Molina´s Rebecca o Molina también tiene su Straight Story

Una verdadera fábula contemporánea sobre la consecución de la felicidad a través de la quebradura de barreras autoimpuestas.

Foto: Cortesía del realizador

Luego de las búsquedas formales y narrativas que condujeron a la realización del díptico Molina´s Borealis (2013) y Sarima a.k.a Molina´s Borealis II (2014) —suerte de etapa más reposada, subsiguiente a la verdadera frenesí de Molina´s Ferozz (2010)—, el director Jorge Molina da muestras de su aún inagotado potencial creativo y, sobre todo, de una saludable voluntad de autorevisión y redimensionamiento, con su nueva propuesta: Molina´s Rebecca (2016), inspirada en el relato El invernadero de Guy de Maupassant. En nada, más que en el nombre, está conectado con la novela homónima de Daphne Du Maurier, adaptada por Hitchcock en 1940.

Sorprende …Rebecca, en primera instancia, por su esmerado apego a la narrativa aristotélica, urdida con una pureza casi de laboratorio, lo cual pudiera verse a su vez como homenaje metódico a la propia escritura del francés y a contemporáneos como Chéjov, cuyo tono satírico-picaresco viene a concomitar más con el resultado final. Amén de tributar a cines “clásicos” como el de Welles y Hawks, referentes confesos de Molina, quien ancla en estos maestros sus habilidades para entretejer una buena historia, algo a agradecer siempre. Entiéndase por “buena historia” no una anécdota rala, sino un verdadero eje, un espinazo sólido que sostiene y eleva un entramado de sutilezas, conflictualidades, constantes universales, complejidades de actos y circunstancias. Así, Molina ya tiene en su haber una straigth story que, como en el caso de Lynch, matiza su catálogo y quizás enuncia nuevas etapas/períodos —en broma, el realizador adscribió sus Borealis a su “período rosa”. rebecca-cie-cubano

Una fotografía sobria, a cargo de Javier Pérez, provee al relato de planos convencionales, pero óptimos, para los propósitos dramáticos del director. Así mismo, el vocablo “discreción” termina caracterizando a todos los apartados artísticos, para el logro de un naturalismo nada afectado ni chapucero, pero tampoco excesivamente maquillado o artesanal.

Las actuaciones protagónicas de Roberto Perdomo (Abelardo) y Beatriz Viñas (Josefa) se engarzan con igual gracilidad al entramado, todo el tiempo a medio camino, bastante bien equilibrados, entre la caricatura y la naturalidad. Fruto es este registro dual de un discreto rejuego con los estereotipos telenovelescos; o folletinescos, para ponernos en órbita con la escritura decimonónica. Dana Estévez (Rebecca), la nueva chica Molina, debuta con un decoro suficiente, pero sensible a mejoras en su método de interpretación, pues la ligereza y el desenfado tienen también sus cuotas de hondura e intensidad.

Resulta igualmente peregrina la inusitada conclusión fausta de…Rebecca, ya que es lo más cercano a “felices para siempre” que ha estado el realizador en toda su filmografía; claro que en una cuerda plenamente sintonizada con los Cuentos inmorales (1974) de Walerian Borowczyk, además de las adaptaciones de Pasolini de Boccaccio (El Decamerón, 1971) y Chaucer (Los cuentos de Canterbury, 1972). Con una pizca leve (pero suficiente) de la lascivia de Tinto Brass. Y no hablo solo de la especiada anécdota, sino sobre todo por la joie de vivre que impera en la mayoría de estas obras, donde el coito pleno y su órbita o aura psico-socio-erógena se revelan como actitud poco menos/poco más que libertaria y como modo expedito de alcanzar la realización personal.rebecca-cine-cubano01

Rebecca deviene —sin pecar excesivamente de spoiler con las revelaciones— una verdadera fábula contemporánea sobre la consecución de la felicidad a través de la quebradura de barreras autoimpuestas, mediante la catarsis, el arrebato y el disfrute carnal, aunque no deje de contar con ciertos matices que pudieran remitir a la explotación o al intercambio de servicios sexuales, más bien pornográficos, por techo y comida. Entre los personajes protagónicos de Abelardo, Josefa y Rebecca se suscita más bien una suerte de simbiosis parafílica, donde el voyeurismo, el exhibicionismo y el más específico candaulismo (*) se conjugan en una eficaz y armónica receta, lubricante del acto carnal en personas largo tiempo abandonadas a sus monótonas frustraciones. En una atmósfera libre de prejuicios, las alternativas estimulantes de la libido abundan a mares en su legitimidad. Se adereza todo con unas permisivas dosis de ligero y tangente incesto “visual.

Para seguir en la cuerda de los absolutos, …Rebecca pudiera catalogarse también como la película de Molina más puramente erótica, pues aunque sobre la obra pendula la constante del sujeto-personaje en pleno ejercicio de catarsis o exorcismo de sus demontres más íntimos, sí que se limita casi hasta cero la previa mixtura juguetona con otros géneros y subgéneros como el terror, la fantasmagoría, la ciencia ficción, el thriller psicológico, el slasher, el gore, lo apocalíptico y un largo catálogo de etcéteras. Ahora, el enfant terrible del cine cubano viene a hurgar en las intimidades compartidas, o mejor, en la necesidad de compartir la intimidad y resemantizar así su convencional naturaleza binaria, sin llegar necesariamente a la multitudinaria interacción de la orgía o a las fiestas swingers.

Nota:
* El candaulismo o candalagnia define el impulso psicológico de un sujeto de exponer a su pareja sexual o sus imágenes ante otras personas, con el fin de obtener gratificación erótica.

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