1992: El año del impacto frontal

Resumen económico anual

En este año, la industria cubana se paralizó en buena medida por la falta de materias primas, combustibles y repuestos.

Foto: Archivo IPS Cuba

A pesar de estar aplicando desde hace dos años un programa de ajuste para enfrentar la crisis económica, Cuba recibió en 1992 el impacto negativo frontal de esta situación, agudizada por la total ausencia soviética y un contexto comercial internacional desfavorable.

La desintegración de la Unión Soviética en diciembre de 1991, significó para Cuba la desaparición total del antiguo aliado político y del mayor socio comercial de la Isla, la abolición de los precios preferenciales y el corte definitivo de la más importante corriente crediticia que recibía La Habana.

Comparando 1989, último año de relaciones económicas estables para Cuba, con 1992, la capacidad de importación de la Isla se contrajo en un 73 por ciento, al pasar de ocho mil 100 millones de dólares anuales a dos mil 200.

Específicamente con el antiguo campo socialista, el comercio disminuyó de 11 mil 857 millones de dólares en 1989 a 830 millones este año, buena parte de los cuales provienen del intercambio petróleo-azúcar con Rusia.

Si se tiene en cuenta que con esa área geográfica se realizaba el 85 por ciento de todo el comercio exterior cubano, se comprenderá la magnitud de la contracción.

Por otro lado, una serie de créditos y entregas de recursos provenientes de convenios de colaboración para el desarrollo fueron suspendidos en 1992 y varias obras inconclusas tuvieron que renegociarse.

El impacto tiene otra arista no menos importante. La industria cubana se paralizó en buena medida por la falta de materias primas, combustibles y repuestos.

La mayoría de esas fábricas, levantadas en los últimos 30 años son de tecnología soviética y de Europa del Este.

Además de atrasadas, esas instalaciones precisan repuestos, mantenimiento y modernización, lo que se traduce en definitiva en una segunda reconversión industrial.

A principios de la década de los 60, Cuba tuvo que modificar toda su estructura fabril de tecnología norteamericana como consecuencia del rompimiento de relaciones y el embargo decretado por Washington contra la Isla.

Casi 30 años después, la situación se repite en términos bastante parecidos, agravados por la mayor magnitud y la soledad política de la Isla, no asociada esta vez a bloque alguno. Por otro lado, Cuba ha tenido que afrontar este año un alza de precios de muchos alimentos y productos necesarios de importación y cotizaciones desfavorables para sus exportaciones tradicionales.

Entre 1990 y 1992, los precios del trigo subieron de 82 a 114 dólares la tonelada; de 1,000 a 1,200 dólares la tonelada de pollo congelado; de 1,700 a 1,900 dólares la tonelada de leche en polvo y de 112 a 142 dólares la tonelada de petróleo.

Contrariamente, los del azúcar cayeron de 200 a 185 dólares la tonelada y los del níquel de 7,800 a 5,800 dólares la tonelada, en el mismo lapso.

El mayor impacto negativo de esta situación se registró en la canasta básica alimentaria de la población, que se redujo y perdió regularidad en entregas.

Esas restricciones se asociaron con las dificultades del transporte, el aumento de los cortes eléctricos y el crecimiento inusitado del mercado negro, creando una irritante y difícil situación social.

En este contexto se hizo presente cada vez, con más frecuencia el embargo norteamericano, en la misma medida en que se recurrió a suministradores occidentales para adquirir productos que antes se importaban del llamado campo socialista.

A fines de año se aprobó la controvertida Enmienda Torricelli, repudiada después por la Asamblea General de Naciones Unidas y cuyo efectivo cumplimiento correspondería a la administración de Bill Clinton, que toma posesión en enero.

Según los últimos cálculos oficiales, el embargo norteamericano ha dejado pérdidas por 38 mil millones de dólares desde su implantación en 1962.

Opositores al gobierno indican que éste sólo se mantiene en el poder gracias a sus fuerzas armadas y los institutos de orden interior, pues una administración tradicional de América Latina habría volado en pedazos.

Sin embargo, observadores extranjeros señalan que la relativa tranquilidad política que se observa en Cuba está dada en buena medida por la llamada política antichoque implantada por el gobierno para afrontar la crisis.

Los lineamientos principales de esa política para el Período Especial, como denomina el gobierno su plan de ajuste, apuntan a priorizar algunas líneas que deben aportar de forma rápida el capital para reactivar paulatinamente el resto de la economía.

En este sentido se trabaja con urgencia en la biotecnología, industria farmacéutica, aparatos médicos y turismo, los que ya aportan algunos resultados de consideración.

La política antichoque del gobierno busca amortiguar el impacto negativo en las arcas del estado y afectar lo menos posible los programas sociales de salud, educación y jubilación.

El control total por el estado de la distribución de alimentos y efectos industriales a precios muchas veces subsidiados, garantizó una alimentación mínima para todos y creó un ambiente de igualitarismo social.

A pesar de la crítica situación, el gobierno trata de que ninguna persona quede desamparada y aunque el desempleo creció, se extendieron miles de subsidios y manutenciones.

La mortalidad infantil, uno de los índices más sensibles e importantes en términos de salud, después de dos años estancada en 10,7 por cada mil nacidos vivos bajó a 10,2, pese a las fuertes restricciones.

La falta de medicamentos afectó a la población, pero los servicios hospitalarios trataron de mantener su atención a niveles semejantes a años anteriores.

La macroeconomía registró recuperación en algunos renglones durante el año, pero el gobierno considera que su mayor logro es haber sobrevivido 1992 sin capitular políticamente.

El ejecutivo calificó de «Año Uno» del Período Especial Crítico a los 12 meses que terminan y prevé que en 1993 las condiciones pudieran empeorar.

Sin embargo, a pesar de que la zafra azucarera será menor como ya se anunció, y los precios internacionales puedan incidir negativamente, aún por algún tiempo, en la situación, hay índices que pueden mover la economía y aportarle oxígeno.

Una nueva administración tomará posesión en Washington el 20 de enero y si hasta ahora no se han revelado muchos signos distensivos, tampoco se han hecho gestos hostiles.

Rusia firmó a fines de año cinco convenios para 1993 que parecen ser un reanálisis de las relaciones con Cuba, aunque no se contemplen precios preferenciales.

La apertura al capital extranjero sigue interesando a inversionistas y un eventual cambio de política de Estados Unidos sería un estimulo importante.

Por otro lado, comienza a desaparecer la incertidumbre en distintos aspectos de la economía, tanto externos como internos, y parece vislumbrarse un camino más definido, pero difícil, largo y empedrado.

El problema energético

El problema energético es el centro de la actual crisis económica cubana y también el de más difícil solución, pues en las condiciones de la Isla, los remedios posibles tienen que abarcar varias vías.

La capacidad instalada en la industria, la generación eléctrica y el transporte, que requeriría 13 millones de toneladas anuales, tuvieron que conformarse el año concluido con 6,1 millones de toneladas importadas y unas 890,000 de producción nacional.

El gobierno parece entender sus potencialidades reales y ha instrumentado una política que no desdeña nada, por muy marginal que resulte.

Se trata de lineamientos que contemplan el ahorro, la racionalización y modificaciones tecnológicas en la industria y el transporte para lograr un menor consumo con la introducción de diferentes innovaciones.

Se trabaja también en la construcción de micropresas donde exista alguna corriente fluvial de consideración, así como de plantas digestoras de biogás aprovechando desechos animales, vegetales e industriales, dirigidas a pequeñas comunidades, así como en la aplicación de todas las fuentes de energía renovables.

El 5 de septiembre el presidente Fidel Castro anunció la paralización de las obras de la Central Electronuclear de Juraguá.

Sin embargo, en el último trimestre Cuba y Rusia reconsideraron la situación y acordaron buscar un tercer socio para la empresa, que debe volver a su construcción en el nuevo año.

En cuanto al petróleo propiamente, el gobierno realizó en 1992 una serie de innovaciones e inversiones en la industria que respondieron con un inmediato aumento de la producción.

Cálculos oficiales prevén que el año cerró con una producción total de entre 880 y 890 mil toneladas de petróleo crudo, lo que significa una recuperación de la caída productiva de los últimos años.

La más alta producción de petróleo en Cuba se registró en 1986 con 938 mil toneladas. A partir de entonces la producción comenzó a declinar a un nivel entre las 700 y las 800 mil toneladas.

El gobierno prevé que en 1993 se debe superar el millón de toneladas y alcanzar los 2,5 millones en 1995.

La Empresa de Perforación y Extracción de Petróleo del Centro, una de las entidades que forman la Unión del Petróleo (CUPET), obtuvo este año 650,000 toneladas y dijo que para 1993 elevará la cifra a un millón.

El crecimiento de la producción también está asentado en la posibilidad de que se lleguen a prontos acuerdos con firmas extranjeras para la explotación de yacimientos en tierra.

CUPET había anunciado una licitación internacional para octubre, la cual fue pospuesta para febrero de 1993, y según informaciones extraoficiales unas 70 firmas extranjeras estarían interesadas.

En esa licitación se ofertarán entre ocho y diez bloques, zonas en que se ha dividido el país atendiendo a la posibilidad de existencia de hidrocarburos.

Este petróleo, que antes sólo se utilizaba en la fabricación de asfalto y otros materiales, tiene ahora un lugar cada vez mayor en la satisfacción de las necesidades industriales.

Tras importantes inversiones y modificaciones, la industria eléctrica comenzó a consumir petróleo pesado cubano, y ya un 35 por ciento de sus necesidades son cubiertas de esa forma. Se prevé que el monto suba al 40 por ciento en 1993.

De igual forma, la industria cementera nacional está trabajando con ese combustible, tanto las de proceso seco como húmedo, así como la del níquel, que consumirá 200 mil toneladas en 1993.

Por otro lado, el gobierno mantiene contratos de riesgo con cuatro compañías extranjeras para la prospección y explotación de yacimientos en la plataforma insular.

Estos trabajos, que transcurren en completa discreción involucran a Total (Francia), Taurus (Suecia), West Canadian (Canadá) y Braspetro (Brasil).

El último de esos contratos fue firmado en mayo en La Habana entre Braspetro y Cupet por un valor de 52 millones de dólares por un plazo de cuatro años en las costas orientales de la Isla, según fuentes brasileñas.

Para 1993 está conveniado con Moscú un trueque de 1,5 millones de toneladas de azúcar por 2,3 millones de toneladas de petróleo y sus derivados con Moscú. El resto de las compras de combustibles dependerá de la capacidad financiera del país y habrá un pequeño margen en el crudo nacional, como se explicó anteriormente.

La industria

De los sectores tradicionales de la economía cubana: industria, agropecuario, construcción, comercio, silvicultura, transporte y comunicaciones, el primero aporta más de la mitad del producto social global, por lo que sus afectaciones tienen mayor repercusión en la economía global.

El problema de la paralización de buena parte de la industria no tiene sus raíces únicamente en el problema energético, sino también, y con mucha fuerza, en las disponibilidades de materias primas y piezas de repuesto.

Si se tiene en cuenta que la industria azucarera representa alrededor del 30 por ciento de la producción mercantil del sector, se desechan versiones sobre una parálisis completa o total.

No existen informaciones exactas al respecto, pero se conoce que trabajaron con limitaciones las industrias eléctrica, de combustible, de minería y metalurgia ferrosa y no ferrosa, pesquera y alimentaria.

Entre las más afectadas están la química, papel, cuero, textil, gráfica y materiales de la construcción, fundamentalmente por falta de materias primas.

Durante el año, el gobierno hizo esfuerzos por reactivar algunas industrias y sobre todo concluyó acuerdos con firmas extranjeras para asociaciones económicas que comenzarán a trabajar en 1993.

En este sentido trascendió la negociación realizada por los empresarios mexicanos Mauricio Fernández y Danny Tafich, de la ciudad de Monterrey, para la creación de una empresa mixta en la rama textil.

La Textil Corporation, de riesgo compartido, contará con un capital total de mil 111 millones de dólares, de los cuales el estado cubano aportará unos 500 millones de dólares (45 por ciento) y los empresarios extranjeros 611 millones (55 por ciento).

La nueva empresa involucra a 15 plantas textiles en Cuba y dará empleo a 35 mil trabajadores y se espera que cuando esté a plena capacidad, su producción alcance los 376 millones de metros cuadrados anuales.

Los empresarios dijeron que ya cuentan con el mercado asegurado para su producción, la que irá a México, Europa y Asia.

Igualmente se concretaron algunos acuerdos en la rama del papel.

La mayor recuperación parece haberse producido en la industria del níquel, cuya capacidad de producción de cerca de 60,000 toneladas anuales quedó casi paralizada a principios de año, tanto por la pérdida de los mercados tradicionales (el 75 por ciento de la producción iba a la Unión Soviética y otras naciones del Este), como por la ausencia de combustibles y otros insumos.

Entre esos insumos imprescindibles para la producción de níquel, que requieren ser importados, se encuentran 600,000 toneladas de fuel oil, 150,000 toneladas de azufre y 125,000 toneladas de antracita, la variedad de carbón mineral que más energía desprende.

Para reactivar esa industria, el gobierno concedió en primer lugar un margen de autonomía operativa, mediante la cual la empresa puede hacer transacciones comerciales (importaciones-exportaciones) para garantizar su producción.

Esas operaciones se han realizado básicamente con la compañía canadiense Sherrit Gordon, quien suministra materiales y tecnología a cambio de mineral elaborado. La firma también adquiere cantidades adicionales del mineral. Se calcula que al término del año las compras de níquel realizadas por Canadá superaban los 100 millones de dólares.

Otra parte del níquel producido se encaminó a la elaboración de acero inoxidable. Cuba entró en junio en el reducido club de productores de esa aleación con una nueva planta construida en la oriental provincia de Las Tunas.

Según se informó, la nueva fábrica tiene una capacidad de producción de 150,000 toneladas anuales y su costo total superó los 90 millones de dólares, aunque se abarató mediante la fabricación en el país de varias de sus máquinas, en colaboración con una firma italiana.

El gobierno ha hecho algunos cambios tecnológicos y espera que en 1993 puedan sustituirse 200,000 toneladas de crudo nacional por igual cantidad de fuel oil importado en la producción niquelífera.

Una importante industria que no tuvo mayores problemas, aunque sí algunas contracciones, fue la del tabaco. Según previsiones de Cubatabaco, el monopolio estatal cubano, las exportaciones de Habanos disminuirían este año como consecuencia del efecto acumulado de dos cosechas menores.

Problemas de disponibilidades de combustibles, herbicidas, fertilizantes y otros insumos afectaron las cosechas de 1990 y 1991, fenómeno que debe reflejarse en una contracción del 20 por ciento de los volúmenes de ventas en 1992.

El gobierno respondió dictando una política prioritaria para ese cultivo cuyas exportaciones sobrepasan los 100 millones de dólares anuales y orientó un estudio para detectar las tierras óptimas en las provincias de Pinar del Río, Villa Clara, Sancti Spíritus y en menor medida Ciego de Avila.

Otro problema del tabaco que el gobierno trata de remediar es la estabilidad de la fuerza laboral.

A pesar de que el 76 por ciento de la cosecha está en manos de pequeños agricultores, el estado interviene en el 24 por ciento del cultivo y en casi toda la recolección.

La calidad de este producto requiere conocimientos y dedicación que se han transmitido en Cuba de generación en generación.

El estado trabaja sobre jóvenes de las zonas tradicionalmente tabacaleras, incorporados al ejército juvenil del trabajo u otras fuerzas productivas, para formar contingentes laborales, de tal forma que el trabajo del tabaco no les sea desconocido.

Las autoridades de Cubatabaco esperan que esas medidas comiencen a dar sus resultados en 1993, por lo que su reflejo en el mercado será dos años después.

La crisis económica tuvo y tendrá un efecto palpable en la industria azucarera, cuya producción se mantiene desde hace tres años por debajo de los ocho millones de toneladas.

La zafra azucarera 1991-92 terminó con una producción de siete millones de toneladas, cifra que superó todos los pronósticos. El gobierno dijo además que la campaña se realizó con sólo el 30 por ciento de los recursos de una zafra tradicional, lo que supone un mejoramiento considerable de la eficiencia.

A pesar de la escasez de combustible, el gobierno no puede sustituir la maquinaria en esta labor por trabajo manual, pues resultaría antieconómico.

En las últimas zafras han intervenido unos 70,000 macheteros, cifra considerablemente menor que los 300,000 utilizados en 1970. El gobierno aduce que asegurar albergue, comida, ropa, transporte, guantes y otros insumos a una cantidad de personas de esa magnitud, supone un gasto mayor que el petróleo y los repuestos de las cosechadoras.

Manteniendo su discreción en el tema azucarero, el ejecutivo aseguró que la actual zafra será menor que la anterior, debido a la menor disponibilidad de caña.

La causa fundamental de la disminución de los volúmenes de caña radica en la imposibilidad de poder importar las 800 000 toneladas de fertilizantes necesarias. En 1992 sólo se pudieron comprar 120,000 toneladas.

Los especialistas internacionales calculan que la actual zafra será de 6,5 millones de toneladas de azúcar, teniendo en cuenta que la campaña comenzó en un buen momento y se propone terminar en mayo, es decir, laborar en el tiempo óptimo, cuando mayores son los rendimientos. También requiere mucha atención la emergente industria de los derivados de la caña, que ya ocupan un importante lugar en el sector, y muchas de sus producciones están afectadas por problemas de consumo energético.

Cifras oficiales indican que el valor mercantil de la producción de la industria azucarera cubana en 1989 fue de mil 600 millones de dólares, de los cuales 400 millones corresponden a la producción de derivados.

Actualmente se fabrican unos 35 productos en 280 instalaciones y se espera que al final del siglo, de mantenerse el ritmo de crecimiento de los años 80, estén en explotación 150 productos en 500-600 fábricas.

Desde hace casi dos años, algunas de las plantas de derivados han tenido que ser paralizadas por su alto consumo energético. Un ejemplo de ello es la planta de tableros de la provincia de Las Tunas, cuyo consumo era de 200 galones de petróleo para producir un metro cuadrado de tableros.

No ocurre lo mismo con las más de 200 plantas de alimentos animales instaladas en el país a partir de la caña de azúcar, cuya producción llegó en el año recién concluido a tres millones de toneladas, cifra aún insuficiente para las crecientes necesidades del país.

Agropuecuario

El sector agropecuario es quizás el más priorizado por el gobierno, pues de él depende casi totalmente la respuesta al déficit alimentario, el problema más sensible políticamente en la sociedad cubana.

Después del derrumbe del socialismo en Europa del Este y la Unión Soviética, Cuba perdió un importante mercado abastecedor de alimentos para las personas y el ganado, lo que implicó un doble efecto.

De la Unión Soviética provenían la mayoría de las grasas y los cereales que se consumían en el país, incluyendo algunos volúmenes de arroz, así como chícharos, lentejas y otros granos.

Por un favorable convenio con la desaparecida República Democrática Alemana se adquirían cada año considerables volúmenes de leche en polvo, así como quesos y pollos congelados en Bulgaria, entre otros alimentos.

Buena parte de los cereales importados se dedicaban al consumo animal, garantizando un importante complemento dietético para pollos, cerdos y ganado mayor.

Para tener una idea del impacto del cambio, debe tenerse en cuenta que en 1989 se importaron un millón 600 000 toneladas de cereales y proteínas destinadas a la alimentación animal. En 1992 la cifra se redujo a 475 000 toneladas.

El gobierno enfrenta estos problemas con un Programa Alimentario diseñado a fines de los 80, y que ha tenido que ser acelerado por la agudización de la crisis.

Sin embargo, a pesar de condiciones climáticas relativamente favorables en los dos últimos años, la respuesta productiva quedó muy por debajo de las expectativas y más aún de las necesidades.

Varios problemas generales afectan a la agricultura cubana. La falta de combustible para labores culturales y transporte, menores disponibilidades de fertilizantes, plaguicidas e insuficiente mano de obra, así como desestímulo del sector privado.

En términos de combustible, la agricultura no cañera cubana consumió 1 500 toneladas de diesel diarias en 1989. En 1992 la cantidad se redujo a 1 000 toneladas diarias, o sea, un 33 por ciento menos.

Este problema trató de paliarse con el uso de animales de tiro. Al cierre del año trabajaban en labores agrícolas 108 000 bueyes, cifra que aún resulta insuficiente. El estado acelera la domesticación de más animales y espera completar en 1993 los 200 000 bueyes.

Por otro lado, la entrada de los animales de labor a la agricultura ha requerido modificar la tecnología a emplear y en 1992 se fabricaron ya 70 000 implementos agrícolas para el uso de la tracción animal.

La salida de esos animales, antes dedicados al sacrificio, hacia las labores agrícolas, creó una disminución de las disponibilidades de carne para la población, agravada también por las menores importaciones de pollos congelados, los que ahora se adquieren fundamentalmente en América Latina (Brasil, Uruguay, Venezuela).

El gobierno trata de enfrentar la situación del consumo de carne con el uso cada vez más frecuente de extensores, pero la producción nacional de soya dista mucho de satisfacer aún las necesidades y también este producto requiere ser importado.

Durante 1992 la producción de vegetales y hortalizas creció un 16 por ciento a nivel nacional, con un comportamiento favorable de la naturaleza, que complementó los esfuerzos adicionales del hombre.

La cosecha principal continúa siendo la de invierno (frío), donde se obtiene la patata y las principales hortalizas. La cosecha de verano, destinada al boniato, plátano y calabaza, fundamentalmente, es todavía muy pequeña, aunque se registraron crecimientos este año.

El aumento de la producción agrícola estuvo sustentado en el incremento productivo de las empresas estatales (44 por ciento), que logró contrarrestar la caída de las cooperativas (en 6 por ciento) y de los campesinos individuales (29 por ciento menos).

El gobierno prevé crecimiento en 1993 a partir de mayores aplicaciones de medidas técnicas y la introducción de nuevos elementos científicos.

Ya en 1992 se utilizaron biofertilizantes para sustituir parte de esos elementos de carácter químico. Sólo de azotobácter se utilizaron seis millones de litros.

Por otro lado crece la aplicación del control biológico para sustituir en parte la carencia de plaguicidas. En la Isla trabajan ya 218 centros para la producción de insectos entomófagos y entomopatógenos, con esos fines.

Otro problema que el gobierno enfrenta en la agricultura es la falta de mano de obra. De 1989 a 1992 fueron construidos 350 campamentos con destino a los trabajadores de las ciudades, que han mantenido un promedio de 14 000 personas permanentemente en estas labores en 1992.

El gobierno volvió a comprar este año la semilla para la cosecha de patata y según fuentes extraoficiales, se adquirieron algo más de 30 mil toneladas en Holanda, Bélgica y Canadá con esos fines.

En el terreno pecuario, la situación es más tensa aún. A pesar de que se avanza en la implantación de pastoreo intensivo Voisin en la ganadería, los resultados son aún muy bajos. De los 740 millones de litros de leche obtenidos en 1989, en 1992 sólo se lograron 335 millones.

Los científicos continúan experimentando en busca de dietas nacionales para la alimentación animal a partir de la caña de azúcar fundamentalmente. Pero hasta ahora sólo han logrado completar esa alimentación con el ganado mayor, en el caso del citado pastoreo.

Aunque no se tienen cifras, se conoce que la producción nacional de huevos sufrió una notable caída que llevó a su racionalización en todo el país, cuestión que empeoró para fines de año, cuando se tomaron nuevas medidas restrictivas en la distribución.

Turismo

El turismo ha devenido una de las más importantes actividades económicas del país, debido a su creciente aporte de capital, en momentos en que las exportaciones de la Isla están además afectadas por precios desfavorables.

Aunque el gobierno asegura que la mayor cantidad de capital extranjero (existen oficialmente unas 76 asociaciones económicas) está en la industria, el más nutrido grupo de empresas se concentra en el turismo, que sigue siendo además la gran atracción para potenciales inversionistas.

De 1991 a 1992 el número de visitantes a la Isla se incrementó en un 32 por ciento y los ingresos en un 37 por ciento, lo que significó un aporte a la economía nacional de alrededor de 400 millones de dólares.

A fines de 1992 se contabilizaban en Cuba 20 800 habitaciones lo que significa un aumento sustancial de las 14 000 existentes hace sólo dos años. Las tres entidades referidas al turismo: INTUR, CUBANACAN y GAVIOTA no han comunicado cuantos veraneantes estuvieron en el país en 1992, pero algunos aseguran que se aproximan a la meta de 600 000 personas.

Los ingresos por turista-día también registraron una considerable subida de 67 dólares en 1990 a 89 dólares en el finalizado año.

El turismo concentró además la mayoría de la actividad constructiva del país, pues sin contar algunos miles de viviendas, sólo se fabricaron además algunos centros de producción priorizados.

Según datos oficiales, 25 mil constructores laboran en estas obras, mientras que la actividad turística en concreto ofrece empleo a 59 mil personas.

El gobierno flexibilizó el acceso de cubanos a hoteles y otras instalaciones por Luna de Miel, o como estímulo por buenos resultados laborales. Según datos oficiales, esto significó una pérdida de 35 millones de dólares en el año.

Comercio

El año pasó bajo el signo de la Enmienda Torricelli, aprobada finalmente en octubre por el presidente George Bush y cuyo efecto real sólo podrá medirse en 1993, y según el interés de la nueva administración norteamericana.

Por lo pronto, países como México, Canadá, Gran Bretaña y Brasil, donde funcionan numerosas subsidiarias norteamericanas, no acataron la imposición de Washington, lo que se manifestó con más fuerza en el rechazo internacional que tuvo la enmienda en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Sin embargo, es cierto que bajo las condiciones actuales, el embargo norteamericano que sólo presionaba sobre el 15 por ciento del comercio exterior cubano, se extendió ahora al 100 por ciento.

El gobierno calcula que las pérdidas acumuladas en esos 30 años de embargo suman ya 38 mil millones de dólares.

Pero a la vez reconoce que mantiene relaciones de intercambio comercial con tres mil firmas de 84 países, lo que representa un número elevado si se tiene en cuenta el tamaño del país y la magnitud de su comercio.

La nota más singular es la contracción y desplazamiento de la actividad comercial por área. El 85 por ciento del comercio se concentraba en 1989 en Europa del Este y la Unión Soviética (11 857 millones de dólares), que se contrajo en 1992 hasta los 830 millones de dólares, de los cuales la mayor parte corresponden al trueque azúcar-petróleo con Rusia.

Aunque no existen cifras oficiales, se calcula que el intercambio con los antiguos socios de la Comunidad Económica Europea y de Europa Occidental en general, mantuvo niveles similares a los años anteriores, mientras que con Canadá creció. Al cierre del primer semestre, el intercambio con Ottawa alcanzó los 190,2 millones de dólares canadienses, 52,7 millones más que en igual período de 1991.

Sin embargo, se registraron mayores intercambios con países de América Latina y se encontraron fórmulas con Colombia, México y Venezuela para saldar poco a poco deudas comerciales contraídas por La Habana.

En algunos casos, esos débitos se liquidarán a partir de un porcentaje de las exportaciones cubanas, en otros sobre las ganancias en negocios conjuntos, como el caso de México.

Por productos, el azúcar continúa siendo el plato fuerte de las exportaciones nacionales, seguida del turismo, los productos biotecnológicos, farmacéuticos y equipos médicos, el tabaco, la pesca y otros.

Las perspectivas para 1993 resultan mejores menos para el azúcar. El gobierno no puede reducir más el consumo nacional, calculado en 700.000 toneladas, pues hace años que su distribución interna está racionada.

Aún más, en momentos de fuerte déficit alimentario, el azúcar resulta básico en la alimentación del cubano medio, históricamente alto consumidor del dulce.

Una zafra de medio millón de toneladas menos que la de 1992 resulta sin dudas, varios cientos de millones de dólares menos para importaciones.

Sin embargo, los productos biotecnológicos parecen proyectarse promisoriamente, con varias vacunas de vanguardia a nivel mundial y trabajos muy adelantados para el inmunizante contra el cólera.

También deben aumentar las ventas de mariscos (langosta y camarón), debe incrementarse algo las exportaciones de tabaco, así como fructificarán varias asociaciones productivas realizadas en 1992.

El mercado interno continuó estrechándose por la ausencia de productos que ofertar y el aumento de la liquidez de la población. De mayor trascendencia social fue la menor oferta de alimentos, lo que provocó un crecimiento galopante de los precios y el espectro del mercado negro.

Aunque el dólar no fijó los precios en el mercado subterráneo, su cotización ilegal se tomó como punto de referencia. Al cierre del año, el billete verde se ofertaba entre 42 y 50 pesos.

El nuevo año no parece anunciar mejora sustancial alguna en ese sentido, pues las necesidades acumuladas son tales, que cualquier aumento en la oferta apenas sería notado.

El impacto social

Los cubanos atraviesan sin dudas su peor crisis en 34 años de proyecto socialista, que ha tocado las bases mismas del régimen.

Según cifras oficiales, a mediados de 1992 se encontraban ocupados en el sector estatal tres millones 648 mil trabajadores, lo que representa un incremento de 12 mil personas más empleadas con relación a diciembre de 1991.

Al concluir 1992 había sido reubicado en otras labores el 85 por ciento de los 125 mil 700 trabajadores que 12 meses antes se reportaron como sobrantes.

El Comité Estatal del Trabajo asegura que los casos que no han podido ser reubicados por causas ajenas al trabajador reciben un 60 por ciento de su salario.

Por otro lado, la cifra de jubilados y pensionados siguió creciendo y al terminar el año, un millón 269 mil personas eran jubilados o gozaban de pensiones.

Los planes educativos y sanitarios del país trataron de mantener su nivel y hasta de mejorarlos. Al cierre del año se informó que la mortalidad infantil, el logro emblemático de la Salud Pública cubana, disminuyó de 10,7 a 10,2 por mil nacidos vivos.

El gobierno sostiene que a pesar de la crisis, ninguna escuela u hospital fue cerrado y el deporte nacional mantuvo sus victorias y actividades principales gracias al autofinanciamiento.

Esta política, denominada antichoque es lo que ha permitido al gobierno amortiguar el golpe y pese a la tremenda irritación que producen los déficits alimentario, de transporte, de artículos varios como el jabón y otros de necesidad básica, mantener la tranquilidad social.

Cambios y flexibilidades

Durante el año recién concluido, el gobierno expresó su voluntad de introducir importantes cambios en la economía, los que dependen en buena medida del contexto internacional en que se desenvuelva en 1993 la economía interna.

En la actual posición de fortaleza sitiada, asumida por el gobierno de Fidel Castro ante la hostilidad creciente de Washington y su soledad política, sería muy difícil esperar que las modificaciones continúen avanzando como era de esperarse.

Los cambios constitucionales realizados por el Parlamento a mediados de año abren la posibilidad de surgimiento de un sustrato privado en la economía, fundamentalmente en el sector de los servicios y las producciones marginales.

La Constitución reconoce el carácter social de los medios «fundamentales» de producción dejando abierta la posibilidad de florecimiento del elemento privado en lo no fundamental.

En ese sentido también suprimió la irreversibilidad de la propiedad estatal, admitiendo de hecho que se puede privatizar alguna de las actuales propiedades del estado, siempre y cuando esta acción responda a los intereses de la sociedad.

Al cierre de 1991 se hablaba de 60 asociaciones económicas con capital extranjero. Al final de 1992, la cifra subió a 76, aunque los nuevos negocios tienen un volumen y carácter más significativos en términos económicos.

Se trata pues de que 1992 significó el real año de la apertura al capital extranjero, atendiendo al reconocimiento que hizo de esta asociación el IV Congreso del gobernante Partido Comunista en octubre de 1991 como complemento del proceso inversionista nacional.

La Constitución modificada reconoce la propiedad mixta, lo que resulta un garante para los potenciales inversionistas preocupados por una segunda nacionalización.

Los cubanos reconocen que el proceso de concertación de asociaciones con capitales extranjeros es lento. A pesar de que se establecieron instrumentos para dar luz verde y analizar propuestas, algunos extranjeros se quejan de lo lento de los trámites.

El gobierno asegura que el mayor freno actual a ese tipo de inversión son las presiones norteamericanas sobre los empresarios foráneos, mientras que algunos funcionarios también señalan la necesidad de comprobar suficientemente la identidad del inversionista y la limpieza de su capital.

Consecuentemente con la apertura al capital extranjero, el gobierno renunció constitucionalmente al monopolio sobre el comercio exterior, dando un margen a nuevas entidades, aunque bajo la supervisión estatal.

Un interesante proceso puesto en marcha en 1992 con la aprobación del Congreso del Partido, fue la autonomía operativa de grandes industrias, lo que en general tuvo un impacto positivo.

Industrias del acero, níquel y de otras producciones realizan operaciones compra-venta con el exterior, asegurando así su capacidad productiva y entregando un por ciento de sus ganancias al estado.

La industria cubana también acató a fines de año un nuevo sistema de medición de costo mayorista de productos e insumos, que se acerca a parámetros internacionales y a precios expresados en una sola moneda, fundamentalmente en referencia al dólar.

Tal sistema, insertado en la realidad internacional, debe obligar a las plantas a ser más eficientes y trabajar sobre bases reales.

Aunque algunos estiman que tal estructura tendrá repercusiones sobre la sociedad, el gobierno piensa por el momento que debe evitarse ese efecto negativo mediante los precios fijos y subsidios.

Aún así, el movimiento lógico de la economía parece prepararse para una eliminación paulatina de subsidios a los precios, en la misma medida en que la producción aumente y la economía se recupere.

En términos económicos, los cubanos parecen dispuestos a escuchar propuestas e incursionar nuevos caminos, pero las posibilidades de ejecución de cualquier novedad depende del contexto político internacional, y de los resultados de las modificaciones aplicadas.

Perspectivas para 1993

El gobierno mismo y sus principales voceros son los que aseguran que 1993 puede ser un año tan o más difícil que el recién finalizado.

Carlos Tablada, un reconocido economista oficial afirmó, en España, que la recuperación sólo comenzará después de 1994, cuando la crisis toque fondo.

Dos elementos principales hacen pensar en un año difícil: una zafra menor en alrededor de 500,000 toneladas de azúcar y precios desfavorables de los productos de exportación al comenzar el año.

Sin embargo, otros índices apuntan a que la situación puede recuperarse como en el níquel, la pesca, el tabaco, el petróleo nacional, la producción agrícola, y nuevas concepciones y métodos implantados que comienzan a dar los primeros resultados.

Por otro lado, una nueva administración tomará posesión en la Casa Blanca el 20 de enero, y al parecer su actitud puede ser menos hostil hacia Cuba.

Este elemento político encontraría su rápida repercusión en términos de embargo comercial, por lo que podría ser un año menos difícil.

Por otro lado, Rusia parece haber reconsiderado su relación con La Habana, y el viejo socio, aunque no está dispuesto a pagar precios preferenciales, parece regresar en busca de recuperar el mercado heredado de la URSS.

Entre tanteos y flexibilidades, los cubanos comienzan a encontrar resortes que vayan moviendo positivamente su economía, en la misma medida en que la incertidumbre de 1991, comienza a desvanecerse.

La madurez de determinados mecanismos puestos en práctica, la fructificación de varios negocios concertados y la experiencia adquirida en nuevas aplicaciones de la ciencia y la técnica, dibujan un panorama quizás menos dramático para 1993.

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