A debate

Emprendedoras cubanas: rompiendo estereotipos

Alina Saborit

Emprendedora y lideresa de un Atelier-Cafetería, ubicado en el municipio habanero de Marianao.

He conseguido llevar adelante mi negocio perseverando, capacitándome, buscando ayuda para desarrollar mi plan de negocio, aprendiendo cómo hacer una ficha de costo, cómo llevar la parte económica y creando redes para poder lograr el éxito.

Las principales trabas que he tenido han sido el hecho de no contar con un equipamiento a la altura de la etapa en que estamos desarrollando el emprendimiento; la escasez de materias primas y las limitaciones de recursos para brindar un servicio de excelencia.

Sin embargo, hemos logrado encontrar estrategias y alternativas para estar presentes en el mercado. También hemos contando con el apoyo del gobierno municipal e instituciones como el Centro Martin Luther King y el Centro Oscar Arnulfo Romero, entre otros.

En mi vida personal no creo que ser emprendedora me haya creado grandes conflictos. Por el contrario, liderar este proyecto me ha ayudado a empoderarme, contar con mi propia economía y, claro, ha contribuido a mejorar la calidad de vida de mi familia, ya que también cuento con el apoyo de mi esposo y mis hijos.

No niego que, al comienzo, hasta los mismos hombres de la familia —por ejemplo, mis hijos— pensaban que era mejor que me quedara siendo la costurera del barrio y no soñar con un negocio propio, «un negocio que se respete», como digo yo, con una estructuración sólida. Ellos no creían que yo podía convertirme en lideresa; incluso, al inicio era mi hijo quien llevaba el control económico. Luego, con el tiempo, aprendí a hacerlo por mí misma.

Pese al actual contexto de cambios en Cuba y la voluntad política de transformar esta realidad, y aunque las mujeres trabajen y sean profesionales, todavía muchas de nosotras seguimos asumiendo la responsabilidad de los cuidados, no somos visualizadas como empresarias, capaces de liderar un  emprendimiento. Eso limita nuestro desempeño pues lo que hacemos, muchas veces, no es reconocido en el ámbito social, se nos limita el acceso a recursos o al patrimonio personal, se dificultan las posibilidades de conseguir avales para préstamos o para iniciar determinados negocios. Por otra parte, es difícil mantener los proyectos, debido a la escasez de materias primas y recursos financieros.

Claro que sí,  un emprendimiento puede ser responsable con la naturaleza y también ser rentable, pues son principios del compromiso social que hay que asumir para cuidar nuestro entorno; es decir, la vida con todo lo que la rodea. Por eso en nuestro proyecto reciclamos los desechos y los rehacemos para crear otros productos, con nuevo valor de uso. Con nuestras acciones contribuimos a sensibilizar a la población, a nuestra clientela, para que protejan el medioambiente y el sitio donde viven.

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