Ordenamiento monetario: necesidad, incertidumbre y certezas
Una opinión especializada sobre el fin de la dualidad monetaria y cambiaria como una medida necesaria que no se puede dilatar, aunque abre no pocas interrogantes sobre el desarrollo del complejo proceso.
La pregunta sobre el fin de la dualidad monetaria y cambiaria ha sido una incógnita durante años.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Cuando se habla de la economía cubana, a público nacional o foráneo, vienen al diálogo preguntas recurrentes: ¿por qué circulan en Cuba dos monedas? ¿cuándo tendrá lugar la unificación monetaria y cambiaria?
La primera pegunta, es algo más simple de explicar y para ello nos remontamos a la crisis de los años 90 y al paquete de medidas implementadas como parte de la reforma económica. Sus orígenes, allí radican y son bastante manejados al menos al interior de la isla. La brusca contracción de la economía provocó que el peso cubano dejara de cumplir las funciones del dinero.
Sin embargo, otras cuestiones resultan más complejas de entender como, por ejemplo, ¿por qué haber mantenido durante años un tipo de cambio sobrevaluado para el sector empresarial fijado en 1CUP = 1CUC = 1 USD a sabiendas de las profundas distorsiones que ello genera? Si se revisan los objetivos de política económica desde la reforma de los 90 (incluso desde mucho antes) a la fecha, existen varias invariantes, entre ellas, los propósitos de promover exportaciones y sustituir importaciones.
No obstante, el tipo de cambio fijado, resulta un instrumento de política con resultados diametralmente opuestos.
Tan es así, que se asiste a fenómenos como que las actividades de exportación pueden estar subsidiadas por el Estado o que resulte “más barato” comprar alimentos en el extranjero que producirlos en Cuba. Y nos referimos, por supuesto, a alimentos que en Cuba pueden producirse como frutas, hortalizas, leche, entre otros. Igualmente podemos encontrar que a un campesino le resulte más rentable vender en el mercado agropecuario, que exportar a otro país, con productos mucho menos competitivos.
O sea que, durante años, nuestro tipo de cambio empresarial ha abaratado las importaciones y frenado las exportaciones, justo lo contrario a lo deseado.
Un propósito pendiente desde 2011
La pregunta sobre el fin de la dualidad monetaria y cambiaria ha sido una incógnita durante años. Por momentos, se abrió el debate y en varias ocasiones parecía haber llegado el fin. En los Lineamientos de 2011, queda refrendado el propósito de avanzar en la unificación.
La pandemia de la Covid-19 y su nefasto impacto en la economía internacional, y en específico en la cubana, ha condicionado que el proceso que se conoce como “ordenamiento monetario”, se desate con mayor celeridad.
Un halo de incertidumbres se ha esparcido por la población, el sistema empresarial, el sistema bancario, el sector no estatal. Durante meses, las personas se han preguntado cuál será la decisión correcta a tomar con sus ahorros, se han precipitado a cambiar los CUC, las colas en las sucursales bancarias no cesan, los prestadores de servicios comienzan a negarse a aceptar esa moneda.
En medio del proceso, y ante la escasez de divisas crónica del país, se decide acometer una dolarización parcial que, aunque no se ha llamado de ese modo, se ha materializado en la creación de un nuevo espacio de mercado que opera en moneda libremente convertible. En este espacio, se pueden adquirir bienes de diversa índole, incluidos alimentos y artículos de aseo.
El desabastecimiento al que se ha asistido en la red de tiendas en CUC ante la contracción de la capacidad importadora del país, y el hecho de tener que satisfacer necesidades básicas, unido a la inexistencia de un mercado oficial donde comprar dólares, ha presionado fuertemente el tipo de cambio informal del CUC frente al USD, que se sitúa en el entorno de los 2 CUC por dólar estadounidense.
Varios espacios de la Mesa Redonda se han dedicado al ordenamiento, intentando trasmitir a la población información oportuna sobre el significado de este proceso, su importancia y urgencia. De igual manera, los medios de prensa nacional han publicado múltiples artículos con este contenido.
Según Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos “La Tarea Ordenamiento incluye cuatro elementos bien claros: resolver la dualidad monetaria, resolver la dualidad cambiaria, eliminar subsidios y gratuidades hasta donde sea posible en las condiciones de nuestra economía y hacer una transformación de los ingresos” (Cubadebate, 13 de octubre)
Las interrogantes
A pesar de todo el cúmulo de información aportada en los últimos días y de la certeza de que se trata de un proceso necesario hace décadas, varias interrogantes aparecen en el panorama del ordenamiento como, por ejemplo:
¿será posible controlar el crecimiento de la inflación, habida cuenta de que una tercera parte de la economía funciona bajo formas no estatales y por ende son agentes que toman decisiones fuera del plan?
¿cómo evitar un proceso inflacionario fuera de lo deseado bajo restricciones serias de oferta? ¿cómo controlar el arbitraje en los diferentes espacios de mercado?
¿será suficiente indexar el salario y las pensiones al costo de una canasta de bienes y servicios en un segmento específico de mercado? ¿qué ocurrirá si el precio de la canasta es superior, o lo que es lo mismo, qué sucederá si la canasta o parte de ella, hay que adquirirla en otros espacios de mercado con precios más elevados?
¿cómo compensar la pérdida ocasionada por la devaluación a quienes tienen ahorros bancarios acumulados durante años y en un lapso breve de tiempo ven significativamente contraídos sus depósitos?
¿cómo manejar las distorsiones que genera la dolarización parcial de la economía a la que se asiste hoy? ¿cuánto afecta al proceso de ordenamiento el tener una tercera moneda como referente?
A pesar de toda la incertidumbre que circunda esta medida, existen varias certezas: se trata de un asunto extremadamente complejo, en un momento muy difícil de la economía cubana, supone un gran desafío para quienes están a su cargo y, a pesar de toda la voluntad política manifiesta resultará, en parte, doloroso. (2020)
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