¡Coño!, por suerte, hay de todo en la Viña del Señor

«Yo he hecho lo que he sentido. Espero que los responsables de promoción y la comercialización de mi obra, también”, Jorge García.

Foto: Ángel S. González

Jorge García en Estudios Abdala

Entre 2001 y 2002, Jorge grabó su primer CD, Hay de todo en la Viña del Señor, y desempolvó su pluma en orquestaciones para cuarteto de cuerdas (Solo por ti), combo (Los Salieris, Los mendigos nuevos), instrumentos antiguos (Roberta), guitarras, percusión menor y todo junto en Reencarnación, nuestra historia de amor que transita por tres épocas, marcadas por la música y que termina en una gran fiesta sonora.
Es la segunda vez —que tenga yo noticias— que se juntaban instrumentos antiguos con modernos y, otra vez, Jorge estaba de protagonista. La idea quedó abierta para un nuevo material con el Conjunto de Música Antigua Ars Longa, en el que Jorge empezó a trabajar.
En Hay de todo… regresan las guitarras de Rey Guerra y Alejandro Valdés. Y aparece Ángel Mustelier, músico deambulante habanero para Los mendigos nuevos, al que salimos a grabar en la heladería Coppelia, uno de los sitios en los que se podía encontrar por entonces.
La grabación, mezcla y masterización fueron de Maykel Bárzagas, devenido hermano y compañero de todas las aventuras sonoras de Jorge. Se sentaban, cada cierto tiempo, a pensar en un remix del CD para perfilar detalles. Pero el resultado es de lujo.  
Sin embargo, Hay de todo… no fue ni siquiera nominado a los premios de disco cubano, en ninguna de sus categorías.
Confieso que pensé que a los oídos de las personas del comité del premio había llegado que el trofeo anterior estaba en el baño de la casa. Pero mi capacidad de asombro quedó retada cuando, off the record, me aseguraron que se aludió al supuesto pesimismo de las canciones de Jorge y no a la calidad del material discográfico.  
No nos detuvimos a pensar en eso. Las personas que conocieron a Jorge saben que el pesimismo no estaba entre sus características. Los que se acercan hoy, por primera vez, lo descubrirán en esta historia.   
Hay de todo en la Viña del Señor se presenta íntegramente (solo faltaba la guitarra de Rey Guerra, exiliado en Estados Unidos pocos días antes) con un concierto en el capitalino Teatro Auditorium Amadeo Roldán en 2003, año en el que es anfitrión del cantautor uruguayo Héctor Numa Moraes (con Moraes visita por primera vez Uruguay, al año siguiente, para lanzar este CD).  
Otra vez, en el número 325 de El Caimán Barbudo, de 2004, Joaquín Borges Triana retoma la pretendida desesperanza de la obra de Jorge como motivo para invalidar su propuesta y discrepa con las personas que intentan desacreditarlo con este argumento.
En este sentido, el escritor y crítico cubano, Leonardo Padura, resalta en el texto Profesión de fe, el “combate abierto entre el pesimismo y el desencanto y las esperanzas de un futuro más pleno para vivir y de un mejoramiento humano”.
Ya para entonces la prensa comienza a quejarse de la escasa difusión de la música de Jorge; mientras varias personas lo alertan sobre las consecuencias negativas ante su posición de no participar de las tribunas organizadas en la llamada Batalla de Ideas.   
“Para los que conocen al músico resulta proverbial su rechazo al oropel visual y la alharaca publicitaria: una modestia que raya en la timidez hace de él un artista cabal… Su necesidad de independencia artística, por la cual ha luchado y a la cual ha debido pagar el precios de haber estado por siempre en los márgenes —y hasta más allá— de la promoción oficial que tiene sus espacios más importantes en la difusión radial y televisiva, en un país donde apenas existe el mercado del disco”, alerta Padura.
Y agrega, “es quizás el más pretencioso —artísticamente hablando, como debe ser en este caso— de los trabajos discográficos de este trovador, cuya mayor difusión nacional —y ojalá internacional— es una deuda sensible del sistema promocional de la música y el disco cubano, que no todos los días puede congratularse con la existencia de obras como esta, capaces de de luchar por conciliarnos con la vida que hoy se lleva aquí, en la Viña del Señor”.
Pero nadie escuchó.
Su firme postura estética y política lo siguió manteniendo al margen de la promoción oficial, a lo que Jorge respondió en el uruguayo Brecha: “creo que todo en la vida tiene su precio… Es verdad que de haber hecho ciertas concesiones con la moda, o sabe Dios con qué, tendría un mayor reconocimiento y una mayor solvencia económica, pero yo he hecho lo que he sentido. Espero que los responsables de promoción y la comercialización de mi obra, también”.

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