Vencer mitos y silencios

Una agenda nacional para la No Violencia, profundiza este artículo de 2003.

Jorge Luis Baños

Que apenas se hable de los problemas de la violencia contra la mujer en Cuba, no significa que este tipo de actos no existan. Pero, por contradictorio que parezca, el alto nivel educacional alcanzado por la mayoría de las mujeres cubanas tiende a minimizar el problema, a hacerlo más invisible.

Esa es una de las tesis que sostiene Ileana Artiles, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), institución que el pasado mes acogió en su sede del Vedado a diversos actores de la sociedad civil cubana que asistieron a un taller para la elaboración de una agenda nacional de la No Violencia, convocado por ese centro y la Red Cubana de Género y Salud Colectiva.

La necesidad de visualizar el maltrato hacia la mujer fue planteada con fuerza en esa jornada efectuada el pasado 25 de noviembre, fecha en que se celebra el Día de la No Violencia contra las Mujeres en todo el mundo. «Existe la creencia de que en Cuba no tenemos tantos casos como en Estados Unidos o México, y que por eso o es un problema. No podemos esperar a que se manifieste de esa manera para visibilizarla», aseguró Ileana Artiles, autora de varias investigaciones y un libro sobre el tema.

Sensibilizar en el asunto a los sectores de la cultura y de la comunicación social, es el primer punto de la agenda elaborada por tres grupos de trabajo que se reunirán nuevamente en enero de 2004 para darle seguimiento a las diferentes acciones. Para ello será necesario trabajar, además, con vistas a colocar el tema entre las prioridades de la política informativa del país, de forma tal que pueda encontrar un espacio sistemático en los medios de comunicación.

La propuesta incluye también la capacitación de los recursos humanos de la salud, la educación, la policía y la fiscalía, la organización de una red de información sobre la materia y la preparación de mujeres de diferentes comunidades en temas vinculados a la promoción de la no violencia. En la esfera de la investigación, se pretende iniciar una búsqueda activa de casos entre las mujeres de edad mediana que solicitan atención en la consulta de climaterio y menopausia del hospital ginecobstétrico Ramón González Coro, en la capital de la isla. También se trabajará para lograr la inclusión de la temática en los programas de estudios de las universidades médicas.

En una breve exposición sobre la situación en el mundo y en Cuba, Ileana Artiles destacó que se siguen buscando las causas del fenómeno en factores de riesgo como el alcohol y las drogas, sin apreciar los problemas de las relaciones de género. Mientras se eduque a las niñas y a los niños en la diferencia, se seguirá perpetuando la violencia como una forma de ejercer y mantener el poder de unos sobre otras y persistirá además su variante psicológica, que casi nadie ve. Las mujeres, en tanto, «siguen mirando la violencia desde una cultura sexista», añadió la especialista.

Las víctimas cubanas también temen romper la relación con el maltratador, sienten culpa por la aparición de la situación que padecen, piensan en la relación de los hijos con el victimario, dicen que no saben «qué hacer» y, en muchos casos, no están conscientes de vivir relaciones de violencia. Muchas alegan dependencia económica —aun cuando perciben salarios—, se exigen demasiado en las labores domésticas y tratan de evitar cualquier problema o enfrentamiento con su pareja, además de que temen a la sanción moral de la comunidad y de la familia.

El taller estuvo abierto a quienes reconocen tales casos como «un problema de salud, social y de derechos, se sienten en el compromiso de aportar ideas a la construcción de una agenda de acciones para minimizar las secuelas de la violencia en cualquiera de los espacios en que ocurra, así como promover acciones por la no violencia».

USTED ES LA CULPABLE

Además de aprender a reconocer el maltrato en sus formas más sutiles, pasar de la pasividad a la denuncia y educar en la tolerancia y la equidad, poco puede avanzarse en la erradicación de ese mal si no se vencen las falsas creencias que le acompañan.

«Los mitos salen de la gente y con el tiempo se van convirtiendo en leyes no escritas», afirma Silvia García, psicóloga cubana e investigadora del Ministerio de Justicia.

Que las mujeres son masoquistas y les gusta el maltrato, que los abusadores son hombres con trastornos o actúan así por culpa del alcohol, son algunas de esas convicciones. También se cree «que los más pobres y menos educados son los más violentos», según comprobó la especialista entre mujeres y varones de una localidad de la capital cubana.

«Si se tratara sólo de hombres con trastornos, sería mucho más fácil de resolver», sostiene la sicóloga. Sin embargo, una buena parte de los abusadores «son gente agradable, profesionales de respeto, personas admiradas entre los vecinos y, por eso mismo, es más difícil denunciarlos; nadie lo llega a creer», agregó la autora de Creencias y mitos sobre el maltrato femenino en las relaciones de pareja.

La incidencia de los dogmas en la invisibilidad y permanencia de la violencia ha sido uno de los temas más reiterados por las especialistas. Sea para referirse al maltrato psicológico, verbal, o al físico, aparecen los viejos y nuevos pareceres que tratan de justificar esos actos o, de alguna forma, legitimarlos. Otro tanto sucede con el acoso sexual, un fenómeno todavía menos admitido y del cual se habla muy poco. «Muchas mujeres no tienen una concepción acabada de lo que es y lo limitan a la persecución y las violaciones», señala la psicóloga Karelín López Sánchez. Al explorar el asunto entre mujeres de diversas generaciones, la investigadora detectó los mismos mitos que suelen aparecer en otros actos violentos, como suponer que sólo incurren en ellos los hombres que padecen algún trastorno psicológico o desviación sexual. En esa misma línea, López comprobó la existencia extendida del criterio, incluso por parte de las propias mujeres, «de que ellas son las que lo propician, quienes se visten llamativamente, las que los provocan».

De acuerdo con las indagaciones de la psicóloga, las mujeres entre 35 y 50 años son las que poseen menos conocimiento sobre el tema y son las que tienen más arraigado el mito de que las mujeres suscitan el acoso. Incluso no faltan quienes llegan a justificar a los hombres en ese proceder que asocian a una supuesta identidad masculina, porque «los cubanos son muy desinhibidos, más dados al piropo, muy expresivos». De esa forma, como parte de un proceso cultural, se van aceptando como normales ese tipo de situaciones, precisa López.

El tema de la violencia intrafamiliar, y especialmente contra la mujer, comenzó a investigarse en Cuba, de forma relevante, a partir de los años 90. La creación del Grupo de Trabajo Nacional para la Atención y la Prevención de la Violencia Familiar, en 1997, contribuye desde entonces a unir disciplinas y esfuerzos en la atención del fenómeno.

Aunque no existen estudios representativos y estadísticas generales, investigaciones de Medicina Legal reportan una etiología homicida del sexo femenino en la cual el 45 por ciento de las mujeres murió a manos de su pareja. Entre 1990 y 1995, el 52 por ciento de los casos reportados en la capital cubana ocurrió en el hogar de la víctima.

En general, los trabajos realizados hasta ahora reconocen la existencia del abuso hacia la mujer en todas sus manifestaciones, desde las más sutiles hasta la muerte, pero subrayan un predominio del maltrato psicológico y verbal. También identifican que ellas suelen desempeñarse como agresoras en menor medida, casi siempre como alternativa al maltrato que padecen.

Este fue un aspecto común encontrado por la criminalista Caridad Navarrete, una de las primeras investigadoras del tema en la isla caribeña, cuando estudió las historias de vida de 25 mujeres bajo sanción preventiva de libertad, de las cuales 23 habían ultimado a sus esposos. «La mayoría lo hicieron en defensa propia, si puede decirse, no en el momento mismo en que fueron agredidas, sino por la acumulación de maltratos, y esa fue la salida que encontraron», comentó la estudiosa. Ella subraya que «la mujer que ha cometido ese tipo de actos criminales contra su compañero o esposo por lo general ha sufrido violencia familiar y en las relaciones de pareja en todas las formas posibles».

Sin dejar de ser válidas como explicación psicológica y criminalística, también estas actitudes develan un asunto muy discutido y polémico, en tanto algunas personas y especialistas consideran que la violencia como respuesta a la violencia se erige en un nuevo mito que legitima y reproduce el ciclo del maltrato.

(Para la confección de este trabajo se emplearon informaciones del Servicio de Noticias de la Mujer/SEM).

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