1991: El año de la supervivencia

Resumen económico anual

Todas las alternativas a la cartilla de racionamiento, fueron cerradas en los últimos 18 meses, complicando sobremanera la difícil tarea de las amas de casas de garantizar las dos comidas diarias a que están acostumbrados los cubanos.

Foto: Archivo IPS Cuba

La economía cubana acaba de protagonizar un acto de buen realismo mágico muy propio del Caribe, sobrevivir 1991.

La crisis económica fue profundizando en la misma medida en que avanzó el año, afectando a todos los sectores que intervienen en esa gestión y alcanzando a toda la vida nacional.

Nada escapó al impacto negativo de las restricciones, y los cubanos sintieron varias veces la sensación de haber llegado al límite.

Los dos ejes principales que complicaron la situación, fueron los déficits de petróleo y de alimentos, resintiendo el primero a la macroeconomía y el segundo, a la economía hogareña.

El gobierno tuvo en 1990 un ensayo general impuesto de cómo trabajar sólo con 10 millones de toneladas de combustible, y las restricciones dictadas en agosto de ese año sobre el consumo energético, parecían ser el tope de la caída, al contratarse igual cantidad para 1991.

Pero la puntualidad del petróleo, único suministro que llegó en forma regular de la hoy desaparecida Unión Soviética se rompió en septiembre para crear un déficit acumulativo de cerca de dos millones de toneladas.

No obstante, el petróleo fue el monto principal de los mil 673 millones de dólares en mercancías que llegaron a puerto cubano hasta el 28 de diciembre. Otros dos mil 100 millones de dólares, no llegaron nunca.

Por las limitaciones de combustible, el gobierno volvió a dictar nuevas medidas restrictivas a fin de año, que afectan a los siete sectores de la economía, ya contraídos drásticamente.

Buena parte de la industria del país está paralizada, la zafra azucarera tiene ya más de dos meses de retraso. La construcción, el otrora sector más dinámico de la economía cubana, se ha reducido al mínimo.

El sector agropecuario, llamado a dar la respuesta al déficit alimentario, sigue por debajo de las expectativas, mientras que el comercio exterior se contrajo sustancialmente, sobre todo con la Unión Soviética y los países del Este de Europa.

La silvicultura fue quizás el único sector que logró mantener un ritmo decoroso, pero su monto a nivel global en la economía nacional, sigue siendo marginal.

Pero esta situación no depende solamente del petróleo, aunque éste sea “el Talón de Aquiles”, como ha reconocido el propio gobierno.

La isla está pagando un alto costo por una deformación en su economía desde que nació como República: la tremenda dependencia del comercio exterior.

A pesar de que los mercados del ex bloque socialista parecían seguros y eternos, los cubanos entienden en la actualidad, que su planta industrial y toda su actividad productiva, no debió levantarse con una dependencia tan grande del mercado externo. Esta economía abierta, como la definen los técnicos, presupone la importación de tecnología, materias primas e insumos, de tal forma que la ausencia de cualquiera de esos elementos, la paraliza.

Otra deformación que está costando un alto precio, es la dependencia de un sólo mercado. Aunque Cuba mantiene relaciones con más de un centenar de países, casi el 80 por ciento de su intercambio, se realizaba con la Unión Soviética. Antes de 1959, el 70 por ciento era con Estados Unidos.

La desaparición de la Unión Soviética deja un vacío que no resulta fácil de llenar, ni aún con la laboriosa negociación con las actuales repúblicas en que se fragmentó.

Consecuencia de esa misma situación, es la reconversión industrial con que se enfrenta la isla en estos momentos, la segunda en 30 años.

Después del ascenso de Fidel Castro al poder y de la enemistad con Estados Unidos, Cuba tuvo que asumir la transformación de su planta industrial de tecnología norteamericana, paralizada por los efectos del embargo comercial.

Tres décadas después, y con una industria mucho mayor, la isla enfrenta nuevamente el problema, pues la mayoría de sus industrias provienen de la Unión Soviética del antiguo campo socialista.

En el ámbito de las finanzas, no se publican cifras oficiales desde 1989. No obstante, fuentes gubernamentales confirmaron que al cierre de 1990, la deuda externa cubana en moneda convertible era de siete mil millones de dólares.

Los especialistas consideran que tal monto debió acrecentarse en 1991 como consecuencia de la capitalización de intereses y principal no amortizado por la falta de liquidez del país.

La desaparición de la Unión Soviética también significa para Cuba la pérdida de su principal fuente crediticia, aunque no en moneda dura, pero sí en recursos necesarios para el desarrollo.

Toda esta situación provocó una reducción drástica del gasto, disminuido a niveles mínimos en comparación con años anteriores, y lógicamente con sus efectos negativos sobre el nivel de consumo y de servicios sociales a la población.

La cartilla de racionamiento, popularmente conocida por “la libreta”, garantiza una canasta básica mínima a precios subsidiados, creando un clima de igualdad social ante el consumo.

Tal medida, que protege a los sectores más vulnerables de la población (ancianos, niños y mujeres embarazadas), es a la vez, uno de los elementos políticos que permite al gobierno seguir contando con una base social amplia, pese a las dificultades.

Sin embargo, la garantía de esos mismos productos se ha convertido en un dolor de cabeza más para el ejecutivo que debe realizar verdaderos actos de magia para concretar operaciones, comerciales contingentes sin divisas ni créditos, y en las cuales el azúcar constituye muchas veces, la moneda de compra.

Todas las alternativas a la cartilla de racionamiento, fueron cerradas en los últimos 18 meses, complicando sobremanera la difícil tarea de las amas de casas de garantizar las dos comidas diarias a que están acostumbrados los cubanos.

La llamada alimentación social (comedores obreros, escolares, infantiles y otros), que durante años, significó una ayuda a la despensa del hogar, se redujo considerablemente o desapareció.

Además de los alimentos, los cubanos enfrentan una escasez acentuada de calzado, ropa, combustible para cocinar, artículos del hogar y otros productos, que convierten a la vida diaria, en algo tremendamente difícil y complicado.

Si a eso le suma la falta de determinadas medicinas, dificultades crecientes en el transporte y las comunicaciones, el cierre de algunos servicios o su limitación como la televisión y el cine, se comprenderá las muchas artistas del costo social y la irritación acumulada.

El gobierno por su parte, asegura que la crisis económica comienza a tocar fondo, pero es parco a la hora de fijar una fecha para el comienzo de la recuperación.

El año que terminó, dejó en criterios de algunos, dos enseñanzas fundamentales: no aparecerá un nuevo “padrino” para la economía cubana y no existe una solución, que como forma mágica, inicie el despegue.

La esperanza de que China u otro país “adoptara” a Cuba en el mismo sentido que lo hizo la Unión Soviética, fue albergada por muchos dentro de la isla, incapaces de reconocer la necesidad de vivir sin tutelaje.

Incluso, cuando esta posibilidad se agotó en la práctica, las esperanzas se cifraron sobre un regreso de la Unión Soviética a la situación anterior, o al menos, a una estabilidad política y económica en el multinacional estado. Pero la Unión Soviética desapareció.

Como esperando un milagro, otros confiaron que los científicos cubanos hicieran un descubrimiento tal, que de la noche a la mañana, el país comenzaría a recibir cuantiosos recursos por ese concepto.

El ejecutivo por su parte, mantuvo sus prioridades de desarrollo acelerado de ciertas ramas, las que deben a mediano plazo, ir aportando los recursos para revitalizar el resto de los sectores.

El turismo, la biotecnología, la genética y las industrias electrónica y farmacéutica, siguen siendo los caballos de batalla del gobierno de La Habana, mientras que el Programa Alimentario, constituye la principal atención interna.

Si la crisis cubana tiene solución, la vía parece estar por la suma de pequeñas soluciones y no por un acontecimiento único.

Los cubanos comienzan ya a encontrar pequeñas soluciones para sus problemas, a aprender que el caudal científico-técnico acumulado, debe aportar fórmulas viables en esta realidad, y en definitiva a corregir deformaciones y cerrar poco a poco su economía. Pero esa carrera es larga y la crisis no deja un amplio margen de tiempo.

Tales pasos parecen ser la base del realismo mágico que permitió a la isla sobrevivir en 1991, pese a que las cifras frías hubieran sugerido una muerte repentina.

Mucho tuvo que ver la capacidad de maniobra del gobierno y la administración de los pocos recursos.

El Cuarto Congreso del gobernante Partido Comunista, celebrado en octubre, abrió nuevas posibilidades de maniobra y encaró con un mayor realismo los problemas.

Varios de los acuerdos adoptados, deben tener una incidencia favorable sobre la economía a corto y mediano plazos.

La entrega de poderes especiales al Comité Central para operar ante cada nueva situación creada, le concede en definitiva al gobierno, una capacidad de maniobra imprescindible en las actuales circunstancias y hace flexible mecanismos que hasta ahora, fueron lentos y burocráticos.

El aval entregado por la reunión a la política de asociaciones económicas con el capital extranjero, facilita y estimula esta actividad, que hasta ahora se había concentrado principalmente en el turismo, pero que comienza a extenderse a ramas productivas.

El Congreso también aprobó cierta autonomía para las grandes plantas industriales, consistente en libertad para operar con el 70 por ciento de su presupuesto en divisas convertibles.

Es decir, estas fábricas deben comprar su materia prima, insumos, maquinarias, repuestos y comercializar su producción, entregando un 30 por ciento al estado.

Por último, los comunistas cubanos también aprobaron el trabajo por cuenta propia, fundamentalmente en el sector de los servicios. Tal posibilidad, aún no instrumentada, debe ser un alivio para los problemas del mercado interno, a la vez que una fuente de trabajo para muchas personas que recesan sus actividades laborales por la paralización de las industrias.

La crisis energética

Las primeras medidas de represalia aplicadas por Estados Unidos contra Cuba en los inicios de la década de los 60, fueron la supresión de la compra de azúcar y de las ventas de petróleo.

Según las estrategias del Departamento de Estado en esa época, ambas decisiones eran suficientes para hacer saltar al gobierno cubano del sillón del poder.

Moscú salió entonces a la escena política, comprando el azúcar y suministrando a la isla el petróleo necesario. Tres décadas después, la situación resulta muy parecida, pero en un mundo unipolar.

Durante ese tiempo, Cuba fue adquiriendo cada vez mayores cantidades de combustibles en la URSS bajo la fórmula de precios rodantes, es decir, el azúcar que vendía, subía de precio en la misma medida que las cotizaciones del petróleo soviético aumentaban.

Sobre esa base, el país montó una red de termoeléctricas que llegó a satisfacer más del 95 por ciento del territorio nacional, incluyendo montañas y lugares intrincados y un parque automotor de consumo alto.

Aún más, las re exportaciones de petróleo adquirido en la URSS, llegaron a significar a mediados de la década de los 80 la principal entrada de divisas de la Isla, con un monto hasta de 600 millones de dólares anuales.

Los estudios y las decisiones sobre el uso de la energía nuclear, no comenzaron hasta la segunda mitad de los 80 y sin premura, a la vez que las fuentes alternativas de generación energética, no pasaban de investigaciones de Institutos Científicos.

En esta coyuntura comenzó el desajuste en la entrega de combustible en 1990, cuando de las 13,3 millones de toneladas contratadas, sólo llegaron al país 10 millones.

Este déficit provocó que el gobierno decretara en agosto de ese año, el programa de ajuste económico denominado Período Especial para Tiempo de Paz.

El contenido de las medidas restrictivas está centrado en la austeridad energética, aunque después se fue ampliando a otros productos como el papel.

La situación energética se mantuvo estable hasta septiembre de 1991, cuando los suministros petroleros de la URSS, llegados a Cuba en una operación triangular con exportadores de América Latina, comenzaron a perder regularidad.

De 10 millones de toneladas contratadas para el año, el país recibió alrededor de ocho millones, y hasta diciembre el déficit acumulativo llegó a casi dos millones de toneladas.

Esta situación provocó que el gobierno dictara en diciembre, nuevas medidas endureciendo las restricciones y advirtiendo que la inseguridad sobre los suministros para los próximos meses, podría obligar a más recortes.

Además de las fuertes limitaciones al consumo eléctrico y al combustible automotor, el ejecutivo decidió posponer el inicio de la zafra azucarera, principal actividad económica del país, hasta contar con suficientes hidrocarburos. Al cierre de diciembre, no se había anunciado nada oficialmente sobre el inicio de la producción azucarera.

Para tratar de evitar cortes en el suministro eléctrico, principal actividad consumidora de combustible en el país, el gobierno decretó una cuota de consumo diario por provincias.

Ciudad de La Habana, la provincia más habitada del país y la de mayor presencia industrial, sólo podrá disponer de seis mil 284 Megawatt-hora. La Habana dos mil 363; Pinar del Río mil 042; Matanzas mil 579; Villa Clara mil 301; Cienfuegos 903; Sancti Spíritus 719; Ciego de Ávila 720; Camagüey mil 244; Las Tunas 725; Holguín 867; Granma 850; Santiago de Cuba mil 460; Guantánamo 519 e Isla de la Juventud 168.

Esta relación indica que el país podrá consumir ateniéndose a las normas 20 mil 744 megawatt-hora diarios.

Para tener una idea de las restricciones que significa tal cifra, se puede calcular a partir de que en el país se produjeron 15 mil 236 Gigawatt-hora en 1989, último año en condiciones regulares de la economía.

Esa cantidad da un promedio diario de 41 mil 700 Megawatt-hora diarios (un Gigawatt es igual a mil Megawatt), lo que quiere decir que el tope impuesto para 1992 es poco menos del 50 por ciento de la electricidad que se consumió en 1989.

El gobierno no se ha limitado a aplicar recortes y paralizar industrias, sino que también busca todas las soluciones alternativas al problema, según refleja a diario la prensa nacional y fuentes no oficiales.

Se mantiene la extracción de crudo nacional, de unas 800 mil toneladas anuales y se realizan modificaciones tecnológicas para ampliar su uso, debido a que es muy pesado (mayor contenido de azufre).

La prospección continúa en tierra y se realizaron convenios de riesgo con firmas extranjeras como la francesa TOTAL para la prospección en la plataforma, BRASPETRO, el ente estatal brasileño para el exterior negociaba con las autoridades cubanas un contrato similar.

La capacidad ociosa de las refinerías cubanas, sobre todo la nueva levantada en la central provincia de Cienfuegos, de tecnología soviética, se negocia con firmas de varios países.

Técnicos e innovadores aplican ingenios para el ahorro de combustible en fábricas y vehículos fundamentalmente emulsionadores del petróleo y sus derivados con agua.

El gobierno trabaja aceleradamente en la construcción y puesta en marcha de cerca de 200 microhidroeléctricas que en su conjunto representan una generación pequeña, pero resuelven situaciones de población, instalaciones sociales y pequeñas industrias.

También se aplican, donde es posible, otras fuentes de energía renovable como la eólica (viento), calorífica (solar) y el biogás.

A pesar de varias limitaciones, continúa la construcción de la Central Electronuclear de Juraguá, Cienfuegos, que a mediano plazo puede constituir un importante alivio en esta situación.

Entre fines de mayo y junio, medios de prensa internacionales levantaron una campaña contra la seguridad de esta planta, a partir de las declaraciones de dos ingenieros que laboraron en ella y se refugiaron en Estados Unidos, aprovechando una salida al exterior.

Según se conoció los cubanos mostraron sus avales de los organismos internacionales y solicitaron una inspección de la agencia especializada de Naciones Unidas, con lo que al parecer concluyó el problema.

Analistas dijeron entonces que la polémica tuvo un carácter político, tratando de detener el programa nuclear cubano, que contemplaba tres plantas, y mantener al gobierno en una extrema dependencia energética.

El presidente Fidel Castro anunció a fines de año que el país laboraría en 1992 con un tercio de su consumo normal de combustible, o sea, unos cuatro millones de toneladas.

Sin embargo, fuentes oficiales anunciaron algunos contratos petroleros con repúblicas de la ex Unión Soviética, como Kasajastán, mientras que el gobierno hace contacto con otros suministradores entre los que no se descartan México, Venezuela e Irán.

Una industria semiparalizada

La industria, el sector más importante de la economía cubana, se fue paralizando a medida que avanzó el año, tanto por la crisis energética como por la falta de materias primas, insumos, y piezas de repuesto.

En 1989, último año en este sector se comportó de manera regular, la industria cubana alcanzó una producción bruta de 12 mil 326 millones de pesos, lo que significó un crecimiento de 0,2 por ciento frente a igual período anterior.

El gobierno no ha emitido información alguna hasta dónde alcanza la paralización total o parcial de sus fábricas, pero a nivel de sector se estima que la producción bruta cayó considerablemente.

Este cálculo está basado precisamente en las ramas que en 1989 alcanzaron mayor crecimiento y aporte, y que en 1991 fueron las más afectadas.

En primer lugar, la industria eléctrica, cuya generación se ha visto seriamente constreñida por la menor disponibilidad de combustible y que en 1992 sólo producirá alrededor del 50 por ciento de lo que hizo en 1989.

En iguales condiciones están las industrias del combustible, químicas, mineras y metalúrgicas ferrosas. También están afectadas las industrias del cuero, confecciones, gráfica, textil y otras.

Quizás el soporte que amortiguó la gran caída del sector en el año que concluyó sea la industria azucarera, la que representa cerca de un 30 por ciento de su producción global.

La pasada zafra, que se prolongó hasta fines de junio, concluyó con una producción de siete millones 623 mil toneladas, una cifra aproximada a los cálculos de casas especializadas internacionales.

El gobierno realizó un esfuerzo final para tratar de romper la barrera de los ocho millones de toneladas, pero las abundantes lluvias extemporáneas cortaron el intento.

A fines de diciembre de 1991 el gobierno no había anunciado oficialmente el inicio de la campaña azucarera, pero fuentes no oficiales indicaron que algunas de las 156 fábricas ya habían comenzado sus actividades.

La Casa especializada Czarnikov, de Londres, dijo a mediados de diciembre que Cuba estaba realizando compra de azúcar a futuros, supuestamente para cubrir compromisos de ventas contraídos.

Para 1992 no se conocen pronósticos sobre la producción azucarera cubana, aunque ya hay que descontar algo más de un millón por la postergación de la arrancada.

Es decir, iniciando las actividades de forma masiva en enero, la isla aún estaría en condiciones de alcanzar entre seis y siete millones de toneladas, en el supuesto de que todo esté garantizado, incluyendo el petróleo.

Otra rama de gran incidencia en el sector y en el consumo de la población, es la industria alimentaria, cuya labor se ha visto seriamente afectada por las menores disponibilidades de hojalata para las latas de conserva.

Este problema constituye un nudo serio en la solución del déficit alimentario, pues numerosos economistas señalan la necesidad urgente de incrementar las posibilidades de conservación de frutos agrícolas, cuya cosecha sólo es posible en los meses de invierno, como la mayoría de las hortalizas.

Esta industria también encuentra problemas con la disponibilidad de envases de vidrio, cuyo reciclaje del mercado a la industria continúa siendo muy lento y problemático.

Transporte

El transporte marítimo de mercancías parece ser la única rama de este sector que mantuvo un alto nivel productivo, quizás por encima de los años anteriores.

La mayor actividad fue motivada por los acuerdos comerciales con la Unión Soviética y las dificultades de la transportación presentadas por las compañías navieras de ese país, de tal manera que el intercambio fue asumido en buena medida por barcos cubanos.

Según fuentes oficiales, la flota cubana transportó en el año más de un millón de toneladas en mercancías sólo desde ese país, con un considerable gasto en divisas.

En 1989 esta rama registró una producción bruta de 343 millones de pesos.

El transporte automotor sufrió serias reducciones por la carencia de combustible, neumáticos, lubricantes, repuestos y otros accesorios.

Durante el año el transporte por ferrocarril se contrajo en un 38,4 por ciento, cifra significativa si se tiene en cuenta que constituye el medio más importante en el traslado de pasajeros y carga a nivel nacional.

Los ómnibus interprovinciales, que ya en 1990 habían reducido considerablemente su servicio, lo volvieron a disminuir en un 40,5 por ciento, mientras que los urbanos de Ciudad de La Habana realizaron un primer corte de 26 mil viajes diarios a 18 mil.

La empresa de ómnibus urbanos de la capital anunció nuevas reducciones del servicio para fines de año y su reorganización a partir del 12 de enero de 1992, la cual contempla una sensible eliminación de rutas.

En cuanto a la rama aérea, la línea Cubana de Aviación incrementó los vuelos internacionales por lo que significan en captación de divisas y el tráfico de turistas al país, pero internamente comenzaron reducciones de los itinerarios.

Muchos vuelos interprovinciales quedaron en días alternos y otros fueron reducidos en frecuencia diaria, mientras que la línea Aerocaribbean se mantuvo con vuelos charters de transportación de turista

Construcción

A partir de instaurado el proceso de Rectificación en 1985, el sector de la construcción se convirtió en el más dinámico de la economía cubana, con un crecimiento promedio anual entre cinco y seis por ciento.

Sin embargo, las restricciones de combustible comenzaron primero por afectar esta actividad y luego a la industria de materiales, dejando al sector prácticamente sin materias primas.

Muchas de las obras comenzadas fueron paralizadas, concentrando los escasos recursos en edificaciones destinadas al turismo, la biotecnología u otras ramas de punto que puedan captar divisas para el país.

El gobierno se debate en la parálisis de la construcción de viviendas, asunto sumamente sensible a nivel social, mientras trata de continuar con algunas obras del sector de la salud.

La terminación y remodelación de las obras deportivas para los Juegos Panamericanos dio cierto impulso al sector, aunque la estructura de la mayoría de las instalaciones había sido levantada en 1990.

El sector agropecuario

Si de algún sector depende la estabilidad política en la isla y que la crisis sea soportada por la población con menor costo social, ese es el agropecuario.

El gobierno está consciente de esas realidades y hace alrededor de tres años emprendió un Programa Alimentario encaminado a satisfacer las necesidades de la población.

Motivados por una propaganda oficial triunfalista, los cubanos se crearon fuertes expectativas en torno a los resultados del plan, las que quedaron insatisfechas en buena medida.

Al no lograr la respuesta esperada, el plan fue calificado por algunos de fracaso y llegaron a vaticinar incluso que el gobierno había gastado “su último cartucho político”.

Lo cierto es que el propio presidente Fidel Castro ha dedicado numerosas horas de trabajo a seguir las incidencias del programa, fundamentalmente en la provincia de La Habana, que debe dar respuesta a los requerimientos de un tercio de la población del país.

Independientemente que subsistan problemas de organización, mala gestión y otras deficiencias dentro del programa, éste se vio limitado por varias cuestiones.

En primer lugar, la falta de combustible paralizó varios miles de tractores que intervienen en la parte agrícola, los que han sido conservados y almacenados en espera de tiempos mejores. De cerca de 90,000 de estas máquinas existentes en el país, se calcula que alrededor de 25 mil fueron paralizadas ya.

También han sido limitadas la transportación y la disponibilidad de fertilizantes, herbicidas y pesticidas, concentrándolos en los cultivos más importantes.

Las soluciones aplicadas requieren tiempo. Unas 400 yuntas de bueyes fueron domesticadas durante el año, mientras que técnicos y racionalizadores adaptan las maquinarias al tiro animal, con una productividad mucho más baja.

El control biológico sobre las plagas adquiere gran importancia en el país, pero no garantiza el 100 por ciento de la demanda, y muchos agricultores comienzan ahora a aprender las nuevas técnicas.

El régimen de lluvia no resultó favorable, como tampoco lo fue la organización para enfrentar el llamado “bache” entre los ciclos de frío (septiembre-abril) y calor (abril-septiembre).

Economistas del gobierno afirman que muchas de las inversiones hechas en el sector recién comienzan a madurar y rendir sus primeros frutos, mientras que las importaciones de alimentos de la Unión Soviética tuvieron un déficit del 50 por ciento de lo contratado.

El gobierno asegura contar con suficientes recursos técnicos para renovar la agricultura y reeditar la “Revolución Verde” que se produjo en los años 70 y 80 en muchos países asiáticos, pero la introducción masiva de tales técnicas requiere tiempo.

La aplicación del drenaje parcelario en la caña de azúcar y el sistema ingeniero en el arroz, dos de las nueve técnicas, se han visto afectadas por la carencia de combustible.

Después de varios años de investigaciones, la ganadería cubana parece haber encontrado su fórmula nacional de desarrollo sobre la base del pastoreo Voisin.

La aplicación del método del científico francés en cuartones de pasto delimitados por cercas electrificadas, ha sido mejorada con la existencia de bancos de leguminosas y alimentos sobre la base de la caña de azúcar.

La actual campaña de frío debe reportar resultados muy superiores a los de 1990 como consecuencia de las mayores disponibilidades de agua embalsada y la maduración de inversiones y técnicas aplicadas en el sector.

También se desarrolla un gran esfuerzo en torno a los huertos de autoconsumo, que comenzaron a aplicarse por parte de empresas estatales y se extendieron a la población, la que ha parcelado miles de hectáreas improductivas.

El comercio

Con 1991 terminó para Cuba el pago de precios preferenciales por el azúcar, níquel y cítricos de su principal cliente, la Unión Soviética.

Ya desde mediados de año, los soviéticos comenzaron a hablar de un proceso de “desideologización” de las relaciones comerciales, que en lenguaje directo significaba la supresión de toda preferencia a los precios de los productos cubanos.

Aunque no existen cifras oficiales al respecto, no es difícil hacerse una idea del cuadro comercial cubano en 1991. Más del 85 por ciento del intercambio comercial de la isla se realizaba, hasta 1989 con los llamados países socialistas. Alemania Democrática, segundo socio comercial de la isla desapareció en 1990 y el comercio con Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria se redujo a niveles ínfimos. Sólo Rumanía mantenía un nivel considerable de intercambio.

Con la Unión Soviética, la caída del comercio ha sido drástica. De unos nueve mil millones de rublos contratados en 1989, poco más de cinco mil millones de importaciones cubanas. En 1991 las contrataciones cubanas en la URSS se redujeron a tres mil 763 millones de dólares de los cuales sólo mil 673 millones de dólares llegaron a puerto de la isla.

Durante el año, el gobierno comenzó un proceso de reorientación de su comercio exterior que en 1992 deberá continuar. Según algunos cálculos, el comercio con Europa Occidental y América Latina mantuvo los niveles tradicionales, pero se abrieron nuevos horizontes.

Una reactivación del comercio con la República Islámica de Irán, el establecimiento de relaciones con Colombia y Chile, entre otros, abren nuevas posibilidades.

Por otro lado, la aplicación de modalidades no tradicionales de comercio, como el intercambio compensado o contracomercio, comienza a ganar espacio, en un mundo donde no cuentan con moneda dura para financiar la actividad.

De igual forma resultan útiles las modalidades de asociación económica con firmas extranjeras, dentro y fuera del país, las que aportan además de capital y tecnología, mercado.

A fines de año, el Ministro de Comercio de la Isla, Ricardo Cabrisas, desarrolló una intensa actividad en las repúblicas que integraban la Unión Soviética, muchas de las cuales están ahora en la Comunidad de Estados Independientes.

Al cierre del año, Ucrania, Kasajastán y la ciudad de Leningrado, entre otras, habían suscrito convenios con el gobierno de La Habana, mientras el gobierno ruso de Boris Yeltsin manifestó el 4 de enero su voluntad política al respecto.

Sin embargo, todos estos acuerdos se realizarán sobre la base de las referencias de los precios del mercado mundial, con lo cual la Isla pierde más de mil millones de dólares anuales.

Observadores económicos en La Habana señalan que Cuba debe encontrar en un futuro próximo mercados más cercanos que ahorren los largos trayectos hacia esas repúblicas, si en definitiva sus productos recibirán iguales cotizaciones.

El mercado interno cubano sufrió serias contracciones en 1991 y la oferta en general se redujo al mínimo. La venta controlada de todos los productos y los déficits en los suministros, hicieron de esta rama una actividad con resultados muy pobres en 1991.

Turismo

Ante la contracción violenta de la mayoría de las ramas de la economía cubana, el turismo emergió en 1991 como la segunda actividad económica del país y la más prometedora en un futuro inmediato.

Quizás por esta misma razón, el gobierno concentró sus escasos recursos constructivos en mantener el plan de ampliación de capacidades, a la vez que siguió aplicando medidas para el mejoramiento de los servicios.

Se calcula que unas cinco mil nuevas capacidades fueron puestas en funcionamiento este año, entre ellas el importante hotel Meliá-Varadero, de cinco estrellas, inaugurado por el presidente Castro a fines del período.

Los Juegos Deportivos Panamericanos, celebrados en agosto, representaron un atractivo adicional para los visitantes y se calcula que en siete mil turistas asistieron a las competencias.

La celebración del evento resultó importante pues levantó la presencia de veraneantes en la llamada temporada baja, con lo que se aseguró un nivel de ocupación de los hoteles más alto que en años anteriores.

Cifras oficiales señalan que en 1990 visitaron la isla 340 mil turistas (4,2 por ciento más que en 1989), los que dejaron una recaudación de 250 millones de dólares.

Fuentes del Instituto Nacional de Turismo aseguraron que en el primer trimestre de 1991 la afluencia de veraneantes creció en un 20,4 por ciento y los ingresos en un 39 por ciento.

Se calcula que al terminar el año, más de 400 mil personas hayan visitado el país y que la recaudación sobrepase ampliamente los 300 millones de dólares.

Estas cifras consolidan a la actividad como la segunda en captación de divisas convertibles, después de las ventas de azúcar. De cada dólar recaudado, 38 centavos se reinvierten en el sector y 62 constituyen ganancias.

A fines de año, una compañía del país Vasco firmó con la Corporación Cubanacán la constitución de una empresa mixta para el desarrollo turístico de la Isla de la Juventud, al sur de La Habana.

El programa, de inversiones millonarias, aprovechará zonas vírgenes del Sur y el Suroeste de la Isla, convirtiéndolo en un fuerte polo.

Para 1992, todas las entidades que intervienen en el desarrollo de la actividad se proponen continuar y aumentar el ritmo de desarrollo alcanzado.

El impacto del Congreso

El Cuatro Congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba dejó un primer impacto sobre la economía cubana, cuyas repercusiones deben sentirse a mediano plazo.

El nivel dado a la política de asociaciones económicas, como complemento al proceso inversionista nacional, renovó cierta confianza en el exterior e imprimió un impulso interno a un proceso lento hasta la fecha, lastrado por las dudas, el burocratismo y el recelo.

Hasta la Feria Internacional de La Habana, realizada a principios de noviembre, se habían concretado en el país más de 50 asociaciones con capital extranjero, principalmente empresas mixtas en el turismo.

La reunión de los comunistas aprobó la instauración de cualquier tipo de asociación, siempre y cuando ésta sea factible por su aporte en tecnología, mercado y capital.

Durante la Feria recibieron más de 60 nuevas propuestas, de tal manera que el estado estudiaba unos 200 proyectos de los cuales se concretaron algunos con regiones autónomas de España.

Aún más, los cubanos, que al principio habían renegado de la inversión extranjera en los sectores vitales de la economía, se declaran ahora abiertos a cualquier propuesta factible, incluso en la comercialización de azúcar, prospección de petróleo, y en las esferas de cítricos, níquel y tabaco.

Muchos resultan escépticos ante las perspectivas de la inversión extranjera, señalando que estos capitales, pequeños y medianos, son incapaces de reactivar la economía cubana.

Pero los cubanos no se plantean la asociación económica como único remedio a sus males, sino como una manera más de reactivación de su planta industrial, casi paralizada y amenazada por la obsolescencia, así como una importante entrada de divisas convertibles en las actuales circunstancias.

En cuanto a la concurrencia misma de los capitales, las flexibilidades que poco a poco se han ido introduciendo en las modalidades de asociación, así como la repatriación casi mecánica de las ganancias, deben resultar elementos estimulantes.

Otra medida que debe repercutir sobre la economía es la autonomía concedida a las grandes fábricas del país en su gestión, luego de dar un 30 por ciento de las ganancias al estado.

La operación, que recuerda la abjurada autogestión yugoslava, concede a las industrias libertad para comercializar su producción en el exterior, y comprar materias primas, repuestos, maquinaria e insumos.

El proyecto se ensayó en Antillana de Acero, en La Habana, y comienza a extenderse por otras industrias del país. Versiones extraoficiales señalan que las plantas de níquel de la oriental provincia de Holguín, podrían adoptar esta modalidad en breve tiempo.

Por último, la aprobación del Congreso de la actividad laboral por cuenta propia puede resultar una buena bocanada de oxígeno a la comunidad interna.

Concebida como el trabajo individual o familiar, sin empleados, la actividad por cuenta propia está llamada a suplir una serie de pequeños servicios en los cuales el estado ha probado su incapacidad de satisfacer las necesidades, provocando irritación en la población por las molestias.

Por otro lado el trabajo artesanal de muchas de estas personas puede enriquecer el mercado interno de productos de uso personal o domésticos, que en la actualidad resultan deficitarios, y cuya producción, en algunos casos, aprovecharía materia prima marginal o desechos de la industria.

Finalmente, la actividad puede promover ocupación a miles de obreros fabriles, cuyos centros se encuentran paralizados, y los cuales han de esperar en la agricultura o en sus casas hasta nuevo aviso, mientras cobran un subsidio.

Perspectivas para 1992

El presidente Fidel Castro ha reiterado que 1992 será la prueba de fuego del Período Especial. Las muchas problemáticas que se entrelazan en la actividad económica cubana deben aún incidir al menos en el primer semestre del año, y agudizar algo más la crisis.

El gobierno confía sin embargo, que después de julio pueda producirse cierta reanimación, que si no provoca una recuperación en términos absolutos, al menos detenga la caída.

Las esperanzas están cifradas en varias vías. La agricultura, pese a las dificultades ya analizadas, se enfrenta a un año con un invierno más largo y frío que los anteriores, un buen régimen de lluvia y suficiente agua embalsada.

De tal forma, que los resultados de la campaña de invierno, los más importantes de la actividad, deben mostrar su presencia en el mercado.

En la rama agropecuaria, muchas de las inversiones realizadas pueden comenzar a dar frutos, y si no son significativos, al menos podrán servir de paliativo.

Por otro lado, el comercio contratado con los nuevos estados de la CEI puede regularizarse en la medida en que estas repúblicas ganen en su proceso de paz, colaboración y progresos económicos. Es decir, la simple posibilidad de trabajar sobre suministros seguros impediría al país cambios bruscos en su programación, como hasta ahora.

La actividad turística puede también seguir su avance y por lo tanto representar entradas mayores de divisas al país, convirtiéndose en la segunda actividad económica, después de la zafra.

El gran problema está en la zafra, cuyo reporte reportará menor disponibilidad de azúcar, derivados y subproductos, entre ellos muchos vitales para la alimentación animal.

Tal perspectiva, pone a prueba la estabilidad del proyecto socialista cubano. Para los observadores económicos, 1992 no será el año de la recuperación, pero si puede ser el fondo de la crisis.

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