Zaida Capote: Una feminista en la Academia

En abril ingresó en la Academia Cubana de la Lengua quizás la más notable feminista de las Letras Cubanas. El hecho ha producido gran regocijo en el ámbito de las mujeres literatas de la isla caribeña.

Zaida asegura que el ensayo permite una ductilidad que no ha terminado de explorar.

Foto: Tomada de SEMlac

Zaida Capote, feminista, investigadora, ensayista es una de las mujeres más destacadas en el ámbito de la creación en Cuba. Es por eso que su ingreso en la Academia ha provocado un sin fin de opiniones favorables a quienes reconocen en ella una inclaudicable defensora de los derechos de la mujer y una intelectual rigurosa y tenaz.

La Esquina de Padura se acercó a ella porque a pesar de sus méritos no es la más favorecida en cuanto a visibilidad en los medios de comunicación. Esta entrevista pretende acercarse muy sucintamente a su amplia labor en el panorama literario de una nación en la que aún mucho queda por descubrir y dar a conocer la labor de la mujer en las letras cubanas desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Marilyn Bobes (MB): ¿Qué significa para ti haber sido elegida como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua?

Zaida Capote (ZC): Como sabes, cada ingreso se resuelve por votación directa y secreta, así que para mí, además de una alegría, esa elección resulta una demostración de confianza en mi labor de investigación y escritura y un honor que espero corresponder. También, por supuesto, un tremendo compromiso, no solo por el trabajo que habré de llevar a cabo; integrar la Academia es la entrada a un espacio de convivencia intelectual e intercambio de saberes. Un lujo que espero saber aprovechar.

Zaida Capote Cruz: (La Habana, 1967) Licenciada en Letras. Literaturas Hispánicas (Universidad de La Habana, 1989), Especialista en Estudios de la Mujer (El Colegio de México, 1992) y Doctora en Ciencias Filológicas (Universidad de La Habana, 2003). Recibió la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla 23 de agosto y la Orden Carlos J. Finlay, entre otros reconocimientos.
Ha publicado:

    • Tres ensayos ajenos (1994, Premio Pinos Nuevos),
    • Contra el silencio. Otra lectura de la obra de Dulce María Loynaz (2005, Premio de ensayo Alejo Carpentier y Premio de la Crítica),
    • La nación íntima (2008), Loynacianas (2017)
    • Tribulaciones de España en América. Tres episodios de historia y ficción (2021, Premio de Ensayo Alejo Carpentier).

(MB): ¿Cómo valoras la presencia de la mujer en la Academia?

Dediqué mi discurso, precisamente, a un álbum de autógrafos coleccionados por Gertrudis Gómez de Avellaneda entre la correspondencia de notables contemporáneos suyos. Haberle impedido el ingreso a la Academia por ser mujer es uno de los episodios más penosos de la prepotencia patriarcal. Mi discurso fue una manera de restituirle simbólicamente aquel reconocimiento público. Cuando tampoco aceptaron a Emilia Pardo Bazán, ella, aunque indignada, lo tiró a chanza y le escribió un par de cartas a Avellaneda “en los Campos Elíseos” sobre “la cuestión académica”. Quién sabe cuántas mujeres de talento habrán permanecido fuera de la asociación por prejuicios vanos.

La Academia Cubana de la Lengua se constituyó en 1926, y solo en 1957, con la entrada de Dulce María Loynaz, hubo entre sus miembros una mujer. Hasta entonces, la Academia era una suerte de espacio homosocial, para decirlo en los términos de una teórica feminista. De ahí se puede colegir la importancia de contar hoy con mujeres en las academias y contribuir en igualdad de condiciones al trabajo de la corporación. La nuestra, de hecho, tiene veinticuatro académicos y, te sorprenderá, somos doce y doce.

(MB): Desde joven eres una feminista militante, ¿Por qué?

Cuando miro atrás en mi vida puedo registrar experiencias asociadas a la discriminación de género en espacios tales como la casa y la escuela. Exigencias de hacerte cargo del trabajo doméstico o de comportarte de un modo menos libre que los varones. Tales mandatos solían exasperarme; pero no fue hasta que hallé explicación en las pensadoras feministas de las razones históricas de aquellos desvíos e injusticias que pude entenderlos —y combatirlos— mejor.

En el ámbito cultural, y en el específico de la investigación literaria, pronto me di cuenta de que se leía distinto a hombres y mujeres. Creo que me movía y me sigue moviendo la búsqueda de la justicia. Suena grandilocuente, pero me disgusta mucho cualquier abuso o desigualdad —una vez me dijeron que tenía problemas con el poder y sí, creo que tengo algo de anarquista—, y en la manera del feminismo de explicar el mundo y combatir las opresiones me parece haber hallado coherencia con mis necesidades. El feminismo busca justicia y es muy sensible a otras causas políticas justas, así que en él encontré un camino. Y me proveyó además de experiencias colectivas en batallas precisas, lo cual es siempre muy reconfortante, porque te permite reconocerte en otros rostros y sentirte acompañada y arropada por quienes te acompañan en la lucha por una causa de la cual estás convencida.

(MB): ¿Por qué elegiste el ensayo como medio de expresión?

En el ensayo me siento más cómoda, soy observadora, me gusta evaluarlo todo. Quizás por eso. Y porque el ensayo permite una ductilidad que no he terminado de explorar. Es un espacio para recomponer lo existente como mejor te parezca, un acto de voluntad. Un espacio de reflexión. Me gusta pensar, ver las artistas diferentes de un asunto, sopesarlas. En el ensayo puedes elegir algo y su opuesto, y argumentar o explorar esos usos contrarios. Eso lo pueden hacer también otros géneros, utilizando personajes. En el ensayo, el personaje es una misma.

(MB): Has hecho prólogos y antologías sobre literatura femenina. ¿Cómo valoras la presencia de la mujer en la literatura cubana?

Unos pocos prólogos. Tenemos autoras muy valiosas, muy diversas. Y no siempre se las ha evaluado como merecían. A veces pienso si la pertenencia a un grupo, una práctica que suele proteger del ambiente adverso, es más frecuente entre los hombres que entre las mujeres. Y si es esa la causa de que ellas tuvieran que asumir la creación desde una posición de mayor precariedad. No sé, te encuentras evaluaciones tan increíbles. El otro día leía —dicho por uno de nuestros grandes críticos— que la poesía de Avellaneda no había evolucionado. Eso mismo dijeron de Dulce María. En ambos casos es una falacia. No entiendo por qué, pero es mucho más frecuente que se juzgue arbitraria y tajantemente la obra de una mujer que la de un autor. Sobre todo si él tiene valedores en los grupos de poder o defensores de esa relación homosocial que necesita excluir a las mujeres para triunfar.

(MB): Háblanos de tu más reciente antología.

Sí, salió en la colección Vindictas, de la editorial de la UNAM, en México. Por eso se llama Vindictas. Cuentistas cubanas. Es una colección dedicada a la narrativa femenina del siglo XX y ha publicado maravillas. Armar la antología fue un trabajo muy grato, quedó una selección que va desde Aurelia Castillo a Lourdes de Armas, de 1911 al 2000.  Releí autoras que no leía hacía mucho tiempo y hasta pude descubrir alguna desconocida para mí, como Herminia Gómez, una mujer que fundó periódicos y partidos y que escribía bastante bien. Su cuento es buenísimo. Escribió un artículo que se llama “Los matadores de mujeres”, figúrate.

Una vez terminada, fue hermoso leer la selección de corrido, porque da cuenta de un curso vivo del cuento femenino cubano a lo largo de todo un siglo. Y luego van aflorando líneas coincidentes en el rescate del folclor, la condena de la violencia contra las mujeres, el lirismo, la reescritura de la historia, la denuncia social. Trabajé, claro está, con las antologías previas —notoriamente con Estatuas de sal, que hicieron Mirta Yáñez y tú—, exploré la historia de la literatura, la crítica precedente. Y también recordé mi experiencia de lectura, cuentos que alguna vez me habían impresionado. Revivir aquellas experiencias me ayudó mucho.

Hube, como era de esperar, de sufrir rigores y obstáculos inesperados y debí excluir, lamentablemente, a autoras como Renée Méndez Capote o Dora Alonso por no poder disponer de sus derechos de autor. A otras no logré localizarlas. Todos son contratiempos típicos de este tipo de trabajo. En cualquier caso, la antología me obligó a escoger los cuentos no solo según su calidad, sino también teniendo en cuenta la extensión, porque contaba solo con un número dado de cuartillas y quería ofrecer una nómina lo más completa posible. Fue un trabajo dedicado y estoy bastante satisfecha con el resultado, que me animó a imaginar una edición más completa para Letras Cubanas en el futuro.

Zaida se define a sí misma como una cubana de hoy

(MB): ¿En qué trabajas actualmente?

Ahora estoy en la etapa final de revisión del álbum de documentos autógrafos reunidos por Gertrudis Gómez de Avellaneda, que debe salir a mediados de año en Madrid, y cerrando un libro sobre Ofelia Rodríguez Acosta, una figura a la cual he investigado por décadas y todavía siguen apareciendo datos sobre su vida, colaboraciones en prensa, es increíble. Hace poco mostré una carta suya a Juana de Ibarbourou en un congreso y en el público había una investigadora que reconoció la letra y me regaló copias de correspondencia suya que yo desconocía.

En el Instituto estamos enfrascadas en rescatar las revistas feministas de la primera mitad del siglo XX, y hemos hallado maravillas. Nuestra biblioteca tiene un acervo magnífico, descomunal, y muchos tesoros ocultos. Empezamos a revisar y hemos localizado varios ejemplares para digitalizar, aunque algunos están en muy mal estado y necesitan ser restaurados; ahora estoy centrada en intentar conseguir fondos para esa restauración, que es trabajosa —contamos con una experimentada especialista— y muy cara. Si logramos restaurar y digitalizar esas revistas quedaría un registro detallado (también estamos armando un catálogo analítico) de las existencias reales de unos documentos que son cruciales para estudiar la historia de las mujeres en Cuba.

En cuanto al proyecto sobre revistas feministas, hemos ido publicando cápsulas de interés en las llamadas redes sociales. Hace poco, por ejemplo, apareció una relativa al paso por La Habana de Alexandra Kolontai, que debió permanecer a bordo del barco en que viajaba porque no contaba con permiso para desembarcar. Las mujeres del Club Femenino de Cuba fueron a verla para obsequiarle unas orquídeas y números de La Mujer Moderna, y no les permitieron el paso. Eso generó un intercambio de correspondencia bastante agrio —aun conservando las buenas maneras— entre las directivas de la asociación y el secretario del Interior. Es solo una muestra de que las revistas son un almacén de información detallada y precisa sobre hechos de nuestra historia a menudo olvidados.

(MB): ¿Cómo definirías a Zaida Capote?

No me arriesgo: una cubana de hoy. (2026)

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