A debate

Emprendedoras cubanas: rompiendo estereotipos

Maricel Ponvert Iser

Masajista de profesión, lidera el emprendimiento D' Marie, Centro Holístico de Bienestar.

Antes de comenzar con el proyecto, ya llevaba años como especialista en masajes y reiki. Lo primero que hice fue buscar ayuda desde el punto de vista empresarial y me propuse pasar el curso de Cuba Emprende para aprender acerca de cómo echar adelante un negocio. Uno de los  aprendizajes fue que no podía vivir netamente del negocio, sino que tenía que vivir de un salario, como cualquier otro trabajador, y que el dinero que entrara era para sustentar los gastos del proyecto.

Por otra parte, aprendí que un negocio que no se promociona no se puede ubicar en el mercado; otra cosa importante es el tiempo que le lleva a una empresa poder ubicarse, posicionarse en el mercado. Entonces, me propuse abrir con D’ Marie siguiendo cada paso y detalle que había aprendido antes de arrancar. Todos esos saberes me ayudaron a encaminarme dentro del mundo de los emprendimientos en Cuba y, algo muy importante, a sobrevivir durante ese largo año de la pandemia, un momento en que muchas personas como yo decidieron emprender, pero no tuvimos el apoyo de nadie.

En realidad, en mi vida personal me ha traído pocos conflictos. Primero, porque el momento en que decidí montar mi proyecto no tenía hijos pequeños ni adultos mayores que cuidar. Es un proyecto de familia que llevamos mi esposo y yo. Ambos nos apoyamos y complementamos.

En cuanto a la organización de mi vida personal, sobre todo de los tiempos, vivo en un constante conflicto entre atender a los clientes y dedicar más tiempo a mi familia y a mí misma. A veces me estresa tener que estar al tanto del bienestar de tantas personas que solicitan nuestros servicios y notar que mi tiempo personal se resiente.

Pero, aunque pueda ser un tanto contradictorio, para eso soy reikista y sanadora y he sabido sacar lo mejor de mí para tratar de conciliar lo que hago para mí misma y el tiempo que dedico a los demás.

Me he sentido en desventaja, no por ser mujer sino por el tipo de negocio que llevo. La mayoría de las personas les pone importancia a los negocios que tienen muchos empleados o aquellos que cubren necesidades esenciales (de comida, construcción, hospedaje, peluquería…)

Por otra parte, he sentido esa desventaja en eventos y actividades en las que participo. Las personas no me ignoran o prestan menos atención por el hecho de ser mujer, sino por la modalidad de mi emprendimiento. Creo que eso se debe al hecho de que en Cuba no existe cultura del masaje, de la sanación y, además, lo que hacemos no encaja mucho en lo que muchas personas consideran servicios esenciales para su vida. Eso de dedicar parte de su tiempo para aprender a cuidarse, quererse, amarse y darse valor es visto como algo “menor”. En ese aspecto sí me he sentido subestimada, aunque tampoco me hace daño. A una le hace daño lo que, como persona, permita que le haga daño. No me canso de explicar la necesidad que tienen para las personas los servicios que damos, en un mundo tan agitado y lleno de situaciones estresantes. Por otra parte, nuestro negocio se puede montar en cualquier sitio: una fábrica, una oficina… pues se trata de dar calidad de vida.

Creo que los retos son muy parecidos a los que tienen los hombres: las prohibiciones, la falta de libertad para tomar decisiones, y más en el caso de los emprendedores. Cuando he tenido que tomar determinadas decisiones en mi negocio, no he podido esperar por las autorizaciones, porque a veces son cuestiones que afectan o benefician solo al negocio. En no pocas ocasiones he sido atrevida y, por suerte, me han salido bien las cosas. Pero no creo que en Cuba se les pongan tabúes a mujeres o a hombres. En estos casos, no creo que los retos vayan por la cuestión del género. De hecho, la inmensa mayoría de las instituciones a las cuales nos dirigimos para hacer gestiones relacionadas con nuestros emprendimientos están dirigidas por mujeres. No quiero generalizar, pero me ha pasado que a veces me entiendo mejor con los hombres que con las propias mujeres.

Cuando a las personas les hablan de responsabilidad, lo asocian automáticamente con el dinero. Ser responsable socialmente es respetar el derecho de los demás, e incluyo a la naturaleza, a la que muchas veces la afectamos con los desechos que generan nuestros negocios. Ser responsables es promover la superación de quienes trabajan con nosotros. En D’ Marie reciclamos muchos productos, como por ejemplo las borras del café o el agua de los aires acondicionados, porque está destilada. Ser responsable es tener buen corazón y no solo pensar en uno, sino en todo lo que nos rodea. La responsabilidad no solo se expresa por parte del empresario o la empresaria, sino por cada uno de los seres humanos que habitan nuestro planeta.

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