Narrativa en redes sociales de la emigración cubana
La crisis migratoria ocupa durante el último año la agenda pública en redes sociales, la cual ya especialistas califican como la más grande del país caribeño.
El tema migratorio es un asunto recurrente en las redes sociales en Cuba, acrecentado en las últimas semanas con el proceso abierto de visado diverso para Estados Unidos.
Foto: Tomada de redes sociales
Muchas personas están vendiendo todas sus pertenencias en Cuba. Compran dólares, pasajes a Nicaragua, visas para segundos y terceros países. Inician travesías por los “volcanes” en un recorrido irregular y peligroso hacia las fronteras de México-Estados Unidos o apuestan a salidas profesionales o becas de estudios hacia Latinoamérica o Europa.
Muchas emigran porque quieren “algo mejor”, buscan el progreso económico o porque se ven interpelados a ello. Narran el desasosiego del viaje irregular, detallan los procesos de adquisición o sorteos de visados, cuentan los primeros meses como inmigrantes. Muchas llegan y otras no.
Hasta la fecha más de 224 000 migrantes cubanos han llegado a Estados Unidos, según un informe del Departamento de Aduanas y Protección Fronteriza. Más de 6 000 han sido interceptados en el mar en el último año fiscal. Mientras otras muchas personas, no contabilizadas, han volado o iniciado rutas hacia otras naciones.
Otras tantas, tampoco registradas, no han llegado y aún se encuentran desaparecidas.
Las redes sociales en Cuba son reflejo de la crisis migratoria. Cada día son decenas las publicaciones de ventas de casas, medios de transporte y pertenencias, todo con “USD en mano”, tanto que los precios se abaratan. Otras personas se ayudan entre sí para llenar la inscripción en el programa de visas de la diversidad o “bombo” para los Estados Unidos.
Entre el “bombo” y los volcanes
La ruta más extendida, y por tanto más referida en el último año en redes sociales, es el viaje irregular por Centroamérica hacia Estados Unidos. Miles de cubanos han volado hacia Nicaragua gracias a su libre visado, para iniciar un recorrido que dura como promedio 20-25 días hacia la frontera mexicana con el país norteño.

Jóvenes, personas de la tercera edad, familias enteras con niños y niñas incluso en edad de lactancia, se han lanzado a un periplo riesgoso y costoso. Todo esto aparece en Facebook o Twitter: desde quienes piden asesoría sobre la documentación necesaria para salir de Cuba o arribar a la frontera estadounidense con un niño o niña (permiso de salida del país, carnet de vacunación, entre otros), hasta la compra-venta de pasajes o visados que garanticen la ruta.
También se encuentran las publicaciones que promocionan el servicio de “travesía segura” con inclusión de hospedaje, visado de tránsito, alimentación, entre otros, en un andamiaje estructurado de tráfico ilícito de personas y, en no pocos casos, de estafa colectiva.
Por otro lado, uno de los temas más frecuentes en las últimas semanas en redes sociales, es la aplicación al Programa de visas de diversidad, más conocido como bombo, hacia Estados Unidos. El proceso comenzó el pasado miércoles 5 de octubre y se extiende hasta el 8 de noviembre del presente año.
Hoy abundan posts sobre cómo realizar la inscripción electrónica, qué errores no cometer para evitar la invalidación del registro o hasta cómo emplear aplicaciones para ajustar las dimensiones de las fotos de inscripción. Incluso hay quienes ofrecen el servicio de llenado electrónico para garantizar un registro efectivo.
El discurso de quienes llegan, la tristeza por quienes no
Cada semana aparecen publicados videos donde se presencian recibimientos de personas en aeropuertos de Estados Unidos, con globos y mensajes de “llegamos”, “estamos bien”. Diversas son las publicaciones, aunque algunos mensajes se repiten: “fue una larga travesía”, “gracias a Dios”, “ya con los míos”, “familia reunida”, “gracias a quienes se preocuparon minuto a minuto”.
Son frecuentes también los cambios de estado al instante o apenas par de días de la llegada a “vive en Miami”, “moved to Florida” o “vive en….”, como una declaratoria contundente de “ya no estoy en Cuba”.
Otros, incluso, con mayores aspiraciones de influencers han descrito y publicado paso a paso la travesía como si se tratara de un reality, sin tener en cuenta todo el sacrificio, dolor e incertidumbre que rodea estos recorridos. Hay quienes relatan el trayecto, pero más en forma de agradecimiento por todas las personas que juntas pasaron por el desafío.
También se conoce de quienes no han tenido recibimientos en aeropuertos ni globos en manos de familiares. Más allá de las personas deportadas por las autoridades migratorias, aparecen publicaciones en Facebook sobre desaparecidos y fallecidos en las riesgosas travesías, ya sea por mar o tierra.
Los mensajes son casi imploraciones de tías, padres, madres, abuelos, que buscan saber de hijos, hijas y hasta nietos que salieron en embarcaciones hacia Estados Unidos y nunca más se ha sabido de ellos. Publicaciones pidiendo datos o listado de balseros en centros de detención de la región, para al menos descartar que estén muertos.
Peticiones de cualquier información de familiares que no saben nada de su ser querido, una vez que entró a fronteras de algún país centroamericano. O incluso mensajes de despedida en redes sociales de quienes ya saben que sus allegados murieron en algún accidente de tránsito durante la travesía, o ya las guardias costeras encontraron la embarcación vacía o los cuerpos sin vida de sus tripulantes. (2022)
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