A debate

Violencia de género en Cuba: los entretejidos de la ley

¿Es necesaria una ley de violencia de género en Cuba? ¿Están preparados las y los juristas y demás agentes que imparten justicia en temas de violencia de género? Estas son algunas interrogantes sobre las que indaga la Redacción IPS Cuba para la sección A Debate a propósito de la Jornada por la no violencia hacia la mujer 2015.

  1. ¿Cuba necesita una Ley sobre la violencia de género? ¿Por qué?

    Elaine Saralegui

    En nuestra cotidianidad existen discursos y prácticas sociales que están indicándonos que vivimos en la violencia sin que la nombremos de ese modo, pues existe violencia explícita y/o implícita. Muchas veces la violencia en nuestra sociedad es justificada, bajo el alegato de evitar males mayores. En el caso de la violencia de género, la cultura patriarcal ejerce una dominación naturalizada por las dinámicas sociales de relacionamiento. Un ejemplo de esto es el hecho de justificar la agresión de un sujeto frente a otro, o de un grupo frente a otro, considerando que se hace por el bien del agredido.

    Por esto el feminismo ha insistido en la necesidad política de nombrar diferentes prácticas sociales que son violentas y abusivas, pero que nos son nombradas de esta forma por ser consideradas “normales “por diferentes personas e instituciones; y que el hecho de ubicar la violencia de género como un aspecto que corresponde al ámbito privado la invisibiliza y la sitúa como si fuera un asunto que compete solo a las personas involucradas; cuando sabemos que la violencia tiene que ver con el orden establecido y con la relación entre personas o grupos en posiciones desiguales de poder.

    Si estamos pensando en la violencia de género en este sentido; entonces es necesaria, no una ley, sino leyes que lleven al espacio público del orden social la violencia de género; pero sin que corra el riesgo de quedar en la denuncia enfocada hacia lo doméstico/privado; sino también a la relación entre personas y/o grupos de personas. Serán necesarias leyes que protejan y promuevan la libre expresión de la identidad de género, y que caigan los muros del binarismo, dando paso a las diversidades de su expresión como un derecho humano fundamental.

    Se hace muy frecuente que, cuando hablamos de género, se piense en el hombre y la mujer y tendamos a obviar otras expresiones de géneros que no entran en la heteronormatividad. Es por todo esto que necesitamos leyes que puedan ofrecer amparo legal a toda esta problemática, de manera explícita, y en las cuales se contemple cada uno de los rostros de las personas vulneradas por la heteronormatividad, el patriarcado y la violencia de género; estamos hablando, entonces, de las mujeres heterosexuales, pero también de las personas con diferentes orientaciones sexuales e identidades de género.



    Sí, porque aun cuando el ideal de nuestra sociedad se basa en la justicia y la equidad persisten desde lo social expresiones de violencia contra las mujeres que se invisibilizan y contribuyen a la impunidad del maltratador. Esta ley debe incluir, además, tratamientos especializados, no limitarse a las sanciones privativas de libertad. La violencia es un fenómeno social que requiere del abordaje preventivo desde un enfoque multidisciplinario, antes de que estos comportamientos se agraven y por ende las consecuencias.

    El país sí necesita una ley de violencia de género. Es necesario legislar este tema para que las cosas se cumplan. Desde el triunfo de 1959 la Revolución ha tomado una serie de medidas a favor de la mujer, no hay dudas, pero hay otros asuntos que tienen que ver con derechos, con la equidad que aún hay mucho camino por andar. El tema de la violencia es uno de ellos.

    Desde hace poco, solo unos años, es que ha emergido la necesidad de visibilizar y sensibilizar no solo a las mujeres, sino también a la familia sobre la violencia de género. Es un hecho que los propios agentes de seguridad, la policía, desconoce cómo tratarlo. Es algo que ha estado oculto. Muchas veces pasa que ni las mismas mujeres saben que son víctimas de violencia en la familia, en los centros de trabajo, en la comunidad. A veces la violencia se da entre mujeres, en lugares donde las que dirigen no consideran a sus propias congéneres.

    El hecho de desconocer nos lleva a ignorar. En el Taller de Transformación Integral del Barrio de Pogolotti (TTIB), en Marianao, se hizo un diagnóstico participativo con enfoque de género para determinar las formas de violencia presentes en la comunidad y nos dimos cuenta que un primer paso era sensibilizar a través de barrios-debate y otras actividades públicas, trabajar con los hombres, las nuevas masculinidades. Las personas se han proyectado abiertamente; sin embargo el elemento legislativo no ha estado presente en esos análisis.

    Muchas personas ven la violencia como algo “natural”, “normal”; mujeres que dicen: “si mi marido no quiere, no puedo hacer esto o aquello otro”. Estamos hablando de manifestaciones de violencia física, psicológica pero también está la violencia económica: padres que no les pasan la manutención a sus hijos, y no pasa nada… Muchas mujeres desconocen que existen leyes que amparan a los menores y que los padres están obligados a cumplirlas y si no sucede así, pueden acudir a los tribunales. A veces ocurre que se va a los tribunales pero luego no se le da seguimiento a esas disposiciones para que se cumplan y la madeja se vuelve a romper por el lado más débil. Y somos las mujeres quienes estamos soportamos toda la carga psicológica pero también económica en la crianza de los hijos.

    Otras veces sabemos que ha ocurrido un hecho violento pero muchas mujeres dejan pasar el momento y cuando acuden a la policía a hacer la denuncia, lo primero que se les pregunta es si tienen un certificado que avale el hecho violento y si no hay pruebas, la propia autoridad dice que no procede el caso…

    Algo que es vital para el trabajo comunitario es la articulación de actores, pero una articulación real, verdadera, no algo para cumplir una meta. Nosotros en el TTIB de Pogolotti nos hemos proyectado por la articulación de todos los actores de la comunidad: CDR, FMC, Educación, Salud… Por ejemplo, nosotras creemos que a nivel de área de salud debe haber una consulta que atienda la problemática de la violencia de género; otro tanto ocurre con las escuelas donde no se toca el tema… De ahí que como parte de la estrategia para sensibilizar y capacitar a los actores locales hemos diseñado un momento de integración donde participen especialistas de estos sectores.

    En el barrio hemos tenido casos de mujeres violentadas y hemos trabajado con ellas incluso a nivel de tribunales de familia, en buscarle empleo, en incorporarlas a actividades sociales.

    A mi juicio, en Cuba como en cualquier otro país donde exista violencia de género, se debe tener una ley específica que la contemple, pues esta violencia suele pasar inadvertida muchas veces o naturalizada por la cultura y eso hace que quede impune en ocasiones, incluso ante la censura popular.

    Aunque la respuesta punitiva no es la mejor opción de respuesta, pues esta actúa después que ha ocurrido el hecho, tiene el valor de reconocerla como censurable y como acción que atenta contra la integridad de otra persona.

    Las personas víctimas de la violencia de género están en estado de vulnerabilidad y una ley podría atenuar este hecho. Por eso una ley de este tipo debe contemplar también la posibilidad de influir en la educación en valores no patriarcales y sexistas que modifiquen maneras de pensar y actuar en este sentido.

    Si asumimos que la violencia de género se da en el ámbito público y privado, y que la teoría queer denuncia lo violento del género también para las poblaciones LGBTI, una ley contra esta, que realmente sea efectiva —aunque toda obra humana sea perfectible— debe tocar todas las estructuras sociales, pues al tratarse de un problema estructural, cada institución social la reproduce y sería cuestionable una ley que, por un lado, castigue las consecuencias sin nunca tener en cuenta la manera de trabajar sobre las causas.


  2. ¿Cuáles iniciativas de derecho se han buscado legislar por la no violencia de género en tiempos recientes?

    Aida Torralba

    No sé.



    No tengo referencias recientes de este tema, aunque se especula que en el nuevo anteproyecto de ley, se incluye esta temática.


  3. ¿Cómo valora la preparación en género de juristas y demás agentes que imparten justicia en el país?

    Aida Torralba

    Cualquier persona socializada en un contexto sexista y patriarcal reproduce, en sus ideas y su conducta, estas características.

    La formación del jurista, solo en el plan de estudio C, implantado hace pocos años atrás, incluye una asignatura optativa de género y derecho que se imparte o no en cada carrera, en dependencia de que sea solicitada y en dependencia de la disposición de profesionales preparados para impartirla. Por tanto el jurista, en sus prácticas, reflejará las limitaciones que tenga en este sentido.

    En 2013 realicé una investigación con los juristas de la ciudad de Holguín y reflejó que suelen portar los mitos que existen sobre el fenómeno, además de que presentan desconocimientos que les impiden comprenderlo adecuadamente. Solo una capacitación sistemática puede atenuar este vacío, pues las concepciones sobre la violencia de género están instauradas en la forma de pensar de las personas como creencias estables y desmontarlas no es tarea sencilla.



    Hace unos años tuvimos a una estudiante de Derecho insertada en el TTIB y ella realizó una investigación sobre el tema de la violencia para una asignatura de la carrera. Creo que muy recientemente es que se ha comenzado a plantear la necesidad de que los alumnos de Derecho reciban algunas nociones sobre el tema. Claro, esto ha tenido que ver con el impacto social, público que en los últimos tiempos ha ido ganando en el país y en los medios de comunicación la Jornada contra la violencia de género, y también la Conferencia de Beijín que ahora es que se le está dando importancia.

    No quiero generalizar, pues conozco juristas muy bien preparados, sensibilizados y activistas en este tema, pero la mayoría no lo está. Muchos han sido los problemas que hemos tenido las personas que estamos trabajando con estas cuestiones, a la hora de acudir a los y las representantes de la ley para reclamar algún derecho vulnerado. Podemos constatar la idea reduccionista sobre género, entendido como la relación entre un hombre y una mujer.

    Muchos y muchas piensan que las leyes lo contemplan todo y que somos el país latinoamericano de más avanzada, producto de nuestras luchas emancipadoras. Existen expresiones del lenguaje que refieren, por ejemplo, que la diferente orientación sexual es tolerable; siempre y cuando haya un comportamiento de respeto; exigiéndoles un extra en todo.

    En cuanto a la orientación de género, ya es más problemático, pues son “delincuentes, excéntricos, bulliciosos, anormales, etc”. Es indecoroso ver impunidad ante actos discriminatorios y de violencia hacia estas personas, producto de los prejuicios existentes; precisamente por los y las que deben ofrecer justicia. Estamos hablando de derechos vulnerados por un atroz desconocimiento de estas temáticas, por concepciones hegemónicas, homofóbicas, machistas, patriarcales, transfóbicas heredadas, y por falta de leyes que favorezcan la igualdad de género.

    Los juristas en sentido general están bien preparados en términos legales pero carecen de una preparación en temas de género para comprender la violencia. Durante los últimos años se han incorporado indicaciones de trabajo para el tratamiento especializado y personalizado a mujeres víctimas, opción casi desconocida por la población y de difícil ejecución teniendo en cuenta la falta de preparación en ese sentido.


  4. ¿Qué contempla el cuerpo legislativo actual y qué falta por incluir en violencia de género?

    Elaine Saralegui

    Los artículos 42, 43 y 44 de la Constitución de la República hablan, precisamente, de igualdad y de no discriminación, sabiendo nosotros que la discriminación es una manera de ejercer violencia, en el caso de la violencia de género no se contempla en estos artículos. No se explicita el discriminar por género; ni por orientación de género, ni por orientación sexual; entonces no hay protección en estos casos. Aunque existe “y cualquier otra lesiva a la dignidad humana”, sabemos la debilidad de esto al no estar regulado en otros códigos como el de la Familia o el Civil.

    Existe una vulneración de derechos, por lo que se necesita de la tutela constitucional de la no violencia de género, de la orientación sexual y de la identidad de género, para la no discriminación en la escuela, en el empleo, en materia de uniones del mismo sexo, derecho a la adopción, etc. Estoy pensando también en la modificación que se hizo al Código de Familia en cuanto permitir a las niñas con 14 años casarse, con autorización de la familia; y a los varones con 16 años. Aquí hay una evidente brecha en cuanto a igualdad, pues las niñas quedan expuestas a la violencia de género.

    Se requiere de leyes que protejan por esta causa a estas personas en el espacio familiar, donde niños, niñas y adolescentes son violentados y violentadas, psicológica y/o físicamente por padres, madres y familiares desde tempranas edades. Donde muchas mujeres son condenadas a la doble sesión, la doméstica y la laboral. Y tristemente todavía oímos expresiones como “la sociedad no está preparada”; pero la sociedad sí está preparada para ser violenta, racista, patriarcal, discriminatoria. También se debe insistir en la utilización de un lenguaje inclusivo; nuestras leyes deben estar redactadas de manera inclusiva, pues sabemos la ideología que puede reforzar la manera de expresarnos.

    Creo que mientras no se tenga conciencia de los mecanismos hegemónicos que propician las discriminaciones y no se hagan propuestas radicales, tanto a nivel político como social, estaremos solamente poniendo una curita al problema. Todavía hoy recuerdo cómo decisores políticos han hablado delante de una televisora para decir lo que puede favorecer la revolución energética a la mujer en Cuba, esto refuerza los estereotipos de género de que es la mujer la que está “diseñada” para labores domésticas. O cuando se aprobó la nueva ley del trabajo que favoreció a las personas con orientación sexual no heteronormativa; pero dejó fuera a las identidades de género. Aun así fue un avance, pero no nos debemos conformar; pues todavía los mecanismos de poder siguen validando las exclusiones y las violencias.

    Mientras se haga prioritario un tema sobre otro en las agendas políticas, estaremos fragmentando un proceso al que le urge la radicalidad, la pertinencia para este contexto cubano y para tantas personas vulneradas. Es tan importante rehabilitar la economía cubana como implementar leyes que favorezcan la igualdad de género. Todo lo que acontezca en materia de conquista de derecho debe ser tenido en cuenta al mismo nivel, sin que prevalezca una sobre otra.



    En la Constitución de la República se contemplan varios artículos —42, 43 y 44— que se refieren a la igualdad y la no discriminación. Pero entiendo que en sentido general las cubanas y los cubanos tenemos muy poca cultura legal.

    Aquí mismo en el taller es algo que debemos incorporar a las capacitaciones. Nosotros hicimos el diagnóstico con perspectiva de género y a partir de ahí se proyecta nuestro trabajo social comunitario. Ese diagnóstico arrojó, por ejemplo, que la mayoría de los cuentapropistas dueños de cafeterías en nuestro consejo popular son hombres, y las mujeres qué hacen en esos trabajos: limpiar, ser dependientas, y claro son las que menor remuneración reciben. Igual pasa con las personas que ocupan cargos de dirección en el municipio. Las mujeres son minoría, mientras en manos de los hombres están los principales cargos de dirección estatales y empresariales.

    Se ha avanzado respecto a años anteriores, no hay dudas, porque ya las mujeres están mejor preparadas pero a veces nosotras mismas nos ponemos trabas… Claro, por contraste, quiénes llevan sobre sus hombros el trabajo comunitario, la educación, la salud: las mujeres… Te digo más, este asunto se manifiesta hasta en la religión. Y en este barrio más. En Pogolotti predomina la religión cubana de origen africano y quiénes ocupan los sacerdocios: los hombres. Ni una sola mujer puede ejercer como babalao porque está prohibido.

    ¿Qué hemos hecho? Trazar acciones de sensibilización, capacitación y articulación dentro de la comunidad porque creemos que educando a la gente es que podemos tratar de cambiar en algo la mentalidad de las personas. Soy de las que piensa que el tema de la violencia es para trabajarlo todo el tiempo desde diversas aristas y a veces sucede que se deja solo para la semana de la Jornada contra la violencia. Así no avanzamos. En este asunto tiene que tomar partido todo el mundo: la familia, la escuela, el médico de la familia, los trabajadores sociales, la FMC, los decisores, los medios de comunicación, las iglesias, los activistas, los abogados, jueces, la propia autoridad policial, todo el mundo, mediante una estrategia coherente, capaz de sensibilizar y visibilizar el problema porque mientras se asuma de manera pasiva, y no se “desnaturalice” no van a verse transformaciones reales.

    Por todas estas razones, considero que es tan importante que se apruebe una ley de violencia de género para que sea cumplida y aplicada. Seguir trabajando por la equidad de género en función de las mujeres pero también de los hombres, para poder generar una cultura diferente en ellos, capaz de desmontar todos los mitos y estereotipos asociados a su rol de proveedores y patriarcas. Que el poder sea realmente compartido por igual entre hombres y mujeres en el plano familiar, laboral, social e institucional. Para lograr todo eso falta un buen trecho por recorrer todavía. Nosotras vamos en la avanzada y por esa razón no podemos cansarnos si de verdad queremos que nuestros hijos y nietos vivan en un mundo emancipado y diferente.

    En el actual cuerpo legislativo están presentes las siguientes normativas que se relacionan con la equidad de género:
    Constitución de la república (1976), Artículos 41, 42, 43 y 44.

    Ley No. 1289del 14de febrero de 1975 (Código de Familia).

    Ley No. 16 del 28 de diciembre de 1984. De la adopción de los Hogares de Menores y las Familias Sustitutas.

    Ley No. 49 del 28 de diciembre de 1984 (Código del trabajo, Decreto Ley No. 95 del 16 de julio de 1987. Código Civil)
    Ley No. 62 del 29 de diciembre de 1987. Código Penal.

    Estas normativas son, de manera general, inespecíficas para dar respuesta a la violencia contra la mujer y deberían incluir:
    Asistencia integral a mujeres víctimas, con un mecanismo de acompañamiento (protección, atención y seguimiento) en estas situaciones.

    Atenuante de sanción para aquellas mujeres que tienen en su historia de vida recurrentes episodios donde resultaron víctimas de violencia por sus parejas (Art. 264, Código Penal, Ley No. 62/87)

    Creación de tribunales de familia, con personal sensibilizado y formado en estas temáticas (género y violencia) para dar respuestas efectivas en estos casos.

    Establecer los mecanismos para la inserción social de víctimas y victimarios, evitando la re-victimización por parte de los profesionales que se encuentran en primera línea de ayuda.

    Yo realicé un análisis del contenido del código penal, que no es desde donde único se puede legislar en cuestiones de violencia de género contra la mujer en la relación de pareja, pero es el área que estudio. Señalé entonces que respecto a cada lesión, amenaza o situación donde esta pueda expresarse, hay limitaciones para que resulte en una protección eficaz cuando se trata de este tipo de violencia.

    Primeramente, al ser una ley supuestamente neutra, que no analiza diferencialmente las relaciones de género y las vulnerabilidades y especificidades que esto genera, resulta un factor que invisibiliza este hecho y, por tanto la protección que brinda se vuelve muy limitada.

    Si nos refiriéramos a situaciones ideales, perfectas, pienso que sería un trabajo realmente complejo, pues habría que revisar todo lo legislado, ya que históricamente se ha hecho desde una perspectiva androcéntrica y habría que hacer un análisis crítico desde la perspectiva de género. Ello implicaría desde modificar muchos elementos, hasta crear nuevos instrumentos que permitan reconocer muchas expresiones y manifestaciones de violencia de género como tal para, desde ahí, brindarles una respuesta jurídica.


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