales de conducta religiosa son, cuando menos flexibilizados. De esta forma, pese a existir el canon que rige la conducta del religioso, este no vive enteramente según estas condiciones, asumiendo solo aquellas conductas que le son beneficiosas o afines a su ideología.

No obstante, hoy en Cuba si se pueden ver personas que viven en función de su religión, y no de ella. La denominada rama tradicional nigeriana, perteneciente al culto a IFA es, quizá, el mejor ejemplo de esto.

Dentro de esta vertiente se manejan conceptos como los de Iwa Pele, filosofía del buen carácter en los cuales la práctica va más allá del culto a la divinidad para formar parte del comportamiento social del religioso.

Por simple que esto parezca, constituye un elemento vital en la manera de analizar el fenómeno en Cuba. Si nos regimos por esto ya el practicante no tiene una obligación y vínculo solo con sus mayores o hermanos, como sucedía hasta el momento. Bajo este concepto todo lo que nos rodea forma parte de nosotros por lo que la relación con ello debe ser siempre de respeto y solidaridad, tratando de direccionar nuestra vida al cumplimiento de este precepto.

También se han revitalizado prácticas en la cosmogonía religiosa cubana. Un ejemplo es el culto Ogboni, que si bien existía, en la actualidad funciona bajo una mayor organización y reconocimiento. Esta manifestación, a la que no solo pueden pertenecer religiosos, toma sus preceptos como referente a algo superior: una deidad determinada. Es la devoción a Onile, la madre tierra, a la que todos pertenecemos y debemos respetar.

Pero la práctica de IFA tradicional cubano también ha sufrido cambios al respecto. En la actualidad son cada vez más los sacerdotes del llamado IFA criollo que han incorporado a su vida conceptos morales y éticos provenientes de la religión. El cambio fundamental en este sentido se puede observar sobre todo respecto a la relación mercantil intrínseca a las mismas. Si bien el «derecho» está dentro de la liturgia de cualquier práctica religiosa afrocubana, este ya no se asume por todos como el eje de la misma. El sacerdote jura salvar la Humanidad, y al tomar conciencia de esto se genera una obligación con todas las personas en función de ayudarlas, con independencia de si pueden pagar o no por la «medicina» necesaria.

No obstante, el ejemplo más palpable de fundamentalismo por mala interpretación es aquella persona que cree y actúa bajo la idea de que todo lo que le sucede es responsabilidad de sus deidades y que sus males los provocan otros con «trabajos» para dañarla.

Si bien las deidades están en todos los elementos de la naturaleza, su relación con nuestro destino se manifiesta a través de nuestras decisiones. Toda acción provoca una reacción y, por lo general, es nuestra mala conducta la que trae malos resultados.

No obstante, en la actualidad se ha incrementado el número de conductas que se pudieran denominar fundamentalistas.

En la última década del siglo XX y la primera del XXI, nuestro país atravesó por diversos cambios económicos que influenciaron la sociedad directamente. Con la caída del campo socialista el acceso a productos se limitó considerablemente, lo que repercutió en el nivel de vida de la población.

Es conocido que, en los momentos de más necesidad, personal o general, proliferan las prácticas religiosas. La fe sirve de sustento ante la necesidad, puesto que brinda un apoyo emocional para afrontar la escasez. Por otra parte, entra a jugar la divinidad como protector y propiciador de la suerte para vencer las dificultades.

Es así que en los noventa se nota una revitalización de las prácticas de origen afrocubano, las cuales se habían mantenido bajo relativa clandestinidad, sumando adeptos y creando nuevas instituciones y casas templos.

Otro elemento que influyó de manera directa a todas la practicas religiosas en Cuba, y en particular a las de origen afrocubano, fue la visita del Papa Juan Pablo II. Este hecho marcó un cambio en la forma en que el Estado y las instituciones asumieron a los religiosos, permitiendo una mayor libertad de culto y comprendiendo estas prácticas como elementos fundamentales dentro de la cultura nacional.

También es importante para un mayor auge de conductas fundamentalistas el acceso a la información digital. En los inicios de los cultos afrocubanos la información se transmitía de forma oral y la documentación que contenía material litúrgico se custodiaba celosamente por sus poseedores.

Con las nuevas tecnologías, cualquier persona tiene acceso a miles de documentos y material litúrgico. Esta información se transmite y se debate en redes sociales, independientes del lugar de culto. Esto si bien puede contribuir a la preparación de religiosos y ateos, también ha provocado conductas fundamentalistas puesto que pone en contraposición a grupos con creencias diferentes en los que ambos alegan tener la razón, y cuyo objetivo es destruir al otro sin detenerse a pensar que ambos criterios pueden ser correctos, en función de la práctica en que se basen.

La sociedad cubana no ha sido ajena a estos cambios, se trate de la comunidad religiosa o no. En la actualidad se puede percibir una mayor implicación de todos con la arista cultural de los cultos afrocubanos.

Esto se manifiesta en que elementos como la música y el baile gozan hoy de características afrodescendientes, no solo ya en su composición sino directamente en su ejecución. Se ha aprendido a valorar nuestra herencia cultural y se ha mostrado al mundo de incontables formas.

No se debe obviar el hecho que el auge religioso en Cuba ha creado un sistema económico independiente. Con la práctica sistemática y diaria se ha necesitado una red logística que lo sustente, lo que se revierte en un sin número de tiendas de artículos religiosos, animaleros, yerberos y, por qué no, religiosos cuya única función es obtener beneficios de aquellos que se les acerquen.

En cuanto a estos debates de carácter social se debe tener en cuenta primero que: los religiosos son personas.

Si se mira desde esta óptica, la interpretación de la liturgia es particular a cada cual. Lo que sí es un hecho es que muchas personas se escudan en sus creencias para apoyar sus propios prejuicios.

El fundamentalismo religioso no es responsable de la discriminación de ninguna persona, puesto que dentro de la filosofía de la religión cada elemento tiene su lugar por lo que no es discriminado.

En la actualidad uno de los debates más importantes dentro de la religión es el de las Iyanifa, mujeres iniciadas en los secretos del sacerdocio de IFA.

En la vertiente tradicional cubana esta figura no es reconocida, pero esto no quiere decir que se discrimine a la mujer, puesto que ella tiene su lugar dentro del sistema religioso. Ese lugar no es mejor o peor que el del hombre, es solo diferente.

De igual forma esta prohibición es solo para la religión y específicamente para la vertiente tradicional cubana, la tradicional nigeriana lo practica. El hecho de hacerlo una forma u otra, es voluntad de cada cual, por lo que, si una mujer no está de acuerdo con esta limitación, simplemente puede optar por no practicarla.

Lo que si está mal, y no es fundamentalismo, es la ignorancia; es crear un debate ofensivo hacia otros cultos que si lo permitan. Esto solo demuestra nuestra falta de análisis para comprender que podemos estar equivocados o que, de tener la razón, no tenemos por qué imponérsela a otros.

Ser discriminado religiosamente, en el caso de Cuba, por la libertad de culto, no es una realidad. Esto no quita que algunos religiosos discriminen, pero estos no son fundamentalistas, simplemente tienen prejuicios que justifican, casi siempre ilógicamente, con sus creencias.

No obstante, dentro de las prácticas y cosmogonía afrocubanas están los homosexuales, las personas discapacitadas. Cada cual tiene su historia, su profecía y su camino, el cual es igual de respetado e importante como cualquier otro.

En cuanto al matrimonio entre personas del mismo sexo, no creo que exista alguna prohibición religiosa. No obstante, de existir, esta solo es válida para el religioso y no puede ser impuesta a otros. Nuestro Estado es laico, lo que quiere decir que las decisiones de carácter social son independientes a los valores religiosos de determinado culto.

La lucha de género dentro de la religión no es un fenómeno novedoso ni particular a los cultos afrocubanos. La necesidad de regular el papel de los demás muchas veces nos ubica en una posición de discriminación activa. No obstante, la interpretación de nuestro sistema de creencias generalmente nos demuestra que estas conductas son incorrectas puesto que generan contraposición con los preceptos básicos que nos rigen.

Otra cosa diferente es el desempeño de determinado rol dentro de la religión. En estos casos el impedimento viene dado por el incumplimiento de determinada condición para cumplimentar el mismo. Si bien esta imposibilidad puede ser de naturaleza de género, no se crea con el fin de discriminar, sino que forma parte de la liturgia, lo cual no difiere, por ejemplo, de la organización de algunos eventos deportivos en los que las mujeres compiten contra las mujeres y los hombres contra los hombres, sin que esto sea considerado discriminatorio.

La práctica religiosa, fundamentalista o no, no discrimina. De hecho, uno de los principios más importantes dentro de los cultos de origen africano es la exclusividad, puesto que todos somos seres humanos, y todos tenemos un destino que cumplir.

Considero que la creación de una ley de culto en Cuba, no reduciría lo que se denomina fundamentalismo.

Es prácticamente imposible regular las prácticas religiosas a partir de una legislación. No existe normativa capaz de consolidar la diversidad de creencias de un grupo determinado, y por otra parte nadie tiene el derecho a determinar cómo debe manejar su fe otro.

Con esto no quiero decir que me oponga a la emisión de una normativa de este tipo. Lo que considero es que la misma debe estar dirigida a regular los límites objetivos en que la religión actúa con la sociedad. Me refiero a elementos como libertad de culto, derecho a reunión, y elementos de carácter medioambiental.

En cuanto al fundamentalismo no creo que exista legislación alguna capaz de evitarlo, puesto que el creyente fanático no perdería su ideología, convirtiéndose así en un disidente. Recuerde que al penar una actitud determinada solo está asumiendo que para el infractor el castigo sea superior a la recompensa, lo cual ha probado ser poco efectivo en cuanto a la subjetividad.

En la actualidad, me consta, el diálogo interreligioso en Cuba es bastante activo. La plataforma Interreligiosa Cubana y otros grupos realizan eventos y conferencias con el fin de lograr una unificación y coherencia entre los religiosos cubanos, más allá de su ideología.

No obstante, aún carecemos de espacios de debate en los que se puedan confrontar temas como el género, la teología como filosofía, y la relación práctica religiosa-vida.

Si tomamos el ecumenismo más allá de su connotación solamente cristiana, creo que un movimiento de unidad puede beneficiar no solo a los practicantes sino a la nación como cultura. Sin embargo, dicha unión debe fundamentarse sobre el respeto a la creencia y fe de cada cual, sin intentar una unificación litúrgica, puesto que esta no respondería a la realidad del practicante común, y se generarían mayores desaciertos.

Como religioso soy partidario de la unión, pero no de las unificaciones. Considero que en la diversidad se encuentra precisamente el diálogo y el análisis de nuestro credo. Cuando se unifican varias ideas, por necesidad estas se resumen en un objetivo común, por lo que ven su riqueza simplificada.

Es por ello que considero que una unión como esta deberá sobre todo estar enfocada en aspectos científico–teóricos. Pudieran crear una plataforma que permita la superación de aquellos investigadores y religiosos con el fin de crear una práctica mucho más coherente, con independencia de cuál sea su filosofía.

Con esto se evitaría una incorrecta interpretación de la creencia y el fundamentalismo extremista.