1990: Cuba, un año después

Resumen económico anual

Los cubanos terminaron un año muy difícil, y el gobierno sólo les permitió más dificultades para el próximo período y los convocó a apretarse más el cinturón.

Foto: Archivo IPS Cuba

Doce meses después de una lluvia de predicciones, cálculos y premoniciones de que 1990 sería el último año de Fidel Castro en el poder, decenas de miles de «jóvenes fidelistas» celebraron en La Habana, el advenimiento del 32 aniversario del triunfo de la revolución.

Los cubanos despidieron modesta, pero alegremente el año, y en los tradicionales «cubos de agua» que se lanzan desde los hogares a las 12 de la noche, pidieron que el año viejo se llevara todas las dificultades y estrecheces que trajo.

Nuevamente se escucharon voces fuera de la isla, aunque ahora más aisladas, de que 1991 marcará el fin del castrismo, y con ello, la incorporación de Cuba al proyecto democrático emprendido en América Latina, tras las caídas de las últimas dictaduras militares.

Sin embargo, el entusiasmo que desató la caída del muro de Berlín y el fin trágico de la familia Ceaucescu en Rumanía, se enfrió durante el año y, mientras en Miami se deshacen maletas listas para embarcar hacia La Habana, en otras partes del mundo se comienza a pensar en convivir con la isla comunista.

En el orden político, el gobierno de Castro trabajó en la unidad nacional, abrió puertas a los evangelistas y dejó «la bola» en la cancha de los católicos para un entendimiento.

Esta labor se vio favorecida por las amenazas de invasión en mayo, con el despliegue de tropas norteamericanas en la región, y la convocatoria a la mayor maniobra militar que involucró unos tres millones de personas bajo el nombre de «Escudo Cubano».

Por otro lado, las expectativas que levantaron las reformas en el Este Europeo, se desvanecieron rápidamente y los cambios sólo han ofrecido -a los ojos de los cubanos- una escalada de la inflación y un masivo desempleo, problemas olvidados en el antiguo bloque soviético.

Otro tanto ocurrió con la Perestroika de Mijail Gorbachov, que en su sexto año sólo mostró las consecuencias negativas de una fuerte crisis interna política, económica y social, que amenazan seriamente con desmembrar el antiguo «hermano mayor».

Matemáticamente, la isla no podría sobrevivir al aislamiento a que es sometida en todos los órdenes, muchas veces con la participación directa o indirecta de Washington, pero el gobierno de La Habana demostró tener más habilidad y amigos de los calculados por sus opositores.

En el plano económico, el gobierno de Castro atravesó en medio de dificultades, sobresaltos, emergencias e imprevistos el año más duro de su historia, mostrando una capacidad de maniobra capaz de sobrevivir en medio de la tormenta y suficiente apoyo popular como para alejar el fantasma de Bucarest.

La imposibilidad soviética de cumplir sus compromisos más importantes en petróleo, cereales, papel, y otras materias primas, la contracción del mercado con los países de Europa del Este (que representaban un 15 por ciento del intercambio de la isla) y una falta de liquidez financiera que redujo considerablemente la capacidad de compra del país, fueron los factores de mayor gravitación negativa.

La perturbación en la economía fue de tal grado, que a fines de año los cubanos no pudieron realizar el balance habitual y trazar las líneas para los próximos doce meses.

La Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), no incluyó en su agenda, el informe del año vencido, el presupuesto del próximo año y el plan económico social.

Para que el gobierno pueda seguir operando en el nuevo año, el parlamento prorrogó el cierre del presupuesto del año anterior y las líneas de desarrollo trazadas, hasta nuevo aviso.

Quizás el elemento de mayor perturbación en la gestión económica fue la incertidumbre, pues los planificadores cubanos tuvieron que actuar a partir de los recursos en puerto, ya que los atrasos de embarques abundaron.

El primer semestre del año, trajo suficientes «avisos» como para que los cubanos vislumbraran a tiempo, situaciones peores, y el gobierno adaptó su plan de contingencia previsto para una invasión norteamericana a tiempos de paz.

Junto con el estallido de la crisis del golfo, explotó para Cuba la crisis energética, y las autoridades decidieron la aplicación del programa del «Período Especial para Tiempo de Paz».

El austero plan prevé una serie de medidas que se irán agravando según la situación y aunque el gobierno advierte que sólo se está entrando en el mismo, los rigores en la economía nacional y familiar son evidentes y sensibles.

De momento, el gobierno dedica sus escasos recursos al desarrollo del programa alimentario y a sentar las bases para las industrias de farmacia y biotecnológica.

Lo que para algunos expertos nacionales resulta evidente es que una piedra angular de la sobrevivencia cubana son los cambios que se operan lentamente en la isla.

Mientras en el exterior se le exige cambios al gobierno de Castro, pensando en Europa del Este, la respuesta oficial es la negativa a cambios, pensando también en sus antiguos aliados.

Pero lo cierto es que al tratar de sobrevivir en las actuales circunstancias, la economía y la sociedad van registrando modificaciones lentas que no llegan a ser traumáticas, pero que rompen con el esquema socialista ortodoxo.

En el campo económico, por citar algunas, se aplican nuevas concepciones nacidas de la experiencia en la industria militar en cuanto a concepciones de costo, organización del trabajo y otras, que rompen con los moldes tradicionales importados del antiguo bloque socialista.

En cuanto a la inversión de capitales extranjeros, el gobierno ha tenido que desempolvar su decreto 50 y abrir puertas, de forma controlada a capitales privados europeos.

La operación se realizó primero en el turismo, y se ha extendido después a los derivados de la caña de azúcar, la producción metalmecánica, de productos biotecnológicos, hasta finalmente aceptar cualquier campo que pueda ser de interés nacional.

El avance de la industria de la biotecnología, la producción de medicamentos y equipos médicos, rompió con un viejo problema del sueño eterno que dormían las invenciones e innovaciones debido al desinterés y la burocracia.

Quizás la apuesta mayor está en el Programa Alimentario, el reto político mayor que tiene hoy el gobierno de Fidel Castro. Para las autoridades resulta ineludible resolver en el mediano plazo el problema de la alimentación, pero para ello debe crear una agricultura eficiente.

Modificar la agricultura y convertirla en eficiente, resulta una tarea que no pudieron resolver las antiguas democracias populares de Europa del Este y menos aún la Unión Soviética.

Para lograrlo, Cuba debe recurrir a nuevas concepciones y métodos que resultarían innovaciones dentro de la economía socialista.

Por otro lado, en el Programa Alimentario, intervienen numerosos sectores de la industria, la construcción y otros, que se verían afectados por la nueva forma de actuar.

De tal forma que del éxito de este programa, depende el camino ulterior del resto de la economía y la estabilidad del régimen.

Para fines de año, comenzó a disiparse un tanto la incertidumbre y el gobierno logró firmar los acuerdos comerciales con la Unión Soviética para 1991.

La primera interpretación de estos documentos, es que Moscú mantiene, a pesar de las diferencias, la voluntad política de no abandonar a su aliado del Caribe.

Aunque la versión oficial indica que la cantidad de productos conveniados es suficiente para las condiciones de período especial, o sea, menor que en años anteriores, lo cierto es que esto le da a La Habana alguna garantía de operación para el nuevo año, la que dependerá de la estabilidad interna soviética.

Fuentes oficiales cubanas aseguran que el gobierno no ha renunciado a la planificación, pero a diferencia de los planes generales y ambiciosos trazados a comienzos de años anteriores, La Habana inició 1991 con objetivos muy específicos.

Los cubanos terminaron un año muy difícil, y el gobierno sólo les permitió más dificultades para el próximo período y los convocó a apretarse más el cinturón.

Sin embargo, el Parlamento calificó de positivo el informe presentado por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros sobre el Programa Alimentario, el que debe comenzar a dar sus primeros resultados este año.

Si el problema más serio de la sociedad cubana es hoy la alimentación y el gobierno logra obtener cierto margen de mejora en el año y mejores perspectivas para el futuro, parece difícil que puedan ocurrir problemas sociales.

A fines de 1990, la llamada disidencia cubana parecía en franca retirada. Una veintena de pequeños grupos que se hicieron sentir a principios de año en comunicados de prensa y entregados a embajadas o agencias extranjeras, hoy guardan silencio o no existen.

Por último, 1991 traerá consigo el esperado IV Congreso del gobernante Partido Comunista, el que debe también introducir algunos cambios que de inmediato refrescarían el ambiente social.

En conclusión, medios políticos y económicos, vislumbran un año difícil para los cubanos y el gobierno de Castro, pero no advierten ningún factor suficientemente fuerte como para crear desestabilización.

La isla entre las dos grandes superpotencias

Para muchos estudiosos, el punto de menor entendimiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1990, fue las relaciones con Cuba.

La administración Bush decidió apretar el cerco contra la isla en el punto más sensible y buscó, sin disimulos, que el primer socio comercial de Cuba y una de sus principales fuentes crediticias, cortara los vínculos o al menos los disminuyera.

El tema fue objeto de discusión entre expertos, cancilleres y no se descarta que se tocara a nivel cumbre. Sin embargo, Moscú no aceptó cuestionamientos de esa relación ni siquiera como condicionante para recibir ayuda financiera de Washington.

Por el lado norteamericano, las posibilidades de una mejora en las tensiones que existen con la isla desde 1960, se alejaron aún más y tanto Baker, Bush, como Castro, echaron leña a la hoguera del diferendo con mutuas acusaciones.

La misma dirección siguió el embargo comercial decretado contra Cuba hace casi tres décadas, el que estuvo a punto de coronarse con la Enmienda Mack.

El senador republicano Connie Mack volvió a la carga nuevamente con su enmienda a la ley de comercio exterior de Estados Unidos, mediante la cual se prohibiría el trato de subsidiarias norteamericanas en terceros países con Cuba.

Según estudiosos de esas relaciones, de aprobarse la ley, el embargo contra la isla, hubiera regresado a la inflexibilidad que lo caracterizó en el período de 1963 a 1975, y Cuba regresaría al grupo de naciones marginadas por Estados Unidos que forman Libia, Corea del Norte y Camboya.

A partir de 1976, algunas empresas subsidiarias de compañías norteamericanas comenzaron a comerciar con Cuba y la administración Reagan aprobó la circulación en el territorio estadounidense de materiales impresos en Cuba.

Según Mack, esta relación con las subsidiarias permitió a La Habana, negocios por unos 250 millones de dólares inicialmente y por mil 500 millones de 1983 a 1989.

La aprobación por ambas Cámaras del Congreso de la Enmienda hizo pensar en su adopción definitiva, pero una ola de rechazo internacional encabezada por los gobiernos de Canadá y Brasil, dos países con gran cantidad de subsidiarias, determinó el veto final extendido por el presidente Bush.

La URSS es no sólo el primer mercado cubano, sino también en cierta medida un aliado político. Es por ello que quizás lo más sorprendente para La Habana, fue la campaña de prensa desatada contra el gobierno y la figura de Fidel Castro en medios de prensa soviéticos en 1990.

Castro por su parte, ha reconocido públicamente que en la Unión Soviética hay fuerzas que pugnan contra el socialismo, y por lo tanto contra Cuba, pero ha reiterado la voluntad política del gobierno de Mijail Gorbachov de seguir ayudando, en lo posible, a su gobierno.

Sin embargo, medios de prensa internacionales describieron durante el año, la crisis interna que vive el país y que afecta la economía, estremece las bases mismas de la sociedad soviética y crean un vacío de poder en torno al gobierno central.

La industria petrolera no escapó a esta calamidad, y su reflejo directo no sólo cayó sobre Cuba, sino también sobre otros clientes tradicionales del inmenso país euroasiático.

Fuentes de prensa soviéticas señalan que la producción de hidrocarburos sufrió una fuerte baja este año, motivada por problemas de productividad, conflictos sociales y fuertes huelgas que afectaron al sector.

El comercio con la Unión Soviética representa para la isla, el 70 por ciento de todo su intercambio total y el suministrador de los más importantes insumos para operar la economía.

La larga lista de productos que el país adquiere en el mercado soviético comienza por petróleo, cereales, metales, medios de transporte, maquinarias, papel, medicamentos y otras materias primas, sin las cuales la economía cubana quedaría en completa parálisis.

Por su parte, los soviéticos adquieren en el mercado cubano el 30 por ciento del azúcar que consumen (poco más del 70 por ciento de sus importaciones del producto), el cual han pagado desde la década de los 70 a precios preferenciales en rublos.

Estos precios, indizados con los del petróleo soviético en una relación denominada rodante, fueron más baratos que el costo de producción que la vieja e ineficiente industria azucarera soviética ha podido lograr.

Expertos azucareros señalan que ni el país tiene en la actualidad suficientes recursos para adquirir en otro mercado los casi cuatro millones de toneladas que compra en Cuba y pagar en divisas convertibles, ni existe otro suministrador en la actualidad que pueda ocupar el lugar de Cuba.

Los dos exportadores que tradicionalmente han entregado mayores cantidades de azúcar a la URSS después de Cuba, Australia y Brasil, no están en condiciones de aumentar su cuota de exportación a ese país, señalan los analistas del mercado.

Finalmente, el 29 de diciembre ambas partes firmaron los convenios para 1991, cuestión que se negociaba desde mayo, cuando se creó una comisión especial en La Habana.

Según el reporte oficial, que no menciona cifras, volúmenes ni precios, las cantidades de petróleo, cereales y otros productos que Cuba adquirirá este año, son suficientes para las condiciones del período especial para tiempo de paz, lo que se interpretó como una baja sensible frente a otros años.

También advierte que además de azúcar, cítricos, níquel, y otros productos, los medicamentos y equipos médicos ocuparán un lugar importante en las ventas cubanas.

El haber alcanzado el acuerdo en medio de la actual crisis soviética e internacional agravada por los sucesos del Golfo Arábigo Pérsico, representa según los analistas una buena carta de triunfo para los cubanos.

La Habana, según trascendió no estaba dispuesta a entregar el azúcar a precios de referencia del mercado mundial, sino que como suministrador importante y permanente, exigió precios preferenciales, atendiendo a otras modalidades del mercado azucarero.

Tampoco pareció dispuesta a asumir las actuales cotizaciones de crisis en el mercado petrolero, las que han recorrido la escala de 30 a 40 dólares el barril, precios impagables para la economía cubana.

Falta ahora saber si los soviéticos podrán materializar su buena voluntad política y cumplir sus compromisos adquiridos con La Habana, cuyos retrasos y problemas causaron gran perturbación a la economía durante 1990.

El recuento de un año accidentado

El primer problema para analizar la economía de 1990 es la ausencia de cifras y reportes oficiales. Al empezar el año 1991, los organismos especializados cubanos no han logrado precisar los resultados globales del comportamiento de la economía y el Estado recurrió a una prolongación del presupuesto del año anterior para poder operar.

Zoila Benítez, vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), explicó a IPS que estos puntos no formarían parte del segundo período de sesiones ordinario del año, celebrado a fines de diciembre.

«No es un secreto para nadie las condiciones que atravesamos, no sólo nosotros, muchos países. Aún hoy tenemos imprecisiones por lo cual no hemos incorporado el punto en la agenda para el próximo período ordinario de sesiones», señaló, en vísperas de la reunión.

La funcionaria explicó que se prorrogaría el presupuesto del 90 para el 91, así como los lineamientos del Plan Económico Social, pero aclaró, «no renunciamos a la planificación, no renunciamos al desarrollo».

Además de los factores externos mencionados anteriormente, en 1990 gravitó sobre la isla con particular fuerza la crisis económica internacional, a la cual no escapa ningún país del Tercer Mundo.

El cierre de muchos mercados de Europa Oriental desde 1989, obligó a la isla a buscar nuevos suministradores en el mercado capitalista, y aunque resulta imposible de calcular, la isla se vio afectada más que nunca por el deterioro de los términos de intercambio.

Durante el año, las finanzas cubanas se vieron presionadas por la deuda externa de más de seis mil millones de dólares, y en todo el período no se reportó negociación alguna con los acreedores del Club de París para llegar a arreglos.

Esta es quizás la razón más fuerte por la cual la isla carece de dinero fresco para enfrentar situaciones inesperadas y su capacidad de compra se encuentra considerablemente reducida.

En estas condiciones, el país se vio obligado a comprar cantidades no programadas de cereales en el mercado occidental, ante un déficit creado por los suministros soviéticos.

El 23 de enero, el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, publicó una información a la población en la que explicó que durante 20 años, a fines de año, se recibían embarques anticipados de cereales a cargo del año entrante, con los cuales el gobierno operaba los primeros meses.

La importación de cereales -de los cuales Cuba sólo produce arroz-, está destinada tanto a la alimentación humana, como animal.

Cuba emplea cerca de dos millones de toneladas de cereales anuales en la producción de piensos animales, 400 mil de las cuales están destinadas al ganado porcino, según fuentes oficiales.

No obstante las compras realizadas «con carácter excepcional y de emergencia», el gobierno tuvo que dictar medidas para la reducción del consumo, entre ellas el alza del precio del pan (en un 30 por ciento) y del huevo (en un 50 por ciento), dos productos básicos de la canasta cubana.

A mediados de año, llegaron al país numerosos embarques de cereales que crearon un «cuello de botella» en los puertos cubanos, según reflejó la prensa local, pero la situación crítica retornó a fines de año.

Según explicó el presidente Castro en las sesiones ordinarias de fin de año del parlamento, durante el último trimestre del año, no entró ningún embarque de cereales al país, lo que creó serios problemas en la alimentación animal.

Esa menor disponibilidad de cereales provocó una caída en la producción porcina por la disminución de los pesos promedio por animal, lo que llevó al gobierno a preservar unos 200 mil ejemplares que se planificaba sacrificar a fines de año.

Otro problema reflejado en la comunicación del Consejo de Ministros fue la relativa a los embarques de cítricos contratados, los que se vieron afectados «al no contar con la totalidad de los barcos que debieron situar en puertos cubanos Polonia, la República Democrática Alemana y principalmente, la Unión Soviética.

Este fue el primer aviso de una serie de atrasos y déficits en los suministros que recibiría la economía cubana durante el año, proveniente de sus otrora estable y seguro mercado.

En el segundo trimestre la situación se repitió con el papel periódico, lo que obligó a las autoridades a reducir la tirada de los diarios y revistas, en primera instancia, y cerrar algunos, más tarde. También se decretó un alza de casi 100 por ciento en los precios.

De los tres diarios de circulación nacional (Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores), sólo el primero quedó como tal, mientras que los otros dos, pasaron a la condición de semanarios.

También se afectó la tirada de libros, folletos y magazines, preservándose la de textos escolares y académicos.

Otras materias primas, productos secundarios e insumos comenzaron a faltar en los primeros meses, aunque su incidencia no fue directa sobre la población, pero sí tuvieron un impacto negativo en las producciones de textiles, calzados e industria ligera, entre otras.

La situación se hizo crítica en agosto, cuando las reservas de combustible del país se agotaron, los esperados embarques de la Unión Soviética no llegaron y el estallido de la crisis del Golfo Arábigo Pérsico, congeló las ventas en el área del Caribe y disparó los precios del barril de crudo.

Al no poder adquirir cantidades suplementarias de combustible, el gobierno explicó, en otra información a la población, que atendiendo a la programación del año anterior, se habían producido atrasos de entregas por unas dos millones de toneladas de petróleo, de un total de alrededor de 13 millones.

La explicación fue acompañada de un drástico plan de austeridad energética, que contempló el cierre de la importante planta procesadora de níquel «Ernesto Che Guevara», y la posposición de la puesta en marcha de una nueva refinería de petróleo, ubicada en la central provincia de Cienfuegos.

El programa también normó reducciones en el consumo de electricidad para los dos sectores, el estatal y residencia (privado), así como cortes de las asignaciones de gasolina y otros combustibles para el transporte.

La crisis energética abrió paso a fines de agosto a la promulgación del período especial para tiempo de paz, riguroso programa previsto por el gobierno para sobrevivir aún en las condiciones más difíciles, según su propio enunciado.

El programa prevé además, que los escasos recursos del gobierno, sean destinados a la producción alimentaria, otras labores relacionadas con ésta, las actividades del turismo y las producciones farmacéuticas y biotecnológicas.

El gobierno priorizó la producción alimentaria, destinada a suplir el corte de las amplias importaciones de estos productos que realizaba de Europa del Este y tratar de satisfacer amplias necesidades de la población.

En cuanto al turismo y las industrias de la producción de medicamentos y productos biotecnológicos, el gobierno confía que estos puedan aportar de forma rápida, sumas considerables de divisas convertibles que tanto precisa el país.

El desarrollo del turismo, comenzado de forma intensiva hace tres años, prevé que para mitad del actual quinquenio, esta actividad pueda aportar al país, unos 600 millones de dólares anuales.

La comercialización de la vacuna cubana contra la meningococcis abrió nuevas perspectivas al país, que desarrolla una amplia gama de productos farmacéuticos y biotecnológicos, de gran valor agregado.

Según fuentes del sector, en breve se comenzará la producción comercial de la vacuna contra la Hepatitis B, mientras se trabaja con Brasil en la obtención de otro elemento inmunizante contra el Dengue, enfermedad que en estos momentos prevalece como epidemia en algunos estados de ese país sudamericano.

Por lo pronto, los cubanos han conseguido un contrato millonario con la URSS de estos productos para 1991, lo que debe favorecer a la reducción del desbalance comercial tradicional con ese país.

La ya citada contracción de las importaciones alimentarias se hizo sentir en el consumo de la población, a pesar de la política estatal que pretende preservar estos niveles en lo posible dentro del período especial.

El mercado paralelo, una de las tres formas vigentes en el país, que vendía productos en forma liberada a mayor precio, desapareció, y la inmensa mayoría de los productos se normaron por las cartillas de racionamiento.

De hecho, la segunda forma de mercado, el liberado, que vendía una pequeña relación de productos a precios subsidiados y de forma liberada, como el huevo y el pescado, se contrajo tanto, que virtualmente desapareció.

Toda esta situación afectó sensiblemente a principales sectores de la economía cubana (industria, agropecuario, transporte, construcción y comercio), que ya en los primeros meses no lograron sobrepasar la producción mercantil de igual período de 1989, según cifras oficiales.

La industria, responsable de casi el 50 por ciento del Producto Social Global de Cuba, no pudo alcanzar hasta junio, los índices del año anterior, mientras que la falta de combustibles, materias primas y piezas de repuesto provocó la paralización de algunas fábricas y la disminución en la producción de otras.

El resentimiento general del sector se hace menos visible por los resultados de la última zafra azucarera, que rompiendo las previsiones, sobrepasó los ocho millones de toneladas de azúcar.

Aunque no existen cifras, se espera que el sector agropecuario haya tenido un mejor desenvolvimiento este año, motivado por mejores condiciones climáticas, mayores cantidades de agua embalsada y el trabajo sistemático que el gobierno desempeñó sobre él.

El transporte registró un giro hacia un mayor uso del ferrocarril en lugar del automotor, que se vio seriamente afectado por la falta de recambios y combustible.

Aunque el transporte urbano de la capital no ha registrado una baja sensible, está condicionado a las disponibilidades de combustible del país, pues según fuentes oficiales su consumo es similar al de las labores de la zafra azucarera.

Hasta el presente, las afectaciones se deben a falta de piezas de repuesto y componentes, problemas organizativos y de disciplina laboral.

La construcción se vio afectada por la disponibilidad de cemento y otros productos básicos, determinándose la paralización de algunas obras, la posposición de otras y la priorización de aquellas relacionadas con los Juegos Panamericanos, el turismo y producciones importantes.

Sobre el comercio no se disponen de datos oficiales, pero no es difícil suponer la contracción que sufrió a partir de su disminución con Europa del Este, responsable de alrededor del 15 por ciento del intercambio general.

La desaparición de Alemania Democrática, segundo socio comercial de la isla, y la disminución del nivel de intercambio con Bulgaria, sitúa ahora a China como el principal socio comercial, después de la URSS.

Según algunas fuentes especializadas, debe registrarse un aumento del intercambio con América Latina y el resto del Tercer Mundo, como respuesta a una ofensiva oficial desplegada en esas direcciones.

Para los expertos, el gobierno de La Habana debe enfrentar un resultado negativo de la economía en 1990, lo que marcará segundo retroceso en casi 30 años de gestión.

En 1987, el Producto Social Global decreció menos 3,8 por ciento, lo que cortó casi dos décadas de crecimiento sostenido.

Las perspectivas para 1991 no son nada halagüeñas. La isla debe obtener los primeros resultados directos del Programa Alimentario y mayores ingresos a partir de la biotecnología, la farmacia, los equipos médicos y el turismo.

El gobierno ha convocado a la población a resistir peores condiciones y afrontar los nuevos tiempos con más trabajo y cinturón apretado.

El acuerdo comercial con la URSS, se extiende como un seguro de vida, si existe una respuesta contundente desde el interior del país, que asegure la subsistencia y un muy modesto desarrollo.

Programa alimentario, la mayor apuesta política

Si de algo depende el proyecto socialista cubano en la actualidad, es del éxito del Programa Alimentario, trazado por el gobierno en 1988 y priorizado en las actuales condiciones de período especial.

Desde el ángulo del consumo, la mayor penuria que afecta en la actualidad a la población cubana es la alimentación, agravada por la caída de las importaciones que realizaba el país desde sus antiguos aliados en Europa del Este.

Mejorar el abastecimiento de alimentos significa en primer término garantizar las posibilidades de resistencia de un país virtualmente aislado, al tiempo que se abren nuevas posibilidades de exportación.

Por otro lado, para los analistas políticos, el éxito del Programa Alimentario podría significar la prueba teórica y política de que el Socialismo, como sistema, es capaz de resolver las necesidades vitales, sin tener que recurrir a la propiedad privada. En otras palabras, que pudiera ser eficiente.

En los 45 años de socialismo europeo, ninguno de los países del antiguo bloque soviético logró garantizar todas las necesidades en este sentido, y obtener una agricultura realmente eficiente.

Quizás el caso de mayor aproximación a esa meta, fue el de Hungría, pero los cubanos le reprochan el costo social de esos avances y su evolución en definitiva a formas de producción no socialistas.

Es por ello, que el Programa Alimentario, además de una meta económica, se constituye en un reto político para el gobierno cubano y su éxito una garantía para su estabilidad política.

Las metas iniciales de este Programa fueron trazadas en 1988 por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, dentro del llamado Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, emprendido en el país desde la máxima instancia en 1985.

Pero tratar de lograr mayores producciones de alimentos para el consumo nacional y la exportación implica crear nuevos métodos y formas de trabajo. De llegarse a este objetivo, buena parte de la economía nacional sería afectada positivamente, pues según la versión oficial «prácticamente todos los organismos de la Administración Central del Estado tienen sus planes objetivos que se vinculan o aseguran el Programa Alimentario».

Además de la producción de viandas, vegetales y animales de carne el Programa incluye las producciones de arroz, cítricos, café y cacao, repoblación forestal, azúcar, y las industrias pesqueras y alimentarias.

Las llamadas producciones industriales de apoyo, que garantizan insumos para la agricultura, involucran las industrias mecánica, básica, piensos, ligera y medicamentos veterinarios.

Quiere decir, que las concepciones con que se lograría la eficiencia en la agricultura, se trasladarían a esas ramas, incluyendo los institutos científicos y de investigación, promotores de nuevas técnicas.

Según el reciente informe presentado por el Consejo de Ministros a la Asamblea Nacional, «está previsto continuar desarrollando el Programa Alimentario, aún en las condiciones difíciles que se puedan presentar por la grave situación económica del mundo, y en especial por la desintegración del campo socialista y las dificultades que atraviesa la URSS».

Para garantizar esto en las condiciones de Período Especial, se toman medidas como la preparación de decenas de miles de animales de tiro, para sustituir los equipos motorizados.

También se labora en el aprovechamiento de las fuentes renovables de energía y en particular en el tratamiento de residuales de las instalaciones agropecuarias, así como se desarrollan laboratorios para la lucha biológica que permitan sustituir pesticidas importados.

En este sentido, se incrementa la producción de humus y materia orgánica para suplir el déficit de fertilizantes, y se trabaja intensamente en la sustitución de alimentos de importación por productos nacionales en la dieta animal.

Se espera oficialmente que los primeros resultados de estos esfuerzos y de las millonarias inversiones realizadas con urgencia, comiencen a aparecer en 1991. De ser logrado, el gobierno lograría un «buen gol político» para su estabilidad y aumentaría la capacidad de resistencia de la población para un futuro.

Todas las fuerzas del país están concentradas en el empeño, y la Asamblea Nacional del Poder Popular, dedicó dos de sus tres días de sesiones de fin de año a analizar el Programa, cuyo desarrollo fue calificado de positivo.

No obstante, los cubanos deben vencer muchos obstáculos antes de alcanzar esas metas.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.