Santa y Andrés: donde habita el olvido

Entrevista con el joven realizador cubano Carlos Lechuga, quien estrenará próximamente en Toronto su último largometraje de ficción.

"Hacer una película en cualquier parte del mundo es algo muy, pero que muy difícil", dice Carlos Lechuga de su más reciente largometraje Santa y Andrés.

Foto: Tomada de http://images.contentful.com/

Carlos Lechuga está a punto de estrenar su más reciente largometraje, Santa y Andrés, en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF). Como todo realizador cubano, ha hecho una película en la cual le va la vida, no solo la presente sino también la pasada, esa que le contaron de una forma y él intenta verla de otra, más amplia, más diaspórica… más unida.

MAYTÉ MADRUGA HERNÁNDEZ: Santa y Andrés ha pasado por procesos de construcción, pitchings y demás espacios de producción con los que hoy pueden contar los cineastas jóvenes ¿cuáles pudieran ser los retos que enfrenta tu proyecto con respecto a otros de la región, por ejemplo?

CARLOS LECHUGA: Hacer una película en cualquier parte del mundo es algo muy, pero que muy difícil. Hay algunos países de la región, países en desarrollo, que a pesar de no ser grandes potencias económicas han creado las leyes o los espacios para proteger al cine nacional y a los cineastas. Estos incentivos a veces aparecen en forma de fondos nacionales para la producción, los concursos y apoyos.

A veces simplemente dándoles promoción, ya que van a ser embajadores de sus países en el exterior.  Hacer una película independiente en Cuba es tres veces, cuatro veces o mil veces más difícil, ya que estos incentivos no existen o no se ven claramente. Y no debería ser así, pues Cuba ha sido pionera e impulsora en muchas cosas.carlos-lechuga

El que sepa cómo se logra mantener una cinematografía aquí, independiente o con el Estado, que me diga. Porque para mí es como un acto de magia. Nunca es igual. No están claras las reglas del juego.  ¿Hay un fondo anual para la producción cinematográfica?  ¿Cómo se aplica?

Pero no solo esto. Si uno decide buscar por uno mismo los fondos apelando a otros medios, buscando fondos en concursos extranjeros, pidiéndole el dinero a algún amigo, o la colaboración a alguna empresa; aun teniendo la suerte de conseguir el financiamiento de la película, el realizador independiente del patio se puede encontrar después otros obstáculos.

Como que no te den el permiso de filmación. O cuando está hecha la película no te la pongan en los cines. Y estas negativas no tienen nada que ver con el valor estético del filme. Es absurdo que estas cosas pasen en un país donde, al año, no se hacen más de 10 películas. Hay que cuidar un poco más el cine nacional.

Todos lo hemos dicho mil veces: ¿qué es peor, una película cubana que no está en sintonía con el parecer de las altas esferas, o una película ajena a la realidad nacional que incentive el colonialismo, etc.?

Creo sinceramente que deberían, el instituto (Instituto de Arte e Industria Cinematrográficos (ICAIC), el Ministerio de Cultura, quien se ocupe de estas cosas, deberían de cuidar un poco más a sus artistas cinematográficos. Artistas que a veces se graduaron sin pagar un centavo en las propias escuelas que se crearon. No se entiende nada. Este tipo de cosas no se entiende y atenta contra el propio país.

Entonces comprenderás que la comparación con otros cineastas y proyectos de la región es injusta. Ya estamos unidos en luchar contra una cinematografía tan fuerte como la de Hollywood. Y esto no es un cliché. En todas partes del mundo es difícil competir con The Avengers. Pero en Cuba es más difícil.

Además, los cineastas cubanos tenemos en contra que el apoyo no solo no se hace claro. A veces las interferencias y trabas son muy burdas.

Por eso he dicho que cada vez que se hace una película cubana y se termina, es motivo de fiesta. Por eso los cineastas cubanos piden ayuda en la difusión en las redes sociales y se le pide a los amigos que hablen de la peli, que la compartan, porque solo así se lucha contra quienes la quieren ocultar.

En ese sentido, los medios de prensa cubanos son tan necesarios e importantes, y los que aún lo tienen, deben quitarse los miramientos a la hora de promocionar el cine nacional, sea del ICAIC o independiente.

Hay películas cubanas que se han visto más afuera, que en las salas de Cuba. Por no ir más lejos: Melaza.

Hacer cine en Cuba es un milagro. Y no debería ser así.

MMH: En tu campaña de redes se ha hablado mucho sobre la música, la banda sonora de la película ¿qué papel le has signado dentro de la película?  ¿Se pudiera hablar de su rol marcadamente dramatúrgico?

CL: La banda sonora es obra de Santiago Barbosa, un músico colombiano que vive en Cuba e hizo una partitura muy bella. Haydee Milanés nos cantó el tema del final a capella, que es “El colibrí” y es una versión que pone los pelos de punta de lo emocionante que es. Y a lo largo de la película hay varios temas que tienen que ver con la vida personal del personaje Andrés. O sea, sí, la música juega un papel dramatúrgico. Andrés, que se ha sentido silenciado, utiliza el arte, la música, para expresarse ante Santa. Martha Strada, Clara y Mario son intérpretes que también le recuerdan cosas de su pasado a Andrés.  De su vida nocturna en La Habana, de sus salidas, sus logros amorosos. Luego tenemos dos temas espirituales de Roberto Fonseca que tienen que ver más con el sufrimiento de Santa. Todo este montaje siempre estuvo pensado en función de hacer sentir al espectador. De acercarlo más al mundo y la época de Santa y Andrés.carlos-lechuga-cine-cubano

MMH: Te has arriesgado con dos actores noveles en el cine ¿cómo se han mezclado Santa y Andrés, esos que pusiste en el guion, con Lola Amores y Eduardo?

CL: Bueno, para mí ya Lola y Eduardo no son esos dos amigos talentosísimos que escogimos, para mi ellos son: Santa y Andrés.

Por mucho tiempo había querido trabajar con ellos y soy un gran fanático del trabajo que han hecho y hacen en el teatro. Por los días en que estaba pensando el casting, después de un tiempo que no los veía, me los encontré por casualidad en la calle. Empezamos a hablar y nuestras lecturas eran muy parecidas, sus físicos eran muy especiales, pero así y todo quisimos hacerles unas pruebas.

El casting fue muy difícil porque llamamos a muy pocos actores y actrices y todas las pruebas fueron muy buenas. Pero al final de la jornada no había duda, Lola era Santa y Eduardo era Andrés. Estaba destinado cosmológicamente que esto pasara. Para mi suerte, sobre todo. Luego, en el rodaje, los dos se entregaron mucho, estaban pasando unos días difíciles porque el rodaje se había mezclado con un familiar enfermo en las vidas de ellos, pero así y todo, dieron lo mejor de sí.

Fue una suerte, un privilegio. Era la primera película que hacían y se entregaron tanto… Hoy por hoy les estoy infinitamente agradecido por esa entrega.

MMH: Labrador es un fotógrafo con una calidad probada y fuerza, incluso pudiéramos hablar de una marca. En anterior entrevista expresaste que no te querías centrar mucho en la cámara con este proyecto ¿cómo entonces fue el trabajo con este director de fotografía?

CL: Por eso mismo. Sabía que Javier tenía la fuerza y el talento necesarios. Yo había visto sus películas anteriores, sobre todo sus documentales, y además de esa fuerza que lo caracteriza, hay mucha sensibilidad y tino en lo que hace. Sabía que Javier iba a estar bien si yo lo desatendía en algún momento en que yo debía estar un poco más con los actores. Las condiciones de filmación fueron muy duras. En locaciones difíciles bajo un sol abrazador. Mucha gente se enfermó y Javier no me defraudó. La visualidad de Santa y Andrés es la que necesitaba ese tipo de historia. Y Javier supo hacerla. Se entregó totalmente igual. La entrega es muy importante para el cine. Y la confianza. Y yo confío mucho en Javier.

MMH: La escritura y la memoria constituyen elementos que te interesan destacar en este filme ¿cómo influye una en la otra en tu película?

CL: Muchos de los escritores y artistas de la  época tuvieron que dejar de escribir, exiliarse, cambiar sus vidas, empezar de nuevo; siento que sufrían, además de todo por lo que pasaron, sufrían no poder lograr que sus obras llegaran a los ojos de los lectores. Ya fuera en Cuba o en el extranjero.santayandres-carlos-lechuga

Por eso es tan importante el conocimiento; recordar y descubrir personalmente estas obras, estos autores.

Algunos de estos escritores llegaron a Miami y se tuvieron que pagar sus propias ediciones, ya que allá tampoco podían acceder a sus lectores.

La escritura es una forma de rebelión. Pero tiene que ser leída, si no se corta la comunicación.

Yo me considero un joven normal que vive en Cuba, no estudié filología, no sé cómo será el plan de estudio. Pero a mí me costó mucho trabajo poder leer a Reinaldo Arenas, a Carlos Victoria, a René Ariza, a Delfín Prats, a Guillermo Rosales.  Y creo que estos escritores, muy cubanos, deberían estar más accesibles.

Son cubanos. Todos somos lo mismo.

No se puede olvidar, pero sobre todo para no repetir los mismos errores.

Más nunca un cubano debería verse en la situación de tirarle un huevo a otro cubano, ni recibir el huevazo, si somos lo mismo.

MMH: Recientemente, en una entrevista expresaste que quieres que la gente se mire en tu cine ¿cuál es el reflejo exacto que te gustaría que vieran?

CL: Sobre todo que vieran que todos somos lo mismo. Que sin pedirlo estamos en este mundo y sin mucha opción todos nos vamos a ir de él. Que las ideologías férreas, el odio, la violencia, la intolerancia nos separan y nos dejan peor parados.

Que solo tenemos una oportunidad, una vida, para disfrutar y compartir. Que hay que tenderle una mano al otro. Que el ser humano por naturaleza es sensible y que, a pesar de los golpes de la vida, uno no debe endurecerse.

Hay que alejar la dureza, la aspereza, el silencio. Hay que expresarse sin temer. Hay que entregarse al cariño y permitirnos ser mejores seres humanos.

Que vean que el día a día está hecho de los encuentros entre las personas, en la calle, en la lucha por la vida.

Que hay que crear lazos sin esperar a que alguien o algo nos dejen. Que hay que ser justo y evitar las injusticias que se puedan evitar.

Hay que permitirse conocer al otro.

Las dos películas que he hecho y los guiones que escribo para futuros proyectos tienen en común que son historias sobre personas dolidas, no realizadas, angustiadas o insatisfechas por alguna razón. Pero siempre, de la mano de otro, encuentran una luz al fin del túnel.carlos-lechuga-cine-cubano01

La respuesta está en el ser humano.

A la hora de escribir no creo que yo escoja estos temas. Creo que va saliendo poco a poco.

Tomando distancia, veo que me interesan los dolores del alma y, reflejándolos o intentando reflejarlos yo mismo expulso mis propios demonios.

Me alegraría que en el transcurso de la proyección, si hay alguien en la sala que ha sufrido o se siente identificado con la obra; se sienta un poco menos solo. Más acompañado.

Y aunque sea muy doloroso el filme, me gustaría que salieran del cine con fe en el ser humano y con ganas de hacer el bien y de convertirnos en mejores personas.

Me gusta que en las películas se le apriete el corazón al espectador. Pero al mismo tiempo evito que se sienta vencido o sin solución. Creo que hay solución y esperanza, sino no hiciera cine.

Me gustaría que sintieran que no estamos solos en nuestros sufrimientos. Y que, de una forma u otra, todos sentimos lo mismo.

MMH: Pável Giroud ha expresado recientemente, en una entrevista, que los ochenta constituyen una década minada de historias. Teniendo en cuenta que Santa y Andrés se desarrolla en esta misma época, ¿cuáles dirías tú que son las historias y los temas que te interesan de esa década?

CL: Lo que más me interesa de los ochenta es que yo la siento como una década puente. Atrás quedan los años sesenta y setenta, que fueron muy complicados para los artistas y la intelectualidad cubana y, al mismo tiempo, aún no han llegado los noventa, la caída del campo socialista, el empeoramiento de la crisis.

En la historia que estaba escribiendo necesitaba que a mi personaje Andrés, en el presente de lo narrado, ya le hubieran pasado algunas cosas bastante dramáticas años atrás. Su sufrimiento había empezado en los sesenta, había continuado en los setenta y ahora, en los ochenta, había una especie de calma aparente. La calma que necesitaba para que ocurriera un encuentro emocional con Santa. En los ochenta también fue el Mariel, Reinaldo Arenas se fue de Cuba, se vivieron los mítines de repudio. Los propios cubanos se tuvieron que ver cara a cara, tomar bandos, posiciones. Como hermanos fajados. Eso es muy fuerte. Muy feo.

Santa y Andrés promueve la unión entre los cubanos, entre las familias. Y los ochenta fueron unos años muy duros. De separación. De odio.

Ahora irán saliendo las historias, como la de 10 millones de Celdrán. Lo importante es que estas historias sean narradas por los propios cubanos.

Igual, en el arte y en el vestuario, no quisimos marcar mucho el estilo ochentero.

Quisimos dejarlo en un ambiente un poco atemporal para tratar este tema con vistas a que este tipo de conflicto no se repita en el futuro.

Me gustaría que los dirigentes cubanos no velaran tanto por el enemigo exterior y cuidaran un poco más nuestro mundo interior. Al cubano de a pie. Necesitamos tiempos más justos. Si no lo hacemos nosotros, ni Obama, ni Hillary y mucho menos Trump lo van a hacer.

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