Declaraciones del analista cubano Carlos Alzugaray sobre las relaciones Cuba-EE.UU.

La política de Estados Unidos hacia Cuba tiene el propósito de “provocar el derrocamiento del gobierno de Cuba”.

Diversas personas, algunas con banderas de Estados Unidos, se apostaron ante de la embajada de Estados Unidos ante La Habana, en julio de 2015. para participar en el día histórico en que los dos países reabrieron sus sedes diplomáticas.

IPS Cuba: ¿Consideras dadas las condiciones para un nuevo deshielo de las relaciones entre ambos países? ¿En qué medida pudiera avanzarse hacia un clima de menos tensiones (o viceversa) entre ambos países en caso de que los republicanos obtengan la mayoría en ambas cámaras del Congreso durante las venideras elecciones de medio término en EE.UU.?

Carlos Alzugaray: No. Para nada. El deshielo es impracticable mientras Estados Unidos mantenga hacia Cuba en lo esencial una política como la actual, que es una especie de “reposición con adiciones de la guerra fría” que ha primado en más de 55 de los últimos 62 años. Esa política tiene un propósito claro: provocar el derrocamiento del Gobierno de Cuba y la reversión de los importantes logros de la Revolución mediante la imposición a su pueblo de medidas coercitivas unilaterales pero a la vez extraterritoriales que provocarían el hambre y la desesperación. A esa política de sanciones económicas, comerciales y financieras amplias y abarcadoras durante años y años se suma el financiamiento de organizaciones e individuos que buscan exacerbar las tensiones en Cuba mediante el uso y abuso de las redes sociales.

“Contra Cuba, contra su pueblo y su gobierno, todo vale” parece ser el mensaje que Washington proyecta actualmente hacia la propia inmigración cubano-americana.

Las medidas que la administración demócrata ha aplicado hasta ahora son sin duda limitadas y no podrán revertir las tensiones provocadas por Trump en 2017-2021 y ratificadas por Biden hasta ahora.

Es triste y lamentable que aquella frase del presidente Obama del 22 de marzo del 2016 en La Habana en el sentido de que había venido a poner fin al último conflicto de la “guerra fría” mediante el inicio de un proceso de normalización, la haya convertido la administración Trump en sal y agua y que la administración Biden no se haya atrevido a rectificar, como hubiera sucedido si hubiera vuelto al proceso al que se comprometieron ambos gobiernos mediante los acuerdos del 17 de diciembre de 2014.

Lo que ha hecho la administración Biden hasta ahora es dar una serie de pasos básicamente cosméticos sin modificar en lo sustancial la política de Trump que incrementó el bloqueo con decenas de nuevas sanciones; regresó ilegítimamente a Cuba a la “lista de estados promotores del terrorismo”, donde nunca debió estar; autorizó la aplicación del título III de la Ley Helms Burton de 1996 que codificó el bloqueo; y, finalmente, cerró los servicios consulares de la Embajada norteamericana en la Habana, con lo que de hecho abandonó los acuerdos migratorios entre ambos países que datan de 1995.

Si los resultados electorales devuelven el control de ambas cámaras legislativas al Partido Republicano las posibilidades de un deshielo se harían más remotas. Recuérdese que en ese partido anidan las posiciones más hostiles al gobierno cubano; los partidarios más furibundos de las medidas coercitivas; y los opsitores más decididos a cualquier normalización de relaciones. Si la administración Biden tuviera el interés de retomar en serio ese camino, encontrará en la Cámara de Representantes y en el Senado acérrimos oponentes.

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