Desarrollo local en Cuba: Entre la realidad y lo posible
Rosa Acosta
Doctora en Ciencias, investigadora auxiliar del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA) y codirectora nacional del Proyecto PIAL.
Desde mi perspectiva, el desarrollo local es una efectiva manera de articular actores y recursos a nivel local para gestar el desarrollo. Con un enfoque multiactoral e incorporando múltiples dimensiones (sociales, económicas, ambientales), donde se transversalicen enfoques de género y equidad, agroecológicos, energías renovables, cadenas de valor, economía circular u otros. Contribuiría, sin dudas, al fomento de procesos continuos de gestión del conocimiento y la innovación, como vía de desarrollo y resiliencia de las comunidades, territorios y otras demarcaciones geográficas donde se implemente.
Existen múltiples oportunidades en el contexto cubano actual para ser implementado. De un lado, la Conceptualización del Modelo Económico de Desarrollo Social Socialista, los Lineamientos de la Política Económica y Social del 2011-2016, del 2016-2021 y los venideros (del 2021-2026) y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 constituyen guías para el cumplimiento de la visión de la nación. A su vez, la alineación de este Plan a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que conjugan las dimensiones económica, social y ambiental en sus estrategias de intervención. En este sentido, se muestran como oportunidades también proyectos de leyes que están en diferentes niveles de avance y que aportan al Desarrollo Local en Cuba, como el Ordenamiento Territorial y Urbano, y otros.
En toda esta contextualización, se requiere –por un lado- de políticas que permitan cumplir los objetivos propuestos de manera cohesionada y lógica y, por otro, la constante formación de capacidades en los actores locales para implementar estas políticas, con herramientas adecuadas, con principios como la participación y enfoques de trabajo multiactorales, horizontales. A mi criterio, este último hecho se manifiesta como obstáculo para el desarrollo local. Otro elemento en el cual se debe trabajar es romper la verticalidad/sectorialidad a la hora de tomar decisiones o trazar estrategias en determinados ministerios, lo cual imposibilita la real articulación de sus contrapartes a nivel municipal para tomar decisiones y apoyar propuestas construidas desde lo local.
Elementos como los presentados anteriormente apoyarían este hecho. Por ejemplo, 1) otorgándoles a las instancias ministeriales municipales mayor autonomía y no una dependencia hacia sus contrapartes provinciales y/o nacionales; lo que se cumple en algunos casos iguales a la verticalidad en el mandato de los gobiernos provinciales, 2) estableciendo indicadores de evaluación y seguimiento de estas instancias municipales, no solo por patrones/informes ministeriales, sino considerando los impactos logrados a favor de apoyar propuestas, procesos y/o proyectos locales, 3) intencionando planes de capacitación a favor del desarrollo local, incluyendo formaciones no solo tecnológicas y/o temáticas, sino también fomentando la formación en herramientas sociales, educación popular, por ejemplo, 4) haciendo un levantamiento de las prácticas exitosas y no exitosas desarrolladas por investigaciones, proyectos para respuestas a problemáticas locales y que pueden tener impacto en otros escenarios similares, entre otras.
La capacitación es uno de los pilares básicos de estas iniciativas a favor del desarrollo local. Al respecto, sería muy valioso incluir en estos planes de formación: capacitaciones en la acción, con un enfoque a la investigación-acción-participativas, que permita la articulación del conocimiento empírico y convencional, la adaptación y adopción de nueva diversidad o nuevas temáticas, tecnologías… provenientes no solo de las universidades, centros de investigaciones u otros; sino también aquellas resultantes de las prácticas cotidianas de productores, emprendedores y del patrimonio local. En ese sentido, la gestión del conocimiento y la innovación son esenciales vías de apoyo al desarrollo local y tributan no solo a la formación de habilidades y aptitudes en los decisores de políticas u otros actores, sino que permiten la búsqueda de soluciones adaptadas a los contextos locales.
Múltiples pudieran ser las formas de repercutir en mejorar la calidad de vida de cubanos y cubanos. Como resultado de procesos que han tenido éxito a nivel local, no solo se aporta a beneficios económicos/productivos. Si bien es cierto que se debe tributar a lograr impactos económicos –no solo a los que implementan estas iniciativas, sino a los consumidores de ellas (mediante el abaratamiento de los precios, por ejemplo, o la calidad e inocuidad en productos alimenticios que se ofertan)-, los impactos sociales son muy importantes. Mediante estas iniciativas, en muchos casos se aporta al incremento del bienestar familiar y comunitario, al rescate e identificación de liderazgo local de mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, al rescate del patrimonio local, el mejoramiento de indicadores medioambientales locales, a la búsqueda de soluciones adaptadas a los contextos a partir del trabajo articulado de los actores involucrados (y en términos de cadenas agropecuarias, a la incorporación del enfoque de cadenas de valor), lo que tributaría a una gestión de gobierno efectiva y una mayor participación ciudadana en el modelo de gestión que el país se está proponiendo.