Mercado de la Tierra, resiliencia en tiempos de crisis energética
Los productos naturales del mercado son variados y de temporada, y principalmente tradicionales. Se suman también emprendimientos locales
Niñas y niños disfrutan de actividades educativas y recreativas poco comunes en la ciudad, como montar ponys y ordeñar cabras, acercándose de manera lúdica al mundo agroecológico.
Foto: IPS Cuba
La Habana, 7 abr.- Una nueva edición del Mercado de la Tierra en Cuba desafió las limitaciones que la carencia de combustible impone para la movilidad de las personas y las familias y se realizó en un lugar céntrico de la capital cubana para facilitar el acceso: el Jardín Botánico Quinta de los Molinos.
“Ante la crítica situación energética que vivimos, los cubanos buscamos alternativas, nos adaptamos y nos reinventamos”, posteó en su perfil de la red social Facebook el movimiento Slow Food Cuba.
El Mercado de la Tierra es un espacio creado por Slow Food donde productores locales venden directamente sus productos naturales, con precios justos.
Introducida en Cuba en 2019 con sede en la finca Vista Hermosa, en el municipio Guanabacoa, en las afueras de La Habana, la iniciativa se realiza cada tres meses y desde entonces se ha mantenido con sistematicidad.
Entre los principios que defiende Slow Food, en Cuba desde 2004, se encuentran una alimentación “buena, limpia y justa”, basada en las tradiciones regionales, en contraposición a la llamada fast food o comida chatarra, el fortalecimiento de la identidad local, la explotación de los recursos naturales de forma tal que no sean dañados ni drenados, el respeto a la justicia social y la justa remuneración del productor.

Tradicionalmente, la jornada dominical se realiza en el Proyecto de Desarrollo Local Integral Agroecológico Vista Hermosa, pero en esta ocasión las circunstancias energéticas en el país llevaron a tomar decisiones: o se cambia de sede o se deja de convocar.
La segunda variante no fue una opción, entonces se coordinó con la Quinta de los Molinos, administrada por una pyme estatal cuyo único socio es la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que por primera vez acogió un Mercado de la Tierra.
Según explicó a medios locales Misael Ponce, productor de Vista Hermosa, de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Emiliano Montes de Oca, ante la actual carencia de combustible se hacía imposible usar las vías tradicionales de transportación mediante ómnibus, y les solicitaron hacerla en la Quinta, a lo que accedieron y organizaron de conjunto.
“Este encuentro acompaña a quienes creen en una alimentación buena, limpia y justa, apoyando a productores locales y celebrando la creatividad y la fuerza de nuestras comunidades”, agregó Slow Food Cuba.
El Mercado de la Tierra promueve el contacto directo entre el público y quienes producen conocer de primera mano la esencia, los valores y los beneficios de lo que se consume desde el campo.

Un encuentro para repetir
En los mercados de la tierra participan tradicionalmente productores con los frutos que cosechan y producciones lácteas como yogures, quesos y pastas saborizadas; y otros relacionados con la alimentación, como es el caso de Bacoreto, con propuestas libres de gluten, elaboradas a partir de harinas de yuca o plátano, por ejemplo.
También participaron proyectos como Sistema alimentario local, resiliente y con enfoque de género en La Habana, que ejecuta la filial habanera de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) en el Proyecto de Desarrollo Local Polo Productivo Jaramillo, en La Lisa.
Con un cooking show vegetariano a la convocatoria acudió también la Finca Marta, de Caimito, iniciativa que combina conocimientos de la ciencia con los saberes de agricultores locales, liderada por el científico Fernando Funes.
Al mercado acudió también la iniciativa Yucasabi, que mediante diferentes combinaciones promueve uno de los productos naturales más representativos de Cuba y otras naciones de la región: el casabe, el llamado pan de yuca o de los indios, cuyas prácticas fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, como símbolo de identidad, cohesión social y desarrollo sostenible de comunidades del Caribe.

Junto a las propuestas agroecológicas, se sumaron pequeños negocios de la Red de Emprendimientos Sostenibles de la Quinta, entre estos algunos dedicados a la jabonería natural artesanal como D’Brujas; de artesanía (Vientos de Luna), muñequería (Paraíso Fantástico) y bisutería.
Algunas de las opciones acercaron a niñas y niños a actividades educativas y recreativas no tan comunes en la ciudad como monta de ponys y competencia de ordeño de cabras.
Para el proyecto comunitario familiar AgriFam, una iniciativa de producción de alimentos agroecológicos en el centro del Vedado, que surgió en la pandemia de covid, creando huertos en los alrededores de los edificios de su comunidad, fue una oportunidad de intercambio y de trabajo en equipo y “en espacios llenos de ofertas variadas impulsadas por emprendimientos cubanos”, postearon en Facebook.
La mayoría de los comentarios que recibió la Quinta de los Molinos acerca de esta propuesta dominical da muestras de su éxito, con apenas una frase: que se repita. (2026)
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