Yunaisi: La encrucijada de Carlos

Además de exponer el referido antagonismo entre artista cubano e institución cubana en una coyuntura determinada, Yunaisi es el registro del desvirgue de todo creador

Fotograma del corto Yunaisi

Las tormentosas encrucijadas éticas, morales y profesionales en que se debate un joven realizador audiovisual cubano en la actualidad, devienen gran eje temático-conceptual de la breve pero intensa ficción de cortometraje Yunaisi (2013), del también novel Juan Pablo Daranas. Resulta la de marras, una acre fábula donde la historia del antagonismo entre el creador lozano que toma los sueños y principios por guía, y el productor de su más reciente documental, igualmente intitulado Yunaisi (interpretado este personaje por Yaité Ruiz), remonta el plano anecdótico para erigirse quizás en símbolo del actual estado de cosas en el panorama fílmico nacional, como derivación de conflictos creativos más universales.

Una conservadora y hegemónica institución (representada por el productor-funcionario, significativamente nombrado Alfredo, que interpreta Waldo Franco), defensora de una política cultural adscrita al status quo, coarta presupuestos artísticos y discursivos en obras de los realizadores bisoños (representados por el Carlos, que encarna Ernesto del Cañal), quienes, desde posturas “políticamente correctas”, buscan canalizar sus propuestas por lo que el imaginario criollo ha dado en llamar “la canalita”, o sea, a través de vías oficiales como el ICAIC, gran y único gestor fílmico autorizado. Entidad esta, a cuyo pasado fundacional Daranas rinde un inicial homenaje, deslizando la cámara en travelling, por uno de sus angostos pasillos, tapizado con fotos de amables fantasmas del pasado como Sara Gómez, Nicolás Guillén Landrián, Santiago Álvarez, entre otros.

Importante notar que este es el único plano secuencia en que el punto de vista del narrador se independiza del protagonista, a quien se pareará durante el resto de la obra, en pos de conseguir el discutido status de “equisciente”. Complementado es el recurso fotográfico con un diálogo en off entre los dos protagónicos antagonistas, alrededor del logro de una beca en Suiza para Carlos. Aquí Daranas pone sobre el tapete una de las principales dinámicas de los jóvenes realizadores cubanos de su generación: la búsqueda de horizontes fuera de Cuba, lo cual generalmente quiebra su discurrir en el audiovisual cubano en la Isla, de cuyo panorama terminan desapareciendo prematuramente. Atrás quedaron quizás los tiempos románticos en que los padres re-fundadores del Cine Cubano pos-1959, bregaron en medio de la efervescencia revolucionaria de la dorada década del ´60, para edificar “aquí” una cinematografía autoral, polémica, transgresora. Tenían a sus espaldas a un ICAIC fruto de un proyecto (y proyección) puramente cultural…Carlos parece que no.Yunaisy, de Juan Pablo Daranas

La cámara es concebida por el fotógrafo como la perspectiva de alguien que, desde ángulos agazapados, casi fisgones, atisba indiscretamente los sucesos relatados. Seguirá al joven hasta el final del corto, empezando por la discusión con el productor de su obra, quien como todo productor cinematográfico de cualquier parte del mundo, ejerce un poder pocas veces revelado en Cuba, donde se ha potenciado y reverenciado, desde la propia creación del ICAIC, la figura del creador hasta niveles místicos, olvidándose una verdad de Perogrullo: quien paga, manda.

Con los subsiguientes diálogos entre Alfredo y Carlos, Daranas articula una suerte de irónica cartografía de la coerción y del ejercicio del poder en sentido general, que principia con la disuasión, en un tono que evoca indistintamente la seducción y el paternalismo. Del edulcorado cinismo, la postura de Alfredo transmuta paulatinamente en pura coacción y chantaje al realizador, que se resiste débilmente a sustraer del montaje final determinada escena tachada de “incorrecta”, por su divergencia con la usual cautela desplegada por el productor, que no deja de ser presionado a su vez, por fuerzas superiores y kafkianamente abstractas.

A la fotografía de alta expresividad se adiciona así el apartado actoral, con mérito especial para Waldo Franco, por construir un “villano” de humana naturalidad, lejos de los caricaturescos burócratas, tan abundantes en el cine cubano de antaño. Antagonista dotado de un innegable gracejo que atrae simpatías. Ernesto del Cañal, por su parte, remonta un registro más, digamos teatral, de tonos lastimeros, lo cual termina redundando a favor de la dinámica de fuerzas que se articula entre ambos contrincantes: un Alfredo muy seguro de su rol pragmático, de sus objetivos vitales, de su status a defender, y un Carlos todavía en pleno proceso de adaptación al mundo, en busca de su nicho en la gran colmena social, de plena estructuración de la escala de principios y valores. Seducido está por la promisoria beca foránea que aseguraría su “futuro” inmediato, quizás a costa de la posteridad, y es muy probable que reniegue tres veces antes del canto del gallo, de la atribulada Yunaisi, quien confiesa a la cámara sus cuitas y su leve fe en que el material la ayude en su lucha contra los burócratas por la supervivencia (tal es naturaleza de la escena que debe suprimir).

La imposición sumerge más aun al artista en un vórtice de indecisión, lo pone en verdadera crisis. Está en juego su integridad, pues el quebrantamiento de la voluntad es sendero de una sola dirección hacia la abyección, hacia la prostitución del talento, hacia el intelectual plegado. La fotografía de angulaciones inquietantes, que se aguzan en los periplos de Carlos hacia el cuarto de edición, donde debe consumar su ritual de iniciación en el “mundo real”, enfatiza entonces tan íntimo dilema con close ups violentos, violando inmisericordemente momentos tan arduos de contienda con uno mismo.

Además de exponer el referido antagonismo entre artista cubano e institución cubana en una coyuntura determinada, Yunaisi es el registro del desvirgue de todo creador, sea cubano, kuwaití o francés, que transita del idealismo independiente, de la alternativa renuente y pobre, a la industria que le dará el sustento, que le facilitará conexiones ventajosas, a cambio de concesiones más o menos significativas, según el talante y la lucidez del empresario. Es la eterna lucha entre el creador y la institución/industria, o desde a una dimensión filosófica, entre Libertad y Necesidad.

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