Emprendedoras cubanas: rompiendo estereotipos
Nayvis Díaz Labaut
Presidenta-fundadora de la empresa Vélo Cuba-RSE
El proyecto nació, inicialmente, por iniciativa personal; es decir, en la modalidad de trabajo por cuenta propia; llegamos a tener entre 25 y 30 trabajadores. En la actualidad somos una empresa y, además, llevamos adelante un proyecto de desarrollo local.
Si algo nos distingue es la perseverancia. Como muchos otros en Cuba, nuestro proyecto no tiene la posibilidad de acceder a servicios mayoristas; por tanto, al comenzar con los servicios de reparación de bicicleta, por los cuales conseguimos la autorización para arrancar en el mundo del emprendimiento, no podíamos y aún no podemos comprar partes y piezas, no solo para brindar ese servicio a nuestros clientes, sino para poder reparar las bicicletas que, desde 2015, comenzaron a hacer algunas excursiones al interior de La Habana y luego, en 2018 y gracias a gestiones de la Oficina del Historiador, nos permitieron ser seleccionados para desarrollar el primer sistema público de bicicletas en la capital, que comenzó con 60 bicis y hoy ya cuenta con unas 500.
El hecho de no poder comprar las partes, piezas y accesorios para reparar las bicis constituye, como decía, una traba importante para que nuestro emprendimiento crezca. No obstante, no nos hemos detenido, apelamos constantemente a la creatividad y al ingenio de nuestros especialistas.
Por otra parte, y a diferencia de otros modelos de negocios, el nuestro depende totalmente del clima. De noviembre a abril tenemos muy buenas temperaturas —dígase no solo los niveles de calor, sino también las lluvias—, pero ya desde mayo hasta los primeros días de octubre se hace muy difícil andar en bicicleta, tanto para cubanos como para visitantes extranjeros.
Lo que hemos hecho desde un inicio, aun cuando todavía no éramos empresa, era darles, en ese período de tiempo, un mes de vacaciones a los trabajadores; si la ley decía que les correspondía una semana pagada, les dábamos tres. Nosotros trabajamos mucho la responsabilidad social empresarial y así dimos muchas licencias de maternidad y de paternidad. Eso nos ha permitido ajustarnos a todo el sistema, sobre todo con nuestros clientes internos, en función de hacer vacaciones de conjunto, celebrar los cumpleaños… Uno de los temas más complejos que hemos mantenido durante estos ocho años de existencia ha sido el reajuste de los horarios. Nos adaptamos al horario de trabajo de nuestros clientes internos —diseñadores, fotógrafos, constructores, chef de cocina, personas con diversas profesiones— y hemos logrado respetar sus tiempos de estudio o empleo, con el propósito de que además de continuar con lo que realizan habitualmente, sigan laborando con nosotros. Con ello no solo gana el negocio, sino que esas personas, tanto hombres como mujeres, pueden tener doble ingreso, algo que es muy importante para su vida personal y familiar. Con nosotros han logrado desarrollar habilidades como vendedores, mensajeros, administrativos e, incluso, como mecánicos.
Con orgullo podemos decir que Vélo Cuba cuenta con la única escuela de mecánica de bicicletas en el país y es así reconocida por los ministerios de Educación y Trabajo y Seguridad Social. Ambas instituciones certifican los cursos que impartimos en la escuela, de modo que las personas que los pasan salen como obreros calificados. Ofrecemos cursos intensivos de un mes, de los cuales las personas salen con todos los conocimientos, no solo para arreglar cualquier bicicleta —desde las menos complejas hasta las de alto estándar—, sino que también les proporcionamos saberes culturales relacionados con los servicios: cómo atender a la clientela en términos de venta, seguridad y salud del trabajo, además de aprender a guiar grupos, lo que se denomina cicloturismo, mensajería, administración y sobre gestión del capital humano, un eslabón esencial y al que el negocio le otorga mucha importancia. Algunas de estas personas —por suerte no solo de La Habana, sino de otras provincias (Holguín, Villa Clara, Pinar del Río y Sancti Spíritus)—, una vez recibidos estos conocimientos, salen listas para echar adelante sus propios emprendimientos.
Otro de nuestros aciertos como emprendimiento ha sido mantener la estabilidad laboral, un problema de muchos negocios hoy en Cuba y, en sentido general, en el mercado laboral del país. Lograrlo no ha sido una tarea fácil, pero tampoco imposible porque nos hemos propuesto evaluar cada día cuál es el clima laboral de nuestro equipo, que ya hoy llega a 42 personas; qué situaciones se presentan. Para nosotros, los clientes internos llegan hasta las personas que integran el núcleo familiar del trabajador, con quienes vive y comparte cada día.
Creemos que el alcance de una empresa que se respete tiene que tener en cuenta el recurso humano como eslabón esencial para obtener resultados, fomentar un clima laboral favorable, que las personas se sientan como en familia, experimenten interés y motivación no solo por el ingreso que reciben sino porque estén a gusto, puedan ser escuchadas y se les respetan sus opiniones.
Dirigir Vélo Cuba es, para mí, un aprendizaje continuo. Puede que no pregunte por los niveles de ventas diarios, pero sí estoy al tanto de cada uno de los asuntos que suceden con el personal.
Contar con una psicóloga como vicepresidenta del negocio ha sido súper importante. Nos ha llevado a tomar decisiones en tiempo real y a mantener una atención constante sobre los trabajadores. Y sabemos que ellos lo perciben y valoran.
Otra de las trabas es la imposibilidad de contar con fuentes de financiamiento estables y seguras para poder gestionar y operar con mayor agilidad nuestro negocio, lo que incide directamente en poder crecer.
Yo venía de trabajar en el mundo estatal, ya con experiencia en el tema de los recursos humanos. Al graduarme, laboré en el turismo, luego estuve en una empresa internacional de administración de cruceros y también fui directora de recursos humanos del Ministerio de Comercio Exterior. En 2014 decidí dar el salto al universo privado. Quería poner en práctica todo lo aprendido desde que me gradué, en función de un proyecto propio y en una actividad no convencional. Ahí apareció el interés por desarrollar la ciclomovilidad. Ya había visto con mis propios ojos –en Europa, sobre todo en Italia, un poco en España— el movimiento de transformación de las ciudades en función de una movilidad sostenible. Lamentablemente, en Cuba la gente dejó de usar la bicicleta como medio de transporte, se había perdido aquel sistema que surgió como una necesidad en tiempos del periodo especial más crudo. No existían talleres de reparación, pero seguían los problemas para moverse dentro y entre ciudades. Yo viví durante un tiempo en la Isla de la Juventud y sabía las limitaciones de las personas para poder moverse. Entonces aposté por la bicicleta, siempre con la mira puesta en lo que puede representar ese medio para mejorar la calidad de vida y como un punto de partida para emprender muchas otras actividades. Pero había un problema: no tenía capital para arrancar, pero sí muchas ganas, y la solución que encontré fue vender mi carro. Así nació Vélo Cuba, primero en la modalidad de trabajo por cuenta propia y ya ahora como empresa.
El mayor conflicto ha sido en el orden personal y con mi familia, pues al hacer la apuesta por este emprendimiento he dejado de recibir beneficios económicos. Contando los ocho años de existencia del negocio, por cerca de un año he dejado de percibir salario. Mis familiares me decían: “tienes que hacer algo, sacar personas, disminuir servicios, cerrar talleres”… Y mi respuesta siempre fue: “no, no; tenemos que seguir adelante”. Creo que lo que somos hoy como emprendimiento ha sido gracias a esa lógica de perseverar, de creer más en el futuro que en el presente. Claro, no ha sido fácil, sobre todo porque todos no lo aprecian así.
Estuvimos varios años solos porque nadie creyó en nosotros. Nos acercamos a varias instituciones con proyectos para enseñar a los niños a montar bicicletas y nos “batearon” la bola, como se dice en buen cubano. Aún hoy, muchos no creen en lo que hacemos.
Pero nosotros no paramos de generar ideas y proyectos. Cuando la Oficina del Historiador nos contrató para desarrollar un sistema de bicicletas públicas, muchos dijeron que eso era una locura. Sin embargo, eso generó una escuela de mecánica. Aceptamos y dijimos: pero esta escuela no será solo para preparar a personas que vamos a contratar de modo eventual. Al poco tiempo abrimos los cursos a más personas, sin importarnos que en el futuro nos generara competencia. De hecho, muchos de los graduados de aquellos cursos, en plena pandemia, abrieron sus negocios de talleres, se convirtieron en mensajeros, otros se compraron cuatro o cinco bicis y con ellas comenzaron a rentar. Es decir, tener esa visión es lo que nos mantiene vivos, porque queremos que más gente se interese por el mundo de la ciclomovilidad. Por muchos obstáculos que se nos presenten, seguir hacia esas metas de futuro es nuestro propósito.
En el orden personal no he sentido desventaja por ser una mujer que lidera un emprendimiento. Pero, como el 58 por ciento de nuestro personal es femenino -—quienes están al frente de los talleres, en la gestión de ventas, operaciones, administración, vicepresidencia, las coordinadoras, todas son mujeres, con excepción de un jefe de taller—, al principio de incorporarse, los esposos o novios de algunas no se han sentido cómodos sabiendo que sus compañeras tienen esas labores en el proyecto. Como sabemos que esos estereotipos todavía funcionan, bien a través de la propia trabajadora o invitando a sus esposos y novios a nuestros talleres, hemos ido sensibilizándolos y notamos que se han ido transformando.
Por otra parte, hemos fomentado la unidad de la comunidad ciclística de La Habana, mediante eventos y recorridos donde participen también mujeres. Casi siempre, tal vez por hobby o para desarrollar habilidades, muchos de los que practican la ciclomovilidad —que no son pocos y casi siempre son hombres— se agrupan los fines de semana para hacer recorridos o excursiones por diversos sitios de la ciudad. Hemos aprovechado eso para que más mujeres se integren a esas prácticas y los hombres han ido comprendiendo mejor las ventajas de circular con mujeres: no se va a tanta velocidad, pero se visitan otros sitios de interés donde pueden compartir con sus novias, esposas o amigas. Eso ha contribuido a transformar la mentalidad de que cada vez sean más las mujeres quienes usen la bicicleta.
Nos queda mucho por avanzar, pues son mujeres solo 17 por ciento de nuestros clientes que usan entre cuatro y cinco veces a la semana nuestros servicios de renta de bicicletas. La mayoría siguen siendo hombres.
Son muchos los retos; entre ellos pudiera mencionar que aún no hay condiciones fiscales mediantes las cuales se nos pueda proporcionar una ayuda para llevar adelante nuestros emprendimientos. De hecho, las mujeres no llegamos al 30 por ciento entre quienes lideran este tipo de proyectos. Pese a todos los avances, somos una sociedad muy patriarcal y es una contradicción total porque la realidad dice que en las fincas trabajan las mujeres; en las casas, si existe un negocio particular, cocinan las mujeres; y en cualquier otro tipo de negocio, por ejemplo, para que el hombre pueda manejar un taxi o un camión, las mujeres se ocupan de todo en la casa y de cuidar, en muchos casos, a los enfermos, hijos y nietos. Lo asumen sin recibir los beneficios por ese trabajo. En la mayoría de los casos, ellas no cuentan con autonomía económica y dependen de otros, por lo general de los hombres. Esta es una realidad que no ha cambiado.
No existen, por otra parte, programas diferenciados que respalden a las mujeres que deciden abrir emprendimientos; todavía no es posible acceder a créditos o financiamientos. Creo que es hora ya de pensar en políticas específicas que favorezcan la participación de más mujeres que quieren y necesitan entrar al sector privado, porque tienen capacidad y conocimientos para hacerlo. En estos tiempos complejos que vivimos, hemos demostrado que con resiliencia podemos trabajar y echar adelante nuestros negocios.
Considero, además, que las reformas económicas —hablo del sector privado— deben ir acompañadas de buenas prácticas y de socialización de esas experiencias, para que otras mujeres que quizás tienen deseos y posibilidades, se animen a ser emprendedoras. Falta todavía divulgar más en eventos locales, provinciales y por los medios de comunicación, lo que muchas estamos haciendo.
También es hora de mostrarles a los jóvenes lo que hacemos, que se puede emprender en Cuba, pese a todas las dificultades, porque duele que nuestro talento joven se nos esté yendo, que emigre hacia otras partes, cuando aquí —tal vez no con todas las condiciones— se pueden hacer cosas.
La respuesta es sí, pero está llena de matices. Vamos a partir de que no están diseñadas las infraestructuras, ni siquiera las proyecciones dentro del empresariado (estatal y privado), que tomen en cuenta integralmente la responsabilidad social empresarial (RSE). No existe una ley de RSE; por tanto, nadie se siente obligado, en el mejor o el peor sentido de la palabra, como se quiera mirar, de “nacer” con RSE incluida. Esto se traduce en unos principios de cómo tratar, tanto a los clientes internos como externos. Ahí entra todo: el cliente que paga, las comunidades, los gobiernos, la prensa; son los actores con los cuales interactúa la empresa. Pero, sobre todo, los clientes internos (el personal que acompaña, que es el responsable y la pieza clave de cualquier sistema empresarial) y luego está esa relación que se debe tener entre los clientes internos y el entorno donde se enmarca la empresa, el negocio privado —como se le llame—, que incluye la seriedad, responsabilidad y respeto que aún no se exige.
Los clientes no tienen la costumbre, ni siquiera piensan que tienen el derecho de reclamar, de demandar por cualquier mal servicio o maltrato recibido. Eso los cubanos no lo tenemos incluido en nuestro cerebro; sin embargo, es una alta responsabilidad, de cualquier empresa, dar un servicio como corresponde.
El otro aspecto es tener en cuenta los entornos donde se desarrollan los emprendimientos. Con excepción de los inspectores de Higiene y Epidemiología que controlan los negocios de elaboración y venta de alimentos, nadie inspecciona los temas de seguridad y salud del trabajo; nadie está pendiente de si los negocios transforman los entornos. Por ejemplo, los que consumen altos niveles de agua en los barrios muchas veces afectan a los vecinos; otros, que tienen el descuido de contaminar con sus desechos el medioambiente que los rodea, no tienen en cuenta la contaminación sonora que genera su negocio y, sin embargo, desde su nacimiento tienen que cumplir con un número grande de controles, entre los cuales están estas cosas que mencionaba. Repito: no existe una ley que proteja esto en Cuba y que sirva no solo para sancionar a quienes lo incumplan, sino para estimular a quien lo cumpla, respete y verdaderamente incentive y logre mayor cantidad de beneficios sociales con su cumplimiento.
Desde el principio, en Vélo Cuba no solo tratamos de generar beneficios en las comunidades donde nos ubicamos, sino también de atraer a esas comunidades para que formen parte de nuestro emprendimiento. Así, por ejemplo, tenemos precios con cero costo desde 2014, cuando asumimos la reparación de las sillas de ruedas; 50 por ciento de descuento para la infancia, por el alquiler de bicis y cualquier otro tipo de servicio; para estudiantes y personas jubiladas hacemos un descuento de 30 por ciento y muchos de los eventos que hemos realizado en estos ocho años también han sido sin costo para los clientes.
Ahora bien, la fórmula, ¿en qué consiste? Es sencillo: un emprendimiento que se respete, desde que nace, debe destinar un porcentaje de su contabilidad a generar servicios de impacto social de transformación. En nuestro caso, trabajamos con temas de comunicación sobre la importancia del uso de la bicicleta, generamos acciones para involucrar a personas que no tienen cómo pagar un servicio o un porcentaje de ese servicio y realizamos eventos, actividades y acciones para que esas personas puedan recibir beneficios. Eso es posible diseñarlo desde que nace un negocio. De hecho, la mayoría de las empresas en el mundo que crecen, se respetan y son valoradas por los clientes, lo contemplan en su contabilidad. Esa es la fórmula; es así, matemática. Claro, eso tiene que estar respaldado por un sistema fiscal que lo acompañe.