Entre Esperanza y Mario, protagónicos del filme, parece abrirse un abismo infranqueable…
La película cubre una deuda del cine nacional de corte histórico con el público cubano.
No busca este antihéroe reconocimiento social, ni hacerse de un liderazgo, ni ser abanderado de nada o en lo absoluto alcanzar una estatura moral.
A lo largo de su vida como fotógrafo ha usado la cámara para ofrecer una voz a las personas cuyas voces son silenciadas, gente oprimida, que vive en condiciones injustas, con penurias y dificultades extremas.
Una suerte de versión libérrima, verdadera autorrevisión o autorrelectura de la obra teatral homónima del propio director y guionista.
El personaje regresa con sus acostumbrados signos de sátira y humor pero ahora en tono nostálgico.
Adicionales enmiendas implementadas del anuncio de 2014 del presidente Obama en relación con la relajación de las sanciones a Cuba.