Semen de Cremata: una película mutante

Entrevista al realizador cubano Juan Carlos Cremata, quien adelanta detalles de su nueva película de ficción.

Juan Carlos Cremata, cineasta cubano.

Foto: Cortesía del autor

I

El pasado 18 de noviembre, el cineasta Carlos Lechuga escribió en su perfil de Facebook: “Qué lujo para un país tener un director de cine como Cremata”. Carlos, autor de Melaza y Santa y Andrés, dos de las películas más hermosas y necesarias del cine cubano reciente, es dado a este tipo de afirmaciones rotundas, instantáneamente polarizadoras. Pocas veces —como demuestra la sección de comentarios— ha sido secundado con tanta fuerza, tanto entusiasmo y tanta razón.

Juan Carlos Cremata es un lujo aquí, donde las simples vituallas escasean. Allá por la década de los noventa y principios de los 2000, fue de los pocos oasis de horror en nuestro desierto del aburrimiento. ¿Cuántos cineastas cubanos tienen en su haber películas tan diversas y arriesgadas como Oscuros rinocerontes enjaulados (muy a la moda) (1990), La Época, El Encanto y Fin de Siglo (1999), Nada (2001) o Viva Cuba (2005)? ¿Cuántos se atreven a cuestionar con tanta fuerza las contradicciones del sistema que los aupó, sin caer en complacencias, acomodamientos o servilismos?

Qué lujo para este país tener un cineasta como Cremata. Qué lujo se da el sistema al no entenderlo. Al no saber alimentarse de su crítica irreverente, desacralizadora… Qué luto para nosotros alejarnos de su cine, aunque no sea por mucho tiempo. Por suerte, cultura y política cultural nunca serán la misma cosa.

Ahora mismo, Cremata trabaja en el montaje de su último largometraje. Semen, basado en la obra teatral homónima del joven dramaturgo Yunior García, se sumerge en la familia cubana, en su estructura descentrada y rota, producto de un constante forcejeo con la Historia. Es una película sobre los jóvenes, según ha dicho su director sobre ese gesto seminal que engendra al hombre nuevo.

Jorge Molina en un fotograma de la película, Semen.

Foto: Cortesía del autor

II

JOSÉ LUIS APARICIO (JLA): ¿Qué tipo de película es Semen? ¿Cómo la describirías?

JUAN CARLOS CREMATA (JCC): Todavía no es una película: anda en UN estado de gestación tal que no puede decirse ni siquiera que está presentable. Además, yo tampoco soy el mismo que era cuando la filmamos. He tenido que reinventarme e intento adaptarme al destierro. Eso hace que, aunque cargo con un primer corte de lo que se pudo filmar, falte mucho trabajo de postproducción, pues casi cada imagen del filme está intervenida por elementos externos tales como créditos, subtítulos, colores, animaciones, efectos, etc.

Es un proceso complejo que requiere de mucho tiempo y estabilidad física, económica, pero, sobre todo, mental. Y a la luz de los acontecimientos acaecidos sobre mi caso, he pensado darle un vuelco al proyecto, que desde su inicio se concibió como una vuelta al cine más experimental que tiñe a mi obra primigenia.

Es como un viaje a la semilla, también en la concepción de que espero sea una película sobre la imposibilidad de terminarla, un proyecto trunco, censurado. Un poco duro y difícil, pues no es hacer de la censura un arte, sino hacer arte a pesar de la censura y hasta usándola. Esa es, por ahora, la idea; pero te repito: debo encontrar primero una base, más que todo espiritual, para ocuparme de su terminación. Por ahora es un proyecto pendiente, aún un bosquejo.

JLA: ¿Cómo surge la idea de adaptar la obra original de Yunior García? ¿Qué te interesó del texto?

JCC: Toda la obra de Yunior, hasta donde he podido conocerla, me interesa. Creo que sus textos tienen mucho potencial cinematográfico y actoral. Es un tipo arriesgado, porque sientes que se juega la vida en lo que escribe y eso siempre conmueve. Y resulta que luego de haber filmado Semen, basado en su pieza homónima, también me enamoré de su Pasaporte —que me encantaría, además, filmar. Y hace poco vi en Miami una puesta en escena de su Jacuzzi y pude volar, soñando en hacerla cine. Siento en él una voz importante, honesta y, sobre todo, sentida de la juventud cubana, que ya empieza a madurar y se cuestiona todo cuanto acontece a su alrededor.

JLA: Háblame del recorrido del proyecto… ¿Cómo logras financiarlo? ¿Cuándo se filma y en qué condiciones? ¿Quiénes participaron en el rodaje?

Neysi Alpízar, en un fotograma de la película, Semen.

Foto: Cortesía del autor

JCC: Logramos filmar lo que filmamos en solo ocho extensas madrugadas. Casi no se gastó un centavo. Nos movíamos en mi carro hasta una locación donde pudimos trabajar sin permisos molestos y hasta sorteamos dos llamados de rodaje en exteriores (uno con cabeza caliente y el otro con el uso de un drone para un solo plano). Fue un rodaje muy tenso, porque sabíamos que no teníamos las autorizaciones necesarias que te permiten moverte más libremente, en confianza. Logramos un poco de dinero mediante una ayuda de la Embajada de Noruega y con eso nos lanzamos a filmar todo lo posible y lo antes posible.

Neysi Alpízar, en un fotografía de la película, Semen.El elenco lo conformaban actores jóvenes, desconocidos, que se entregaron a la aventura (Neisy Alpízar, Adriana Jácome, etc.), junto a ese aguerrido y empedernido cinéfilo experimental que es Jorge Molina y la participación de la excelente actriz que es Cheryl Zaldívar. Recuerda que ya esta filmación se hizo cuando se había desatado una prohibición a que yo continuara mi carrera teatral y cinematográfica en Cuba. Para mí era una afrenta no intentar filmarla y la asumí como una tarea impostergable. Quería llevarme de Cuba algo para seguir haciendo en mi exilio. Por esos días pude, igualmente, rodar la cuarta entrega de mis Crematorios, que fue estrenada ya viviendo fuera del país.

En el equipo éramos muy pocos. Una asistente general improvisada, el productor Luis Abel Miyares, el fotógrafo Yamil Santana, mi primo Guillermo Ramírez Malberti (ocupándose de todo lo relativo al arte) y el único sonidista que se enganchó a seguirnos, pues fue una etapa en la que muchos no querían vincularse para no marcarse políticamente o por no estar interesados en ganar tan poco. Muchos amigos, anónimamente, nos ayudaron. Aunque no quisieron verse involucrados y los entiendo.

JLA: ¿Cuándo piensas que pueda estar terminada?

JCC: Aún es un proyecto muy en ciernes como para hablar de eso. He recibido, incluso, la propuesta de una compañía de postproducción en Estados Unidos para terminarla. Pero debo repensarla. La he asumido como un proyecto personal en el que, de tanto en tanto, entro y avanzo un poquito, despacito, sin recursos, en mi casa, estudiándolo y editándolo solito en mi computadora. Pero, entonces, aparecen otras urgencias y uno tiene que dejar ciertos sueños a un lado, sobre todo los más locos, y responderle a la vida diaria.

JLA: ¿Cómo valoras el estado de la producción cinematográfica cubana actual? ¿Qué vislumbras de su futuro?

JCC: Realmente puedo contestarte con distancia. Distancia física que no me permite empaparme de lo que está sucediendo allá y distancia en el tiempo. Leo y trato de informarme, como puedo, de lo que se hace en Cuba. Todo realizador y realización me interesa: de ellas me nutro. Y como rechazo la nostalgia, eso me ayuda a estar un poco al día. Creo que el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) está asumiendo casi solo largometrajes de época, porque es mejor meterse con la Historia antes de quemarse las comodidades burocráticas con el presente. Sin embargo, los jóvenes realizadores independientes (ahora sin permisos y con un Decreto 349 oneroso sobre sus espaldas) deberán encontrar la manera de continuar dejando constancia de lo que sucede en estos tiempos en Cuba. Es imperativo para las generaciones futuras.

Del futuro no pienso mucho, la verdad. Vivo el presente. No soy pitonisa ni leo las manos. Vaticinar no es mi fuerte. Tener luz larga, sí. Creo que hay que seguir haciendo. Como sea, lo que sea y donde sea. No hay derecho a esperar. Con los recursos que se tengan, hay que intentar expresar, hacer conocer lo que pensamos y sentimos, que en cada uno de nosotros es distinto y, por ende, interesante.

El futuro parece venir, casi por entero, de la mano de las redes sociales. En estos momentos, como no puedo hacer cine “grande”, es decir, largometrajes —aunque toda buena idea es grande, no importa su duración—, hago cine minúsculo. Estoy empeñado en hacer —cada vez que me baja la musa— cortos de menos de cinco minutos, lo que puede demorar la espera de un cambio de luces en un semáforo. Recuerda que donde yo vivo las distancias son muy largas y se pierde mucho tiempo en el tráfico.

Ahora estoy más interesado en que todos vean lo que hago en un móvil, una tablet o una computadora, que estrenar en el Yara, en Cannes o en Venecia. Así llevo una pequeña serie que se llama “MICRO-CINEMA” y ya tengo algunos de los que vivo muy orgulloso. Incluso dos de ellos se mostraron recientemente en la exclusiva y elegante Cinemateca de Coral Gables, en Miami. Ponte a pensar también que si logro hacer muchos corticos, de alguna manera me estaré erigiendo un largo, cortado en pedacitos.

Edito en un programa Premiere que tengo en mi casa y juego con lo que quiero decir. De alguna manera, tengo mucha más independencia que cuando debo dirigir a un equipo de más de 60 personas, para lo cual estoy preparado, pero solo me siento más suelto y no tengo otro compromiso que el de mi obra. Puede parecer muy egoísta y lo es. Asumo mi soledad para crear y trato de sacarle partido. Ya veremos si logro calentarme lo suficiente como para soltar mi Semen. Por lo pronto me ejercito con estas “pajitas”.

III

Quizás el futuro de nuestro cine esté en el esfuerzo casero, en el home-made… Esa artesanía privada, paciente y minuciosa como puerta a la independencia y camino a la experimentación. Pienso en Corazón Azul, de Miguel Coyula, otra película mutante sobre el hombre nuevo, que cuenta ya cinco años de realización. Filmes armados sobre la marcha, nutridos por circunstancias y vicisitudes, cuyo guion es letra viva, letra atenta. Pienso en las historias filmadas por la industria (Nido de mantis, Club de Jazz), guiones letra-en-piedra/letra-muerta, envejecidos durante décadas en las gavetas de algún decisor.

Pienso en Jafar Panahi. En filmar a pesar de la censura, las prohibiciones, los encontronazos. En filmar a pesar de…, convirtiendo pesadumbre en materia creativa. He ahí una salida para el cine cubano: la de buscar hacia adentro, en los espacios íntimos, en los precarios límites de lo individual.

Son predios asediados, pero predios al fin. La cuestión es mutar o desaparecer. (2019)

5 comentarios

  1. Silvia J Alfonso Rivera

    No se de que va la película , el título me suena raro, lo que sí se es que este director de cine, Juan C Cremata, nos ha dado películas inolvidables, nos ha hecho sentirnos parte de ella porque trata nuestra vida desenfadadamente. Lo admiro y permítame decirle que el día que lo vi en el estreno de la obra de teatro , El camino de las hormigas , con su pulover que decía : Director Censurado. Llore

  2. Silvia Jácome

    Es Cremata a mi juicio uno de los directores de cine más talentosos y valientes de nuestro tiempo,le tocó vivir una historia difícil y eso lo arrastrará siempre, pero la luz que posee hará más temprano que tarde justicia a su creación artística para no volver a repetir los cubanos de la isla el deseo de escuchar música de una cantante grandiosa censurada a la sombra , o apreciar cine antes que el Semen envejezca por falta de laboratorio. Esperamos tu obra en tablets, USB, móviles o lo que sea Cremata querido

  3. J. Martin

    Juan Carlos Cremata es uno de los más talentosos y diferentes cineastas cubanos de los últimos tiempos en la isla, junto a otros de imimitable lenguaje como Fernando Pérez, Insausti, Machado etc (Para mí los más interesantes) Que siga haciendo donde quiera que esté, es Cuba la que se lo pierde.

  4. Luis Alberto Ramírez

    Cremata es un excelente director, sabe lo que quiere y es de los directores que si dirige actores y actrices y a todo el equipo. Es un honor trabajar con el. Mi respeto y ojalá que pueda hacer muchas películas más.

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