La otra Cuba: A cinco años del #11J
En uno de los momentos más complejos de su historia reciente, Cuba celebra los primeros cinco años de las protestas del 11 y 12 de julio de 2021.
La policrisis actual cubana, agravada por el cerco energético y las sanciones unilaterales impuestas desde Estados Unidos, aumentan las tensiones sociales a niveles sin precedentes.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS
La Habana, 11 jul.- Cuba ya no es la misma, ni siquiera se parece a la del 11 de julio de 2021, ni a ningún otro momento difícil de su historia reciente. Esa otra Cuba de nuestros días se vuelve irreconocible y dolorosa para quienes viven en ella y, también, para quienes en la lejanía siguen amándola de una manera u otra, independientemente de sus tendencias políticas.
Los ecos del 11 de julio de 2021, cuando miles de personas se lanzaron a las calles para protestar por las difíciles condiciones de vida en plena pandemia de la covid-19, siguen marcando la impronta cotidiana cubana y la incertidumbre por lo que vendrá de cualquier lado: la reacción popular a la policrisis o la reacción oficial a las protestas.
“Todos tuvimos fe. Todos creímos profundamente. Todos entregamos el corazón, la vida, nuestras fuerzas, nuestras energías…desnudos de toda pretensión y desnudos de todo interés”, afirma el cineasta cubano Enrique Pineda Barnet (1933-2021) desde un video rescatado ahora y compartido en las redes sociales con el mensaje “un dolor que no se puede explicar”.
La desilusión de sucesivas generaciones que hicieron, protagonizaron y respaldaron las esencias de la revolución cubana de 1959, emerge en la Cuba de hoy, llena de contradicciones. Algunas personas se resisten a creer, otras siguen confiando a ciegas, no pocas buscan cualquier opción para vivir fuera de la isla y muchas otras apuestan por un cambio “al precio que sea”.

Causas y ecos del 11 julio
Las demostraciones callejeras de julio de 2021 en unas 40 ciudades y poblados cubanos ocurrieron en medio del peor momento de la pandemia de la covid-19 en la isla, y de un agudizado desabastecimiento de alimentos, medicinas y productos de primera necesidad que aumentaron la situación de vulnerabilidad de muchas familias.
Miles de personas, en su mayoría jóvenes, salieron a las calles con reclamos de cambios políticos y económicos, aunque también ocurrieron actos vandálicos y violentos contra establecimientos comerciales, vehículos y fuerzas del orden público. Para las autoridades cubanas, el 11 de julio no respondió a un estallido popular sino a desórdenes instigados desde Estados Unidos.
Unos seis meses después, en enero de 2022, la Fiscalía General de la República informaba que 790 personas se encontraban “instruidas de cargo por actos vandálicos”, atentar contra autoridades, personas y bienes, así como graves alteraciones del orden. Según la fuente, 55 personas tenían entre 16 y 18 años y 60, entre 18 y 20.
Pasados apenas unos días del 11 de julio, el exdiplomático Carlos Alzugaray consideraba en un artículo para IPS Cuba que el gobierno había cometido y seguía “cometiendo el error de subestimar y hasta ignorar que sus propias acciones o falencias, percibidas o reales, provocan el malestar ciudadano”, aferrándose a la narrativa del “estímulo exógeno al estallido social”.
También en un análisis para IPS Cuba, el economista Omar Everleny reconocía el impacto que pudieron tener las presiones externas como uno de los detonantes del descontento social, pero, al mismo tiempo catalogaba este argumento como insuficiente para explicar el origen y alcance nacional de las protestas. “Hay que sumar las carencias y penurias económicas del país”, afirmó.
Miradas diversas pueden encontrarse en un dosier publicado por el Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de American University, con sede en la ciudad estadounidense de Washington. La iniciativa reunió voces de Cuba y otros países que, desde diferentes perspectivas, coincidieron en que el llamado 11J no podía verse como un hecho aislado o pasajero.
Cinco años después: contradicciones a pulso
Las tensiones se dispararon en los primeros días de 2026 con la confluencia de los largos apagones, la inflación, el deterioro de los servicios básicos, la creciente dolarización del país y las amenazas estadounidenses hechas realidad: cerco petrolero, sanciones a empresas cubanas y extranjeras, así como presión a varios gobiernos para que cesen su apoyo a Cuba.
“Los impactos humanitarios de la situación actual en Cuba corren el riesgo de profundizarse y ser potencialmente irreversibles”, ha sido un mensaje reiterado del Coordinador Residente del Naciones Unidas en La Habana, Francisco Pichón, en respuesta al impacto en la vida de la isla del endurecimiento de las sanciones del gobierno de Estados Unidos.
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La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió el 7 de julio realizar a solicitud de Cuba la realización de una sesión extraordinaria por la urgencia de la situación en el país y las amenazas de guerra de Estados Unidos. Con 136 votos a favor, 9 en contra y 30 abstenciones, el debate fue seguido en detalle por medios de comunicación nacionales, que pusieron de relieve los severos impactos humanitarios de la política estadounidense hacia Cuba. (Foto: Naciones Unidas) |
Mientras la población va perdiendo la cuenta de la cantidad de desconexiones totales del sistema electroenergético nacional, se hace difícil también seguir el ritmo de los cacelorazos en los barrios y de otras protestas ciudadanas. Videos de incidentes varios inundan las redes sociales, junto a denuncias de detenciones y advertencias de parte de agentes del orden.
En este contexto, el parlamento cubano aprobó el 18 de junio un paquete de 176 medidas que buscan sacar al país de la fuerte crisis socioeconómica con acciones que, en no pocos casos, habían sido propuestas por especialistas nacionales desde hace unos 30 años y que se asumen ahora cuando podría ser demasiado tarde, según diversas fuentes.
“Ha hecho falta que la sociedad cubana descienda a la más tenebrosa crisis general para que se considere que lo inaceptable, lo punible, lo condenable es hoy conveniente, apropiado, justo”, escribió el periodista y novelista cubano Leonardo Padura, en una crónica para el diario español El País que inicia contando el cierre de pequeños negocios privados en la Cuba de 1968.
Como no pocos de sus compatriotas, Padura se cuestiona: ¿Porqué fue necesario esperar una política de máxima presión proyectada desde Washington, con amenazas incluidas de acciones militares? ¿Quiénes confiarán en el gobierno actual para invertir en la isla? ¿Quiénes desde las estructuras del poder estarán mejor posicionados para una “previsible piñata inversionista”?
En vísperas del 11 de julio, el debate en las redes sociales subió de tono con el rechazo bastante generalizado, y desde todas las posiciones ideológicas, a la imagen proyectada por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente y general de Ejército Raúl Castro, durante una entrevista exclusiva con periodistas del medio estadounidense USA Today.

Más conocido por El Cangrejo, el coronel del Ministerio del Interior asegura que no le interesa la política, pero se siente en capacidad de negociar con cualquier representante del gobierno de Estados Unidos; asegura no poseer riqueza propia mientras hace gala de sus privilegios y lujos, lamentando además que muchas personas en Cuba no puedan vivir como él.
“Ahora todo adquiere un sentido doloroso, una lógica indigna, injusta, indecorosa. Qué vergüenza con nuestros científicos de las vacunas, los médicos sacrificados, los obreros de la UNE (Unión Eléctrica), los jubilados”, escribió en su perfil de Facebook el músico cubano Israel Rojas, quien ha sido un defensor ferviente del sistema socialista cubano. (2026)
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