La Habana, sus reflejos

Los pequeños charcos de la ciudad son espejo de su gente.

 

 

Esto que amo intensamente/ en cada minuto de cruzarla a diario/ es la ciudad. Heridas/ simulan ser las calles que penetran/ su hermosa piel de asfalto./ Va conmigo/ en la pasión y el llanto/ Como lámparas, cuelgan/ de sus múltples manos vegetales/ oscuras tempestades interiores de todo el que la habita./ A polvo y grito la despierta el alba./ Triste a veces, en medio de sus voces/ transcurre/ como una cosa más. Prendido/ en su interior, el tedio/ a todos ya desconocido va realizando/ una labor de siglos. Ella/ en silencio espera y duerme/ sobre sus propios ruidos.

«La ciudad», Georgina Herrera 




Gaviotas

«Como las gaviotas y las olas nos encontramos y nos unimos. Se van las gaviotas volando, se van rodando las olas; y nosotros también nos vamos. Si de noche lloras por el sol, no veras las estrellas. La luz del sol me saluda sonriendo. La lluvia, su hermana triste, me habla en el corazón. Si echo mi misma sombra en mi camino, es porque hay una lámpara en mí que no ha sido encendida. Tu sol sonríe en los días de invierno de mi corazón, y no duda jamás de las flores de su primavera. Cuando el día cae, la noche lo besa y le dice al oído: ‘Soy tu madre la muerte, y te he de dar nueva vida’. El misterio de la vida es tan grande como la sombra en la noche. La ilusión de la sabiduría es


Share