Jorge Molina: “Mi generación fue vanguardista, arriesgada, soñadora, transformadora”

Forma parte de la serie La generación del boom demográfico en Cuba (1962-1968), cuando esos miles de niños y niñas peinan canas en un país distinto al que soñaron.

“Todavía creo en el mejoramiento humano, en la transformación del hombre, todavía creo en mis semejantes”, dice Jorge Molina, quien es considerado un cineasta de culto en Cuba.

Foto: Cortesía del entrevistado

Al director Jorge Molina muchos lo consideran un “bicho raro” porque apostó por hacer cine fantástico, de horror y erótico en Cuba y sus obsesiones creativas lo llevan por caminos diferentes a los temas tradicionales que ha tocado la filmografía nacional.

Molina encarna, eso sí, al realizador audiovisual independiente, sin embargo no le interesan las etiquetas ni las trampas de las clasificaciones inútiles pues lo que lo mueve es la curiosidad intelectual y humana de hacer un cine que responda a su propia ética y estética que lo llevan a colocarse detrás de las cámaras.

Molina —que antepone su apellido en los títulos de la mayor parte de sus cortometrajes como una suerte de marca de fábrica—, es el único cineasta cubano en explorar dentro del cine de género el cine fantástico y el horror aderezado con considerables dosis de erotismo que, por momentos, bordea el hardcore que tanto le apasiona y al que sueña con legar algún título en un futuro”.

Luciano Castillo. (Crítico de cine y director de la Cinemateca de Cuba)

Nacido en Palma Soriano, Santiago de Cuba, en 1966, Molina es un hombre con una profunda vocación humana y unas ansías infinitas de aprender de todo y de todos. A los 24 años se graduó en la especialidad de Dirección en la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de San Antonio de los Baños, localidad de la occidental provincia de Artemisa, y a los 54 de la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), de la Universidad de las Artes (ISA).

Su fascinación por el séptimo arte lo llevó a estudiar esa especialidad en la ex Unión Soviética a fines de la década de los ochenta. Allí quedó varado tras desmoronarse el campo socialista.

Para él arte y la cultura son “las expresiones más sublimes de las aspiraciones humanas”. Considera que “el arte y el artista son esenciales para las transformaciones sociales”.

Jorge Molina durante el rodaje de Juan de los Muertos (2011), dirigida por Alejandro Brugués

Es también, guionista y actor, conocido por su participación en los filmes Madagascar (1994), La vida es silbar (1998) y Juan de los muertos (2011). Y ejerce la docencia en la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual.

Molina, que vive en San Antonio de los Baños, a 35 kilómetros de La Habana, es un soñador empedernido que, como él mismo dice, sigue creyendo “en el mejoramiento humano, en la transformación, en mis semejantes, en la gente que tengo a mi alrededor y seguiré trabajando por cambiar y mejorar las cosas”.

Al recordar a la generación del boom demográfico a la que pertenece, su voz se llena de cierta nostalgia. “Cuba era un país —aún en medio de contradicciones— donde la gente aún soñaba, anhelaba y nosotros como jóvenes éramos parte de ese proceso”.

Trailer de la película Molina’s Ferozz, película cubana de terror fantástico de 2010 dirigida por Jorge Molina Enríquez y escrita a cuatro manos junto con Alaín Jiménez. (Video tomado de Youtube)

IPS CUBA: ¿A tu juicio qué características definen a tu generación dentro de la cultura cubana y, en específico, en los ámbitos en que te has desempeñado (cine)?

JORGE MOLINA (JM): Pertenezco a la generación de los sesenta, aunque nací en 1966. El momento más importante vivido por esa generación en los ámbitos artístico, social, político fue en los ochenta e inicios de los noventa del pasado siglo XX, cuando arribamos a los 20 ó 30 años. En esa etapa en el mundo del arte —y la cultura, en general— hubo muchos momentos gloriosos.

Nuestros padres —que participaron, unos más y otros menos, en un proceso necesario de cambios y transformaciones llamado Revolución (cubana de 1959) y que tenían diferentes procedencias sociales: sobre todo clase media y trabajadores—  se incorporaron a la lucha contra la tiranía que gobernaba Cuba. Esa generación precedente nos inculcó los valores y preceptos de lucha por la justicia social y la emancipación, tal y como lo había soñado Martí (José 1853-1895, el Héroe Nacional de Cuba). Y, por supuesto, fuimos parte de un aprendizaje colectivo a partir de los nuevos tiempos y cambios que trajo la Revolución en todos los espacios de la vida política, social, económica y, sobre todo, cultural.

Como parte de esa generación, como muchos de mis compañeros, he tratado a través del arte de intentar cambiar las cosas para bien de la gente. En mi caso siempre he insistido en estar y vivir en mi país, en trabajar y crear y aportarle a mi país mi talento.

Jorge Molina

En los 80 e inicios de los 90 se hicieron cosas extraordinarias. Es cierto que eran otros tiempos, quizás teníamos los mismos sueños que ahora pero el país estaba mejor encauzado o por lo menos aparentaba estarlo a nivel político, económico, social y, por supuesto, eso influyó en el universo de la cultura.

Cuba era un país —aún en medio de contradicciones— donde  la gente aún soñaba, anhelaba y nosotros como jóvenes éramos parte de ese proceso y de esos sueños y anhelos. Si echas para atrás, recuerdas la cantidad de gente joven de la Nueva Trova —por solo mencionar algunos, Santiago Feliú (1962-2014), Donato Poveda (1960), Carlos Varela (1963)—, muchos ya están muertos, otros se fueron…Y en la plástica ni te cuento, gente que renovó y formó parte de esos procesos artísticos transformadores. En el cine también hubo gente que empezó bien y luego ya fue perdiendo “fuelle” pero, en general, fue un momento hermoso y pleno de protagonismo.

En resumen, a mi modo de ver, esa generación fue vanguardista, arriesgada, soñadora, transformadora.

«El cine de Jorge Molina se caracteriza por su permanente transgresión e irreverencia, lo que, si bien ha imposibilitado que sea exhibido de un modo natural en los circuitos oficiales, sí ha contribuido a consolidarlo como un “cineasta de culto”, cuyas películas son apreciadas por un público fiel, al extremo de perseguir cada nueva entrega».

Juan Antonio García Borrero

Como jóvenes nacidos en esa época nos educamos en los anhelos de conquistar un futuro mejor para todos. Claro luego llegaron las decepciones. En mi caso no me siento frustrado pero sí mucha gente de mi generación. Por suerte, he tenido o he sabido canalizar todos mis “demonios”: deseos, anhelos, sueños y frustraciones dentro del arte. Y es lo único que me mantiene vivo en el momento actual.

Pero muchos de mis amigos ya murieron o se fueron de Cuba. Muy pocos nos hemos quedado aquí tratando de hacer lo que soñamos y, por supuesto, con mucho esfuerzo.

Lo que ha pasado, a mi modo de ver, es que se han ido “traicionando” muchos de los principios por los que se lucharon. Cada vez es más complejo vivir, crear. Entiendo que Cuba a partir de 1959 ha estado sometida a muchas presiones externas, la principal ha sido el bloqueo de los EE.UU. que ha hecho y sigue haciendo mucho daño. Eso lo tengo claro pero no puede ser una justificación para caer en el abismo en que hoy nos encontramos.

En aquella etapa existía el bloqueo o embargo —llamado así según de qué lado se encuentra el diferendo— pero también hubo comercio y ayuda de potencias mundiales. Esa cuestión, a mi modo de ver, no se supo manejar muy bien. No se supo aprovechar y claro hemos heredado —sobre todo, nuestros hijos, y también nuestra generación que va entrando ya en la edad de la vejez—, un desastre de país que llega a extremos de querer “normalizar” la miseria y la precariedad. Y eso está muy mal.

El primer parteaguas que vivimos como generación se produjo en los ochenta con los sucesos del Mariel (éxodo masivo en 1980). Yo tenía entonces 14 años y, quizás aún sin mucha conciencia de lo que significó, sí me percaté de que algo estaba mal. Y que “el todos y para el bien de todos” del que habló Martí, era de la boca para afuera, no era real.

Como parte de esa generación, como muchos de mis compañeros, he tratado a través del arte de intentar cambiar las cosas para bien de la gente. En mi caso siempre he insistido en estar y vivir en mi país, en trabajar y crear y aportarle a mi país mi talento. ¿Y qué pasó? Que mucha gente preciosa, necesaria, talentosa se fue.

A partir de los 90 y lo que se llamó Período Especial (crisis económica), las cosas empezaron a ir de mal en peor.

Este país se ha sumido en la mediocridad y la falta de vergüenza. Eso ha hecho un daño terrible. Lo más triste es que uno no ve la voluntad política para cambiar. Yo siento vergüenza ajena cuando veo figuras que debían representarnos y dar la cara por nosotros que somos el pueblo y no lo hacen y me parece un cinismo terrible.

Fotograma del filme Molinas Fantasies. Según he expresado el crítico Luciano Castillo acerca de la obra de Molina, él está "interesado en abordar todos los elementos oscuros de la naturaleza humana, su perenne interés en no abordar la realidad nacional inmediata e insistir en retomar los tópicos del cine de horror, en medio de un ecléctico universo de referencias cinematográficas, lo convierten en uno de los realizadores más atípicos y a contracorriente en la historia del cine cubano".

IPS CUBA: ¿Cómo era la Cuba soñada por tu generación durante la juventud y en particular por ti?  ¿Qué podrías decirles a los jóvenes de Cuba hoy?

JM: La Cuba soñada por mí… Imagínate yo Acuario, soñador, con una mente desbordada, era la Cuba martiana, la que nos enseñaron en las escuelas, anclada e inspirada en los ideales martianos. Yo soñaba una Cuba con todos y para el bien de todos, de verdad, donde todos fuéramos felices, viviéramos bien, decentemente. En mi caso, sin grandes ambiciones materiales pero sí muchas ambiciones creativas. Una Cuba sin racismo, sin maldad, sin exclusiones. Una Cuba por la que se había luchado según se creía y nos habían enseñado. Un país mejor donde todos sus habitantes fueran felices. Pero no ha sido así. Es muy triste.

Estamos viviendo en el peor escenario por el que ha atravesado este país. Que el peso de esta debacle lo tienen las malas decisiones administrativas, políticas, económicas y ahora mismo el gobierno no tiene solución, y no sabemos si la buscan porque no hay transparencia informativa sobre lo que se hace. Yo no soñé este país así como está y mira que yo trabajo por la belleza, por tener un mundo mejor realmente y no pasó. Y como están las cosas no creo que pase.

Molina carga una balita de gas y aclara que la foto, tomada por su esposa, corresponde al tiempo de la pandemia, cuando todavía el preciado líquido era posible comprarlo en los puntos de expendio. Ahora la imagen resulta no sólo surrealista sino anacrónica. (Foto: Marleny Almaguer

Y la situación en la que estamos, tanto por las presiones externas como por los disparates internos, está causando un daño antropológico serio. La gente está enloqueciendo, lo veo cuando ando por la calle, por dondequiera. El ser humano se va desconcentrando. No se duerme bien desde hace tiempo y, claro, la creación se hace más compleja, más dura. Pero uno como patriota insiste.

Otra de las cosas que ha hecho que este país se haya dañado tanto es la pérdida de la vergüenza. Y, por ejemplo, en el ámbito intelectual, mucha gente mira para el lado, que no dice las cosas en los lugares donde tiene que decirlas, y dejan que pasen las cosas. Y claro, el que calla, otorga. Es muy triste.

Pero la Cuba que yo soñé no era esta y creo que la que soñó mi generación tampoco. Sin embargo sigo luchando para que la Cuba que yo quiero, sea. Y la que quería mi generación, sea. Y eso es lo que me mantiene vivo. Seguir luchando con mi arte, con mi obra, en el rol de profesor, apoyando a mis alumnos.

Jorge Molina
En la filmación del corto de ficción Like you y rodeado de jóvenes actrices y actores. El actor y realizador cinematográfico, Jorge Molina les deja esta sentencia a los jóvenes:"estén donde estén, luchen por sus sueños y trabajen por un mundo mejor, más humano, más digno" (Foto: Cortesía del entrevistado)

¿Qué les diría a los jóvenes? Que sean honestos, que luchen por sus sueños, que nunca tengan actitudes genuflexas, que insistan… Comprendo también que es muy fácil decir: quédense y trabajen por una Cuba mejor. Muchas veces cuando hablo con ellos, me dicen: “Profe pero la vida es una sola”. Y si toman la decisión de ir a otros lugares fuera del país, que es una decisión dura —en la Historia de Cuba el destierro era lo más duro y terrible que le podía pasar a un cubano— pero en ese caso, les diría que estén donde estén, luchen por sus sueños y trabajen por un mundo mejor, más humano, más digno.

IPS CUBA: La generación del boom demográfico a la que perteneces está entrando en la tercera edad, cómo ves los principales retos que enfrenta esta generación en un país que atraviesa una de las peores crisis de las últimas décadas?

Jorge Molina
Fotograma del corto de animación Nikita Chama Boom, dirigido por Juan Padrón quien con su particular sentido del humor caracterizó aquel momento histórico de la llamada "Crisis de Octubre" cuando parecía que el mundo se iba a acabar. (Tomada de Cubacine)

JM: Somos la gente del boom demográfico, del Nikita Chama Boom (2009) como el corto animado maravilloso de Juan Padrón (1947-2020). Los famosos 13 días aquellos que provocaron que la gente tuviera más sexo porque pensaban que el mundo se iba a acabar. Y en Cuba se produjo una eclosión demográfica. Aunque yo nací en 1966, los que me precedieron son de ese boom pos Crisis de Octubre (1962, entre EE. UU. y la extinta URSS en Cuba).

¿Cómo me veo? En 20 años me veo muerto, empobrecido, aunque trabajaré para que no sea así. Nuestra generación, que está entrando en la tercera edad, está como mismo están los jóvenes que no tienen futuro y deciden irse, así se están yendo los viejos y de eso nadie habla. Este país se ha tornado inhabitable. Pero insisto porque soy un soñador, soy acuariano, insisto en que el país puede transformarse, puede cambiar y que podemos construir un país mejor; pero está duro, muy duro todo.

En el decursar de mi vida he ido viendo, encontrando gente que hizo mucho, tanto en el arte como en otras esferas de la vida, y han muerto olvidados o andan en situación precaria. Trataré de que eso no me pase, que mi tercera edad sea creativa a lo Akira Kurosawa (1910-1998), a lo John Ford (1894-1973), o a lo Sidney Lumet (1924-2011). Al menos, lo intentaré.

Jorge Molina
También a Molina lo atrapan los personajes que ha interpretado en el teatro. Junto a la actriz Raquel Rey en la obra Instante, dirigida por Jazz Vilá. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Si te digo que el futuro no es halagüeño es porque siento que estamos en el peor escenario de la historia del país. Y eso no lo pensé ver nunca. Sin embargo no me siento frustrado. Soy una persona que he luchado mucho por cumplir mis sueños a pesar de cualquier adversidad y creo que lo he logrado. Materialmente no tengo nada pero tampoco soy alguien de obsesiones materiales. Mi espectro de la felicidad es muy simple: poder hacer lo que me gusta, es decir, actuar, hacer películas, enseñar y tener una mujer que me ame. Y esas cosas las tengo. La felicidad es simple y a la vez compleja. Hay gente que es feliz teniendo dinero o comiendo bien o viajando. Yo quisiera que todo el mundo tuviera todo lo que quisiera.

De hecho, a nosotros como generación nos prometieron un futuro luminoso en el que tendríamos todo lo que quisiéramos. Es decir, esa construcción del modelo socialista para un futuro mejor resultó ser un bluf. Aquí hay gente rica y otros pobres, porque eso de decirles vulnerables es un eufemismo. Aquí hay gente pobre, bien pobre. Lo veo todos los días. Yo, por ejemplo, ya soy una persona pobre porque mi salario no me alcanza. Pero a pesar de todo sigo siendo un soñador y es lo que me mantiene vivo.

IPS CUBA: ¿Cuál es el rol que deben asumir las y los creadores en este contexto de policrisis?

JM: Las crisis son generalmente generadas por el poder. A mis estudiantes les pongo como ejemplo, sobre todo para que vean lo que no debe hacer ni ser el artista, esa maravillosa película del director húngaro István Szabó (1938), de 1981, Mefisto, donde el protagonista, que es un actor que empieza con Bertolt Brecht (1898-1956) en el Teatro Político para los trabajadores termina siendo un fiel siervo del fascismo. Se vende al poder por prebendas. Eso es lo que nunca debería ser un artista.

El papel del artista es transformar la sociedad y siempre debe estar en desacuerdo, siempre luchar contra lo establecido, siempre debe hacer pensar, intentar cambiar las cosas y nunca ser genuflexo y, sobre todo, cuando las cosas andan mal. Si las cosas están bien, ayudar a transformarlas para que sean mejores; si están mal, ayudar a cambiarlas para que mejoren. Y eso se hace a través del arte.

El arte y  la cultura son las expresiones más sublimes de las aspiraciones humanas. El arte y el artista son esenciales para las transformaciones sociales. Y hay mucha gente honesta que trabaja para ello. Y hay otros que saben que las cosas están mal pero prefieren callar y hacerse de la vista gorda porque pierden sus pequeños cotos y pequeñas prebendas.

El artista honesto es el que trabaja para cambiar las cosas, mejorar el país, para hacer feliz a la gente. Ese es el papel del arte y de los artistas en cualquier sociedad.

Todavía creo en el mejoramiento humano, en la transformación del hombre, todavía creo en mis semejantes, en la gente que tengo a mi alrededor y seguiré trabajando por cambiar y mejorar las cosas. (2026)

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