Carta abierta a Alfonso Noya Martínez, director del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT)

La carta fue publicada el 15 de noviembre en el blog Afromodernidad, del intelectual y activista de Matanzas, Alberto Abreu Arcia.

Estimado Alfonso Noya Martínez:

 

Quien suscribe la presente es un intelectual, para más seña negro y activista contra el racismo y la discriminación toda.

 

Me dirijo a Ud. en relación con la edición correspondiente al pasado martes, 29 de octubre del programa “Con dos que se quieran” que conduce Amaury Pérez y el cual tuvo como invitado a Miguel Cabrera, crítico, divulgador e historiador de Ballet Nacional de Cuba.

 

El alto contenido de racismo antinegro de los juicios emitidos públicamente por Miguel Cabrera utilizando como plataforma un espacio televisivo trasmitido en un horario estelar. La arrogancia, y el ninguneo verbal de un discurso donde el hablante -posicionado simbólicamente en el espacio de una “hegemonía o poder cultural presuntamente blanco”-, relega al afrocubanos a un lugar subalterno o de supuesta domesticación cultural, no sólo socavan el discurso antirracista que, desde su llegada al poder, impulsó la Revolución Cubana, sino que además crean una zona de ruido en el empeño revolucionario de crear una sociedad de equidad y justicia social imbuida por la máxima martiana de una nación con todos y para el bien de todos.

 

A estos hechos, que sucintamente describo, se suma lo que la suspicaz lectura de algunos colegas consideran una afrenta mayor: utilizar en la siguiente edición del programa “Con dos que se quieran” una entrevista grabada antes de morir al trovador, negro y babalawo Alberto Tosca y que permanecía en los archivos como muestra de una aparente actitud antirracista y para rehuir la disculpa pública ante la indignación que desató, sobre todo en las redes sociales, el programa realizado con Miguel Cabrera.

 

Cierto que el racismo antinegro es un estigma heredado de nuestra condición colonial y que no es privativo de Cuba. También es innegable los avances de la Revolución en materia de equidad y justicia racial; sin embargo, ellos no han podido erradicar el racismo -no solo estructural- que vive, se reproduce e impacta hoy más que nunca en el imaginario popular y otros ámbitos de la vida cultural, económica y social cubana creando espacios de desigualdad y exclusión dentro de los que la población afrodescendiente estamos sobrerrepresentados. Por estas razones no se puede seguir minimizando y silenciando esta problemática candente dentro de la sociedad cubana contemporánea. Este vergonzoso incidente, no solo injuria a la población afrocubana, sino que exige abrir el debate público sobre la discriminación racial en Cuba hasta ahora solo circunscrito a las redes sociales y el ámbito académico.

 

La conducta verbal asumida por Cabrera en el mencionado programa, los énfasis lingüísticos y gestuales empleados para discriminar al otro (como la inapropiada carcajada lanzada por Amaury ante lo expresado por su entrevistado) constituyen la muestra más fehaciente de lo que muchos estudiosos denominan el discurso del odio.

 

Por tales razones, desde mi condición de ciudadano cubano y amparado por el artículo 42 de la Constitución vigente que proscribe la discriminación por el color de la piel y otros motivos: exijo una disculpa pública.

 

Le saluda, cordialmente,

 

Alberto Abreu Arcia

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