¿Los inadaptados digitales en Cuba?

La conexión a Internet en el país resulta privativa en especial para personas mayores de 55 años.

La mayoría de las y los cubanos que sobrepasan los 55 años no han recibido una superación óptima en temas relacionados con la Internet o las redes sociales.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Mayra Acosta no es una nativa digital, ni siquiera una adoptada. Ha escuchado mencionar de soslayo la palabra Internet… pero no conoce, a ciencia exacta, en qué consiste.

Ella pertenece a lo que especialistas denominan Generación de los baby boomers: aquellos nacidos con la explosión de natalidad de 1946-1964 y ahora son cincuentones y sesentones, que vivieron la mitad de su vida escuchando radio y la otra mitad frente a un televisor en blanco y negro o a color, en el mejor de los casos.

Pero sobre todo, esa generación nunca recibió en la escuela clases de Computación. Mucho menos sobre Internet.

Acosta es una cubana jubilada de 60 años. No trabajó en Educación, ni en Salud, ni en los medios de prensa, lo que aquí se traduce, entre otras cosas, en que nunca tuvo acceso por vía institucional a la red de redes. Y ahora con el dinero de la jubilación, raramente podrá costearse alguna hora en las zonas públicas de wifi habilitadas en la ciudad de Pinar del Río.

El dinero a Mayra no le es suficiente para la sobrevivencia diaria y la conexión es cara, al equivalente de dos dólares por hora.

¿Desconectados etarios?

En Cuba existe una vocación por las estadísticas, por los por cientos y los “por cuanto”, aunque no siempre vengan interpretados o filtrados para saber cómo impacta cada fenómeno en los diferentes grupos sociales.

Por eso no se conoce cuántos sobrepasan los 55 años de los 1.800.000 usuarios con cuentas para conexión vía wifi, ni de los tres millones de clientes con correo dominio Nauta. Tampoco qué por ciento representan en las aproximadamente 200.000 personas que acuden por día a las zonas de acceso público a Internet.

Esta carencia estadística resulta contradictoria, si se tiene en cuenta que Cuba es uno de los países más envejecidos de América Latina y que en menos de nueve años tendrá 25 por ciento de su población en la tercera edad.

Mirar con un análisis etario la conectividad en Cuba puede-debe ser un mecanismo que permita eliminar inequidades intergeneracionales y brechas digitales.

En una pesquisa realizada en diferentes días y horarios por diez áreas wifi del occidente cubano (Matanzas, Pinar del Río y La Habana), la Redacción IPS Cuba observó que por cada 25 personas menores de 40 años, se conectaba una mayor de 55. Y en la totalidad de los casos la principal consulta era la aplicación Android de videollamadas, Imo.

Según las personas sondeadas, entre las primeras causas está el todavía elevado precio del acceso a la red de redes que resulta especialmente prohibitivo para personas de más de cinco décadas. La composición económica de este grupo etario se puede dividir, mayoritariamente, entre trabajadores asalariados estatales y jubilados; un ínfimo por ciento posee o labora en iniciativas privadas.

Todo ello se traduce en insuficiente poder adquisitivo para dispositivos móviles adecuados así como sufragar una hora de Internet, que representa casi 20 por ciento de una pensión promedio en el país caribeño.

¿Cómo acceden entonces a la Internet las personas de esta franja? En este caso, el 85 por ciento de las y los adultos mayores presentes en el recorrido de IPS Cuba por las zonas wifi tienen familiares cercanos, de primera generación, en el extranjero quienes costean su conectividad.

A este factor económico se suman la incomodidad y el tiempo consumido en las aún largas filas en las oficinas de Etecsa para la apertura, mediante contrato, de una cuenta o para adquirir las tarjetas temporales o los cupones de recarga. Tampoco resulta expedito entrar a alguna de las 191 salas de navegación ni existen las condiciones adecuadas en muchos de los 85 sitios públicos de conexión inalámbrica, donde escasean los lugares con sombra, bancos para sentarse y eficiente alumbrado público. Por otro lado, la mayoría de estos servicios se brindan en las cabeceras provinciales y algunos municipios del país, por lo cual habría que sumar el traslado hacia estos espacios.

Todo ello afecta, particularmente, a las personas mayores.

Es entonces, en la conexión desde los hogares, donde muchas de las personas adultas consultadas por la IPS Cuba depositan sus expectativas, en caso de que el servicio pueda ser costeado por personas de la tercera edad o jubilados con menor poder adquisitivo.

Pero la accesibilidad desde las casas o directamente en los celulares no parece ser una opción que llegará este año.

No todo es conexión

Aunque los máximos representantes de la empresa estatal Etecsa, única proveedora de este servicio en Cuba, insisten en que su prioridad es incrementar servicios a precios más asequibles, estos todavía resultan elevados e inciden, en mayor medida, en ciertos grupos sociales y etarios. Aunque no todo es cuestión económica o de conexión.

La mayoría de las y los cubanos que sobrepasan los 55 años no han recibido una superación óptima en temas relacionados con la Internet o las redes sociales.

Si bien la Cátedra del Adulto Mayor, habilitada en los centros cubanos de Educación Superior, mantiene un currículo para estas edades, la vinculación con las nuevas tecnologías es escasa. Al igual que en las materias ofrecidas por los institucionales Joven Club de Computación, los cursos no pasan de los conocimientos epidérmicos y con insuficiente orientación diferenciada.

Teniendo en cuenta que la edad de jubilación se incrementó en Cuba, esta población necesita una estrategia específica de capacitación e inserción socioeconómica en el escenario de las nuevas tecnologías de la información.

Integran ellas y ellos un grupo vulnerable que no interactúa con la variedad de prestaciones de Internet y, a lo más, reduce su conectividad a una cuenta de correo electrónico o Imo, a pesar de que estudios demuestran un incremento mundial del acceso a la red de los mayores de 60 años.

Aplicando la metodología educativa apropiada con sus consecuentes medidas económicas, las y los adultos mayores en Cuba podrían ser protagonistas de esta sociedad que aspira a la informatización.

Y así quizás Mayra Acosta sea al menos una “adaptada” digital y, cuando un conductor del Noticiero Nacional de Televisión le invite a contestar una encuesta vía Twitter, sepa de qué está hablando. Y sobre todo, participe. (2016)

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