La ventaja de nuestros ancestros: la memoria “interna”

¿Qué está pasando con la memoria nuestra, la de todos y cada uno de nosotros en los tiempos de la era digital?

Foto de publicidad de un dispositivo multipuerto de pendrives o memorias flash, llamado HOMBRECITO. Slogan : Un hombre poderoso en tu escritorio, 100% ORIGINAL.


Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad.

El mundo solo tendrá una generación de idiotas
Albert Einstein

Tengo un gran amigo que a todos impresiona por su prodigiosa memoria. Bástale un par de lecturas para grabar textualmente en su “disco duro”, lo mismo un pasaje del 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, que un aburrido informe del Ministerio de Asuntos Exteriores. Cuando le pregunté si eso era un don de la naturaleza o si había hecho algo para desarrollarlo, admitió que al parecer su “materia prima” –gris- era de buena calidad, pero también me contó un recuerdo revelador. Al llegar a Francia, me dijo, no sabía una palabra de francés, entonces su abuela tuvo la feliz idea de ponerlo delante de una montaña de libros más alta que él, de modo que a la tierna edad de seis años aprendió “de carretilla” palabras, poemas y prosa de una complejidad que no llegaría a saborear sino mucho tiempo después, pero que hoy recuerda intactos y enriquecidos: fragmentos de la ciclópea obra de Víctor Hugo. Su buena memoria llegó a salvarle el pellejo una vez que cayó en manos de unos cristianos fundamentalistas.

Los belicosos “justicieros” querían limpiar el mundo de odiosos materialistas dialécticos como él y para corroborar la sospecha y cumplir la sentencia, le preguntaron si creía en Dios. Mi amigo, que por primera vez sintió un miedo casi palpable, les dijo que sí. Rece un padrenuestro, fue la orden que pretendía desenmascarar al farsante, pero mi amigo, henchido de orgullo y haciendo gala del mejor “esprit” francés, se limitó a preguntarles: ¿En latín o en francés? Y sin hacerse de rogar soltó íntegramente la letanía que había aprendido de memoria en sus frecuentes escapadas a la iglesia: Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…

Santificada sea la memoria. ¿Pero qué está pasando con la nuestra, la de todos y cada uno de nosotros en los tiempos de la era digital?

La memoria “externa” ha ido ganando terreno en detrimento de la “interna”. En honor a la verdad, hay que decir que fue el hombre “primitivo” quien creó el “dispositivo externo” al dibujar y pintar las paredes de las cavernas. En los albores de las ciudades-estados, cuando el homo sapiens salió a vivir entre cuatro paredes, inventó la escritura en las piedras o en el barro, pasando de la categoría de cavernícola a la de ciudadano. Hoy el ciudadano sufre un proceso inverso pues la categoría de cavernícola se multiplica vertiginosamente, pero eso es harina de otro costal.

Volviendo al grano, allá por los milenios IV y III a. n. e. los sumerios -primera gran civilización de la Mesopotamia, donde está Irak-, inventaron la escritura pictográfica, luego cuneiforme en tabletas de barro. Poco después, durante el siglo XVIII, el rey Hammurabi, de Babilonia, grabaría el código que lleva su nombre en un monolito de basalto de más de dos metros de alto. Los egipcios, por su parte, idearon los petroglifos, algo así como los primeros grafiti que cuentan la vida y milagros de los faraones y de sus dioses y en el III milenio a. n. e. ya habían creado el papiro, primer soporte portátil de la escritura, antecedente del papel y del libro. La historia no paró en China con el invento del papel ni en Alemania con el de la imprenta por Gütenberg; hoy un buen disco duro puede almacenar el equivalente de la legendaria biblioteca de Alejandría.

Pero aquel hombre “primitivo” no delegaba su caudal gnoseológico a dispositivos externos; ejercitaba su propia memoria como no lo hace ningún “cyber-hombre” del siglo XXI. Era capaz de almacenar y transmitir gigas y teras de información sin necesidad de una memoria flash ni de una tableta de barro. Verdaderos portentos de la memoria humana como Homero nos legaron la Ilíada y la Odisea, y otros, anónimos, nos regalaron el Viejo y el Nuevo Testamento. Colosos de le memoria y de la imaginación fueron nuestros araucanos, aztecas, cakchiqueles, cariñas, cunas, guaraníes, incas, mayas y quechuas, entre otros. El conocimiento se transmitía de generación en generación, como lo ilustra este mito inca: Los naturales cuentan según la relación que oyeron de sus padres, la cual ellos tuvieron y tenían de muy atrás…

Desde las más antiguas edades el mito pasaba de boca en boca al extremo de no saberse ya dónde se originó, a ciencia cierta, ni en quién se asimila aun en nuestros días.

ero qué prodigiosas mentes humanas las que grababan en sus memorias la herencia enorme, esa sabiduría oral de los pueblos ágrafos, esos textos sagrados que se guardaban en los archivos de la mente, ejercitada con extremo rigor en su fidelidad sin extravíos. Jamás la humanidad ha aplicado la memoria con más severos ejercicios a fines tan creativos. Jamás la memoria ha brillado como en la antigüedad, donde su aplicación era tarea primordial, fuente de leyes, rituales, historias, saberes medicinales, mágicos, etcétera. Así resumía Samuel Feijóo esa impresionante aunque ignorada verdad en la introducción a su libro Mitología Americana.

Si cultura es lo que queda de todo lo que hemos leído, como dice el historiador Eusebio Leal que dijo Dulce María Loynaz, -y perdónenme la imprecisión de la cita, pues mi “disco duro interno” está muy lejos de ser como el de nuestros ancestros o el de mi amigo- hay que leer más, pero también hay que cultivar la memoria, porque al paso que vamos, tendremos que andar con dispositivos externos que nos recuerden quiénes somos, dónde vivimos, cuánto es cuatro por cuatro o qué tenemos que hacer en el minuto que sigue, y los teléfonos móviles y agendas electrónicas de toda laya, nos dejarán perdidos cada vez que los perdamos por H o por B.

No se trata de volver a la escolástica, pero el órgano que no se ejercita se atrofia. Aprendamos de nuestros ancestros. Leamos el Popol Vuh o el Chilam Balam de la mitología maya o tratemos de conseguir el Códice Borgia atesorado en el Vaticano o Memoria del Fuego, de Eduardo Galeano, por sólo mencionar algunos de los monumentos de esa cultura nuestra que fue a parar al fuego o se redujo a lingotes de oro. Nada tenemos que envidiarle a los griegos o a los romanos. La imaginación y la creatividad del primer hombre americano están ahí, y esas sí son envidiables.

Para Samuel Feijóo, quien cumplió cien años en el año que acabamos de despedir, este sencillo homenaje de una niña que lo conoció por su libro Cuentos Populares Cubanos, valioso ejemplo de rescate de la memoria oral de un país. Y para el amigo sincero que se ha vuelto a la ciudad que bien vale una misa con el año viejo, gracias por ilustrarnos el papel de la memoria “en carne y hueso” y dejarnos la mejor de ellas: la afectiva.

11 comentarios

  1. Iradia Espada

    Considero muy bueno el artículo, interesante y educativo.
    gracias

  2. Iradia

    Está muy complicado el sistema de cometario para opinar.
    El articulo muy bueno.

  3. ILEANA REYES SANCHEZ

    Si bien el nivel informativo se hace cada vez más extenso (o quizas más accesible a nivel internacional), sería conveniente que ejercitáramos, ciertamente, esa materia gris que con tanto afán cultivaban los mencionados ancestros. Como dice el artículo, no es dejar de un lado la tecnología, pero el repasar historias, contarlas y recontarlas, revivirlas una y cada vez que se hagan, enriquecen las historias, renuevan conceptos, enriquecen el debate. Entonces, leamos más, memoricemos más y pasémosle a nuestros hijos, hermanos, amigos, la riqueza del conocimiento que sólo podemos almacenar, sin grandes riesgos de que se dañe la memoria externa, toda la experiencia de una vida…

  4. Carlos

    Muy profundo articulo y pertinente porque urge reflexionar sobre estos problemas o corremos el riesgo de que la humanidad con su tecnologia hiperdesarrolada sea cada vez mas despojada de su esencia humana. Que el homo sapiens tecnologico sustituya al homo sapiens sapiens con todo lo que eso implica de pérdida. Este asunto es un topico de la ciencia ficción, hasta que puento la sustitución de las funciones del cerebro humano por las maquinas puede llevar a la involución de este.

  5. Carlos

    Muy profundo articulo y pertinente porque urge reflexionar sobre estos problemas o corremos el riesgo de que la humanidad con su tecnologia hiperdesarrolada sea cada vez mas despojada de su esencia humana. Que el homo sapiens tecnologico sustituya al homo sapiens sapiens con todo lo que eso implica de pérdida. Este asunto es un topico de la ciencia ficción, hasta que puento la sustitución de las funciones del cerebro humano por las maquinas puede llevar a la involución de este.

  6. Anaeli

    Un gran incentivo para reactivar lo que nos dio la madre naturaleza. Ejercitemos nuestro cerebro!!!

  7. Cuba Hoy

    Que la tecnología no nos hagan atrofiar ninguno de nuestros órganos. Adelante, a ejercitar la capacidad de memorizar. Usemos la tecnología, no nos dejemos vencer por ella.

  8. RAFAEL HIDALGO

    TRATAMIENTO CREATIVO DE UN TEMA DE MÁXIMA ACTUALIDAD: LA DEL CONOCIMIENTO QUE SE VE REDUCIDO, SIMPLIFICADO O ESTEREOTIPADO POR UNA CULTURA DIGITAL CONCEBIDA PARA EL RITMO FRENÉTICO DE LA VIDA MODERNA. RESCATA CON HABILIDAD Y CON CUBANÍA LA NECESIDAD DE LA LECTURA, DE LA FORMACIÓN HUMANISTA Y DEL CONOCIMIENTO UNIVERSAL QUE DESDE LOS SUMERIOS HASTA FEIJÓO MERECE CONTINUIDAD Y DESARROLLO. FELICIDADES

  9. Tirso W. Sáenz

    El problema de la memoria es crítico sobre todo, cuando se entra en la tercera edad. Es cierto, que la Internet conduce a una pasividad en la activación del uso de la propia memoria; por otra parte, gracias a ella uno tiene acceso inmediato a un volumen de información que antes, cuando dependía basicamente de mi memoria o buscando literatura propia o en bibliotecas, tenía que gastar enorme cantidad de tiempo – muchas veces de manera infructuosa – para hallarla. No podemos negar el desarrollo científico-técnico, que es inevitable y – por qué no? – necesario y deable. Tampoco podemos dejar que nuestra mente se vaya apagando, pierda lucidez y capacidad propia para juzgar, evaluar y tomar decisiones propias. Usemos la Inernet con todas sus ventajas, pero, eso si, sin que perdamos nuestro juicio crítico propio. Ejercitemos también nuestra memoria sistemáticamente. Hay diversas fomas de hacerlo. Para los cubanos, amantes del dominó, esa pudiera ser una de ellas. Yo, personalmente, cuando estoy en la calle tengo la manía de descomponer los números de las chapas de los carros en números primos. Debemos conjugar el desarrollo tecnológico con nuestro desarrollo mental y espiritual. No convertirlos en enemigos, sino en apoyo a nuestro desarrollo individual y de toda la sociedad.

  10. Carmen Suarez

    Hola, Ana María, pienso que esa exaltación de la tecnología que el mercado y la realidad cotidiana nos impone ahora –una especie de fundamentalismo tecnológico, si quieres, puesto que todos los fundamentalismos son pésimos– es algo que pasará para poner a la tecnología en el humano e imprescindible lugar que le corresponde por derecho. Espero que no haga falta una hecatombe para ello, y que el trabajo secreto y explícito que el humanismo hace siempre, porque arde en nuestro corazón, pondrá las cosas en su lugar a tiempo. Siempre los buenos, que siempre ganan al final, lucharán para eso.

  11. raymundo sanchez

    interesante articulo

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