“Soy un director de arte que se adentra mucho en las historias”

Conversación con Alexis Álvarez, director de arte de varios de los más reconocidos filmes cubanos de los últimos años.

La atmósfera visual de varios filmes cubanos recientes le debe mucho al trabajo de Alexis Álvarez como director de arte.

Foto: Cortesía del entrevistado

En Alexis Álvarez Armas (San José de las Lajas, Mayabeque, 1968) confluye el artista plástico responsable de numerosas exposiciones, el autor de video-performances, el creador de cenas memorables en la Casa del Chef y el director de arte en el teatro, la danza y el cine.

A su trabajo se debe parte el estilo visual y la atmósfera de filmes cubanos como La cosa humana (2015), Los buenos demonios (2017) y Oscuros amores (2020) de Gerardo Chijona, Insumisas (2017) de Fernando Pérez y El regresado (2026) de Armando Capó. También participó en la producción italo-cubana Los océanos son los verdaderos continentes (2023), de Tommasso Santambrogio,

Graduado de Realización e Ilustración en el Instituto Tecnológico Nacional de Diseño Industrial (1989) y de Pintura en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro (1997), estas materias le dan cuerpo a un creador cuyo nombre es sinónimo de esfuerzo y calidad.

Comenzó sus aprendizajes y andanzas en la dirección de arte en 1997, dentro de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (EICTV), un lugar donde ha impartido talleres y se ha desempeñado como profesor.

El comienzo de un director de arte

Mientras trabaja en locaciones para el nuevo proyecto de Arturo Sotto, La paradoja de los comediantes, Alexis Álvarez establece este diálogo con Altercine sobre su trabajo como director de arte.

Junto a dos actrices del reparto de Insumisas (2017), Gisselle Gonzalez y Yeni Soria, comparte Álexis Álvarez en una conferencia de prensa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (Foto: Cortesía del entrevistado).

EPP: ¿Cómo llegas a la dirección de arte específicamente en el audiovisual?

AA: De una manera increíble y fue por mis pinturas. A inicios de los 90, mi cerebro era un torbellino de creaciones y casi todos los meses realizaba una exposición. Como me quedaba lleno de ideas y emociones, hacía un performance que saciaba un poco las historias.

Comienzo a ganar relevancia en mi provincia y el profesor y crítico Pedro Noa se acerca a mi trabajo y decide grabar mi próximo proyecto, que fue Discurso necesario. En la edición entra Luis Najmías Jr. y comienza la odisea de premios y festivales.

Najmías Jr. estudiaba en la Famca y me pide hacer la dirección de arte de su tesis, un mediometraje. Era la primera vez que escuchaba esa palabra. Luego entra en la EICTV y me llama para cada trabajo. Así comencé.

Luego me llaman para Autorretrato con árbol (2010), corto de Juan Carlos Sáenz de Calahorra donde Najmias Jr. hacía la fotografía e Ivonne Cotorruelo la producción. Ella me propone para Espejuelos oscuros (2013), de Jessica Rodríguez; y después Laura de la Uz me presenta a Chijona, con el que hago La cosa humana, mi primera película en el Icaic.

El encargado de que te creas lo que ves

EPP: Para quien no lo sepa, ¿cuál es el trabajo que realiza un director de arte en el cine?

AA: Va más allá de una decoración. El director tiene una idea de la película. El fotógrafo hace que se vea con la iluminación y encuadre que ayuda a la narración. Y el director de arte es el encargado de que te creas lo que ves y quien, con elementos de ambientación y color, de manera sutil, ayuda a contar la historia y profundizar en la psicología de la trama.

Por ejemplo, en Los buenos demonios creé una subtrama a través de un cubo de Rubik. La primera vez que aparece está desarmado; luego, cuando el personaje espera a su próxima víctima, sale a medio armar; y al final, cuando la madre está buscando, lo primero que saca es el cubo armado y seguidamente el arma y pasaportes de los turistas que su hijo ha matado; y la historia se cierra.

EPP: ¿Tu primer largometraje y retos que te conllevó asumir su dirección de arte?

AA: Espejuelos oscuros. Una experiencia increíble, porque era una producción de bajo presupuesto y abarcaba cuatro épocas. Al ser mi primer largometraje, lo único que tenía era mi ilusión y deseos de hacerlo realidad; y éramos apenas dos asistentes y yo. Hoy me pregunto cómo pude lograrlo, porque ahora para trabajar cuento con escenógrafo, brigada de construcción, utileros, ambientador y utilero de set.

En aquella primera película lo hacía todo. Bajé 30 libras y pasaba noches sin dormir pensando cómo resolver cada detalle. Reconozco que la película tiene problemas, pero entonces no podía exigirme más. Fue un esfuerzo total y una experiencia que marcó mi camino.

Alexis Álvarez, en plena faena, durante el rodaje de Los océanos son los verdaderos continentes (2023) (Foto: Cortesía del entrevistado).

Me fascina trabajar desde cero

EPP: ¿Te involucras desde el inicio del proyecto o partes de la lectura del guion y te mantienes hasta el rodaje?

AA: Lo hago desde que leo el guion y comienzo a generar. Soy un director de arte que se adentra mucho en las historias y sugiero cambios que ayudan a la narración. He tenido mucha suerte, pues los directores suelen escucharme y han hecho suyas muchas de mis ideas. Siempre les digo: «Todo lo que se me ocurra se los diré, lo toman o lo dejan”.

EPP: ¿Prefieres construir sets desde cero o intervenir locaciones reales?

AA: Me fascina trabajar desde cero y construir locaciones en estudios. Mi segunda película y la primera en el Icaic fue mi graduación de golpe. Tenía que fabricar el apartamento de los protagonistas, otro de pasillo, el de una chica y la casa del mafioso. Tuve la suerte de contar con un jefe de construcción como Fernando Fajardo Careaga, que fue ayudándome a materializar las ideas, que diseñé en papel pero construí maquetas.

En este proceso aprendí sobre las paredes desmontables para el uso del espacio por fotografía y me fui quedando enamorado del estudio.

Cada película es como un hijo distinto

EPP: ¿Filmes históricos o contextualizados en el presente?

AA: Me fascinan las películas históricas o de época. Son un reto muy duro, pero disfrutable cuando las ves terminadas. En realidad disfruto cualquier película: cada una es como un hijo distinto. Existen aquellas menos agradecidas desde el punto de vista artístico, en las que trabajas intensamente pero el resultado estético no se percibe porque el concepto no lo sostiene.

Detrás de cada escena hay un trabajo riguroso, horas dedicadas a ocultar detalles y construir atmósferas. También están las películas donde el arte adquiere un sentido más estético y se disfruta plenamente.

EPP: De toda tu carrera, ¿cuál ha sido el audiovisual que más te ha desafiado creativamente?

AA: Insumisas, porque tenía una visión distinta a la del director y el fotógrafo. Mi reto fue lograr lo que yo concebía sin dejar de responder a lo que ellos buscaban. Creo que funcionó y fui el primer sorprendido cuando, desde España, Diego Sabanés me felicitó por la nominación a los Premios Platino por mi trabajo.

También incluyo la película Baracoa, de Luis Ernesto Doñas y su fotógrafo Lorenzo Casadio Vannucci. Sobre el rodaje las cosas fueron complicándose y mi equipo vivía en pleno sigilo. Estuve estresado mucho tiempo por diseños que no quedaron como quería, pero Doñas me pidió que me relajara pues el resultado es hermoso.

Alexis Álvarez hizo la dirección de arte para El regresado (2026), de Armando Capó (Foto: Cortesía del entrevistado).

Cocina y cine, confluencias

EPP: Algún referente que haya influido en tu trabajo…

AA: El primero me ha acompañado desde niño: mi madre, Carmen Armas. Algo tan cotidiano como montar una mesa, decorar una casa o vestir, lo demuestran. No exagero: aún hoy, a sus 92 años, continúa enseñándome.

Uno de mis grandes referentes plásticos es Henri Matisse. Y cuando conocí la obra del mexicano Julio Galán quedé fascinado con sus piezas. En el cine, Fellini es una referencia esencial. Kieślowski me deslumbra y considero que las películas de Almodóvar son verdaderas clases de narrativa visual y de dirección de arte. También admiro profundamente el trabajo de Derek Jarman.

En la literatura están el poeta Juan Carlos Valls y Reinaldo Arenas. Entre los extranjeros, han sido fundamentales Yukio Mishima y los alemanes Hermann Hesse y Thomas Mann.

EPP: Por otro lado no puedo dejar de pensar en el Alexis chef…

AA: La cocina siempre ha formado parte esencial de mi vida. Mis padres eran excelentes cocineros y al crecer e independizarme, compartí mi apartamento con amigos extranjeros de los que aprendí sus recetas. En el jardín de mi casa de San José organizaba almuerzos, creando platos pensados para cada invitado.

Un amigo, Abdel Díaz, me presentó a una brasileña que me sugirió transformar esa experiencia en un negocio: lo que hoy es la Casa del Chef. Ella me contactó con la empresaria brasileña Marcia Westphalen y gracias a esto mi proyecto apareció en revistas como Forbes y tuve la editora de la Condé Nast.

Desde entonces, artistas cubanos como Ana de Armas, Laura de La Uz, Jazz Vilá, Blanca Rosa Blanco, Gerardo Chijona y extranjeros como Melani Olivares Mora y Mariano Peña, han visitado la Casa del Chef. Aún me sorprende que me dedicaran siete páginas en el libro Paladares: Recipes Inspired by the Private Restaurants of Cuba, de Anya von Bremzen y fotografías de Megan Fawn Schloe, editado en Nueva York en 2017 (2026).

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