Cuba: Entre liberar trabas y acelerar el cambio de mentalidades
Omar Everleny Pérez Villanueva
Doctor en Ciencias Económicas. Tiene más de una decena de libros publicados y una vasta experiencia como docente en Universidades de Cuba, Estados Unidos, Francia y Japón.
Debe recordarse que, ya desde la década de los noventa del pasado siglo, Cuba viene sufriendo diferentes etapas de crisis, pero ninguna tan profunda como la de estos cuatro últimos años, a la cual se suman, entre otros factores, la persistencia y recrudecimiento del bloqueo estadounidense, los efectos de la covid, los desequilibrios estructurales, esencialmente. En los últimos tiempos las familias cubanas han visto mermado el poder adquisitivo de sus ingresos, dígase salarios, sobre todo aquellas personas que están vinculadas al sector presupuestado, jubiladas, entre otras. Esto ha provocado muchas dificultades para enfrentar la vida, ya que están sufriendo desabastecimiento de alimentos, tienen dificultades para transportarse, han sido afectados por los cortes de electricidad, recientemente la falta de combustible, de medicamentos; es decir, fenómenos que no estaban presentes en el cuadro de las crisis anteriores y que ahora dificultan y hacen muy dura la cotidianidad.
Sinceramente, no veo soluciones en el corto plazo. Aunque las autoridades han expresado que se está trabajando para remontar esas carencias con paquetes de medidas para recuperar la industria, la agricultura, aún esas estrategias no llegan al plato de las familias. También se han firmado acuerdos con socios tradicionales, como Rusia.
Por otra parte, aún se observa cierta lentitud en la aprobación de negocios con capital extranjero y se sigue postergando la ley de empresas, que todavía está en discusión. El Estado cubano debería de acabar de resolver el tema de la rentabilidad de las empresas estatales, debe darse cuenta de que no puede seguir pendiente de financiar o atender la gastronomía, las producciones ligeras, servicios personales, entre otros. Debe concentrarse sólo en aquellas líneas estratégicas fundamentales para el desarrollo del país.
Sí considero que en un mediano plazo tal vez exista claridad en las cuestiones que hay que hacer para remontar la actual crisis. Pero no sólo claridad, sino ejecución real.
Sólo se puede remontar los crecientes precios de los alimentos si hay una mayor oferta: es una verdad que ya no se discute. En la medida que existan mayores producciones y más importaciones —aunque sabemos que el Estado no tiene hoy todos los recursos que necesita, pero el sector privado sí los puede buscar o los podría gestionar—, esto contribuiría a bajar esos precios. ¿Qué es lo que pasa?, que es baja la producción agrícola por disímiles factores. Un ejemplo reciente lo demuestra: no se han podido sembrar caballerías de determinados productos porque no ha habido combustible para el riego. En los últimos meses la agricultura ha sufrido mucho porque no se ha sembrado, no se ha regado, a eso se suma el estado de la maquinaria agrícola que tiene años y años de deterioro y no hay capitales para nuevas inversiones.
Por otra parte, todavía es insuficiente el precio que Acopio les paga a los productores y, además, uno se pregunta cómo es posible que se queden en los campos producciones de mango, por ejemplo, por falta de camiones, de cajas, porque no hay capacidad productiva, entre otros factores. Es más que viejo el debate sobre el sistema de Acopio, que nunca ha funcionado en Cuba; sin embargo, se sigue arrastrando con ese problema. Creo que, para que aumente la producción agrícola, hay que seguir desamarrando nudos. No es posible que los campesinos entreguen producciones por encargo social a sectores públicos, como Salud Pública o Educación, y luego no se les pague o exista demora de tres o cuatro meses para recibir esos pagos. Hay trabas también a nivel municipal para el cobro de determinados productos. En esencia, te diría que hay que acabar de eliminar esos nudos que están entorpeciendo la madeja de la producción agrícola.
Entiendo por trabas el exceso de burocratismo, el papeleo que hay que hacer en diversas instituciones para realizar cualquier gestión. El sector privado se enfrenta también a trabas, por ejemplo, cuando quiere contratar algunas producciones con determinadas empresas estatales y la respuesta es que no pueden atender a los privados en esos momentos.
Otro factor negativo es la percepción que se tiene de la empresa estatal socialista y las formas no estatales como entes diferentes, que actúan por separado, y no es así. Todas hacen parte de la economía cubana, lo que varía es su forma de propiedad. Siento que hasta que este elemento importantísimo, que es de carácter estructural, no se entienda, seguirán existiendo contradicciones.
Pese a todo lo que se ha avanzado y los resultados que se han obtenido, todavía está latente el “cierto temor” al sector privado e incluso, a veces, se le quiere achacar males que no le corresponde. Por ejemplo, se le adjudica a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) la responsabilidad de los altos precios y de la inflación. Eso es un error. Cuando comenzó la inflación, no se había autorizado la existencia de las mipymes. El tema que causa la inflación en Cuba, esencialmente, tiene su origen en la producción.
En ningún lugar está escrito que las mipymes tengan que solventar las necesidades de la población, sino contribuir con sus producciones a aminorarlas. Ellas primero deben crear productos, vender, tener utilidades y realizar una labor social, pero su fin no es alimentar a la población cubana. Sus resultados tienen que ver con participar de la economía, generar empleo, pagar impuestos… Y a veces se les quiere aplicar elementos que no están entre sus funciones. Considero que ahí tiene que existir un cambio de mentalidad. Es decir, hay que cambiar la mentalidad, pero de verdad. Esa transformación pasa por acabar de entender que, luego de 64 años, hay que introducirle más mercado a la economía cubana. No quiero con esto decir que esté abogando por convertir a la economía cubana en una economía de mercado. Se trata de introducir más mercado, como lo han hecho China y luego Viet Nam, ahí están sus resultados económicos. Me pregunto por qué no hacerlo. Todo esto tiene que ver con los cambios de mentalidad.
Me parece que es incuestionable el desempeño de las mipymes en el actual escenario económico cubano. Ellas han demostrado que, sin recursos del Estado, sólo generando los suyos propios, han sido capaces de abastecer una determinada oferta de bienes y servicios a la población, fuera de los marcos estatales; se han buscado por ellas mismas su financiamiento, incluso las fuentes de cómo hacer pagos desde el exterior. Estoy convencido de que las mipymes pueden todavía hacer una mayor contribución a la recuperación económica del país porque, generan empleo, aumentan los ingresos al presupuesto, ayudan a bajar precios. Te pongo el ejemplo de la cerveza, que hace unos meses se estaba cotizando a 400 pesos cubanos, y a partir de que las mipymes comenzaron a hacer importaciones masivas, hoy cubanos y cubanas podemos tomar cerveza a 130 pesos cubanos. Esto lo han logrado hacer en un contexto en que ellas mismas tienen que buscar su financiamiento.
Por eso considero que es necesario darle un mayor empuje a su desarrollo, como otro actor dentro de la economía cubana. A eso puede contribuir el exonerarlas de determinados impuestos y, con el valor que sale de esas exoneraciones, decirles: “bien, ahora generen más bienes, importen más productos”. Sobre este tema hay que revisar los datos internacionales. Existen países donde el tejido industrial de la economía está compuesto hasta 90 por ciento y más de mipymes, al menos en sectores como la gastronomía y en servicios como panaderías, dulcerías, restaurantes y en la industria.
La economía circular es muy importante, sobre todo en el momento inicial de la creación de las mipymes y el sector privado emergente, que cada vez crece más, pues es muy útil que cuando se abra un negocio sea una preocupación qué hacer con sus residuales y sus desechos productivos, y cómo convertirlos en otros productos. Por lo tanto, es una estrategia muy importante y efectiva para la vida de las personas.
Ya hay emprendimientos que tienen muy buenos resultados. Hay que seguir incentivándolos por muchas vías. Una empresa que sea capaz de reciclar sus desechos y realmente le de otra utilidad, es una empresa que hay que estimular con determinados incentivos fiscales, ya que en un mundo donde los recursos son escasos, reutilizarlos significa ahorro.
Tengo mucha esperanza en que le economía circular sea un componente a futuro, todavía no lo veo a corto plazo; pero sí creo que debería irse trabajando más fuertemente para lograr cerrar los ciclos productivos. Creo que en la gastronomía se puede dar ese salto, como también en otras producciones industriales o agrícolas.