IRES para enfrentar cambio climático y producir alimentos en Cuba
Cuando la producción de alimentos es una prioridad, el proyecto IRES se propone ayudar a generar sistemas alimentarios sostenibles y resilientes
La estrategia de educación ambiental de IRES apunta a la infancia y la adolescencia para estimular su presencia activa en el futuro de Cuba.
Foto: Tomada de presentación de IRES durante la COP 28
Rescatar 35.735 hectáreas de tierras y convertirlas, una parte en módulos agroforestales, y la otra en espacios silvopastoriles, persigue el proyecto “Resiliencia climática en los ecosistemas agrícolas de Cuba (IRES), el primero que financia en Cuba el Fondo Verde del Clima.
La iniciativa persigue el incremento de la resiliencia climática de los hogares y comunidades rurales vulnerables, a través de la rehabilitación de paisajes agroforestales productivos en siete municipios seleccionados. Para ello, cuenta con financiamiento del Fondo Verde del Clima (GCF, por sus siglas en inglés) por 38 millones 200 000 dólares.
También dispone del cofinanciamiento de Cuba por 81,7 millones de pesos.
IRES tiene un plazo de implementación de siete años (84 meses), y puede prolongarse hasta 20 años (240 meses), explicó Wilfredo Arregui, su coordinador nacional.
Esta iniciativa beneficiará a siete de los 10 municipios donde se registran los mayores impactos del cambio climático: Los Arabos (Matanzas); Corralillo, Quemado de Güines y Santo Domingo (Villa Clara) y Colombia, Amancio y Jobabo (al sur de Las Tunas).
Allí, precisó, es más acentuada la desforestación, la salinidad y compactación de los suelos y la escasez de agua, entre otros efectos del cambio climático.
Ejecutado por el Grupo Empresarial Agroforestal, es el cuarto proyecto diseñado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en América Latina y el Caribe con fondos del GCF.
Según Arregui, el fin es incrementar la resiliencia al cambio climático de la producción agrícola, garantizar la seguridad alimentaria y elevar la estabilidad de los sistemas locales productivos, el empleo y acceso al agua, con impacto directo en 51.000 agricultores y familias (23.788 mujeres), y otras 217.000 personas, de forma indirecta.
“El proyecto no solo se propone la transformación directa de personas o áreas de intervención, sino también trabajar en normativas y políticas y buscar incentivos. Por ejemplo, estamos proponiendo un fondo de resiliencia para incentivar esta forma de hacer y fortalecer la gobernanza de las localidades, como contribución a la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria”, dijo.
¿Qué trae IRES?
Entre sus primeros objetivos específicos está invertir en el uso de tecnologías modernas para rehabilitar paisajes productivos. En ese sentido, se destina el 90.6 por ciento del presupuesto a la adquisición de equipos e insumos productivos, hoy en su mayoría obsoletos y deficientes en el agro cubano.
La idea es emplear seis tecnologías agroforestales diferentes: cedro y plátano; frutales, cultivos agrícolas y cercas vivas; bosques mediante regeneración natural, bosques a partir de plantaciones forestales polifuncionales en áreas invadidas de marabú, sistema silvopastoril con árboles de sombra y otro, con arbustivos leguminosos.
IRES también persigue contribuir al fortalecimiento de las capacidades institucionales, técnicas, de gobernanza y el marco legal. Su estrategia de educación ambiental apunta a la infancia y la adolescencia para estimular su presencia activa en el futuro de Cuba.
Es coherente con el Marco estratégico de FAO que busca respaldar la Agenda 2030 mediante la trasformación hacia sistemas agroalimentarios eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles, para una mejor producción, nutrición y medio ambiente.

Avances
En sus tres años de implementación –debido a la paralización por la covid-, IRES ha realizado importantes importaciones: tractores, equipamiento para el desbroce del marabú, roturador para la preparación del suelo sin invertir el prisma, remolques, motosierras para trabajar manualmente el marabú, molinos forrajeros y sembradoras de tracción animal, destacó Arregui.
De acuerdo con el académico Juan Mario Martínez, el fortalecimiento de las unidades que prestan servicios técnicos integrales permite garantizar, tanto la asesoría técnica como el mantenimiento y reparación de maquinarias e implementos agrícolas de los productores en las áreas de intervención y a otros asociados.
La iniciativa ha equipado los tres laboratorios provinciales de suelos, los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos y aulas de las escuela de campo.
Entre sus resultados, se encuentran la transformación de más de 4 500 hectáreas que están siendo convertidas en innovadores sistemas agroforestales y silvopastoriles, la reforestación con bosques plantados cercanos a la naturaleza y con regeneración forestal natural asistida y la producción de 536 toneladas de hortalizas, viandas, granos y frutas.
Entre los resultados de esta iniciativa se encuentran la capacitación de 2 909 personas, de ellas 995 mujeres y 168 altos directivos de organizaciones no gubernamentales claves para los procesos de planificación y toma de decisiones locales.
Efecto medioambiental
IRES apunta a dos importantes facetas: la degradación de los suelos, uno de los principales problemas ambientales, y a la seguridad alimentaria: recuperar tierras agrícolas y de pastoreo tiene un efecto en el incremento en la producción.
Según datos del Ministerio de la Agricultura, 71 % de la superficie agrícola del país tiene algún daño, de ella, 43 % de fuerte a medio (1.000.000 de hectáreas): 15 % con salinización o sodicidad, 24 % compactación y 70 %, con bajo contenido de materia orgánica.
La degradación de los suelos por erosión, salinización y sodificación, disminución del carbono orgánico, falta de nutrientes, pérdida de biodiversidad, compactación, acidificación y contaminación se deben, principalmente, a su inadecuado manejo y explotación y las condiciones climáticas, topográficas y edafológicas existentes.
Con sus sistemas de cultivos múltiples y la cobertura del suelo todo el año, se persigue fortalecer el contenido de materia orgánica y carbono y el incremento de la diversidad biológica de los suelos y aumentaría la renovación de los acuíferos.
La introducción de árboles leguminosos en sistemas agroforestales deberá conducir a la reducción o eliminación de la necesidad de aplicar fertilizantes nitrogenados, en tanto los árboles y arbustos en sistemas silvopastoriles evitarían la compactación del suelo.
Se estima que las acciones comprendidas en IRES deben mitigar la emisión de dos millones 700 mil toneladas de gases de efecto invernadero.
(2023)
Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.
Normas para comentar:
- Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
- Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
- No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
- Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.