Cuba: Entre liberar trabas y acelerar el cambio de mentalidades
Ariel Terrero
Periodista de amplia experiencia profesional, especializado en temas económicos y director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
Interpretada desde la perspectiva de las familias cubanas, veo tres problemas principales derivados de la crisis económica que comenzó con la pandemia de la covid:
- Contracción de mercados de alimentos y de otros bienes básicos, como la electricidad, que experimentan afectaciones reiteradas por carencias, poca disponibilidad de divisas para importar, altos precios y otras irregularidades.
- Conflictos monetarios y cambiarios derivados de la inflación y los desajustes macroeconómicos provocados por el programa de ordenamiento monetario emprendido en 2021. Por todas esas razones, se ha reducido el salario real de muchos trabajadores, los ingresos de sus familias y han crecido las personas y familias en situación de vulnerabilidad.
- Fuertes corrientes migratorias que fragmentan a las familias y distancian entre sí a sus integrantes.
En relación con las posibles soluciones, creo que en medio de la tormenta suele ser difícil imaginar la salida posterior del sol, pero siempre ocurre cuando termina el chaparrón. Es lo lógico. Dependerá mucho de la capacidad interna para implementar medidas y políticas que se han adoptado en el país, pero también de la situación en los mercados externos, que han estado sujetos a una crisis inflacionaria global. La economía mundial suele recuperarse de estas crisis económicas en ciclos de pocos años. Empezó con la pandemia en 2020 y creo que en 2024 pueden empezar a verse señales más claras o más sólidas de recuperación en el exterior y también en Cuba.
Es evidente que los mercados requieren de un mayor abastecimiento de alimentos para que bajen los precios o, al menos, se detenga la inflación. El incremento de los suministros exige de mayores producciones agropecuarias nacionales, pero también de un mayor volumen de importación de alimentos. Aunque es útil defender políticas de desarrollo que nos acerquen a un modelo de autonomía y soberanía alimentaria, no creo que vaya a cambiar en el corto plazo la tradicional dependencia cubana de las importaciones. El suministro externo de alimentos es el modelo comercial al que la economía cubana ha permanecido sujeta, en etapas muy diversas de su historia. El momento actual, de debilidad económica acentuada, no es óptimo para conseguir un cambio profundo en esta dependencia externa.
Antes que una expansión significativa de la producción agropecuaria, en el corto plazo parece más visible una reactivación de exportaciones líderes cubanas —turismo, servicios médicos, medicamentos y los tradicionales tabaco, ron y níquel— para contar con solvencia en moneda dura que permita adquirir los productos que importamos habitualmente y, entre estos, alimentos básicos como cereales, lácteos y carnes. Conseguiríamos así, gradualmente, pero con mayor prontitud, un abastecimiento más estable de los mercados internos de alimentos.
Simultáneamente, sin embargo, habrá que seguir trabajando en el desarrollo del programa de autonomía y soberanía alimentaria. Desde la perspectiva de las producciones agropecuarias nacionales, se han dado pasos para otorgarles mayor autonomía a los productores estatales y no estatales, entregarles tierras en usufructo, ampliar espacios de mercados para la oferta libre de producciones, así como favorecer políticas que otorgan mayor protagonismo a los actores del desarrollo local.
El punto débil sigue siendo la inversión para la compra en el exterior de tecnologías y bienes esenciales en la agricultura y la ganadería, como los equipos de riego, plaguicidas, fertilizantes y piensos. Es necesario pensar en favorecer más atrevidamente la inversión extranjera en la agricultura, un área que no suele ser de gran atractivo para los inversionistas de otros países. Paralelamente hace falta una política crediticia más profunda que la conseguida hasta la fecha. Podría intentarse una propuesta bancaria de fomento agrícola con participación de bancos cubanos y extranjeros.
Una traba importante es el insuficiente conocimiento de la gestión empresarial y de las tendencias de los mercados en el mundo. Este desconocimiento constituye un obstáculo a la hora de implementar transformaciones en el modelo socioeconómico del país. El cambio de mentalidad lo necesitan todos esos actores de la economía, estatales, cooperativas y privados, así como los decisores en todos los niveles de gobierno. Después de décadas con un comercio excesivamente centralizado y poca conexión directa con la economía externa, muchas de esas empresas –estatales y no estatales– corren ahora múltiples riesgos de tropiezo, al incursionar en espacios de mercados agresivamente competitivos.
Las fuertes limitaciones de la oferta bancaria y del acceso a divisas para realizar inversiones mantienen a muchos actores y decisores de la economía sujetos a un hábito de asignación centralizada de recursos. Este hábito frena la capacidad de gestión empresarial de muchos.
Otra traba esencial no tiene que ver con las mentalidades, sino con las deformaciones profundas del sistema monetario y cambiario y los desequilibrios macroeconómicos consecuentes. Para un correcto avance de las transformaciones del modelo y de la actividad de todas las empresas y demás actores de la economía, incluidas las mipymes, será fundamental el desarrollo del Programa de Estabilización Macroeconómica que encabeza el Ministerio de Economía y Planificación. Buscaría eliminar la dolarización de la economía, devolverle funcionalidad a la moneda nacional y reequilibrar la relación de precios.
También representa una traba permanente, de doloroso costo para toda la economía, el bloqueo económico de Estados Unidos, independientemente de que las autoridades políticas de Cuba defienden la idea de encontrar salidas y desarrollos, aunque Washington mantenga sin cambios esta política anticubana.
La inserción de micro, pequeñas y medianas empresas diversifica y multiplica la cantidad de actores de la economía. Es de esperar que muchas de estas entidades demuestren capacidad de gestión y éxito, donde otras similares fracasen. Es la tendencia global de estas estructuras. Tienen como virtud una mayor flexibilidad y adaptabilidad a las coyunturas y oportunidades que ofrece la economía en cada momento. Es lo que estamos viendo ya.
En estos primeros dos años, la cantidad de mipymes ha apuntado más a sectores vinculados con el comercio minorista básico, la gastronomía, el transporte y la construcción. Es de esperar que gradualmente se multipliquen y ganen visibilidad las mipymes comprometidas con la industria manufacturera, el procesamiento de alimentos y con la informática. También las vinculadas en el suministro a la industria turística, a medida que esta última vaya reanimándose. Serán sectores esenciales para imprimir mayor aporte al desarrollo económico y tecnológico del país.
En ese camino, es esencial el propósito declarado —pero difícil, sin dudas— de conseguir una relación comercial y financiera más armónica entre todos estos actores de la economía, estatales y no estatales, urbanos y rurales, nacionales y extranjeros.
La cercanía o distancia de la economía circular dependerá de muchas condiciones pendientes de desarrollo en Cuba:
- Cultura de la gestión empresarial y medioambiental. Es insuficiente y está más centrada ahora en la incorporación de principios de administración empresarial más elementales.
- Los documentos rectores de la reforma económica tienen un enfoque medioambiental que favorece principios próximos a la economía circular, pero lo cierto es que no aparece como mayor prioridad en la presente etapa, caracterizada por una lenta arrancada en las transformaciones del modelo económico.
- Implementación efectiva de una legislación más avanzada para que las empresas, los bancos, los gobiernos y otras entidades actúen con mayor autonomía y se animen a descubrir y colocar los objetivos del desarrollo local entre sus prioridades reales.
- Estabilización macroeconómica para que el modelo consiga un funcionamiento equilibrado, sin la inestabilidad inflacionaria, monetaria y financiera actual. En un ámbito signado por estos desequilibrios, los actores de la economía tienden a orientar sus gestiones hacia objetivos urgentes, inmediatos, de sobrevivencia a veces, y están menos centrados en objetivos de largo plazo, más enfocados al empleo profundo de recursos y tecnologías, recirculación de materiales y defensa medioambiental, propios de la economía circular.
- La descentralización del modelo económico, actualmente en marcha, tiende a favorecer una mirada más intensiva hacia el desarrollo local.
En contraste, los principios de la economía circular, de lograr implementarse, aportarían a los actores económicos alternativas para emplear mejor los escasos recursos de que dispongan, redescubrir mejor las oportunidades de negocios en el entorno económico inmediato y construir alianzas con otros actores económicos más próximos que lo que habían apreciado.