Viaje al sentido del mundo según J.R.Fragela
¿Por qué nunca aparece en eventos literarios el autor de la novela El cordero aúlla y ganador del Premio Alejo Carpentier? Un recorrido con él en moto le da respuesta a esa y otras preguntas…
El escritor J.R. Fragela nos lleva de viaje a su vida y el sentido de la literatura
Foto: Cortesía del autor
Thriller on the Road
Detuvo la moto en tierra de nadie. Por la desolada carretera de Cojímar, donde un puente cruza sobre el río. Me sorprendió que nos detuviéramos ahí, pero J.R. Fragela decide: este es su viaje. El pacto consistía en hacer un viaje a través de la ciudad. De La Habana literaria, la afectiva, la intelectual, la que él quisiera; pero “su” Habana. Y no un viaje externo, en el que me dibujara la ciudad (J.R. Fragela fue pintor), sino uno en que se pudiera extraer El sentido del mundo (como el título de la novela con que obtuvo el Premio Luis Rogelio Nogueras y se dio a conocer), según este escritor.
—Aquí pasó algo muy importante en mi vida. Puede parecer trivial, pero creo que la persona que tenga sentido común va a apreciar lo que te cuente —dice él y deja la moto (eléctrica, gris, marca AVA) parqueada en la cuneta. Cruza hacia la senda de retorno (yo le sigo), camina a lo largo del puente hasta un punto, en el que se detiene y hace esta historia:
«Pasó, no sé… hace quince años. Venía de Guanabo, en una moto italiana de 250cc, y me quedé sin gasolina, allá arriba, en la rotonda. Empecé a sacar la mano y nadie, nadie paraba y me fui a pie, empujando la moto. Llegué justo hasta aquí, eran ya como las seis de la tarde y comenzaba a oscurecer, y me paré y volví a sacar la mano…
» En eso pasa un van blanco y sigue, pero se detiene allá; o sea, como a 20 metros. Un hombre se baja del van y empieza a caminar hacia mí. Yo empiezo a caminar hacia él.»

Clímax y desenlace
¿A dónde irá a parar esta trama? J.R. Fragela se mueve, señala espacios exactos, gesticula y narra con sus palabras:
«¿Qué pasó?, me grita el hombre. Nada, que me quedé sin gasolina, respondo y agito unos billetes en la mano, bastante dinero, como diciendo, mira, tómalo, lo que necesito es solo un litro para llegar a mi casa. Se había hecho casi de noche, no le podía ver bien la cara, él me dice: Espérate, vamos a hacer una cosa. Y caminamos juntos hasta el van. Quédate aquí, tú sabes que en esta zona puede haber algún asalto, vigílame el van, dice y sale con un bidón y me pide las llaves.
»Me resultaba muy raro todo, pero le hice caso. Él fue para la moto, abrió el tanque, y desde el van lo vi como si estuviera echando la gasolina. Cuando termina y empieza a regresar, yo voy hacia él, nos encontramos a mitad de camino. ¿Bueno, cuánto te tengo que dar?, le digo y él se manda a correr. Me suelta las llaves de la moto y se manda a correr. Se monta en el van y arranca y se va. Yo me quedé tieso, viendo como el van se alejaba por la rotonda, y preguntándome: ¿qué habrá hecho?, ¿me robó algo? Viro algo depre para la moto, pero cuando abro el tanque, el tanque lleno. Me pongo a buscar si faltaba algo, y nada. Me quedé como quince minutos, parado junto a la moto, pensando: ¿para qué hizo todo eso?»
Es un lunes, 11 de la mañana, en el puente de la carretera de Cojímar y todavía estoy esperando la conclusión de la historia. Que para J.R. Fragela será la respuesta que a sí mismo se dio acerca de la conducta de aquel hombre.

El acto gratuito
—Entonces me di cuenta… —comienza—… que el tipo lo había hecho para ayudarme y no recibir nada a cambio. Fue por eso… Y la actitud de él es algo que me ha marcado mucho.
En la jurisprudencia tienen un nombre para ese comportamiento. Lo contrario del quid pro quo (“dando y dando”). Es el “acto gratuito”: hacer una donación o atribución patrimonial sin recibir a cambio ninguna contraprestación o beneficio.
A mí lo que me importa es entender por qué ese suceso tiene un sentido tan profundo para el escritor. Y pienso en la cara que puso J.R. Fragela cuando lo anunciaron ganador del Nogueras en 2011. La misma que sacó al saberse triunfador en 2014 del concurso literario más importante dentro de Cuba, el Premio Alejo Carpentier, con su novela El cordero aúlla. Como de niño asombrado, creí entonces. Y genuina, nada de pose.
Pero ahora cambio de parecer, tras oír su cuento. Su rostro no era el de quién, en su inocencia, no cree merecer. Es la perplejidad del que recibe algo cuando no está esperando nada. O cuando ese quid pro quo no era lo que buscaba. Porque la literatura de J.R. Fragela es un acto gratuito.
En algún momento de esta road interview en la que estamos enfrascados, él lo aclara:
—No soy un escritor de verdad. No tengo la disciplina, ni la constancia del que entiende la literatura como un oficio. Tampoco busco eso. Soy un tipo que escribe cuando tengo algo que decir, pues lo que busco es transmitirle una experiencia de vida al lector, lo demás no me interesa.

Razones del tipo que escribe
“Lo demás” son las Ferias del Libro, los lanzamientos, las firmas de ejemplares, paneles, conferencias y otros eventos literarios. Y es cierto que a J.R. Fragela nunca le se ve metido en esas actividades.
—De hecho, cuando empecé a escribir traté de esquivar todo eso; y fue en vano, no se puede. Entiendo que así tiene que ser. Quizás es que no acabo de sentirme a gusto en el mundillo literario —confiesa—. Si por mí fuera, publicaría con seudónimo o ni siquiera firmaría.
Lo que este “tipo que escribe”, cuyo nombre y apellidos son Javier Rabeiro Fragela, quisiera es desaparecer detrás, o dentro, de sus libros.
Respecto a su peculiar nome de plume niega que sea una imitación de J.R.R Tolkien y los autores anglosajones. Como siempre lo he llamado por su segundo apellido, quiero saber por qué la concesión de dejar precisamente ese en su firma literaria. “Un homenaje a mi abuelo”, revela. Y sostiene Fragela:
—Debo admitir que escribir tiene también sus ventajas: puedes alejarte todo lo que quieras de la literatura y volver cuando tienes ganas. Ella siempre te recibe con los brazos abiertos.
¿Por qué participa en los concursos entonces? No le pregunto, porque rápido se me ocurre una respuesta lógica: Ahí envía con seudónimo, si pierde no pasa nada. En caso de ganar, vienen las complicaciones accesorias, pero alcanza el objetivo que persigue al escribir: puede publicar y que su mensaje llegue. Y esa es su manera de comunicarse con los demás, de compartir con el otro lo que piensa y siente.

El nacimiento de un autor
Aunque desde niño lo trajeron a vivir para La Habana, en el municipio 10 de octubre, su nacimiento en 1978 ocurrió en la provincia de Matanzas, en un pueblo de cuyo nombre es difícil olvidarse: Sabanilla del Encomendador.
Pareciera, con ese origen de gustillo literario, que estaba destinado tempranamente a las letras. Sin embargo, no leyó un primer libro hasta la época de la secundaria, cuando una muchacha lectora le puso en las manos El hobbit de Tolkien. Lo que siempre le gustó fue pintar, desde los 18 años se dedicó profesionalmente a eso y vendía sus cuadros en La Habana Vieja.
No empezó a escribir hasta: “Los veintisiete o veintiocho años, no tengo buena memoria para las fechas”, dice. Y lo primero que escribió fue: “Un cuento. Lo hice para saber si tenía talento para eso. Era una historia sobre un pintor elaborando un cuadro, o sea, sobre lo que había sido mi vida hasta ese momento. Y gané el Premio Farraluque con él”.
De estas cosas me entero mientras andamos en la moto, rumbo a una segunda parada. Esta vez, J.R. Fragela parquea en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y avanza hasta un sitio del patio delante de la Sala Villena, ¿Qué pasó aquí?, pregunto y sostiene Fragela:
«Un preámbulo: en la revista El Caimán Barbudo había leído un artículo sobre la Generación 0, y me fascinó porque yo estaba leyendo a esos autores: Michel Encinosa, Jorge Enrique Lage, Orlando Luis Pardo, Raúl Flores… Creo que se ha sido injusto con ese grupo, para mí son tan importantes como Los Novísimos, ellos también hicieron sus aportes.
Los raros
»De todos los autores cubanos, mi favorito es Pedro Juan Gutiérrez. Después le sigue uno de esa Generación 0, Raúl Flores. Me encanta su literatura, me toca mucho… Entonces, ¿qué pasó en este lugar? Qué había algún evento aquí, ni sé, alguien me dijo y vine, para conocer a Raúl Flores. Yo nunca lo había visto, no sabía cómo lucía, pero ese alguien que sabía, me dijo es aquel, y partí muy contento para donde estaba él, le dije que era su fan, superemocionado. Flores se queda serio, me da la mano y después se va.
»Entonces, quedé choqueado, de primer momento. Pero me dije: Él es así. Simplemente es así. ¿Por qué no se puede ser así?»
¿Qué hay en este suceso que lo hace tan importante para J.R. Fragela? Porque él, a primera vista, parece todo lo contrario de Flores. Es risueño, amigable, busca caer bien a las personas.
Pero también, como Flores, es así… y explica su forma de ser de la siguiente manera:
—Muchas personas dicen que soy un asocial, un ermitaño, porque me invitan a algo y yo digo que otro día o que estoy ocupado. Pero no estoy disponible porque yo elijo qué hacer con mi tiempo y lo que le interesa a la gente no es lo que me interesa a mí la mayoría de las veces. Puedo pasar tiempo compartiendo con las personas, pero eso no es lo mío.
En ese momento, me acuerdo yo de cuando era editor en El Caimán Barbudo y él me propuso con entusiasmo escribir para una sección de la revista llamada “Los Raros”. El primer artículo que me trajo estaba dedicado al estadounidense Bret Easton Ellis, el autor de American Psycho.

J.R. Fragela al desnudo
—Antes me sentía mal porque crecí en la idea de que lo que hace la mayoría es lo normal, pero con la adultez descubrí que conocerse uno mismo es una fortaleza —dice J.R. Fragela—. Lo que más me gusta es procrastrinar y sé que eso está mal visto porque es considerado una pérdida de tiempo. Pero hago esa elección por la paz y la soledad que me da, para dedicar tiempo para mí, y pensar, analizar las cosas.
Esa declaración hace que parezca más tranquilo de lo que es. En realidad, lo he visto interesado en carreras de motos, artes marciales, buceo. Cambia con frecuencia su grupo de amistades, en función de la experiencia nueva que puedan proporcionarle. Quiere aprender de ganadería y agricultura, abrir una mipyme en el futuro. Describe su personalidad como “proactiva y curiosa. Me interesa todo, me apasiona vivir todos los mundos que pueda vivir” y cuenta que:
—Ahora mismo tengo un hobby que me fascina: Salgo sin rumbo fijo en mi moto deportiva y acampo en una playa, una montaña, al borde de un camino, y paso varios días en mi casa de campaña.
No lo he descrito, pero Fragela es esa clase de persona que no imaginas que pueda envejecer. El típico “moro” de piel oscura, cabello liso y rasgos delicados. Tiene una complexión robusta y buena estatura. Con esas características, no extraña que resulte atractivo para las mujeres. ¿Pero qué piensa de ellas?
—Perfección. Por el nivel de adoración y necesidad que pueden crear en un hombre, creo que tienen el poder de un ser superior. Aprovecho para disculparme con ellas, por haber sido inconstante, pero es a causa de mi personalidad.
Respecto al hecho de convertirse en padre no luce interesado. “¿Para qué traer hijos a este mundo, así como está? Eso me parece una locura”.
Las amistades literarias
Conversando se llega a Roma y nosotros hemos llegado ante la puerta del King Bar. Fragela ya va a decirme por qué paramos aquí, cuando se da un encuentro casual con Emerio Medina. Otra muestra fehaciente de sus años luz de distancia del entorno de los escritores es que él no conocía a este ganador del Premio Casa y cuanto lauro literario se entrega en la isla. Aunque lo ha leído y lo admira.
Vamos los tres para el parque frente al pre Saúl Delgado. Antes buscamos algo de beber: Medina y yo cerveza, pero Fragela jamás prueba bebida alcohólica y pide refresco. El autor de La bota sobre el toro muerto cuenta qué hace en La Habana (es holguinero, concretamente de los montes de Mayarí) y luego nos movemos hacia el tipo de charla corriente entre literatos. Fragela parece estarla pasando bien.
Cuando Medina se marcha, regresamos a la entrada del bar y Fragela cuenta:
« He conocido muchos escritores, en buena onda, pero sin hacer amistad. Y quería contarte de uno, Frank David Frías, quien me contactó para hacerme una entrevista y, a partir de ahí, con él sí comencé una especie de amistad. Apreciaba mucho su manera, contraria a mí, de entregarse realmente a la literatura. Él toma al menos dos o tres horas para escribir o leer cada día.
»También es una persona de gran corazón y me lo demostró en una época que yo estaba deprimido. Casi nadie se percata cuando estoy así, porque siempre me muestro optimista, pero él lo descubrió y me invitó a su casa, compartimos ahí y después me trajo a este bar, con su esposa y comimos aquí. Me acuerdo de esa noche con mucho cariño, es uno de mis mejores recuerdos.»
El último amigo y la próxima novela
Esta historia tiene también su moraleja. Fragela prosigue:
«Te cuento esto como una forma de reconocer a Frank David lo que hizo, porque no pude retribuirle de la misma manera y lo lamento mucho. Me habría gustado mantener esa relación de amistad, pero dada mi característica de apartarme de todo, no pude. Esa situación fue igualmente muy significativa para mí porque me ayudó a aceptar definitivamente ese aspecto mío raro.
»Creo que eso me hizo mejorar como persona, en el sentido de entender de qué si no soy capaz de sostener amistades, mejor enfocarme en lo que sí puedo hacer para aportar a los demás. Ahí entra la literatura, donde lo que de verdad importa no es quién escribe, ni por qué lo escribió, sino lo que se escribió y lo que eso puede aportar a las personas que lo leen.
»En mi caso, lo que intento transmitir de la vida es mucho optimismo. Quiero que cuando alguien piense en mí, vea optimismo y posibilidad. Como cuando ese tipo me llenó el tanque de gasolina…»
Después de 2014 y El cordero aúlla (vaya oxímoron: la presunta víctima haciendo lo que un lobo, su victimario), J.R. Fragela casi no ha publicado. Salvo apariciones en antologías de cuento y un relato suyo (“Literatura y veneno”, vaya título) en la revista La Jauría Magazine. ¿Será que está cerca de desaparecer el escritor, del mismo modo que un día dejó de ser pintor?
—Te dije que no me considero escritor. Así que no puedo abandonar algo que no soy —se burla J.R. Fragela.
Sigo intrigado. ¿Habrá algún proyecto literario en camino? Cuesta trabajo que suelte prenda, pero ya que estamos al final de este viaje, insisto. J.R. Fragela consiente:
«Envié una nueva novela a un concurso en España y aunque no le dieron el premio, les interesó y me hicieron la promesa de publicarla. Supuestamente está en proceso de edición.
»Explora el mito de la media naranja, la idea preconcebida de que estamos hechos para otra persona. La trama gira sobre dos personajes que no se identifican ni se sienten parte de la sociedad y, aun así, esperan encontrar a su mitad ideal.
»¿Qué tan cerca, o tan lejos, estamos de hallar al amor de nuestras vidas? ¿Cómo reconocerlo? Esas son las preguntas centrales. ¿Por muy diferentes que seamos de los estándares de la sociedad, habrá alguien esperando por nosotros en algún lugar?» (2026).
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