La palabra improvisada como puente social en Cuba

El proyecto literario y social Oralitura Habana quedó fundado en 2019,  para fortalecer las tradiciones orales y consolidar la décima como un valor cultural vigente.

El proyecto se presenta como un laboratorio donde conviven lo popular y lo académico, lo local y lo universal.

Foto: Tomada de la página de Oralitura Habana en Facebook

La Habana, 19 nov. – Nacido con el propósito de defender el patrimonio intangible de la décima y la improvisación, el proyecto Oralitura Habana se ha reinventado a lo largo de los años para tender puentes sociales mediante la fusión entre tradición y modernidad desde el trabajo comunitario.

Su esencia radica en demostrar que la oralidad no es un vestigio del pasado, sino un lenguaje vivo capaz de dialogar con las realidades contemporáneas y de generar comunidad.

El proyecto vio la luz en 2019 con la misión de revitalizar las tradiciones orales y posicionar a la décima como un bien cultural vivo. Desde sus inicios se propuso unir a cultores populares con investigadores, logrando un diálogo intergeneracional que sentó las bases de su desarrollo y abrió un camino de legitimación académica para la improvisación poética.

En 2021, marcado por las restricciones sanitarias de la pandemia covid, Oralitura Habana se celebró en formato virtual. Esa circunstancia, lejos de ser un obstáculo, permitió ampliar su alcance hacia públicos internacionales y demostrar que la improvisación podía adaptarse a los entornos digitales sin perder su fuerza expresiva.

Dos años después, en 2023, el proyecto volvió a los espacios físicos con más vigor, consolidándose como cita imprescindible para improvisadores, músicos y académicos de toda Iberoamérica.

Esa trayectoria evidenció cómo Oralitura Habana, amparado también por la Asociación Hermanos Saíz, había evolucionado de ser un encuentro especializado a convertirse en un proyecto cultural de gran envergadura.

Su propósito trascendió: buscó abrir caminos para la investigación, la enseñanza y la integración comunitaria a través de la palabra improvisada.

El pasado 12 de noviembre, el proyecto se acercó a la capitalina comunidad de Cojímar, en el municipio La Habana del Este, donde en alianza con otros proyectos como Zonas Creativas, Cospe y Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (Aics) realizaron un encuentro en la Casona de la Calle Maceo.

Impacto social

Los organizadores insisten en que Oralitura Habana es, ante todo, un proceso. La diversidad de actividades forma parte de la evolución de la idea de que la cultura es un lenguaje capaz de movilizar memorias y fortalecer la identidad colectiva.

Un ejemplo lo constituye el programa paralelo que se desarrolló durante la IV edición del Festival Internacional Oralitura Habana 2025, que aconteció en el mes de septiembre y reforzó esa apuesta comunitaria con visitas al Conservatorio Amadeo Roldán, la Escuela Elemental de Música Manuel Saumell y el Centro Indio Naborí —primera institución en Cuba dedicada a la enseñanza de la improvisación poética—.

A ello se sumó la feria de emprendimientos culturales en el Pabellón Cuba, donde confluyeron proyectos, marcas y gestores que demostraron cómo la oralidad podía dialogar con la economía creativa y abrir nuevas oportunidades para jóvenes artistas y emprendedores.

La interacción entre arte, educación y economía creativa confirma que Oralitura Habana es un tejido de relaciones que trasciende los escenarios, como prueba de que también se piensa para el barrio y su gente.

De esta manera la palabra improvisada se convierte en herramienta de cohesión social, siendo capaz de generar pertenencia y de activar memorias colectivas en comunidades diversas.

El 23 de octubre Oralitura Habana recibió la Réplica del Monumento a los Hermanos Saíz, por la dimensión de su obra, el espíritu joven y el compromiso.

Oralidad como epicentro cultural

Con cada etapa, Oralitura Habana ha reforzado la noción de Cuba como epicentro de la oralidad iberoamericana. El verso improvisado dialoga con el rap, la canción de autor se entrelaza con el punto cubano y la tradición campesina se funde con la escena urbana.

Tal mezcla de géneros y estilos muestra que la improvisación es un lenguaje flexible, capaz de tender puentes entre generaciones, territorios y sensibilidades.

El proyecto se ha consolidado como una declaración de principios: la cultura entendida como herramienta de inclusión, resistencia y transformación social. Su legado no se reduce a memorias de espectáculos, sino que se expresa en la creación de comunidad, en la transmisión de saberes y en la certeza de que la palabra compartida puede ser motor de cambio. (2025)

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