Jesús Lara Sotelo inaugura su peor abismo

Una exposición personal y un coloquio literario en la galería Collage Habana sirven de celebración por los 36 años de una polifacética trayectoria creativa.

Vuelve a las galerías la obra de Jesús Lara Sotelo, ahora con la muestra personal Yo fui mi peor abismo

Foto: Cortesía del autor

La lluvia irrumpió más puntual que los apagones programados. Bajo un alero, escribí este mensaje en el móvil: “Lo siento. No podré llegar”, y lo envié al curador Píter Ortega, quien me había insistido que no faltara a la exposición. Atascado a trescientos metros de casa, recordé mi encuentro primero con la obra plástica de Jesús Lara Sotelo. Hará unos veinte años, al costado del Capitolio, en Galería La Acacia y una de las muestras colectivas de paisajes que esa institución organizaba anualmente.

Por aquellas fechas, una nueva generación de artistas cubanos de la plástica desdeñaba el paisajismo academicista para manejar ese género pictórico como una herramienta conceptual. Así, en lugar del ceñido realismo y la intención descriptiva de la tradición, los rasgos del paisaje autóctono devenían elementos simbólicos que el espectador podía interpretar como alusiones a la identidad cultural, la historia, la cubanía, la vida cotidiana y la reflexión existencial.

Encajaba ahí perfectamente el primer cuadro de Lara Sotelo que contemplé, y además aportaba algo singular. El contraste entre la pincelada hiperrealista y un encuadre de perspectiva aberrante ―en escorzo, de mirada esquinada y casi a ras de suelo―, junto al ahogo barroco de la superficie entera del lienzo por una maraña de raíces, troncos y hojas, hacía pensar en el paraje de una mente enrevesada.

Ni rastro de la serenidad que suele atribuirse a la contemplación de una campiña. Aquello era el bosque de una pesadilla donde jamás querrías perderte. O el espectáculo de una intimidad humana al borde de su propio abismo.

Este cuadro expuesto en Collage Habana muestra el carácter imaginativo de la paisajística de Lara Sotelo

Su peor y mejor abismo

Mientras, a resguardo del aguacero, recorría en mi memoria esa pintura en la tarde del 17 de julio de 2025; del otro lado de la bahía también lluvia y apagón se combinaban para aguar la fiesta de una inauguración en Collage Habana y estorbar el arribo de público a la puesta en galería planteada como recorrido retrospectivo por los 36 años de trayectoria creativa de Jesús Lara Sotelo.

Una publicación colgada en las redes me hizo saber después que la expo titulada Yo fui mi peor abismo se había sobrepuesto a la fatalidad. Lara Sotelo escribió: “Por un momento pensé que el cielo había decidido llorar lo que yo ya no podía […] Hicimos entrar al público igual, porque la belleza no espera a que las condiciones sean perfectas; la belleza está hecha precisamente de imperfección y riesgo […] Anoche descubrí que se puede inaugurar un abismo y colgarle cuadros.

Lara Sotelo es hombre de palabras además de pinceles. Y sus letras me dieron la oportunidad de recuperar la ocasión perdida. Fue esta vez Elisa Álvarez, representante del artista, quien me puso sobre aviso; y el 24 de julio, anduve al descubierto bajo el sol acosador de las 11 de la mañana hasta el boulevard de San Rafael, para asistir a un evento dedicado a la misma persona aunque ahora mostrada en su faceta literaria.

Por aquello de los inconvenientes derivados del estado del tiempo, uno podría evocar el libro de prosas poéticas Lebensraum (2016) y la frase que el Jesús poeta escribió: Hoy no me alcanza el cielo para creer. Mas dejaré para después el recuento del coloquio literario, y pensando en otra expresión de ese mismo cuaderno: un paisaje distinto es posible, voy a enfocarme primero en las piezas de Yo fui mi peor abismo vistas en galería.

Según los curadores, la obra de Lara Sotelo es “tanto testimonio íntimo como espejo colectivo”

Artista del paisaje emocional

Sobre la pared de la izquierda, el paisajista de atmósferas subjetivas ha colocado un gran lienzo, donde su pincel meticuloso recubrió prolijamente de musgo, líquenes y hierbas lo que podrían ser restos de una maquinaria o un vehículo espacial. El artefacto que yace, incongruente, en medio de la selva tupida, crea de inmediato un efecto de máquina del tiempo.

Pero ni la impresión de contemplar solamente un panorama imaginado, ni el armonioso juego de distintas tonalidades de verde presente en la pintura, puede evitar que sintamos inquietud. Ese vestigio de inteligencia humana vencido por la insidiosa fuerza de la naturaleza nos confronta con la insignificancia y caducidad de nosotros mismos.

Se hace obvio que ha llovido mucho ―innumerables cortes de luz también― y dramas personales acumulados desde aquel período del Jesús paisajista, al contemplar el resto de las obras dispuestas en la galería. Con el paso del tiempo, el cauce creativo del artista se ha desparramado por distintos afluentes y la curaduría de Píter Ortega y Maybel Elena Martínez se empeña en ilustrar el carácter interdisciplinario y la evolución que lo ha llevado a experimentar por los más diferentes soportes y técnicas.

En la muestra seleccionada hay pinturas y grabado, esculturas, instalaciones y cerámica. Pero ya sea en la pintura matérica, la abstracción conceptual, la neofiguración o en cualquiera de las distintas manifestaciones plásticas, hay una suerte de rizoma central que las emparenta y que el espectador llega a intuir.

Colorido emocional, protuberancias de apariencia orgánica, formas geométricas afiladas, sobreabundancia de púas, cuerdas trenzadas y nudos, son elementos representados o empleados en la configuración plástica que concitan, más que a explicar, a sentir la exposición toda como si de una trama psicológica se tratase, un tejido nervioso, una sensibilidad desatada y a flor de piel.

Esa impronta catártica y testimonial es recalcada por las palabras del curador Ortega: “Pocos artistas han hecho de su propia biografía una materia tan palpable, tan ardiente, como Jesús Lara Sotelo. Su vida ha sido un cráter, y de ese cráter ha extraído no solo lava, sino luz”.

El propio artista refuerza esta interpretación: “Lo que verán aquí es la arquitectura de ese descenso: una cerámica que susurra, un grabado que sangra, un poema que no se rinde, una música que pende de un hilo. Y en el centro, no un héroe ni un mártir, sino un cuerpo que arde”.

Elisa Álvarez, Alberto Marrero y Nelson Herrera Ysla acompañaron a Lara Sotelo en un panel dedicado a su faceta poética

Pintor y poeta, en su laberinto

Como cualquier ser humano, el creador padece el transcurrir de la carne, los vaivenes de su inteligencia y el tobogán de las emociones. Lara Sotelo ha confesado, además, fatales adicciones y fracasos afectivos. En su poema “Oficio” alega: Las veces que he caído al fango me he consolado con la idea de que las caídas mejoran mi sentido de la armonía. Luego, en cuanto simple hombre, ha sobrevivido y puesto de pie para seguir empujando la piedra, como Sísifo, hacia territorios más elevados.

En el libro El laberinto ante mí, de 2017, un poema de Lara Sotelo titulado precisamente “Exposición personal” anuncia: Este año pretendo hacer una exposición con objetos personales que siempre me acompañan […] Un hombre se comprende por los objetos que lleva a cuestas o por la manera de acomodarlos en su entorno. Un hombre es todos y cada uno de los objetos que arrastra en su vida.

Entonces, cabe pensar que fue este 2025 cuando al fin se realizó aquel anhelo; y que esos objetos personales conforman el conjunto expuesto en Yo fui mi peor abismo. Un puñado de obras de arte que dan cuenta de cómo el creador revuelve la materia informe de su propio caos existencial y, en el camino de la disciplina y la iluminación espiritual, rehace el orden de su vida y funda belleza estética.

Mis contactos con la escritura de Jesús Lara Sotelo han sido intermitentes. Sin embargo, he tenido noticias de ese largo quehacer, comenzado en 1991 con el cuaderno ¿Quién eres tú, God de Magod? y extendido hasta hoy por una veintena de poemarios publicados. Más allá del reencuentro con su obra plástica, la asistencia al coloquio del 24 de julio en Collage Habana era la coyuntura ideal para la puesta al día con las variables estéticas y temáticas que alimentan la poesía del polifacético creador.

Versos con sangre y luz

Plasmada por su puño y letra en el ya mentado poema “Oficio”, esta afirmación: He aprendido a descubrir la tristeza en los ojos de la gente […] También he aprendido a captar las infinitas capas de una sonrisa, podría explicar el oxímoron El ojo que sangra luz, escogido para nombrar dicha reunión literaria.

Así lo confirmó Elisa Álvarez en Cuando el arte anticipa la realidad. Jesús Lara Sotelo visionario: una documentada disertación donde asevera que él “escudriña lo humano, su fragilidad, el dolor, la angustia del existir”. La experta califica su obra literaria de “hoja de ruta que huye de lo aparencial explícito y ve donde otros no habían visto. Este hombre, de indagaciones tan tenaces, no escapa de la vida, sino que va hacia ella”.

Otro invitado al panel, el narrador Alberto Marrero, quien ha fungido de editor en varios libros de Lara Sotelo, apuntó a la organicidad con la que poesía y plástica conviven en una sola persona. Sobre esos vasos comunicantes expresó: “Lo que no alcanza a decir en un cuadro lo expresa en palabras. Lo que no dice el lienzo lo completa un poema”. Y como virtudes de su expresión literaria subrayó “la agudeza, el concepto, la exuberancia barroca y la provocación”.

El aforismo, esa manera concisa de moldear una idea rotunda, es una de las formas literarias a la que acude Lara Sotelo con más frecuencia. Y tocó al curador y crítico de arte Nelson Herrera Ysla verter su opinión acerca de la lectura de un volumen inédito, recopilatorio de unos 1000 aforismos, que llevaría justamente el título El ojo que sangra luz. “Demasiado ambicioso quizá, con las temáticas más diversas: museo, cine, diseño, arte, silencio, afrodescendencia…”, señaló el también poeta; y dio lectura a los que le gustaron por su nivel de ingenio: “El arte vive del riesgo. El museo vive del seguroEl poema que no incómoda es sólo lírica de supermercado”.

Con la responsabilidad de hablar de sí mismo para el cierre, Jesús Lara Sotelo resumió esa confluencia de pintor y poeta, entre trazos y verbos, como la concreción de un “archivo emocional” y el resultado de su “personal sendero de exploración y de redención individual”.

El coloquio ya es pasado, pero quedarán todavía en librerías las páginas del poeta al alcance de los lectores. Y ocupando las paredes y el espacio todo de Collage Habana, hasta septiembre, permanecen las piezas de Yo soy mi peor abismo y la posibilidad de asomarse a la fragilidad y las fortalezas del alma de un artista.

Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.