Quizá una de las características que más definen a La Habana desde el punto de vista arquitectónico es la variedad de estilos que desde los lejanos días de su fundación han ido conformado su fisonomía. Así lo vio nuestro novelista mayor (y arquitecto frustrado) Alejo Carpentier, quien a su regreso de una larga estancia de once años en Europa, se maravillaba de la “multiplicidad” recién “descubierta” en la urbe trasatlántica. Y esto ocurría apenas en 1939, cuando aún no existía una buena parte de las construcciones que hoy se levantan (o se derrumban) en la ciudad actual.
Leer más...El Museo Nacional de Cuba cumple un siglo de fundado. Quizá sea la ocasión adecuada para recordar a una singular figura de la intelectualidad insular, casi siempre ausente de los panoramas artísticos redactados en los últimos años: el arquitecto Emilio Heredia y Mora (La Habana, 1872-1917).
Leer más...Alejo Carpentier dedicó una parte considerable de su obra a reflexionar sobre el tiempo. Las manifestaciones más diversas del transcurrir temporal, su desarrollo a veces cíclico, en ocasiones repetitivo, incluso su devenir invertido fueron cuestiones sobre las que reflexionó desde su narrativa, con la profundidad filosófica que caracterizó toda su obra. En el año 1958, reunió incluso una novela (El acoso) y tres relatos (“Semejante a la noche”, “El camino de Santiago” y “Viaje a la semilla”) en un único volumen, al cual tituló Guerra del tiempo.
Leer más...Hasta hace muy poco tiempo, el profesor Enrique Domínguez Sosa guardaba en su casa las 4 mil cartas que enviaron en 1985 los oyentes del programa Clave ocho treinta, un espacio de Radio Progreso que él asesora desde 1972. Esa correspondencia era apenas una muestra de su fervor al medio al cual ha entregado casi toda su vida laboral. Él es, con toda propiedad, un hombre de la radio.
Leer más...Nadie, absolutamente nadie, podría negar la importancia que desde su fundación tuvo el Instituto del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) para el desarrollo del cine cubano. Más que una casa productora para la realización de películas, el ICAIC devino uno de los proyectos más ambiciosos e influyentes de la amplia red de instituciones culturales creadas desde 1959. Baste recordar que, desde sus prometedores inicios, no sólo se trataba de “hacer” cine, sino también de posibilitar su acceso a los lugares más apartados del archipiélago, una experiencia inédita cuyo conmovedor testimonio fue recogido por uno de los pioneros, Octavio Cortázar, en su documental Por primera vez.
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