¿Renacerá la casa de Antonio Canet en Regla?
El hogar del patriota independentista Eduardo Facciolo se convirtió en foco artístico a comienzos del nuevo siglo cuando fue habitado por el grabador cubano. Un nuevo proyecto intenta su vuelta a la vida en un municipio urgido de propuestas culturales.
Situación actual de la llamada “casa de Canet” en Regla, sitio donde vivió el destacado grabador cubano y antes había sido hogar del patriota Eduardo Facciolo
Foto: Foto del Autor
Para la mayoría de la gente que surcó el pasado 29 de agosto de 2026 por el Parque de las Madres de Regla, al mediodía, tuvo que significar una sorpresa el hallar las puertas abiertas y el interior concurrido en el predio ubicado en la confluencia de las calles Maceo y Facciolo.
Pues, aunque la migración (interna y externa) haya cambiado bastante las caras de los habitantes de esa localidad, suficientes testigos deben quedar aún del tiempo en que esa circunstancia fue habitual y la que todos llamaban “Casa de Canet” era el epicentro cultural del pueblo ultramarino.
Ese día mentado, Antonio Canet, quien falleciera el 13 de enero de 2008, estaba de vuelta merced a una actividad programada para la víspera del 84 aniversario de su nacimiento. Dentro del inmueble decimonónico que fuera hogar del patriota Eduardo Facciolo y sujeto en la actualidad a una reparación inconclusa, se exhibían varias pinturas del creador retratando escenarios europeos y algunas matrices de grabados colgadas con su copia impresa al lado.
Para ofrecer detalles sobre el acontecimiento estaba de cuerpo presente su gestora principal, María del Carmen Sokol Machado, especialista del Museo Municipal Eduardo Gómez Luaces de Regla, y quien es coordinadora de un proyecto que han denominado Centro Experimental de Artes Visuales Antonio Canet, bajo el auspicio de la Dirección Municipal de Cultura.
Pero antes de los pormenores de esa conversación con la especialista, cabe detallar el significado histórico y patrimonial de la casa; y también la vida y obra del artista que la habitó y le aportó nuevas luces.

Breve historia de una casa
Erigida con los rasgos típicos de una construcción doméstica del siglo XIX, todavía conserva su techo de tejas y puntal alto, con grandes puerta-ventanas y paredes de mampuesto y de ladrillos. Fresca, muy iluminada de forma natural, posee un patio central en el centro de su planta cuadrada. En su origen, esta vivienda alojaría a la familia que alumbró al históricamente considerado “primer mártir de la prensa cubana”.
Eduardo Facciolo y Alba imprimía de manera clandestina el cuarto número de La Voz del Pueblo Cubano cuando fue capturado por las autoridades coloniales. El joven había fundado ese periódico por iniciativa propia, junto al también reglano Juan Bellido de Luna, con la consigna de “representar la opinión libre y franca de los criollos cubanos; propagar el noble sentimiento de la libertad de que debe estar poseído todo pueblo culto”.
Nacido el 7 de febrero de 1829, Facciolo tenía apenas 23 años aquel 28 de septiembre de 1852 en que la maquinaria del garrote vil obró su cruenta ejecución.
Esa calle donde habitó el periodista de ideal independentista terminó adoptando su apellido como denominación. La morada cambió de dueños con el transcurrir del tiempo. Y fue idea del historiador local Pedro Cosme Baños entregarla como vivienda al maestro Antonio Canet, natural de la aledaña comunidad de Casablanca. La Oficina del Historiador de la Ciudad, comandada por Eusebio Leal, se encargó de rehabilitar la casa y dejarla lista para la celebración del 300 aniversario de Regla.
Aunque pasó a ocuparla desde 1987, no fue hasta diez años después, tras una larga estancia de trabajo fuera del país, que el artista plástico decidió convertir su residencia en la Galería Taller Antonio Canet. A partir de ese momento, la comunidad reglana empezó a contar con un centro para la preparación de jóvenes talentos en la plástica y el espacio ideal para el encuentro con las distintas manifestaciones culturales.

Breve historia de un maestro de la plástica
En su habitual estilo de contornos subrayados con trazos gruesos y colorido restallante a base de azules, verdes y amarillos, unos paisajes de Canet mostrando la campiña española y estampas citadinas de Berlín y Praga recubren hoy el ladrillo desnudo de la sala del otrora domicilio del creador.
Al decir de la especialista Maria del Carmen Sokol, esas piezas pertenecen a su última exposición, Maletas de viaje, inaugurada en el Centro Hispanoamericano de Cultura, en 2007; y recogen ese periplo europeo que el maestro de la plástica realizó en la década del 90.
Antes, Canet había disfrutado una prolífica y fecunda vida artística. Alumno del grabador Carmelo González y graduado de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, desde 1959 se convirtió en experto de la técnica de grabado nombrada xilografía. Estuvo entre los iniciadores del Taller Experimental de Gráfica de La Habana, fue miembro fundador de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos y trabajó al lado de figuras como el mexicano David Alfaro Siqueiros, el cubano Orlando Suárez y el chileno José Ventureli.
Su aporte más reconocido al grabado cubano fue la serie que ejecutó en los 80 sobre la novela Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde. Este trabajo de ilustración realizado con las técnicas de xilografía y de linóleo, notable por su precisión histórica y el retrato de costumbres de la época colonial, se reunió en forma de libro por Editorial Letras Cubanas y le valió a Canet, en 1983, el Gran Premio en Diseño e Ilustración del IV Concurso Nacional El Arte del Libro.
Todo ese magisterio lo terminó volcando en la enseñanza a las nuevas generaciones, dentro de un Taller de Grabado instalado en su refugio reglano. Y las puertas de esa casa se abrieron ampliamente en el nuevo siglo para compartir un té con cualquier visitante y como un espacio galerístico que no sólo exponía su obra sino también amparaba exposiciones de otros artistas, tertulias literarias, conversatorios y acogía eventos como la Bienal de las Artes y la Salud Mental, que organizaba el Centro de Salud Comunitaria de Regla.

Cultura reglana en estado crítico
La pintoresca localidad nacida «frente al mar», como apunta la denominación de Güaicanamar dada por sus primigenios habitantes indígenas, y fundada el 3 de marzo de 1687 alrededor del santuario construido para venerar a la Virgen de Regla, está viviendo hoy una época muy oscura en su acontecer cultural.
Para comprobarlo basta caminar por la axial calle Martí y observar el prolongado estancamiento de las reparaciones en el emblemático Museo Municipal “Eduardo Gómez Luaces”. O ver en ruinas el Casino Español, que luego albergaría la Casa de la Cultura Roberto Faz.
Contemplar en una arteria paralela, el estado decadente al que ha llegado el Liceo Artístico y Literario, cuya inauguración en 1879 tuvo el auspicio de un discurso de José Martí, resulta desolador.
Avanzar hacia el Parque Guaicanamar es constatar que del patrimonio de ese corazón mismo de la localidad apenas se mantiene con decoro el Palacio Municipal, sede del gobierno local, mientras que del venerable cine teatro Céspedes solo subsiste el cascarón de la fachada. El Cine Regla, única sala oscura sobreviviente tras un remozamiento hecho hace no tanto, ahora se encuentra igualmente fuera de uso.
En la zona del Reparto Modelo se acometió la reparación del hogar del destacado pintor Emilio Rivero Merlín (1890-1977) y se le dio la función de Casa de Cultura. Pero estas labores llegaron demasiado tarde como para salvar las esculturas del jardín, de las cuales se derivó el apodo entrañable de “Casa de los Muñecos” puesto por los reglanos.
Mientras, la pretensión de dotar a la Colina Lenin de un centro sociocultural, con el apoyo del financiamiento de ONGs extranjeras y de la Unión Europea, ha quedado por ahora en el intento. La pérdida en tiempos recientes de dos personalidades representativas del quehacer cultural del municipio: el escritor y periodista Félix Guerra y el pintor César Leal, ha contribuido también a la sensación de marasmo en el panorama artístico.
¿Qué pudiera traer de aliciente entonces una nueva movida en torno a la casa de Canet?
Rescatar una casa y un pueblo: proyecto
Antes de fallecer, Antonio Canet firmó un testamento donde legaba todos sus bienes al museo reglano. Incluía la casa, como posibilidad de que fuera una sala de extensión donde pudieran quedar expuestas sus obras. Pero en el inmueble no se creó una actividad sistemática y permaneció casi siempre cerrado, durante muchos años, sufriendo las asperezas del paso del tiempo.
Según refiere la especialista Maria del Carmen Sokol, no es hasta 2020, con el asesoramiento del Centro de Intercambio y Referencia sobre Iniciativas Comunitarias (CIERIC) y la gestación de Reglanizarte, que empieza a vislumbrarse un futuro. Este proyecto fue concebido como una “dinamización del tejido sociocultural del municipio de Regla” y tiene el objetivo de “aportar al desarrollo local a partir del fomento y la promoción de la cultura”.
Entre las iniciativas a desarrollar, con la Dirección Municipal de Cultura y el Museo reglano obrando de conjunto, tiene un peso importante la reconversión de la casa de Canet en espacio neurálgico de la cultura local. Con el mismo sentido plural de antaño, para dar cabida a actividades de las disímiles manifestaciones artísticas y recuperar su papel en la enseñanza del arte.
En la propuesta que actuaría bajo el nombre de Centro Experimental de Artes Visuales Antonio Canet, Maria del Carmen Sokol prevé además “ofrecerle una impronta actual, como la incorporación de una cafetería, que sea gestionada por parte de un emprendimiento”. También piensa en la utilización de unos equipos de sublimación, obtenidos con financiamiento externo, para imprimir souvenires, como pulóveres y jarras, que sean una entrada de dinero para sustentar el proyecto”.
Dentro de la casa, sin embargo, se ve mucho trabajo por hacer todavía, en faenas de albañilería, electricidad, colocación de puertas y ventanas… “En 2020, comenzó la restauración”, cuenta Sokol, “con un presupuesto de cultura del municipio, que no alcanzó para terminar”. Las obras se han retomado posteriormente, pero nunca hay la cantidad suficiente para que las brigadas concluyan su trabajo.
“Lo más reciente que se ha hecho son labores de limpieza. Y ahora mismo somos los propios especialistas del museo, con apoyo de amigos, los propios artistas y de la comunidad también, quienes decidimos hacer algunas cosas: pintar unos marcos, arreglar las puertas, para acabar de arrancar con esta actividad”, dice la especialista Sokol.
Con esta revelación final, después que ya hemos visto los cubanos tantas buenas intenciones y tantos sueños abortados por causas similares, nos hace desembocar en la duda. Y aunque la policrisis cubana del presente haga pensar en las prioridades de lo económico y lo social; es hecho cierto y no eslogan o demagogia, que es la cultura quien moldea y sostiene el espíritu de una nación. Como el alma del pueblo de Regla lleva largo tiempo herida, vale hacer un llamado urgente a todos los factores implicados para que contribuyan a que el pedazo de historia y de cultura del municipio contenido en esa casa pueda llegar a reconstituirse de verdad (2026).
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