Programa independiente mantiene vivo el humor cubano

La serie Malas Compañías, que circula por la plataforma YouTube, se ha convertido en un espacio de catarsis y crítica social tras la censura de los principales espacios humorísticos en la televisión cubana.

Lejos de la burla superficial, el programa construye personajes y situaciones reconocibles para cualquier cubano, apelando a un humor que incomoda, interpela y provoca reflexión.

Foto: Fotograma de la serie Malas Compañías

La Habana, 30 ene .- En medio de la crisis económica y social que atraviesa Cuba, el humor vuelve a ocupar un lugar central en la conversación pública del país. Esta vez desde las plataformas digitales, Malas Compañías, un programa humorístico difundido a través de YouTube, que  se ha consolidado como uno de los pocos espacios donde la sátira y la crítica social dialogan abiertamente con la realidad cotidiana de la población.

La serie independiente nació bajo la realización de tres humoristas con relevante trayectoria dentro del Centro Promotor del Humor: Otto Ortiz, Visti Cárdenas e Iván Salgado, quienes también interpretan los roles protagónicos de “El Nene”, “El Visti” y “El Chiqui”, respectivamente. La narrativa une en escena a un viejo resabioso, un inquilino escandaloso y un vecino entrometido cuya convivencia se torna absurda y caótica.

Fotograma de la serie Malas Compañías

La migración de propuestas humorísticas hacia plataformas digitales responde tanto a la censura como a la transformación de los hábitos de consumo audiovisual. YouTube, redes sociales y otros espacios en línea ofrecen mayores márgenes de autonomía, aunque también enfrentan limitaciones de acceso dentro del país debido a la conectividad y los costos de internet.

El proyecto audiovisual aborda con ironía las consecuencias de la crisis estructural que vive Cuba: la migración, el deterioro de los servicios públicos, la escasez prolongada, los apagones, y el desgaste emocional de una ciudadanía sometida a múltiples tensiones.

A lo largo de sus más de 70 capítulos la serie ha contado con la participación de reconocidos actores de la escena humorística contemporánea como Oscar Bringas, Andrea Doimeadiós, Michel Pentón y Alejandro Phillips, entre otros.

Con esfuerzos propios y tecnología limitada los realizadores entregan a la audiencia cada viernes un episodio corto de hasta 30 minutos. Su consumo ha crecido rápidamente dentro y fuera del país, alcanzando los 38. 700 suscriptores y más de nueve millones de visualizaciones en YouTube.

El humor desplazado de la televisión

Analistas destacan que la emergencia de Malas Compañías en el ecosistema digital ocurre en un contexto marcado por la desaparición casi total del humor crítico en la televisión cubana. En ese sentido, recuerdan que durante décadas, los programas humorísticos fueron una de las ofertas más populares del audiovisual nacional, con altos niveles de audiencia y una fuerte conexión con la vida diaria de la población.

Espacios como Vivir del Cuento, uno de los más recientes y exitosos, u otros más antiguos como Jura decir la verdad o Deja que yo te cuente, fueron retirados de la programación sin explicaciones públicas claras.

En el sector artístico, la decisión fue interpretada como parte de un proceso de censura oficial frente a propuestas que desde el humor cuestionaban prácticas burocráticas, ineficiencias institucionales y contradicciones del discurso oficial.

La cancelación de dichos programas no solo redujo la diversidad de contenidos en la televisión, sino que dejó a amplios sectores del público sin uno de sus principales canales de entretenimiento y desahogo emocional. Ese vacío simbólico constituye una de las principales razones por las cuales Malas Compañías ha encontrado sentido y audiencia como propuesta novedosa.

Estudiosos de estos temas destacan que la relación entre el humor y el poder oficial en Cuba ha sido históricamente tensa. Si bien el choteo y la sátira forman parte del ADN cultural de la nación, los límites de lo permitido han estado definidos por una política cultural que privilegia la alineación ideológica sobre la libertad creativa.

A raíz de los sucesos del 11 de julio de 2021, artistas, humoristas y realizadores recordaron  restricciones, cancelaciones de proyectos y presiones institucionales. El humor, por su capacidad de decir lo indecible y poner en evidencia lo absurdo, se convierte en un terreno particularmente sensible para los mecanismos de control cultural.

En ese sentido, el gremio ha tenido que buscar iniciativas para no perder algo que es parte del patrimonio cultural de cubanos y cubanas. Por ejemplo, vale destacar la labor de la Comunidad Creativa Nave Oficio de Isla en la realización de obras de teatro cargadas de sátira social como La vida es vieja y también en la apertura de un espacio fijo dentro de su programación mensual para el Stand Up Comedy.

Reír para sobrevivir

Más allá de su función crítica, el humor cumple en Cuba un papel esencial como estrategia de supervivencia emocional.

En ese sentido, observadores del tema destacan que reírse de la escasez, del caos cotidiano o de las promesas incumplidas ha sido históricamente una forma de resistencia simbólica frente a la adversidad.

En un contexto de crisis prolongada, el público cubano sigue demandando contenidos que le permitan reconocerse, aliviar tensiones y sentirse acompañado. En ese sentido, Malas Compañías conecta con esa necesidad al ofrecer un espejo donde la realidad, por dura que sea, puede ser procesada a través de la risa.

Los comentarios, las comparticiones y la circulación informal de los episodios dan cuenta de un público ávido de este tipo de propuestas. No se trata solo de entretenimiento, sino de un espacio donde se valida la experiencia colectiva y se rompe el silencio impuesto.

Su éxito también funciona como un termómetro de las carencias del sistema mediático cubano. La ausencia de humor crítico en la televisión estatal contrasta con la vitalidad de estas producciones independientes en el entorno digital.

Para estudiosos de estos temas, mientras persistan las restricciones a la creación artística y la censura de contenidos incómodos, el humor seguirá buscando otros caminos para existir. Reír sigue siendo un acto profundamente político y espacios como Malas Compañías confirman que la risa no se censura con facilidad. (2026)

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