Mario Conde en sus bodas de plata

Un matrimonio de novela.

Veinticinco años es una edad de plenitud juvenil para una persona, pero registra otra connotación cuando se trata de un personaje que vive en las páginas de los libros. Y esa es justamente la cifra que alcanza, en 2016, el inefable, inquietante y popular Mario Conde, protagonista de –hasta ahora– ocho novelas de Leonardo Padura, un ciclo que muy apretadamente intentaremos recorrer.

Mario Conde inicia su recorrido novelesco en la edición de Pasado perfecto que la Universidad de Guadalajara pusiera en circulación en 1991. Una de las paradojas que envuelven a Conde es su lugar de alumbramiento: siendo raigalmente cubano fue a nacer a México.

No sabemos cómo fue la circulación internacional en esa primera edición de Pasado Perfecto y cuántos ejemplares llegaron a Cuba, porque solo hasta unos tres o cuatro años después pude leer la novela, gracias a un préstamo del propio autor. Para entonces ya había leído Vientos de Cuaresma, la segunda entrega de la saga.

Ese orden inverso no altera el resultado final de la lectura, la cosmovisión que nos dejan las obras, porque las tramas de ambas transcurren en 1989 al igual que las otras dos integrantes de la tetralogía: Máscaras y Paisaje de otoño, solo que en estaciones distintas. De hecho, los lectores cubanos, en su gran mayoría, no han podido hacer una lectura ordenada de las novelas de Padura (ni estas ni las siguientes) dado el alto grado de dificultad para acceder a las mismas. (Son productos con mucha demanda y poca oferta en la isla.)

La sensación que nos produjeron esas dos novelas, devoradas más que leídas, fue de júbilo y sorpresa por el hallazgo de una literatura policial cubana distinta, novedosa, que se apartaba radicalmente del agotado modelo que había imperado durante dos décadas. El logro del escritor fue relevante: a un mismo tiempo colocaba sus libros en la vanguardia de la narrativa local y del neopolicial iberoamericano.

Descubierto por los lectores cubanos en Vientos de cuaresma (1994), la única cuya edición príncipe ha sido la cubana, la popularidad de Conde no ha dejado de crecer con cada nueva entrega, en cada retorno del personaje, según pasan los años.

¿Qué nos trajo este personaje, cuáles son sus atractivos, por qué arrastra a los lectores de todo el mundo tras sus peripecias?

En primer lugar, por la cualidad esencial que se le pide a un personaje literario: su credibilidad artística, su coherencia al actuar y comunicarse en los diferentes espacios de la narración, en los distintos ambientes de cada historia contada.

La construcción del personaje contiene una gran riqueza de elementos, procedentes de fuentes diversas, con un rigor encomiable. El resultado corona la aspiración máxima de un creador artístico: que su criatura tenga una proyección orgánica al desenvolverse en diferentes tramas argumentales y poseaidentidad, un sello propio.

Ese Personaje no existía en la novela policial cubana anterior a Padura, quien trae, a  ese género, a un policía verosímil en el campo literarioque va a seguir “viviendo” después de la historia narrada en cada obra.

Las cuatro primeras salidas de Mario Conde tienen un escenario común, la sociedad cubana de 1989, año en que transcurrió el proceso de encarcelación y enjuiciamiento de altos oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, sucesos que convulsionaron la conciencia ciudadana; un cisma que se conjuga, en el exterior, con la caída del Muro de Berlín.

Los crímenes que debe investigar en “Las cuatro estaciones” lo llevan a zonas oscuras de la sociedad que habían permanecido sumergidas en la anterior literatura genérica: la corrupción, el engaño, la doble moral, la intolerancia ideológica, la homofobia, el enriquecimiento ilícito, la prostitución, el arribismo. Tales son las “bondades” que afloran en Pasado Perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, y Paisaje de Otoño.

Pero en las propias novelas, como un correlato de la trama criminal, discurre la crónica de un grupo generacional (del Conde y sus amigos) que ha tenido que enfrentar los embates de esos males con la fuerza de la amistad y la solidaridad.

Luego de cerrado el ciclo de 1989, Mario Conde tiene otras dos apariciones que transcurren en la década siguiente, en las noveletasLa cola de la serpiente y Adiós Hemingway.La primera surge de la investigación que dio lugar al reportaje sobre el barrio chino de La Habana; la segunda,a pesar de su brevedad, es un texto significativo,en conexión con las ambiciosas novelas posteriores,y es la primera referencia de Conde como cazador de libros de uso.

Como buscador de bibliotecas ocultas aparece ya plenamente en La neblina del ayer, donde lo veremos en pugna con una sociedad diversa a la de las novelas anteriores. Enfrascado en develar un enigma, Conde se interna en La Habana profunda del nuevo milenio, en zonas marcadas por la marginalidad ysemejan una ciudad recién bombardeada.En estos escenarios, fijados en 2003, es acompañado por Yoyiel palomo, un joven ingeniero que posee, en altas dosis, las herramientas que le faltan a Conde para el mundo de los negocios.

La última aparición de Mario Conde (en Herejes, 2013) registra nuevos derroteros vitales porque es lanzado no ya tras la pista de un asesino sino de una obra de arte tras de la cual hay un asesinato, pero también una historia de casi cuatro siglos y muchas preguntas; tarea a la que suma la búsqueda de una joven habanera desaparecida cuya seña más notoria es pertenecer a una de las llamadas tribus urbanas.

Las interrogantes que persiguen a Mario Conde en esta obra son de naturaleza filosófica, religiosa, política, artística, histórica, sociológica, antropológica, una señal de cuánto ha evolucionado el personaje de la mano de su creador.

Tras un cuarto de siglo de andadura, el expolicía navega ya en aguas trasatlánticas junto al artífice que le dio vida, pero quien no imaginó la trascendencia que tendría, el milagro de aquella creación.

Sin embargo, tal vez la pregunta que más sigue inquietando a Mario Conde, es por qué sus novelas no circulan en Cuba como debe ser, por qué sus lectores naturales deben sufrir tanto para acceder a ellas.

Esa misma interrogación nos hacemos los estudiosos de la obra de Padura, porque también somos víctimas de ese crimen de lesa cultura. Mi libro de ensayo(A)cercando a Leonardo Padura, impreso desde marzo de 2015 después de un largo via crucis, hasta donde sabemos, no ha circulado por las librerías del país. Es un enigma que Conde no ha podido aclarar (aunque imagina los motivos).

(2016)

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