1996: Un año más de crisis y sobresaltos

Resumen económico anual

Finalmente, cuando 1996 llegaba a su fin se dio a conocer la esperada cifra: 1.001 739 visitantes.

Foto: Archivo IPS Cuba

No pocos piensan que 1996 ha sido un mal año. Los doce meses transcurrieron entre sobresaltos y suspiros para una población que alcanzó durante el primer semestre los 11 millones de habitantes.

El derribo de dos avionetas el 24 de febrero, puso finalmente el cuño a la ley Helms-Burton, sobre la cual el presidente William Clinton estampó su firma el 12 de marzo. Toda la apertura cubana al capital extranjero vio entonces tambalear sus cimientos, pero los meses demostraron que los empresarios, aunque más cautelosos, no quieren perder parte del pastel que les ofrece una isla donde el capital estadounidense no ha podido hacer su entrada aún para competir con ellos.

Luego, vino la zafra que tortuosamente llegó a su fin sin cumplir el pronóstico oficial. Sin embargo, el crecimiento en más de un millón de toneladas en relación a la producción del año anterior y su incidencia en el crecimiento de la economía durante el primer semestre llenó de optimismo a las autoridades que vislumbraron, finalmente, una eventual recuperación económica del país, aunque fuera bajo la amenaza de no poder cumplir los compromisos financieros contraídos, de unos 350 millones de dólares.

En medio de la esperanza de los cubanos de mejorar sus condiciones de vida y ver llegar el tan anunciado crecimiento agrícola, aumentaron los precios del petróleo en el mercado mundial, bajaron los del níquel y se apareció el ciclón Lili, un fenómeno atmosférico que tuvo en ascuas a meteorólogos, población y políticos, y arrasó con casas, techos y sembrados de plátanos, aplazando sueños para la mesa del cubano medio.

A pesar de todo, en el año se produjo «el verdadero milagro», «la colosal proeza», según José Luis Rodríguez, ministro de Economía y Planificación, de un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 7,8 por ciento. Durante 1996, las expectativas especializadas de ese incremento se movieron desde pronósticos moderados hasta los muy optimistas, en rangos entre 5 y 8 por ciento. El incremento de 9,6 del primer semestre, a partir de los aumentos en los dos sectores principales, el turismo y el azúcar, hizo posible superar el 2,5 de PIB de 1995.

Las autoridades consideran que durante 1996 «se consolidaron los factores que impulsan una dinámica propia de desarrollo interno, los cuales tienen una de sus bases más sólidas en el proceso de gradual equilibrio financiero que el país ha venido alcanzando desde 1994».

Sin embargo, cálculos especializados indican que los cubanos verán pasar diez años antes de recuperar los niveles de vida reportados en 1989. «Aun cuando se lograra mantener un crecimiento sostenido del Producto Interno per cápita de 5 por ciento anual, se necesitaría una década para recuperar los índices de finales de los 80», asegura un especialista.

Cálculos no oficiales demuestran que en el mejor de los casos la obtención de 1.861 pesos (igual al dólar al cambio oficial) por cada habitante de la isla se alcanzaría para el año 2001.

Como resultado de la peor crisis económica de las últimas décadas, entre 1990 y 1993 el PIB descendió 34,3 por ciento en relación con el último año de la década pasada. La economía comenzó a emitir tímidos signos de recuperación a partir de 1994 con un alza de 0,7 por ciento con relación a 1993. Un año después las tendencias positivas parecieron consolidarse cuando fuentes del gobierno anunciaron que el crecimiento del PIB ascendía a 2,5 por ciento. Según fuentes oficiales para 1996 las autoridades pretendían duplicar el crecimiento reportado en 1995 y mantener ese ritmo en el futuro.

Un documento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reconoció que las políticas económicas puestas en marcha por el gobierno de la isla «empezaron a dar frutos» pero a «un gran costo social».

Hasta el momento las fuentes oficiales publican sólo los datos del PIB y no hacen referencia al significado real del crecimiento una vez calculado el per cápita. Sin embargo, expertos en demografía aseguran que Cuba tiene a su favor los bajos crecimientos poblacionales reportados desde finales de los 70 y la improbabilidad de que se produzca una especie de boom demográfico a mediano plazo.

Con 11 millones de habitantes, la isla atraviesa por una fase de transición demográfica avanzada que amenaza con el envejecimiento y una paulatina disminución poblacional en las primeras décadas del siglo XXI. «Los bajos índices de natalidad garantizan que la brecha entre las tasas de crecimiento del PIB y del PIB per cápita no sean muy grandes», comentó un experto.

Según los cálculos especializados, sea cual sea la variante «no será hasta el próximo siglo» que los cubanos recuperen los niveles de vida de la década del 80.

Analistas consideran que 1996 ha estado bajo la mirilla de lo que catalogan como «los cuatro jinetes del Apocalipsis»: el déficit financiero externo, el fantasma de la ley Helms-Burton, la deuda externa y las insuficiencias internas.

Según han reiterado altos funcionarios de la isla, el principal problema que ha afrontado la economía cubana en el recién finalizado año es la falta de financiamiento externo. Tal situación, al parecer, seguirá surtiendo efectos negativos en 1997.

El acceso a los créditos foráneos es sólo, como en el caso de la zafra, a los de corto plazo y con altos intereses, incluso superiores a los de este tipo en el mercado mundial.

La deuda externa sigue siendo un factor de peso a la hora de buscar créditos. El vicepresidente cubano Carlos Lage afirmó en julio que el adeudo de Cuba se estima en más de 11.000 millones de dólares.

Por otra parte, fuentes académicas calculan que al cierre de 1996, el déficit financiero externo alcanzaba cientos de millones de dólares, en cifra cercana a los 500 millones.

Cuando la capacidad de compra del país es escasa, las cifras de las importaciones siguen sobrepasando las exportaciones. El monto de lo que el país gasta en traer mercancías se estima en 2.500 millones de dólares, lo que reafirma la tendencia de un crecimiento sostenido y la mayor velocidad de las primeras sobre las segundas. Mientras las importaciones crecieron durante el primer semestre 50 por ciento, las exportaciones sólo aumentaron 30 por ciento.

Pero además, los precios internacionales le hicieron una mala jugada a una economía que trata de salir de la asfixia. Tras sacar de la recesión sus principales productos de exportación, Cuba ha tenido que enfrentar la depreciación de los mismos. Declaraciones del vicepresidente Lage indican que en el período se produjo «una disminución del 7 por ciento de los precios internacionales de los productos que exportamos y un incremento de los precios de nuestras importaciones» (en los alimentos crecieron 27 por ciento y en el combustible 13 por ciento).

Aunque no varían mucho los volúmenes importados, la isla desembolsó durante 1996 cerca de 750 millones de dólares para la compra de alimentos, casi 118 millones por encima de lo gastado en 1995.

Según entendidos, aunque las exportaciones cubanas crecieron en conjunto durante el año y desde 1994 el intercambio de la isla con el exterior ha crecido, lo que es considerado como una señal de las tendencias recuperativas de la economía, «crece el saldo negativo del comercio exterior, que corre el riesgo de acercarse a los 2.000 millones, que era el desbalance comercial en 1990, cuando el país tenía un intercambio de mercancías con el exterior más de dos veces superior al del actual año», indican fuentes especializadas.

De acuerdo con previsiones del Banco Nacional de Cuba, en 1996 el intercambio comercial totalizaría cerca de 5.100 millones de dólares.

De todas formas, no pocos coinciden en que, además de los sobregastos por alza de precios en alimentos y combustible -en este último renglón se pagaron más de 108 millones de dólares por encima de lo previsto-, hay gato encerrado. El Ministerio de Economía y Planificación calcula que el índice de consumo energético en los sectores productivos ha crecido en 24 por ciento, casi tres veces más que la economía.

El ministro de Economía y Planificación insistió en las sesiones de diciembre del parlamento cubano en seguir adelante con el saneamiento de las finanzas externas. El Estado se propone aplicar una política inversionista más restrictiva y eficaz, autorizando aquellos proyectos de probada factibilidad, para garantizar la rentabilidad de cada dólar invertido. Por otra parte, Rodríguez señaló que habría que sanear también las finanzas de todas aquellas entidades que, dentro del país, manejan divisas, donde los saldos de cuentas por pagar y cobrar resultan preocupantes.

El presupuesto del Estado para 1997, aprobado el 24 de diciembre, asigna 12.613 millones de pesos (igual en dólares al cambio oficial) para el gasto público y prevé ingresos por 12.143 millones, para un déficit fiscal de 470 millones de pesos.

Azúcar: el tortuoso camino de la recuperación

La producción azucarera, la tablita de salvación de la economía de la isla y sobre la cual estaban puestos todos los ojos, dentro y fuera de Cuba, alcanzó en la zafra 95-96 los 4.445.700 de toneladas, cifra que se aproximó a los 4,5 millones previstos, tras una agotadora cosecha de poco más de seis meses de duración y un dramático y agotador final.

La campaña, acusó un crecimiento superior al 33,6 por ciento con relación a la anterior que fue de 3,3 millones, catalogada como la más baja de los últimos 50 años y, por ende, de los más de 30 años del gobierno de Fidel Castro.

Tal incremento devino factor importante para que la economía global experimentara al final del primer semestre un aumento del 9,6 por ciento con relación a igual etapa del 95 y cerrara el año con 7,8 por ciento de crecimiento.

Aún sin lograr lo pronosticado en materia azucarera, la primera industria de la isla parece poner punto y aparte a la caída en picada de sus tres últimas cosechas, las cuales ocasionaron pérdidas estimadas en más de 2.000 millones de dólares en su conjunto y ahondaron la grave crisis económica recesiva en que se sumió la isla tras la desaparición del campo socialista del Este europeo.

Cuba, que llegó en los años 80 a ser una de las diez grandes potencias mundiales productoras del dulce y, según fuentes especializadas, el primer vendedor del orbe, no pierde las esperanzas de recuperar el lugar perdido.

A inicios de año, no pocos especialistas consideraban, aún sin saber si el país alcanzaría los 4,5 millones de toneladas que, de cumplirse, no llegarían a cubrir el pago de los 350 millones de dólares por concepto de los créditos y sus intereses. Sólo una cosecha de cerca de 6 millones de toneladas de azúcar le valdría al país para pagar los intereses de esa deuda, sus compromisos con países como Rusia y China, y llevar lo que queda al mercado mundial para buscar dinero fresco y sin ataduras, opinaron los estudiosos del tema.

Por el contrario, funcionarios del gobierno estimaban que tan sólo un millón de toneladas de azúcar, por encima de los 3,3 millones de la pasada cosecha, bastaría para dar una prueba al mundo, y en especial a prestamistas y acreedores, de que el país podía salir de la caída en barrena de tres zafras.

El propósito estratégico y explícito de las autoridades es, a partir de la cosecha 95-96, mantener un proceso de crecimiento que lleve a estabilizar la producción de azúcar en el rango de los siete millones de toneladas antes de que termine el siglo. De lograrse, Cuba sólo estaría reeditando el promedio que estableció en la década de los 80.

Según los analistas, los créditos a corto plazo que obtuvo la isla para el financiamiento de la cosecha 1995-96, del orden de los 300 millones de dólares, constituyeron la salvación de una industria al borde del naufragio en un mar de precariedades materiales.

Analistas consideran que fue una inyección vital -bien pagada por sus altos intereses calculados en 50 millones en su totalidad- que movilizó recursos como fertilizantes, piezas de recambio, combustible, entre otros insumos.

Los cambios dentro del sector no son menos importantes, entre ellos están una acertada distribución de los recursos disponibles y una adecuada dirección económica. Por primera vez, la centralización excesiva cedió terreno a la autogestión empresarial y resortes de estimulación material para los más de 300.000 trabajadores que laboran en las 156 fábricas de azúcar de que dispone el país.

La llamada «zafra de la confianza», según criterios del Ministerio del Azúcar, superó todos los parámetros de la cosecha precedente, y fue catalogada en medios oficiales como la más eficiente del último lustro.

De todas formas, la estrategia planteada de una zafra para 120 días, basada en una actividad intensa, escalonada y apegada a las posibilidades y características de cada región, tuvo su talón de Aquiles en factores climáticos adversos, fundamentalmente.

Los especialistas más optimistas auguraban una cosecha del orden de los 4,7 millones de toneladas, pero en los primeros días de mayo semejante augurio se alejaba de la realidad, cuando comenzó la temporada de lluvias y junto al calor atmosférico, provocó la caída en picada del rendimiento de los azúcares de la caña.

El cumplimiento de la meta prevista pendía del hilo de esos campos, donde apenas si se molió durante la cosecha por las constantes inundaciones. Fue entonces cuando las autoridades tomaron la decisión de movilizar hacia esos puntos miles de hombres y equipos de corte y tiro de diferentes partes del país donde ya se había concluido la cosecha.

Semejante movimiento de apoyo parece haber garantizado la materialización de poco más de medio millón de toneladas, aunque no logró el objetivo final previsto.

Fuentes oficiales aseguran que en el plano internacional, el crecimiento logrado brindó credibilidad al proceso de recuperación económica de la isla. El país busca brindar confianza a sus acreedores e inversionistas extranjeros asentados en la isla, como también a quienes potencialmente lo pueden hacer, insisten altos funcionarios del gobierno.

El financiamiento de la campaña 96-97 contaría con un crédito calculado en 330 millones, con menores tasas de interés hasta un 14 por ciento. De todas formas se especula sobre las fuentes de financiamiento externo. Informaciones difundidas en Europa y Estados Unidos indicaron que el banco holandés ING, que en la pasada campaña azucarera invirtió 120 millones de dólares, no participaría en la que se inicia para no ver afectados sus intereses en Estados Unidos por invertir capital en un sector donde predominó la propiedad estadounidense antes de 1959.

El volumen de financiamiento que se obtenga determinará el crecimiento previsible para la cosecha 1996-97. Algunos expertos estiman que de comportarse los créditos al mismo nivel de la recién concluida, la cosecha venidera podría estar en un millón de toneladas o más por encima de la que endulza ahora su café.

Especialistas cubanos de la industria azucarera creen posible que la producción de la venidera cosecha pueda experimentar un crecimiento entre el 25 y un 30 por ciento en relación con la pasada. De hacerse realidad semejante estimado podría confirmarse la tendencia a la recuperación de ese vital sector económico cubano.

Sin embargo, sobrepasar los cinco millones de toneladas no es nada excepcional en una industria que estabilizó producciones de más de 7 millones en el último lustro de los años 80 y los dos primeros años de los 90. Pero no es menos cierto que este ritmo de crecimiento, de mantenerse, haría realidad la estrategia gubernamental de concluir el siglo con los niveles de la década pasada.

Algunos expertos locales consultados coinciden en señalar que el incremento azucarero de la próxima cosecha estaría en el estado de las plantaciones. Ellos indican la existencia de una población cañera madura en los campos que ha recibido una adecuada fertilización, y ha sido favorecida por el régimen de lluvia y una adecuada atención.

Las aspiraciones están en aproximarse, como promedio nacional, a las 5 toneladas por hectárea. En la cosecha recién finalizada fue de 4,3 toneladas; sin embargo, este indicador de la eficiencia agrícola aún está distante de sus niveles históricos óptimos que se colocaron en las 6 toneladas por hectárea.

En cuanto al rendimiento industrial, de comportarse como en la contienda anterior -10,73 t. de azúcar por cada 100 t.-, estaría en un nivel similar a los logrados en zafras de 7 y 8 millones de t. de azúcar.

Uno de los dolores de cabeza de la pasada zafra estuvo relacionado con los medios de corte mecanizado y de transportación.

Esa situación pudiera subvertirse de entrar en acción las 500 cosechadoras del modelo KTP 2-M. Ellas duplican su capacidad de corte, son más eficientes tecnológicamente y consumen mucho menos combustible. Este es un factor de significación en el incremento de los índices de eficiencia global de la industria.

Para dar solución a este sensible asunto se priorizó la fabricación nacional de 2.000 carretas y 2.500 remolques, a lo que se sumaría el cambio de motores de gasolina por diésel a un parque superior a los 200 camiones.

Otro indicador de suma importancia será el relacionado con el combustible. En el caso de la industria será indispensable, consideran los especialistas, sobrepasar el 79 por ciento del uso nacional de la paja cañera como combustible en la producción de azúcar parda, lograda en la cosecha anterior.

La reducción significativa de los consumos de combustible resulta crucial, toda vez que por el alza de los precios del crudo en el mercado internacional, la isla deberá erogar 100 millones de dólares adicionales a lo previsto.

Los especialistas consideran que es posible volver a los resultados de la década pasada cuando en la producción de azúcar sin refinar no se utilizaba petróleo a partir del uso del bagazo de la caña.

La reducción de las fuerzas de corte manual (46.000 hombres en la pasada cosecha), por la vía del incremento del número y potencialidad de las máquinas cosechadoras y de organizar brigadas de alta productividad, será importante en el obligado propósito azucarero de bajar sus altos costos de producción.

El costo en divisas directa de la producción azucarera será también un indicador que debiera continuar su saludable tendencia al decrecimiento. En la cosecha del 94-95 fue de 160 dólares la tonelada, mientras en la 95-96, fue de 120.

Pero el incremento de los precios del petróleo introduce un problema en el interés nacional por reducir tan alto costo; más, la reducción de ese parámetro por otras vías de la eficiencia industrial y agrícola deviene necesidad imperiosa, en un sector que es fuente de empleo directo para más de 350 mil trabajadores y que de forma indirecta incluye en todo el país a unos tres millones de personas.

De acuerdo con el ministro cubano del ramo, ingeniero Nelson Torres, el incremento de la cosecha actual no experimentará un salto como el de la anterior, superior al 30 por ciento con relación a la del 95, de sólo 3,3 millones de t.

Los especialistas consideran que para hablar de la zafra 96-97 no se pueden obviar los ciclones Lili y Marco, cuyos vientos y lluvias perjudicaron a la mayoría de las provincias azucareras del país. Grandes extensiones de cañas anegadas y techos de ingenios que se fueron por los aires, fueron los principales perjuicios.

Ambos eventos meteorológicos influyeron en el retraso de las reparaciones industriales y de la maquinaria; pero también alteraron el ciclo vegetativo de las cañas y con ello, potencialmente, la merma de sus niveles de rendimientos.

Sin embargo, el talón de Aquiles de esta cosecha está en la disponibilidad de caña y la composición de las cepas. Ambos problemas son atribuidos, según los especialistas, al nocivo ejercicio de moler cañas que pertenecen a la cosecha venidera.

Esa práctica se verifica al final de cada recolección, cuando por imperativos de disponer de los volúmenes de azúcar pactados para su comercialización, se acude a las jóvenes plantaciones.

Ello tiene relación también en la misma medida que no se cumplen los parámetros de rendimientos agroindustriales pronosticados, y sobre los que descansan los niveles de azúcar comprometidos.

Tal situación se hace más dramática, si se tiene en cuenta que el país no puede renunciar a tales volúmenes del alimento con vistas a disponer de la moneda dura que requiere la deprimida economía cubana.

Por lo pronto, la composición de las cepas de esta cosecha que se inicia parece estar en plantaciones jóvenes de sólo once meses, cuando su momento óptimo para el corte es a los 20, aseguran expertos.

La alternativa de lograr mayores niveles de azúcar pasará como nunca antes, por la eficiencia, por los altos rendimientos y la reducción de los costos, afirman los especialistas.

De acuerdo con entendidos, aunque en diciembre empezó la zafra chica y sólo en enero se sumarán a la contienda la totalidad de los 156 centrales que tiene el país, es muy temprano para hacer predicciones, cuando estas son susceptibles a imponderables como la ocurrencia de cambios climáticos como ciclones o lluvias prolongadas a destiempo, que no pocas veces han echado abajo buenas intenciones, cuantiosos recursos y arduo trabajo.

En el orden del mercado internacional del azúcar, no se pronostican incrementos en los precios. El señor Peter Baron, director ejecutivo de la OIA, dijo en la citada reunión de La Habana que el estimado de la producción mundial es de 124 millones de toneladas, mientras la demanda será sólo de 121,3 millones.

Sin turismo no hay país

Las esperanzas de alcanzar, por fin este año, el millón de visitantes dejaba dudas, no obstante tanto la Aduana como el Ministerio del Turismo, contaron las llegadas hasta último minuto, por si acaso. Finalmente, cuando 1996 llegaba a su fin se dio a conocer la esperada cifra: 1.001 739 visitantes.

A mediados de año las autoridades del sector llegaron a decir «el millón parece más real que cuando se hicieron los pronósticos», porque los crecimientos experimentados hasta ese momento hacían pensar en lo mejor.

Si en el primer semestre de 1996, el crecimiento en este sector fue del 46 por ciento, en la recepción de vacacionistas y el 30 en los ingresos, hasta fines de diciembre, el aumento en relación con 1995 alcanzó el 29,1 por ciento. En todo 1995 eligieron como destino de vacaciones a la isla 658 358 personas.

Las cifras del tercer trimestre de 1996 fueron buenas. Hasta el cierre de noviembre fueron registrados por la Aduana, 874.015 visitantes. Sólo en ese mes viajaron a Cuba bajo la etiqueta del ocio, 84 300 personas, cuando ese período no es considerado siquiera entre los de la temporada alta.

Los pronósticos del Ministerio del Turismo, ajustados según las posibilidades reales casi de última hora, pusieron como cifra tope para este año el arribo de 960 000 visitantes. Sólo de alcanzarse una cantidad superior a la de noviembre, se podría llegar al millón tan deseado.

El 31 de diciembre, la cifra reconocida por el Ministerio del Turismo sobrepasó el millón, 250.561 por encima de los 751.168 de 1995. La Organización Mundial del Turismo (OMT) cataloga como visitantes a todos aquellos pasajeros que viajen a un país diferente al de residencia, sean cual sean sus motivos, salvo que lo hagan para ejercer una profesión remunerada. De ahí que entre los visitantes podrían estar incluidos los colaboradores, que no pueden ser calificados como turistas.

La comparación entre los 658.358 de 1995 y el 1.001.739 de 1996, hace pensar en el despegue definitivo de una industria sobre la cual pesan las miradas de todo el mundo y las esperanzas de las autoridades cubanas.

Algunos especialistas consideran que con el tiempo el turismo cubano ha cambiado. Ha cambiado su estructura, su planta hotelera, la fisionomía de los servicios, e incluso, sus principales emisores.

Italia cerrará el año como el mayor emisor, luego de haber desplazado en septiembre a Canadá. Hasta noviembre 30, 168.954 italianos habían viajado a Cuba con fines de ocio, lo que representa un 69 por ciento de crecimiento en relación con el año precedente, cuando sólo arribaron 99.994 de esa procedencia.

En segundo lugar queda Canadá, con 143.573, aunque este mercado también evidenció incrementos de 15 por ciento sobre los 124.084 canadienses recepcionados en 1995.

España presentó hasta noviembre un crecimiento del 30 por ciento para un total de 105.904 viajeros, superior en más de 20 mil personas a los 81.344 reportados en 1995.

Le siguen Alemania, Francia y México, los cuales también superaron la emisión lograda en los doce meses precedentes. Los otros emisores mantienen incrementos más discretos.

Según algunos especialistas, los resultados del segundo semestre del año no repercutieron notablemente en el total de 1996, aunque si pudieron afianzar las tendencias favorables al crecimiento que se apreciaron a lo largo de los últimos 12 meses.

De acuerdo con cifras preliminares, la industria del ocio alcanzaría ingresos brutos superiores a los de la zafra azucarera. Si el tradicional renglón exportable cubano reportó al menos 1.000 millones de ingresos brutos, el pujante sector del turismo cerró 1996 con 1.300 millones de dólares.

La eficiencia en esta esfera continúa, sin embargo, en entredicho. De acuerdo con fuentes del ministerio, como la contabilidad no es todavía ciento por ciento confiable, no se puede saber a ciencia cierta cuánto es lo que se gasta y dónde se producen esas pérdidas innecesarias. El control continúa fallando.

La inspección gubernamental celebrada al sector en noviembre pasado detectó que en el «control interno, en la contabilidad, es donde menos se ha avanzado y es una obligación poner en ello la mayor prioridad». Al respecto, el vicepresidente Carlos Lage señaló: «si los mecanismos de control establecidos no resuelven hay que cambiarlos, y si no hay una reacción, si las medidas que tomamos no solucionan los problemas, hay que actuar sobre los que tienen que resolver, si no se desmoraliza la dirección».

Entre los males que penden sobre el turismo como espada de Damocles están las cuentas por pagar y por cobrar. Las más de 4.700 visitas a 1.242 instalaciones del sector dentro del control gubernamental, arrojaron que las cuentas por pagar y cobrar ascienden a 81 y 80 millones, respectivamente.

Muchos las consideran un dolor de cabeza que habrá que erradicar de alguna manera antes del recontrol previsto para junio del próximo año.

Según la práctica internacional, el rango aceptable para la liquidación de las cuentas, es de 60 días. A ese límite se quiere acercar el turismo cubano y el país ha alcanzado indicadores inferiores en sólo algunas de sus entidades, por ejemplo la compañía Cubanacán, con un rango de 45-50 días, indicador que la ubica como puntera en el ramo.

Los titubeos de las inversiones es otra de las espinas clavadas justo en el corazón de esta esfera emergente. De acuerdo con algunos análisis, los pronósticos iniciales de terminar 5.400 habitaciones en el año fueron reajustados, primeramente a 4.000 y luego, a unas 3.500, de acuerdo con los cálculos de la última semana de diciembre el país concluiría 4.200 habitaciones, entre remodeladas y nuevas.

«Este es un sector que tiene condiciones para alcanzar una efectividad global de la inversiones. En este año debemos terminar unas 5.244 habitaciones de ellas unas 3.000 nuevas», había dicho a la prensa nacional el viceministro del ramo Eduardo Rodríguez de la Vega.

Le sigue como pieza clave, el atraso tecnológico en un amplio espectro que abarca medios, equipos, nuevos materiales, métodos más dinámicos y expeditos de organización del trabajo, en especial a pie de obra, entre otras. Ello implica, en buena medida también, concepciones más avanzadas en la elaboración de los proyectos, uno de los puntos neurálgicos del problema.

Con las habitaciones del último reajuste o más, el país podría contar para su temporada alta con unas 27 mil habitaciones, muy necesarias cuando los meses venideros -de enero a marzo-, prometen el arribo de 450.000 vacacionistas.

De todas formas, cálculos indican que los atrasos en la entrega de más de 1.800 habitaciones, ocasionarían pérdidas por unos 41 millones, por no haberse iniciado a tiempo su explotación.

Fuentes especializadas aseguran que aquí continúan incidiendo viejos problemas, conocidos por todos: proyectos, problemas de los inversionistas y los constructores, interrupciones por materiales que hay que adquirir en mercados muy lejanos, dificultades en la calificación de la mano de obra. Sin embargo, las autoridades, como de costumbre, reconocen el esfuerzo, «nunca se había alcanzado una cifra así en La Habana, un hotel en Cayo Coco, con 514 habitaciones en sólo 21 meses está entre los mejores parámetros mundiales», afirma algún que otro inversionista.

Aun así, se espera que el retraso no comprometa las cifras de recepción de 1997, donde los más optimistas quisieran ver cumplido un muy ambicioso sueño: 1.200 000 visitantes.

Los planes perspectivos están hechos, el programa de inversiones hasta el año 2000 pronostica la construcción de nuevas habitaciones hasta alcanzar unas

50.000 que podrían acoger en temporada alta a la cifra de visitantes previstos por el Ministerio de Turismo, así como la infraestructura necesaria para la prestación de los servicios.

Para el 2000, según las previsiones del MINTUR en coincidencia con el estudio hecho por la firma consultora Price Waterhouse, a la isla deben arribar entre 2,2 y 2,5 millones de turistas que deben aportar unos 3.000 millones de dólares de ingresos y algunos escépticos se preguntan, ¿llegaremos realmente?.

La situación geográfica de la isla da evidentes ventajas: según la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo de playa continúa como principal producto, aun cuando sus ritmos de crecimiento son inferiores al de otras modalidades, el volumen de personas que mueve es muy alto.

De acuerdo con la OMT en el 2000 habrá 670-700 millones de turistas, de ellos viajarán a América 147 millones y se moverán al Caribe (sin contar los cruceros) algo más de 20 millones. En el 2010 los viajeros serán 1.000 millones y el Caribe recibirá unos 30 millones, comparado con 11 millones en 1990. Entonces ¿por qué no Cuba? consideran los entendidos.

Los estudios realizados por el Ministerio de Turismo arrojan que Cuba tiene potencialidades para edificar unas 153 mil habitaciones, unos 1.200 recursos naturales, 537 atractivos turísticos, 75 arqueológicos, 60 de buceo, entre otras cualidades, sin embargo reconocen que ni éstos ni las instalaciones hoteleras y extrahoteleras llenarán la isla, si el turismo no despliega la calidad que necesita para competir en el área.

Resolver los problemas de la contabilidad, las cuentas por pagar y cobrar, la calidad, el trabajo con los cuadros se presenta como los rumbos estratégicos para el año que se acerca.

La cuerda floja por la que transita el turismo, dependiente de fluctuaciones económicas o fenómeno meteorológicos, tendrá en los meses venideros que hacerse más firme, consideran los ejecutivos.

Aun cuando los resultados apuntan al despegue definitivo y las ganancias crezcan de año en año, algunos se preguntan si el turismo cubano sobrepasó ya la fase de la improvisación.

De acuerdo con el titular del ramo Osmany Cienfuegos, «es necesaria una transformación de grandes dimensiones para poder competir en el Caribe, y eso sólo se resuelve con una labor de calidad que desarrollen desde el carpetero, el gastronómico, el contador, hasta el jardinero y el productor de artículos, en fin todos los vinculados a la industria del ocio».

De acuerdo con el ministro cubano de Turismo, «para llegar a los crecimientos que necesitamos debemos hacerlo sobre la base de la calidad. Si en Santo Domingo o en Jamaica la calidad es superior, el turista se va para allá y lo perdemos».

Según el vicepresidente cubano Carlos Lage «aún el país está muy por debajo de las posibilidades de recibir turistas» y ejemplificó por ejemplo, que sólo Varadero, el principal polo turístico de la isla, asimila tres veces más capacidades de las que cuenta, pensando, incluso, en un programa de baja intensidad».

Por su parte, la Organización Mundial del Turismo (OMT) tiene a la isla como a una de las de mayores potencialidades en el área caribeña, con 19,6 por ciento de incremento de visitantes en 1995, un año considerado clave en el planeta para esta esfera económica.

Pese al riesgo de los desequilibrios financieros, el negocio parece navegar con viento en popa y el turismo cubano sigue sus proyecciones de diversificación. El crecimiento del turismo cultural, la náutica y la búsqueda de mejores segmentos de mercado están entre sus aspiraciones para el futuro más cercano.

El relanzamiento del níquel

Desde principios del año 1996 la industria niquelífera cubana tuvo un buen comienzo. La firma de un acuerdo por unos 600 millones de dólares con la firma australiana Western Mining Corporation, para la explotación de nuevos yacimientos lateríticos en la zona de Pinares de Mayarí Oeste, a unos 800 kilómetros al nordeste de La Habana.

La inversión firmada por la parte cubana por Caribbean Nickel S.A., contempló la prospección, exploración, extracción, procesamiento y refinación del mineral en un plazo de unos seis años, primero, la formación de una empresa mixta y el inicio de los estudios de factibilidad.

Ello se traduce en la edificación de una quinta industria del níquel en esa región de la oriental provincia de Holguín, que dispondrá de una tecnología de punta en el procesamiento y la primera planta de refinación del mineral de la isla.

El citado yacimiento dispone de un estimado de 200 millones de toneladas de lateritas niquelíferas, con una ley superior al 1% de contenido de níquel y 0,1% de cobalto. Hasta ese momento no había sido contemplado en los planes perspectivos cubanos, atribuible -según algunos especialistas- a los probables perjuicios ecológicos que acarrearía su entrada en explotación, pues una buena parte de la meseta de Pinares de Mayarí ya ha sido intensamente trabajada, pero las necesidades del país parecen estar por encima de esa consideración.

En 1995 el níquel se colocó en el tercer renglón económico del país después del turismo y el azúcar. La industria niquelífera logró una reanimación que le hizo producir 40.000 toneladas de concentrado de níquel más cobalto, con ingresos por encima de los 90 millones de dólares.

Durante 1996, la industria impuso un récord histórico de producción al extraer 55.800 toneladas, un 30,7 por ciento superior a la alcanzada en el año precedente. Se estima que los ingresos se acerquen a los 126 millones de dólares.

Ya en noviembre la industria niquelífera había roto su propia marca y había producido 50.000 toneladas. La cifra de diciembre hizo el resto, dejando un alto promedio para un mes.

Por otra parte, el crecimiento de la extracción del mineral ha coincidido con la baja de los precios en el mercado mundial. La proa de esta recuperación parece estar -afirman observadores- en la inyección de capital foráneo en la actividad y la aplicación de nuevos esquemas empresariales que apuntan a la autogestión y la eficiencia económica.

El ejemplo más elocuente es el de la Sherrit Inc., de Canadá, que estableció una empresa mixta con la Compañía General del Níquel, de Cuba, que abarca todo el proceso productivo hasta su comercialización y cuya labor ha superado todas las expectativas.

Ese contrato contempla en una integración empresarial las minas a cielo abierto en la zona de Moa a unos 900 kilómetros al este de La Habana, la planta procesadora Pedro Soto Alba y la refinería de Fort Saskatchewan, en Alberta, Canadá.

Sólo durante 1996, la Empresa Niquelífera Pedro Soto Alba produjo 26.000 toneladas de sulfuro de níquel más cobalto, superando en 2.000 toneladas la capacidad nominal de la industria. Para 1997 esperan alcanzar 27.000 toneladas.

Los ingenieros y otros altos especialistas cubanos lograron tras varios años de trabajo, lograr niveles de eficiencia internacionales en la segunda industria de Moa, la planta Che Guevara, lo que facilitó también el incremento productivo.

En la actualidad se labora en la terminación de una cuarta industria procesadora del níquel en esa misma región holguinera, que en sus inicios fue auspiciada por los países miembros del Consejo de Ayuda Mutua Económica -CAME-, del bloque socialista y que tras la desaparición de éstos, quedó como nave al pairo.

Su capacidad será de 30.000 toneladas al año de óxido de níquel. Varios inversionistas extranjeros, incluidos algunos de los ex países socialistas del CAME, han reiniciado negociaciones con la parte cubana, incluso capital sudafricano también ha mostrado interés en formar asociación por una de sus tres líneas productivas. De lograrse un acuerdo su explotación no pasaría de los dos años, según estiman los especialistas.

No obstante, el área del níquel se proyecta con sólidas perspectivas de crecimiento y de reales posibilidades inversionistas en manos de capitales canadienses, australianos, europeos y sudafricanos.

Las reservas probadas de mineral son del orden de los 800 millones de toneladas y las probables en 1.200 millones de t., junto a una práctica de más de medio siglo en la actividad, con una base y experiencia técnica de alto nivel, auguran al níquel cubano un promisorio desarrollo.

El tabaco da señales

Aun cuando el clima y los efectos de la crisis que agobia a la isla en los últimos años han puesto en veremos la producción tabacalera, ésta reportó un crecimiento de 30,1 por ciento, con un total de 33.100 toneladas.

El sueño dorado de este sector era obtener 70 millones de habanos, hecho que confirmaría una incipiente recuperación, además de mantener al tabaco entre los cinco primeros rubros cubanos de exportación.

En medio de un año pleno de falsificaciones, producciones clandestinas y medidas punitivas contra el delito de reproducción ilícita y tráfico, el período puso el acento en el aumento de las denominadas hojas de capa con calidad exportable.

Con los 70 millones de habanos torcidos, se calcula que la isla produjo unos 10 millones más que en 1995.

A pesar del aumento, esta cifra de puros aún resulta insuficiente para un comercio insatisfecho que reclama no menos de 120 millones de estos portentos del buen fumar. Mientras, algunos conocedores de ese mundo consideran que la demanda de tan selecto producto cubano es ilimitada.

Los habanos, vendidos en unos 700 formatos, son considerados la exclusividad de las exportaciones cubanas. Se comercializan en más de 80 países y hay una red de casas especializadas en 30 grandes ciudades del mundo.

Ello explica el por qué el tabaco tenga a su haber más de 50 asociaciones económicas en materia de cultivo, producción y comercialización. Quizás el acuerdo más reciente, sea el firmado con una empresa brasileña para la fabricación de cigarrillos.

El año pasado los ingresos por la exportación de tabaco fueron de 100 millones de dólares. Pero es a su vez el que más ingresos reporta al Ministerio de la Agricultura.

El programa de recuperación tabacalera comenzó en 1994 con créditos foráneos, fundamentalmente de España y Francia. Para la última cosecha, los préstamos ascendieron a 35 millones de dólares, de los cuales 25 millones fueron aportados por Tabacalera de España S.A., principal socio de la cubana Habanos S.A.

Tabacalera S.A. es el principal inversionista para el suministro de fertilizantes, pesticidas, combustibles que antes de 1990 llegaban del antiguo bloque socialista de Europa.

Las autoridades cubanas pretenden con ese plan estabilizar la producción tabacalera en no menos de 100 millones de puros en 1997 y llegar al 2000 con 200 millones. Antes de 1989, la isla llegó a tener picos de elaboración de hasta 115 millones de habanos.

El programa de recuperación tabacalera tiene sus bases en el incremento de las áreas dedicadas a ese cultivo y en la elevación de los rendimientos.

Un estudio de factibilidad realizado por especialistas del Ministerio de la Agricultura asegura de que el país dispone de un potencial de 5.000 caballerías para este cultivo.

Como parte de esa política oficial, se han entregado hasta la fecha en usufructo cerca de 2.000 caballerías de esas tierras hasta ahora ociosas por falta de mano de obra. Unas 12.000 personas han sido beneficiadas por este plan.

El cultivo familiar en pequeñas y medianas vegas, es la clave en el éxito de esa producción; de la misma manera que la confección por manos expertas del tabaco torcido.

Ambas son prácticas acuñadas por cientos de años que, en los últimos tiempos -con fuerza en el cultivo- fueron violadas y hoy parecen tener una línea de rectificación para bien de las plantaciones y la economía del país, apuntan expertos.

Los rendimientos en el cultivo suelen ser el lado flaco. Este indicador alcanzó la mitad de lo considerado posible por especialistas y los cosecheros, quienes afirman que todo está en no violentar la disciplina tecnológica. El tabaco es una planta que requiere de tratamiento en su justo momento, ni antes ni después, insisten.

El mejoramiento de los suelos con materia orgánica y el regadío son otros factores claves a la hora de elevar los rendimientos. Estos dos complementos, a partir de esta cosecha, reciben un impulso en la medida que el financiamiento foráneo llega a paliar los déficits materiales.

Las casas de curación de la hoja tras su recolección, tienen dificultades. La falta de mantenimiento es la causa del deterioro. Esa situación no tendrá mejoría visible hasta la próxima campaña, apuntan fuentes cercanas al MINAGRI.

Las medidas organizativas, entre ellas, los resultados de la vinculación del hombre al área donde labora, el conteo físico de las plantaciones, junto al pago en divisa de una parte de los compromisos productivos, han contribuido a los resultados de esta cosecha.

Sin embargo, contra este esfuerzo conspira la espiral que ha experimentado la elaboración clandestina de puros con fines de contrabando al exterior o su venta en el mercado de fronteras en divisa.

Entre las autoridades existe preocupación por el asunto, toda vez que los embarques hacia otros países, fundamentalmente a Europa, son plagios de marcas de fama mundial y de pésima calidad, lo que conspira contra el prestigio del auténtico habano.

El despegue del petróleo

Los pronósticos de extraer 1.500 000 toneladas de crudo cubano pudieron alcanzarse y sobrepasarse hasta llegar a 1.863 000 toneladas. El incremento ascendió a 31,2 por ciento en relación con el período precedente y más de un 75 por ciento de esa cantidad fue producida en la zona central del país, con siete millones de barriles.

La producción de hidrocarburos experimenta crecimientos sostenidos en el último lustro, como consecuencia de la apertura al capital extranjero a partir de 1990, que conllevó además de una explotación más racional de los yacimientos.

Fuentes oficiales indican que en la actualidad se producen 31 mil barriles diarios, lo que duplica la cifra de los últimos años y se espera siga creciendo en un futuro próximo.

Empresas de Canadá, Suecia, Gran Bretaña y Francia, entre otras, operan 19 de los 32 bloques en que quedó dividido el territorio cubano para la actividad de búsqueda y explotación de hidrocarburos. Estas entidades han estudiado más de 9.000 kilómetros de líneas sísmicas y perforado varios pozos de exploración con un grado de acierto aproximado de seis a uno.

La tecnología de producción incrementada suministrada por las compañías extranjeras aportó alrededor del 20 por ciento del crecimiento registrado en la extracción en 1995.

De acuerdo con el especialista cubano Manuel Marrero, del Ministerio de la Industria Básica, «Cuba es un país con buen potencial petrolífero y esperanzadoras perspectivas en este campo».

Según estudios hechos en la nación, en el territorio existe un área de más de 140 millones de kilómetros cuadrados con grandes posibilidades de contener yacimientos de hidrocarburos. «Si se tiene en cuenta que la explotación petrolera recién comienza y que existe un amplio rango de trampas petrolíferas, es previsible el próximo descubrimiento de no menos de tres nuevos yacimientos», señaló el especialista.

La isla tiene reservas probadas de 25,6 millones de metros cúbicos de petróleo y posee «reservas pronóstico» de más de 10.000 millones de metros cúbicos de hidrocarburos, indican informes científicos.

A pesar de haber extraído 1.500.000 toneladas del oro negro cubano, esta cantidad solo representa entre 15-20 por ciento de las necesidades del país, fundamentalmente para la generación de electricidad y producción de cemento, y el resto tuvo que importado este año con un gasto adicional por el alza de los precios del crudo a nivel mundial estimado en 100 millones de dólares.

Café bueno, pero poco

Uno de los tradicionales productos cubanos de exportación, el café, podría comenzar a reanimarse y alcanzar para el año 2000 más de 45.000 toneladas, indicaron durante 1996 fuentes del Ministerio de la Agricultura, sin que se conozcan aún los resultados de la campaña 96-97, golpeada como otros cultivos por las inclemencias del tiempo.

De todas formas en los cierres del año dados a conocer en la Asamblea Nacional, el café no fue mencionado, ni para bien ni para mal.

La cosecha 95-96 fue clasificada entre las seis peores de todos los tiempos, con un estimado final de unas 15.000 toneladas métricas.

La cifra estuvo por debajo del 14% del incremento proyectado e, incluso, inferior a su antecesora en que se recolectaron 17.727 toneladas; aunque fue discretamente superior a la del 93 que se colocó en el orden de las 13.636 t.

Salvo el que se destina al mercado de fronteras en divisas, los cubanos no tienen prácticamente acceso a uno de los mejores cafés del mundo, salvo el que se adquiere en el mercado negro donde es altamente cotizado.

Algunas fuentes aseguran que con una parte del dinero del grano exportado, se compra otro de inferior calidad y mayores volúmenes, suficiente para la distribución normada y el denominado consumo social, previamente mezclado con cereales o leguminosas.

Cuba ocupa el lugar 36 en el listado de países exportadores del grano. No obstante, dispone de nueve variedades de café de alta calidad que se cotizan muy bien, entre éstas, la Christian Mountains, cuya producción, en su inmensa mayoría, es adquirida por Japón a un precio que oscila entre 9.000 y 12.000 dólares.

Los restantes mercados del aromático grano cubano están localizados en el Viejo Continente. Ellos son Alemania, Holanda, España, Francia e Italia, en lo fundamental.

Por ser uno de los cultivos tradicionales de exportación, las autoridades están empeñadas en transformar el estado calamitoso de dicho rubro y colocar la cosecha en el rango del millón de quintales o más, unas 45.454 toneladas.

Semejante parámetro tiene en la isla una validación histórica. Esa cantidad se ha logrado en cinco cosechas: tres entre 1955-59, en 1961, la mayor de todos los tiempos con 59.590 toneladas y la última en 1967.

Según Fidel Ramos, vicetitular de esa entidad, para materializar ese objetivo es imprescindible aprovechar al máximo las potencialidades y detener la depresión cafetalera en las provincias dedicadas a ese cultivo.

Entre las causas del deterioro se encuentran el éxodo de unos 110.000 habitantes de los sitios montañosos en la década de los 70, el déficit de más de 40.000 obreros en los años 80, aspectos que provocaron una progresiva desatención a los cafetales, además de la indisciplina tecnológica y la erosión de los suelos.

La creación del Plan Turquino para la reanimación de las áreas montañosas rurales propició que comenzaran a revertirse algunas de las tendencias negativas que afectaron la rama cafetalera y trajeron como consecuencia que se iniciaran transformaciones en las áreas y concepciones productivas.

Sin embargo, no pudieron detenerse totalmente la crisis y las afectaciones al estado vegetativo de las plantaciones.

Tal es así que todos los enclaves del Plan Turquino-Manatí, producen actualmente por debajo del 50 por ciento con respecto a los años en que lograron sus producciones récord, a pesar de que el Ministerio de la Agricultura dispone de un patrimonio cafetalero superior a las 10.000 caballerías, ha creado más de 100 Unidades Básicas de Producción Cooperativa y fomenta la entrega de tierras en usufructo.

La coincidencia de los factores antes mencionados, la crisis económica y las afectaciones climáticas agravaron la situación y acentuaron las pérdidas en las cosechas. A esto se sumó además el reducido marco financiero para garantizar las materias primas y los recursos necesarios para la transportación, acopio y mantenimiento en la esfera.

El programa de medidas para revertir esta situación prevé el aumento de la exigencia a los cafetaleros, sobre todo en la provincia de Santiago de Cuba, la mayor productora que este año vio caer sus niveles en un 37 por ciento.

El sector de los cafetaleros concentra en el país a más de 40.000 trabajadores localizados en 38 municipios en las provincias orientales de Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma y Holguín. Asimismo en las centrales de Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos y la occidental Pinar del Río.

Dispone de 430 plantas de beneficio, principalmente despulpadoras, más de un millón de metros cuadrados de secaderos que en su mayoría precisan de urgente mantenimiento.

Mientras, la industria torrefactora ha tenido un sensible mejoría de cara a la producción para la exportación, con la introducción de equipamiento de la más alta tecnología, con sistemas de clasificación y selección altamente automatizados.

En la actualidad, el país dispone de 10.200 caballerías de café (1cab.=13,4ha.) y pudieran incrementarse en lo inmediato a unas 13.000. Semejante incremento de las áreas de siembra pondría al país en condiciones, al cabo de un trienio, de entrar potencialmente en cerca de 45.000 toneladas.

Según fuentes especializadas, la producción mundial de café alcanzará en el período 96-97 un volumen de 99,7 millones de bolsas (de 60 kilogramos cada una), cifra superior en 16 por ciento al registro de la cosecha actual.

Reportes de la Organización Internacional de Café (OIC), con sede en Londres, el alza obedece a un aumento de más del 70 por ciento de la producción de Brasil. Los pronósticos de la OIC provocaron un descenso en las cotizaciones del producto en el mercado mundial, donde el precio de una tonelada del grano de calidad robusta se ubicó en 1.400 dólares, mil dólares menos que en el año precedente.

La crisis entra por la cocina

La preocupación esencial del cubano común es la alimentación y aunque los mercados ‘parecen’ atestados de comida, las autoridades aseguran que las cantidades son incomparablemente inferiores que las que se entregan de forma normada.

El déficit generalizado de alimentos quedó atrás definitivamente, pero en los agromercados de libre concurrencia abiertos por el gobierno, en 1994, los precios se mantienen altos para el bolsillo de la media de la población, a pesar de una baja durante 1996 de aproximadamente 30 por ciento.

La crisis económica que vive la isla desde inicios de esta década tuvo entre sus primeras manifestaciones la reducción en más de la mitad de las importaciones de alimentos, la caída de todas las producciones agrícolas y el descalabro total de la ganadería.

El cubano, que en los años 80 recibió los beneficios de la venta normada de alimentos subsidiados por el Estado y de un mercado paralelo bien abastecido, se encontró de «golpe y porrazo» sin mercado paralelo y con la necesidad de acudir a los vendedores ilegales para satisfacer sus necesidades.

El sistema de venta racionada, que en 1989 garantizó entre 1.500 y 1.600 kilocalorías percápita diarias, descendió considerablemente a inicios de los años 90 y, según expertos en nutrición, en los peores momentos llegó a garantizar sólo unas 1.000 kilocalorías.

Para todo lo demás están las llamadas tiendas de recaudación de divisa o el mercado agropecuario. Los cubanos compran el litro de aceite a 2.85 dólares, el kilogramo de jamón a 100 pesos y para la leche en polvo acuden al mercado subterráneo donde se cotiza 50 por ciento más barata.

Y es lógico. Durante las últimas tres década la población cubana creció hasta los 11 millones de habitantes y hasta 1989 dispuso de los alimentos para satisfacer los requerimientos energéticos y proteicos establecidos por las normas internacionales.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), los requerimientos mínimos de macronutrientes se encuentran entre 2.310 kilocalorías y 35,5 gramos de proteína diaria.

Fuentes oficiales cubanas aseguran que entre 1965 y 1988 la disponibilidad de energía pasó de 2.552 a 2.953 y el consumo per cápita de proteínas aumentó de 66 a 79 gramos, lo cual colocaba a la población cubana en una situación «privilegiada».

Pero con la desaparición del campo socialista, desaparecieron los principales abastecedores de la isla y comenzaron a escasear alimentos tan importantes para el organismo humano como la leche, los huevos, los cereales, las carnes, las frutas y los vegetales.

El año 1989 marcó el punto de giro de la economía cubana y para entonces el país importaba el 79 por ciento de los cereales que consumía, el 99 por ciento de los frijoles, el 21 de las carnes, el 38 por ciento de la leche y sus derivados y el 94 de las grasas.

El país se ve contra la pared, de ahí que aspire a suplir algunas importaciones con producciones nacionales. Tal es el caso del arroz, donde capitales foráneos han invertido para su recuperación y se aspira en la cosecha que concluirá en marzo alcanzar alrededor de un 30 por ciento de la demanda nacional.

La producción de viandas y hortalizas crece lentamente, sin llegar a niveles que permitan mejorar el aspecto de la mesa del cubano. Durante 1996 se produjeron alrededor de 1.785.000 toneladas, cerca de 440.000 por encima de lo alcanzado en 1995. Según fuentes oficiales, la agricultura cubana creció en 1996 un 17,2 por ciento.

En los organopónicos desarrollados en toda la isla -1.560 organopónicos y 433 huertos intensivos, que abarcan unas 412 hectáreas en todas las provincias-, se obtuvo una producción de 50.000 toneladas.

Sin embargo, este incremento dista bastante de las necesidades del país que no consigue una oferta estable y variada durante los doce meses y puede garantizar apenas la producción de sus industrias de conservas.

De acuerdo con el ministro del ramo, Alfredo Jordán, en 1997 se espera alcanzar una producción de 2 millones de toneladas de viandas, hortalizas y granos. Gran peso en este aumento tendría el cultivo de la papa, único renglón que permite guardar en frigoríficos cantidades aceptables.

Un énfasis especial se realizó en el desarrollo de la acuicultura para aumentar las capturas de peces de agua dulce. Como resultado de ello la producción nacional alcanzó, hasta el 20 de diciembre las 40.000 toneladas, cifra que representa un crecimiento del 37 por ciento, es decir 11.000 toneladas más que en el período precedente.

Este récord se logró con sólo el 30 por ciento de la superficie de estanques previstos y un 37 por ciento del pienso necesario. Los crecimientos fueron posibles con las nuevas formulaciones de pienso y con la solución de carencias de equipos aportadas por los innovadores, según se dio a conocer en el XI Fórum de Ciencia y Técnica.

Los incrementos productivos que se esperan en 1997 deberán garantizar más platos a la mesa, en el caso de los productos agrícolas, además, una reducción en los precios, de producirse la tan anunciada «mayor participación estatal» en los mercados agropecuarios. El cubano común no anda creyendo mucho en promesas, para muchas cosas, sólo entiende bajo la máxima de que «vista hace fe».

Entre reformas y contradicciones: ¿hay o no hay dinero?

El cubano, con su acostumbrada agudeza, reconoce que los tiempos han cambiado. Si antes del llamado período especial no pocos de sus compatriotas se guardaban los cinco centavos para pagar el transporte público dentro de la oreja, ahora no podrían hacerlo… dentro de una oreja, por muy grande que sea, no caben cuatro u ocho medios, o su equivalente en monedas de 20 centavos, indicadores del alza del precio del transporte.

Desde el año 1995, el cubano medio se preguntaba dónde estaba ese exceso de circulante que no encontraba por más que revisaba sus bolsillos. Después de mucho sacar cuentas, los economistas y hasta el gobierno parecen más dispuestos a oír los cálculos populares.

«Es contradictorio, dicen por las calles los que no tienen otro ingreso que su salario, dónde está todo ese dinero». Durante tiempo las autoridades y la prensa no han dejado de apuntar con el dedo acusador hacia el exceso de liquidez, pero ahora parecen menos seguros a la hora de determinar cuánto es el dinero que sobresale por encima del saco. El nivel de liquidez que requiere la economía cubana en las actuales condiciones es una incógnita que despierta polémicas.

Los economistas, sin embargo, parecen haber llegado a un consenso: el volumen de circulante necesario para el buen funcionamiento de la economía debe ser evaluado de acuerdo con las transformaciones que esta última ha experimentado y que la hacen bien diferente a la de 1989 y recomiendan un estudio al respecto.

A lo largo de 1996, el circulante efectivo osciló todo el tiempo alrededor de 3.500 millones de pesos. El resto, cerca del 6l por ciento de la liquidez, permaneció a buen recaudo en cuentas de ahorro. En opinión de especialistas, el volumen de efectivo muestra una tendencia a la estabilidad que refleja, probablemente, la masa monetaria que necesita hoy la economía cubana en las transacciones diarias del comercio, en el cual toman parte, además del Estado, un creciente número de actores independientes.

Cuando la cifra fue insuficiente, hecho que sucedió en varias ocasiones, se hizo imprescindible aumentar la circulación hasta unos 300 millones de pesos más.

De acuerdo con estimados del Banco Nacional de Cuba, la liquidez supera los 9.200 millones. La entidad afirma que durante el año se produjo una desaceleración de la reducción de ese indicador, además de una contracción en los volúmenes de recogida del exceso de circulante, pues los llamados extractores de dinero -bebidas alcohólicas y cigarros-, han perdido su nivel recaudador. Solo las ventas de cigarros se redujeron en 34 por ciento.

Todos los expertos, sin embargo, no tocan la misma melodía. Algunos titubean y otros miran con preocupación el frenazo en la reducción de la liquidez; muchos están convencidos de que aún hay demasiado dinero en circulación, sólo que concentrado en ciertos bolsillos y, sobre todo, en determinadas cuentas de ahorro. Tal criterio alienta recomendaciones hechas al gobierno para ajustar mecanismos de protección a los sectores vulnerables del pueblo e incrementar la oferta de bienes y servicios a la población en correspondencia con la segmentación conocida de la demanda solvente.

Las autoridades, sin embargo, han vacilado a la hora de decidir la venta de productos específicos a sectores de alta solvencia, como los campesinos o los llamados intermediarios. Aunque ese paso era esperado en 1996, su ejecución se ha visto dilatada en el tiempo.

Al evaluar la tendencia al agotamiento de las medidas de saneamiento financiero, los expertos prefieren dirigir los ojos hacia la producción, en busca de una salida. Según el dictamen aprobado por una asamblea de economistas de la capital cubana, «las medidas aplicadas hasta el presente han sido fundamentalmente de carácter financiero y, aunque les reconoce efectividad, plantea que es necesario incrementar la oferta para ajustarla al nivel de la demanda. La solución estaría, entonces, en una mayor producción de bienes de consumo.

«Los desequilibrios en la esfera de la circulación -concluye el dictamen- sólo se resolverán atendiendo a sus causas originales en la esfera de la producción.»

Las medidas de carácter fiscal y el alza de precios adoptados a mediados de 1994 tuvieron un efecto sorprendente sobre anomalías financieras como el déficit presupuestario y el exceso de liquidez. Este último había llegado a 11.900 millones de pesos, casi cuatro veces el volumen que requería la economía en las condiciones previas a la recesión. Tan sólo en la segunda mitad del año 1994 se recogió el 78 por ciento de todo el dinero sacado de la circulación desde que se inició el programa de saneamiento financiero hasta la actualidad.

Como cualquier moneda, ese dato tiene dos caras. Además de la inmediatez del impacto, revela el debilitamiento posterior de las medidas para recaudar circulante con los llamados extractores.

La revitalización de la gastronomía en moneda nacional, que este año clavó banderas en la capital después de hacerlo en otras provincias, compensó en alguna medida la atenuación de las ventas de cigarro, mientras que el comercio también ha comenzado a reanimarse con la apertura de tiendas como las que venden artículos de segunda mano en moneda nacional.

Especialistas consideran que aunque el saneamiento parece haber caído en un punto muerto, como objetivo estratégico de la política monetaria ha mantenido su curso satisfactorio.

Los precios del mercado agropecuario han disminuido en 30 por ciento, el peso ha ido recuperando su nivel adquisitivo, a pesar del impasse en la disminución de la liquidez. A juicio de analistas, otro indicio de que el nivel de efectivo en la población va dejando atrás su carácter de excedente es la extracción durante el año de más de 20 millones de pesos.

Expertos aseguran que la mejoría en el nivel de precios dista de una correlación adecuada entre los ingresos medios y los precios de muchos de los productos de los mercados nacidos con las reformas.

Según el informe del Ministerio de Economía y Planificación, los ingresos de la población crecieron en 11,4 por ciento, mientras que el salario medio pasó de 190 a 203 pesos mensuales para un 6,8 por ciento de aumento, superior al 3,4 planificado. Sin embargo, entendidos señalan que debido al deterioro sufrido en el nivel de vida de la población en los últimos años, ese aumento está lejos de hacerse palpable y recuperar los índices de finales de la década de los 80.

Por razones similares, también han aumentado los pagos al sector campesino y a las Unidades Básicas de Producción Cooperativa; incluso, de manera más acentuada que el crecimiento del gasto en salarios.

Las Casas de Cambio CADECA S.A. pusieron una gota nada despreciable en la copa de la liquidez en moneda nacional. La compra de dólares a la población, incentivada en particular durante el mes de octubre, inyectó una cantidad considerable de pesos en la calle.

La caída del peso anunciada por CADECA a fines de noviembre tomó de sorpresa a mucha gente. Después de bajar de manera sostenida hasta 18 pesos -precio de compra del dólar y el peso convertible- y 20 pesos -precio de venta del peso convertible-, Casas de Cambio S.A. se vio precisada a subir a 20 y 22. Más estupor, sin embargo, causó la declaración de la firma de que hacía aquello para ponerse a tono con las tendencias del mercado. Tal afirmación contradecía la creencia, bastante generalizada, de que CADECA había forzado, de manera artificial, la revalorización del peso.

Al cierre del año CADECA S.A. puso una nota diferente en la calle, situó el precio para la venta y compra del dólar en 20 pesos e impidió a los especuladores sus maniobras intermunicipales.

El fin de año despertó la duda sobre la posibilidad del gobierno de controlar esa tendencia para evitar una nueva caída en el valor del peso.

En la misma cuerda, el investigador Gerardo Trueba estima que las operaciones financieras no aportan una solidez real a la moneda nacional. «Para que el peso cubano tenga fortaleza debe existir un cambio sustancial en los niveles de producción de la economía. No puede considerarse una recuperación del peso cubano a partir de «índices de valor», debe existir un volumen de producción que la respalde.»

Pero, a pesar de incrementos en varios sectores, fundamentalmente los exportadores, la producción queda a la zaga del dinero en circulación, por lo que es necesario volcarse hacia ella como el próximo paso del saneamiento, sin dejar a un lado la aplicación de la política impositiva.

El pago de los impuestos se convirtió este año en el peor dolor de cabeza de los trabajadores por cuenta propia, muchos de los cuales afirman que se trata de un intento por asfixiarlos.

Hasta el mes de octubre, un 19 por ciento de los 167.335 cubanos que la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT) tenía inscriptos como trabajadores por cuenta propia, no pagaban a tiempo el importe de sus cuotas mínimas mensuales o tenía alguna deuda con el fisco.

Aunque según los propios informes de la ONAT la disciplina de pago en los últimos meses tiende a mejorar, el fenómeno alerta a las autoridades de esta oficina ante el comienzo el próximo primero de enero de 1997, del proceso de la Declaración Jurada para todos los trabajadores por cuenta propia.

Directivos de la ONAT señalan que este proceso se extenderá en toda la isla hasta el primero de marzo del próximo año y a él deben llegar todos los contribuyentes con sus compromisos fiscales actualizados.

De acuerdo con Gutiérrez, este 19 por ciento de morosos o con deudas fiscales representan unos 2.000.000 de pesos mensuales que el Estado deja de recaudar para cubrir distintos gastos sociales.

«Esta cifra -apunta- significa, por ejemplo, el salario de unos 7.000 profesionales cubanos que cobran cerca de 300 pesos. Además de que es un dinero que incrementa el excedente monetario que hoy gravita sobre nuestra economía y que en gran medida también no permite una mayor reducción de los precios en los mercados donde prima la oferta y la demanda.»

El presupuesto estatal de la isla para 1996 fue de unos 11.600.000.000 de pesos. Del total de los ingresos, unos 120.000.000 -un poco más del uno por ciento- proviene de los impuestos a los trabajadores por cuenta propia, quienes en el curso de 1996 fueron adquiriendo una disciplina impositiva.

«Si en febrero de este año, revela Gutiérrez, sólo un 47 por ciento de los cuentapropistas del país pagaban a tiempo sus compromisos fiscales, la cifra en octubre ascendió hasta el 81 por ciento.»

Estadísticas de la ONAT señalan que si en relación con los potenciales de pago de los trabajadores privados del país, la disciplina de esta contribución registraba en enero de este año un 58,3 por ciento, en octubre la cifra aumentó hasta el 74,7 por ciento.

Sin embargo, en relación con el cobro de la cuota mínima mensual, la disciplina de pago decreció en octubre en un 0,5 por ciento respecto al mes anterior, al registrar un 81, 4 por ciento.

Por otra parte, las autoridades fiscales de la isla señalan que nunca se cierran todas las puertas para quienes tengan dificultades con sus tributos al presupuesto.

«Existen convenios de hasta 10 plazos de pago para quienes enfrenten restricciones financieras» -explica el titular del Departamento de Asistencia al Contribuyente. «También pueden negociar con nuestra oficina la suspensión temporal del ejercicio privado hasta que ellos decidan.»

Estimados oficiales consideran que el monto total de la deuda de los trabajadores privados con el fisco alcanzaba nacionalmente los 50.000.000 de pesos.

Estrangulamiento premeditado o no, si a inicios de 1996, el total de trabajadores por cuenta propia ascendía a 208.000, hasta noviembre último 55.124 trabajadores por cuenta propia de la isla cerraron sus negocios para buscar otros caminos más rentables, cuando esta fue una de las medidas aplicadas dentro del programa de reformas como una salida a la imposibilidad de estado de garantizar empleos para todos y ante la posibilidad de que entre 500.000 y 700.000 personas pierdan su trabajo como resultado de la reestructuración laboral en curso.

De acuerdo con la CTC, en la isla son desempleados el siete por ciento de los 5,5 millones de personas que integran la población económicamente activa de Cuba. Unos 4,6 millones trabajan en el sector estatal civil, las cooperativas y el sector privado.

Estadísticas oficiales señalan que la mayoría de los desocupados son jóvenes entre 17 y 30 años, con un nivel medio y medio superior de enseñanza y un predominio, entre ellos, de las mujeres. Sólo en la capital, la Dirección de Trabajo tiene registrado un 10,4 por ciento de mujeres desempleadas contra 4,5 por ciento de hombres.

Juan Triana, director del Centro de Estudios sobre la Economía Cubana, considera que la cifra de desempleados de la isla no tiene comparación con la de otros países. «Pero para Cuba sí es un problema social que las autoridades intentan solucionar».

La Resolución 6 del Ministerio de Trabajo estableció el respaldo salarial durante dos años para las personas que sean despedidas por reajustes de plantillas. Así los desempleados cubanos también recibieron el calificativo de «disponibles».

Según estadísticas de este ministerio, en los últimos años en el país, más de 120.000 trabajadores fueron racionalizados de sus puestos de trabajo. «De ellos, comenta Salvador Valdés, titular del sector, faltan por reubicar cerca de 11.000, quienes reciben entre el 40 y el 60 por ciento del total de su salario».

Las difíciles condiciones de trabajo y los bajos salarios son los argumentos que, según expertos, esgrimen hoy quienes en la isla abandonan su empleo oficial para buscarse la vida en el negocio privado, la economía subterránea o en los cotizados puestos del turismo y las corporaciones con capital mixto.

A pesar de aplicar algunas políticas de estimulación salarial directa en determinados sectores priorizados del país, como el azúcar, el petróleo y el níquel, entre otros, que a final del año abarcaron a más de 830.000 personas y otros 500.000 recibieron módulos de ropa, calzado y aseo, que aumentó su ingreso no monetario, las autoridades cubanas aseguran que por ahora no habrá una reforma de salarios para todos los cubanos hasta que no ocurra un incremento real de la producción y la productividad que la respalde.

La Central de Trabajadores de Cuba aseguró recientemente que en la capital de la isla existe un gran déficit de maestros primarios y de personal de apoyo en la salud, y que el gobierno cubano posee tierras cultivables en todo el país para entregarlas en usufructo a unas 500.000 personas que deseen trabajarla, además de puestos de trabajo disponibles en la construcción, la agricultura y los servicios.

Ante la magnitud del problema, algunos funcionarios se rascan la cabeza y no hallan solución, «pues no hay plazas para que todo el mundo trabaje».

Entre las líneas esenciales de 1996 estuvo el inicio del proceso de redimensionamiento empresarial, dirigido a adecuar las instalaciones industriales al nivel de los recursos disponibles para una óptima explotación. Según José L. Rodríguez este programa fue concluido en su primera etapa en el sector textil -donde predominaban industrias asfixiadas por el gigantismo heredado del extinto campo socialista y que nunca dispuso de toda la materia prima necesaria para producir a plena capacidad-, y ha avanzado en la rama electrónica y en otras esferas industriales.

El redimensionamiento, catalogado por expertos como «un giro de 180 grados», busca la eficiencia empresarial a través de la reestructuración del empleo, la reconversión tecnológica, la descentralización y diversificación de la propiedad.

Durante 1996 continuó discretamente la reforma bancaria que persigue, en esencia, la descentralización del sistema. Sin embargo, el análisis de una nueva ley de bancos que debía realizar el Parlamento en octubre pasado, será una de las acciones pospuestas para 1997.

Un proyecto que propone cambios estructurales asegura que la descentralización, la creación de una banca comercial, entre otras medidas, asegura que la reforma otorgará operatividad y dinamismo a las gestiones bancarias y financieras y que la afluencia de capital hacia Cuba ganará agilidad, además protegería a la industria nacional de la competencia extranjera, aunque no enmendaría una limitación del sistema financiero cubano: la tasa de cambio, criticada por expertos al no reflejar el valor de la moneda e introduce distorsiones en la valoración de las importaciones y exportaciones y en la actividad económica en su conjunto.

Inversión extranjera no es la varita mágica, pero…

Con el fantasma de la ley Helms-Burton apareciendo en cada esquina, la isla prosigue el proceso de apertura a la inversión extranjera, bajo el amparo de la ley que con este fin fue aprobada en septiembre de 1995.

De acuerdo con Ibrahim Ferradáz, titular de las inversiones, «Cuba concertó en 1996 un mayor número de asociaciones con participación extranjera y por un monto mayor que en igual período del año anterior».

Considerada importante para la reanimación económica sin llegar a los extremos de ser «la varita mágica, según Carlos Lage, la inversión extranjera representa el 3 por ciento del PIB y emplea un 5 por ciento de la fuerza laboral.

De todas formas, para las autoridades es innegable que la apertura a la inversión ha contribuido al incremento de las exportaciones y de los ingresos en divisas, a la modernización y puesta en marcha de instalaciones semiparalizadas, además de la recuperación de los tradicionales cultivos que corrían el peligro de perderse.

Una de las premisas de la inversión extranjera en la isla es la atracción de tecnologías que ha sido también una «manera de mejorar la capacidad gerencial de los directivos empresariales cubanos.

De acuerdo con declaraciones de Carlos Lage, «las inversiones extranjeras están presentes en 34 sectores y ramas de la economía: 56 en el turismo, 28 en la minería, 25 en el petróleo, por citar los cuatro más representativos».

Las empresas mixtas, una de las modalidades más recurrentes, tienen gran peso en la minería, específicamente en el níquel, en la administración de hoteles, en la telefonía, en la exploración y explotación petrolera.

«Los capitales invertidos provienen de 43 naciones y se han introducido formas nuevas de asociación, como son los financiamientos para la recuperación azucarera, tabacalera y arrocera, las inversiones en bienes inmuebles, e incluso, inversiones cubanas en el exterior en actividades como la construcción, los astilleros y la refinación de níquel y cobalto, entre otras», refiere Lage.

El sector del turismo continúa como uno de los más atractivos para los capitales extranjeros. Solo durante los primeros siete meses del año, cuatro entidades turísticas: Cubanacán SA, la cadena de marinas Puertosol, y los grupos hoteleros Gran Caribe y Horizontes, suscribieron 11 contratos con firmas extranjeras. De cuatro de ellos derivó la constitución de empresas mixtas.

Considerado como el más sobresaliente de estos convenios, el contrato rubricado por Gran Antilla SA, subsidiaria de Gran Caribe, y la firma canadiense Wilton Properties Limited, dio inicio a Vancuba Holding SA, que en los diez próximos años edificará unas 4.200 habitaciones hoteleras.

Según funcionarios del MINTUR, en 1996 se concertaron en la llamada industria sin humo 6 contratos de administración, 9 empresas mixtas y 8 contratos de administración conjunta.

Hasta noviembre, según fuentes oficiales, se encontraban en fase de negociación 143 proyectos de asociaciones, se continuará trabajando en proyectos dirigidos hacia el turismo y la minería, y se priorizará la promoción de las asociaciones en la industria manufacturera y en aquellas ramas que permitan la creación de fuentes de empleo.

Impulso recibirán también las inmobiliarias que regresaron a la isla tras décadas de ausencia. En julio concluyó la reparación de la Lonja del Comercio, fruto de un negocio inmobiliario entre la Oficina del Historiador de la Ciudad y el grupo bancario español Argentaria.

Desde principios de 1996 de mencionaron otros negocios de este tipo, pero la acostumbrada cautela de las autoridades, que no afirman ni desmienten, dejan la duda si los convenios para la construcción de edificios para alquiler a tiempo compartido, la remodelación de la Manzana de Gómez, se mantienen o no, porque por esas zonas no se ve ni un ladrillo.

El campo de las zonas francas será otra de las líneas que se estimulará en los próximos meses, amparadas por la legislación aprobada al respecto y considerada a la altura de los requerimientos modernos.

Al cierre de 1995 el Ministerio para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica aseguró que compromiso de inversión era de 2.100 millones de dólares.

El titular de Economía, José L. Rodríguez mencionó ante el Parlamento en diciembre «el creciente número de asociaciones económicas con capital foráneo, que pasó de 212 a 260 entre 1995 y 1996, pese a las maniobras intimidatorias de nuestros enemigos».

De acuerdo con el informe económico presentado ante la Asamblea Nacional, las inversiones crecerán en 1997 un 9 por ciento, manteniéndose la prioridad de los programas del turismo, del sector azucarero, la industria del níquel y la pesquera, entre otros sectores.

El dilema de la ley Helms-Burton

Ser o no ser, el eterno dilema de Hamlet, parece rodear el destino de la ley estadounidense Helms-Burton que, a casi un año de su aprobación, sigue enfrentando un futuro incierto.

La ley Helms-Burton, firmada por el jefe de la Casa Blanca el 12 de marzo, pretende sancionar a gobiernos, empresas o personas de terceros países que comercien con Cuba o «trafiquen” con antiguas propiedades estadounidenses en la isla.

Según la norma, el Congreso en Washington se aseguraría de que no entre a Estados Unidos ninguna materia prima cubana o bienes producidos total o parcialmente en Cuba por empresas nacionales o extranjeras o elaborado en un tercer país a partir de productos cubanos.

El gobierno norteamericano suspendería sus contribuciones a organismos internacionales que ayuden a la isla y tomaría represalias contra Rusia si contribuye a la conclusión de una central nuclear en Cuba, de acuerdo con la ley.

Al mismo tiempo, Washington propiciaría la elección de un nuevo gobierno en Cuba que debería rendir cuentas cada año a la presidencia de Estados Unidos.

La ley establece, además, la negación de visa de entrada a Estados Unidos a cualquier persona que mantenga relaciones económicas con el gobierno de Castro, lo cual se haría extensivo a sus familiares.

Catalogado por los expertos como el acápite «más novedoso» en tres décadas de bloqueo, el Capítulo Tres otorga el derecho a los ciudadanos estadounidenses, incluidos los exiliados cubanos nacionalizados en el país norteamericano, a reclamar ante los tribunales sus antiguas propiedades en la isla.

De acuerdo con Ibrahim Ferradáz, ministro cubano para la Inversión Extranjera, ‘la ley pone en punto muerto las posibilidades de resolver, de forma racional, entre los dos países, le proceso de reclamaciones de propiedades nacionalizadas».

La Comisión de Reclamaciones Extranjeras presentó en 1972 al Congreso de Estados Unidos una lista de 5.911 demandas por 1.799,6 millones de dólares y un interés anual de seis por ciento. Alejandro Aguilar, especialista del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas en La Habana, aseguró que si Estados Unidos hubiera aceptado el pago con azúcar propuesto por Cuba “los bienes expropiados ya hubieran sido compensados totalmente o en su mayor parte».

A juicio de expertos los primeros meses de 1997 serán definitivos para la legislación anticubana y para el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, que tendrá que decidir entre dar curso libre a la aplicación del capítulo tres de la norma o reiterar su aplazamiento.

Clinton, quien aplazó ya por seis meses -hasta el 15 de enero próximo-, la aplicación del Capítulo III, tiene el derecho a elegir si otorga un nuevo plazo o si, de acuerdo al capítulo, da curso legal en tribunales estadounidenses a las reclamaciones de ciudadanos de su país por la confiscación de sus propiedades en Cuba en la década del 60.

La posibilidad de un nuevo aplazamiento del Título Tres aparece como un probable gesto de Clinton en respuesta a la decisión de la Unión Europea (UE) de asumir una posición común para propiciar una transición hacia la democracia y el pluripartidismo en Cuba.

Investigadores del Centro de Estudios de Estados Unidos de la Universidad de La Habana revisan la ley Helms-Burton y no encuentran argumentos para justificar un segundo aplazamiento del capítulo tres.

Según la legislación, el presidente de Estados Unidos podría suspender el inicio de las reclamaciones si informa a los comités correspondientes del Congreso que ese acto es necesario «para los intereses nacionales de los Estados Unidos» y acelerar » la transición a la democracia en Cuba».

Las autoridades de Cuba parecen confiar, más que en la decisión de Clinton, en que la comunidad internacional no tolere la aplicación de una ley que, por sus implicaciones extraterritoriales, constituiría un «mal precedente» para las relaciones internacionales futuras.

La isla cuenta, además, con el desinterés expreso de buena parte del empresariado estadounidense que ve en las vías establecidas por la Helms-Burton una forma de alejar cada vez más las compensaciones que Cuba debió empezar a pagar hace varias décadas. Definitivos serán también los meses venideros para el gobierno de Fidel Castro que, más allá de las amenazas a su soberanía, teme que al final la cautela se imponga y disminuya el ritmo de entrada de capitales extranjeros a la isla.

Castro apostó a la apertura externa como vía para atraer la moneda dura, deficitaria en las arcas del Estado cubano y tan necesaria para poder emerger de la crisis económica que vive el país caribeño hace ya seis años.

El gobierno de Cuba asestó un golpe a la ley estadounidense el 24 de diciembre con la aprobación en la Asamblea Nacional (Parlamento) de la «Ley de reafirmación de dignidad y soberanía cubana», que intentaría frenar desde Cuba la posible aplicación de la norma de Estados Unidos.

La ley declara ilegal cualquier suministro de información a Estados Unidos que facilite la aplicación de la Helms-Burton y reafirma la voluntad de Cuba de llegar a un acuerdo bilateral sobre el pago de la deuda a los ex propietarios. Al mismo tiempo, excluye de toda posible compensación a quienes acudan a los tribunales estadounidenses.

Robert L. Muse, abogado del bufete Mansfield and Muse de Estados Unidos, reconoció en La Habana que cualquier reclamación legal chocar con el obstáculo de que «la información primaria sobre la titularidad de bienes raíces está archivada de una forma utilizable sólo en Cuba».

Las autoridades cubanas, insisten en que la ley, hasta ahora, no ha logrado parar la recuperación y disuadir a los empresarios. Según Carlos Lage, considerado el principal ejecutor de las reformas, en declaraciones hechas en noviembre «podemos concluir que la ley no detendrá al recuperación económica que de manera incipiente Cuba viene experimentando en los últimos años».

Para los empresarios estadounidenses la ley es también un dilema. Las pérdidas anuales de las corporaciones de Estados Unidos, como consecuencia del bloqueo, se estimaron en 750 millones de dólares en 1988 y crecieron entre 1.300 y 2.000 millones más en 1992.

Crecimiento por sectores-1996

Sector        Por ciento     Totales

Azúcar           33,6    4.446 000 toneladas

Viandas         28,6    1.568 000 toneladas

Hortalizas      29,9    610.300 toneladas

Arroz consumo        55,2    252.400 toneladas

Tabaco          30,1    33.100 toneladas

Captura bruta pesquera    21.1    123.900 toneladas

Refinación petróleo            31,2    1.863 000 toneladas

Níquel            30,7    55.800 toneladas

Fertilizantes  20,3    259.000 toneladas

Acero 17,0    240.000 toneladas

Fuente: Estadísticas del Ministerio de Economía y Planificación

 

 

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