1997: La economía creció, pero no lo suficiente

Resumen económico anual

Durante el año continuó la contracción en el número de trabajadores por cuenta propia de unas 200.000 personas a inicios de 1996 a 161.350 al cierre del año, según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Foto: Archivo IPS Cuba

La economía cubana crecerá por cuarto año consecutivo, predijeron autoridades y expertos a finales de 1996 e inicios de 1997. La previsión se cumplió, sin embargo, el crecimiento fue menor de lo esperado y la reanimación todavía resulta insuficiente para contrarrestar los efectos de la peor crisis económica del gobierno de Fidel Castro.

El Ministerio de Economía y Planificación previó en su plan económico para 1997 un aumento del producto interno bruto (PIB) de 5 por ciento tras crecer 7,8 en 1996; 2,5 en 1995 y 0,7 en 1994. Por su parte, el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) presentó en enero las estimaciones de un grupo de economistas de la isla que vaticinaban varios escenarios de crecimiento entre cinco y siete por ciento.

Al presentar el informe económico de 1997 en la última sesión anual de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) el titular de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez indicó que resultaba «alentador comprobar que la tendencia a una gradual recuperación económica se mantuvo en 1997 al lograrse un crecimiento del 2,5 por ciento del PIB».

«Las razones que determinan el ritmo del crecimiento alcanzado se asocian al empeoramiento significativo en las condiciones financieras externas bajo las que hemos debido trabajar», dijo Rodríguez.

En los tres primeros años de esta década el PIB registró una caída en picada de 34,3 por ciento, pero, según los expertos, muy pocas ramas han alcanzado los niveles productivos de 1989 y algunas necesitarán todavía muchos más años para lograrlo.

El presidente cubano Fidel Castro alertó, el 4 de abril, sobre la necesidad de no alentar la idea de que todo marcha perfectamente bien. «Se avanza, se marcha, pero no habrá soluciones en breve plazo, mucho menos tras desaparecer el socialismo europeo y el reforzamiento del cerco estadounidense», afirmó.

Por su parte, el vicepresidente Carlos Lage, principal conductor de la política económica junto a Castro, aseguró a inicios de ese mismo mes que no había duda que se había «desarrollado una dinámica interna de recuperación» a pesar de que catalogó la situación en la isla como «difícil».

Expertos del CEEC alertaron que para lograr los crecimientos previstos para 1997 sería necesario frenar el deterioro de los términos de intercambio, producir 100 millones de habanos y 64.000 toneladas métricas de níquel. El azúcar debería mantener un precio internacional alrededor de los 12 centavos de dólar la libra, las exportaciones de cítricos deberían crecer 20 por ciento y las ventas de productos del mar tendrían que superar los 200 millones de dólares, 35 millones más que el año precedente. Sectores especializados alertaron también que de mantenerse el incremento de las importaciones como base de la recuperación, la economía podría entrar en un círculo vicioso que dificultaría la salida de la crisis.

Al cerrar el año, la vida demostró que no todo lo que se quiere, se puede. Si bien se produjeron los ansiados 100 millones de puros y la empresa del níquel cumplió su plan; los precios del azúcar (que quedó por debajo de las necesidades) y del níquel bajaron y el intercambio comercial resultó desventajoso para un país con una situación financiera externa muy tensa y un incremento de sus importaciones en 19,9 por ciento, superior a lo planificado.

En su informe al parlamento, el Ministerio cubano de Economía y Planificación reportó crecimientos en tabaco, níquel, turismo, acero, cemento, captura bruta de la pesca, jabón de tocador, cítricos, arroz, frijoles y leche, y decrecimientos en el azúcar y las viandas.

La industria mostró señales alentadoras, según analistas, con un incremento de 7,8 por ciento, con crecimiento en 15 de las 21 ramas; el sector agropecuario disminuyó 2,8 por ciento y las construcciones se elevaron 4,8 por ciento.

El déficit presupuestario fue de 2 por ciento, en tanto que la liquidez estimada se redujo entre 150 y 200 millones de pesos, como resultado del incremento de la oferta estatal, que generó un aumento del 8,4 por ciento en la circulación mercantil minorista y un incremento de los precios al consumidor de 2,9 por ciento. En el caso del mercado agropecuario ese índice disminuyó 2,2 por ciento y en el mercado informal 3,1 por ciento.

La inversión extranjera, considerada una vía rápida para el acceso a capital, tecnología y mercados, creció de manera lenta. Según el Ministerio de Comercio Exterior, hasta noviembre funcionaban unas 294 asociaciones económicas o empresas mixtas con capital extranjero, 80 de ellas creadas después de la firma por el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, de la ley Helms-Burton, en marzo de 1996. Sin embargo, expertos afirman que el capital invertido por empresas foráneas no es suficiente para sustituir las otras formas de financiamiento que se dificultan por el monto de la deuda y las presiones de la nueva ley estadounidense.

La situación de años anteriores se repite. A las tensiones en el sector externo se suman la necesidad de continuar la transformación estructural de la industria cubana caracterizada por el gigantismo fabril, el sobreconsumo de combustibles, el atraso tecnológico y la ineficiencia económica. El gobierno enfrenta el desafío de una reforma económica que rompa con los modelos de producción importados del antiguo campo socialista de Europa, sin renunciar a lo que considera como principios irrenunciables de ese sistema.

Durante el año continuó la contracción en el número de trabajadores por cuenta propia de unas 200.000 personas a inicios de 1996 a 161.350 al cierre del año, según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Cálculos independientes indican que el autoempleo pudo reducirse en más de 30 por ciento y las autoridades alegan que se debe a un ajuste de mercado. Un caso interesante resulta el de los arrendatarios de casas o habitaciones a extranjeros, sector donde se han registrado muy pocas solicitudes para ejercer si se compara con el potencial estimado antes de la aprobación legal de los alquileres.

Según Conrado Valladares, viceministro del MTSS, si en los primeros años del período especial existió una tendencia al decrecimiento de la fuerza de trabajo, con el inicio de la recuperación económica en 1994 comenzó a reanimarse el empleo. En 1996 se produjeron unas 40.000 incorporaciones al trabajo y en 1997 se abrieron 66.300 nuevos empleos.

Entre 1991 y 1997 se efectuó un proceso de racionalización de la fuerza de trabajo. Al cierre de 1997 se habían racionalizado y reubicado más de 150.000 trabajadores, mientras que otros 5.400 devengaban 60 por ciento de su salario como estipula la legislación laboral vigente en Cuba.

Fuentes oficiales indican que 77 por ciento de la fuerza de trabajo se concentra en el sector estatal, 20 por ciento en el no estatal (cooperativas de producción agropecuaria y trabajadores por cuenta propia) y 3 por ciento en el sector mixto o emergente. Para 1998 se prevé continúe la estabilización de la fuerza de trabajo de la isla.

La dolarización de la economía se mantuvo como una de las contradicciones que el gobierno tendrá que enfrentar más temprano que tarde. De acuerdo con Lage mientras en la circulación minorista se observa una tendencia a la revalorización del peso, la dolarización se mantiene en las relaciones entre las empresas sin que «haya condiciones para resolverla en corto plazo». «Los mecanismos que han conducido a esa dolarización son los mismos que han facilitado el proceso de recuperación económica. Por eso no debemos lamentarnos de estas circunstancias sin que por ello se desconozca la complejidad de la doble circulación monetaria en el desenvolvimiento de la economía, pues hace más difícil su manejo y medir su eficiencia», dijo el vicepresidente y añadió que «indiscutiblemente tenemos que transitar hacia una solución de ese problema».

En Cuba se mantiene una tasa oficial de cambio de un dólar por un peso, pero en las casas de cambio abiertas por el gobierno la divisa estadounidense se cotiza a 23 pesos, tasa que se ha mantenido estable en el último semestre de 1997.

«La economía puede crecer, pero el problema es el efecto retroactivo de la crisis», dijo un investigador de temas económicos y recalcó que el consumidor local tiene una sensación de que «las cosas están peor». Estimados del CEEC aseguran que tras una caída de 35 por ciento Cuba tendría que crecer a un ritmo sostenido de 10 por ciento anual para que sus habitantes sintieran los cambios.

Uno de los momentos claves de la vida económica del país fue la celebración en octubre del V Congreso del Partido Comunista, que dedicó buena parte de sus debates a la discusión del tema económico y adoptó una resolución que plantea las perspectivas y lineamientos para la economía de la mayor de las Antillas y la continuidad de la reforma económica como base para mantener el socialismo.

Un estudio realizado por CEPAL en 1997 valoró la reforma cubana como positiva, «aunque, según el titular de economía, existen criterios y opiniones sobre cómo abordar algunos temas». El informe refleja también, mayoritariamente, la comprensión de que no todas las decisiones tomadas en la isla en este tema son únicamente económicas e incluye un capítulo dedicado a los aspectos sociales y ponderaciones desde el punto de vista político, dijo Rodríguez.

Al referirse a los acuerdos en el área económica adoptados por el V Congreso del Partido Comunista de Cuba, Rodríguez negó en México que existiera algún rompimiento con la línea recogida en el estudio. «Lo acordado en ese congreso no es totalmente nuevo para los expertos de la CEPAL debido al nivel de intercambio y comunicación mantenido y, por otro lado, las decisiones aprobadas por los comunistas cubanos marcan una continuidad en la política económica, sin corte brusco ni medidas imprevistas».

EL CUENTO DE NUNCA ACABAR

El esperado crecimiento de la producción de azúcar en la campaña 1996-1997 no pudo ser. En 1998, de acuerdo con las proyecciones oficiales, tampoco será.

La aspiración de las autoridades de hacer en 1996-1997 una contienda corta y eficiente, se la llevó el viento. Fuentes oficiales reconocieron en marzo la necesidad de aplazar el final de la zafra azucarera por los contratiempos ocasionados por condiciones climáticas y la llegada tardía de los financiamientos externos, estimados en unos 300 millones de dólares. El atraso de las líneas de crédito fue señalado por Lage como uno de los efectos principales de la ley estadounidense Helms-Burton que endurece las condiciones del bloqueo y pretende frenar la inversión extranjera.

La situación se complica en un caso como el del azúcar que, más allá de recursos financieros y precios en el mercado internacional, depende de condiciones climáticas. Fuentes especializadas definen el azúcar como «un producto comercialmente débil, sujeto a las variaciones del clima, con precios máximos limitados por la competencia de sucedáneos casi perfectos y procedente de una industria con escasa incorporación del progreso científico-técnico».

Observadores indican que el alargamiento de la zafra más allá de abril, respondió a la necesidad que tiene el país de pagar los créditos asumidos para la propia cosecha, honrar compromisos de venta con Rusia y China, y buscar un ligero respiro para sus menguadas finanzas en moneda dura.

La industria azucarera, con una capacidad potencial instalada para producir de 8 a 10 millones de toneladas de azúcar, registró un descenso de 8,4 millones de toneladas en 1990 a 3,3 millones en 1995, la más baja de los últimos 50 años, causándole al país pérdidas calculadas en más de 2.000 millones de dólares. La recuperación, atribuida a la inyección de capital foráneo, se inició el pasado año con la producción de cuatro millones 446 mil toneladas, para un crecimiento del 33,6 por ciento. Durante 1997 las autoridades esperaban sobrepasar ligeramente los 4,45 millones de toneladas, pero el resultado final fue de 4,2 millones de toneladas del dulce, cifra revelada oficialmente sólo en diciembre.

 

Expertos locales consideran que Cuba no podrá seguir dependiendo del azúcar como principal rubro exportable, pero reconocen que la contracción azucarera pesa demasiado sobre una economía que durante décadas se estructuró alrededor de ese sector y de la que dependen unas 300.000 personas.

La falta de caña y de estimados confiables de dichos volúmenes, es uno de los flancos débiles que han determinado el decrecimiento de 4,4 por ciento con respecto a 1996. Con vistas a paliar esa situación, la estrategia oficial es de plantar durante 1998 unas 27.000 hectáreas anuales, cifra que deberá mantenerse en los años siguientes, aumentar la eficiencia industrial, aunque los pronósticos indican que en la zafra 97-98 no llegará siquiera a los 4 millones de toneladas del dulce.

De ahí que se decidiera que no todos los centrales del país (154) participarían en la contienda que debe terminar a más tardar en abril y concentrar los recursos materiales y el suministro estable de caña en aquellas fábricas con mejores rendimientos en campañas anteriores.

En 1997 la hora de la inversión extranjera también llegó al azúcar. Cuba dio un paso más en su proceso de apertura externa con la creación de la primera asociación económica con capital foráneo en la industria de los derivados de la caña de azúcar. Inscrita como ALFICSA, la nueva empresa mixta tiene status de sociedad anónima, con capital cubano y español, y se dedicará a la producción de alcoholes finos de caña en la provincia de Cienfuegos, 336 kilómetros al este de La Habana.

El viceministro cubano del Azúcar, Francisco Rodríguez Martínez, dijo que la asociación permitiría sustituir las exportaciones cubanas de mieles por un producto de más valor, capaz de convertirse en una fuente considerable de divisas.

1997 trajo cambios importantes al Ministerio del Azúcar. Días después de finalizado el congreso comunista, fue sustituido el ministro del ramo, Nelson Torres. La cartera pasó a manos del general de división Ulises Rosales del Toro, hasta ese momento primer sustituto del ministro de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor General. Esta es la segunda oportunidad, en los últimos 35 años, que un militar a cargo del EMG, asume las riendas de la principal industria cubana. Algunos criterios vinculan esta presencia militar en la economía a los niveles de organización y eficiencia que han caracterizado al cuerpo armado y a su complejo militar-industrial, especialmente en los años de la crisis económica recesiva de los 90, sobre todo en el ensayo de un nuevo sistema empresarial cuya fórmula los militares denominan «traje a la medida».

La poca capacidad de respuesta y readaptación del sector azucarero a los nuevos requerimientos de la economía, principalmente en las dos últimas cosechas, que contaron con los mínimos recursos de financiamiento externo estimados en 300 millones de dólares, pagaderos a corto plazo y con altas tasas de interés, parecen haber sido las causas del cambio.

Para algunos especialistas el tiempo que tuvo el ex titular, Nelson Torres, para operar cambios significativos fue relativamente breve, pero la situación que vive la isla no da mayor margen si se tiene en cuenta el rol estratégico de la industria azucarera en los planes de reanimación económica por su posibilidad de aportar más de 1.000 millones de dólares por exportaciones en el rango de los siete millones de toneladas.

El general Rosales del Toro asumió la misión del complejo proceso de redimensionamiento de la agroindustria azucarera lastrada por la ineficiencia y la vejez de sus fábricas. El primer problema es hacer realmente productivas las 400 unidades básicas de producción cooperativa encargadas de suministrar la materia prima y tendrá que vérselas con unos costos de producción altos,con las plantillas y salarios, el volumen monetario invertido en las reparaciones, con el manejo eficiente de los préstamos foráneos, los esquemas de dirección y gestión administrativa y condiciones de vida y de trabajo. Además la zafra 1997-1998, que comenzó adelantada, será tensa y podría enfrentar condiciones climáticas adversas por el fenómeno ENOS, conocido como El Niño.

 

En Cuba unos 20.000 trabajadores azucareros perderán sus actuales empleos en 1998 e ingresarán a la «bolsa de disponibles» como consecuencia de la reforma laboral aplicada por el gobierno. Esos obreros dispondrían de tres a cinco meses para recalificarse, según Salvador Valdés, ministro cubano de Trabajo y Seguridad Social.

La incorporación del sector azucarero al proceso de racionalización de plazas laborales pudo augurarse desde abril de 1997 cuando las autoridades advirtieron que ante la ineficiencia de esa industria sería necesario cerrar algunas fábricas.

En todo caso, el tiempo dirá la última palabra. Pero lo que sí queda claro es que la industria azucarera cubana es vital para que el país salga de la crisis económica y ello, como es natural, reclama un cambio integral a mediano plazo de su concepción estratégica sobre la base sencilla y razonable del costo de la tonelada de azúcar.

Expertos locales abogan por que tras una recuperación del sector azucarero, que tomará alrededor de tres años como mínimo, será necesario replantearse la antigua disyuntiva de continuar o no con la fuerte dependencia azucarera.

PRODUCCION DE AZUCAR 1986-1997

AÑO    PRODUCCION DE AZUCAR(MMT)

1986/90 (promedio )   7,0

1990    8,0

1991    7,6

1992    7,0

1993    4,3

1994    4,0

1995    3,3

1996    4,45

1997    4,2

EL MILLON REPITIO, PESE A ATENTADOS

La industria del ocio de la mayor de las Antillas cerró 1997 con más de un millón 171 mil visitantes, para un crecimiento de 17 por ciento, indican fuentes oficiales, mientras que los ingresos brutos crecieron en 12 por ciento.

Llegar a esa cifra no fue fácil. Durante 1997 el turismo, la industria que proporciona los mayores ingresos de divisas al país, fue víctima de atentados cuyo saldo fue un visitante italiano muerto, daños menores a instalaciones turísticas y una amenaza para el desarrollo de un sector que tiene como uno de sus pilares la seguridad para los visitantes.

Las explosiones en varios hoteles de la capital cubana, indicaron que el blanco específico de los ataques era el turismo, considerado por muchos dentro y fuera de la isla como la tablita de salvación de la economía cubana.

El hecho de haber llegado al millón antes que en 1996 fue interpretado como un mensaje al mundo de que todo estaba bajo control y de que los interesados podían seguir escogiendo a Cuba como sitio seguro, a pesar de los intentos por desacreditar esa condición.

Los pronósticos, corregidos a mediados de año, eran de 1.197.000 vacacionistas. Sin embargo, el real de 1997 dejó un déficit de algunos miles de visitantes, presumiblemente como consecuencia de los atentados del verano.

Contra los pronósticos más pesimistas, el derribo de dos avionetas civiles con matrícula de Estados Unidos por las fuerzas aéreas de la isla en febrero de 1996, provocó escasas cancelaciones. Sin embargo, los disturbios antigubernamentales del 5 de agosto de 1994 y el éxodo de unos 30.000 cubanos durante la «crisis de los balseros» de ese verano, provocaron un abrupto desplome del turismo. Por esa causa dejaron de venir a la isla ese año unos 80.000 turistas y la secuela de los sucesos duraron hasta mediados de julio del año siguiente cuando el sector comenzó a dar muestras de recuperación, tras una rectificación en la política de comercialización y un trabajo más agresivo e integral en algunos mercados.

De acuerdo con las cifras oficiales, entre los principales emisores de visitantes hacia la isla se mantienen Italia, Canadá, España, Alemania y Francia. De América Latina, el país que mayor número de personas emite es México.

El comportamiento de la industria del ocio en el transcurso de 1997 se vio influenciado también por el incremento de los precios, el reajuste de los términos de pago y créditos, la apreciación del dólar y el precedente que dejó el crecimiento excepcional de 47,9 por ciento durante el primer semestre de 1996, contra un periodo similar del año precedente muy deprimido tras la crisis de los balseros.

Para 1997 se incluyeron acciones adicionales como gestiones específicas en España, Italia, Alemania, Francia Reino Unido y Canadá; la incorporación de nuevos turoperadores en mercados emisores; la coordinación con el Instituto Cubano de Aeronaútica Civil para el incremento selectivo de vuelos; y la creación de comisiones para análisis y proyección de cada mercado emisor, entre otras.

El turismo siguió perfilándose como una de las vías esenciales de reanimación. La Resolución Económica aprobada por el V Congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba señala que «el turismo deberá desarrollar su misión como captador directo de divisas frescas, ocupando una posición competitiva en el mercado, proponiéndose una recepción de más de 2.000.000 millones de visitantes e ingresos brutos superiores a 2.600 millones de dólares».

Para conseguir estos propósitos, trazados en la estrategia de crecimiento del MINTUR, que va hasta el año 2000, este sector emergente «potenciará las formas actuales de comercialización e incorporará nuevas modalidades como el multidestino, el ecoturismo, el turismo náutico, de salud, deportivo, cultural, científico, el tiempo compartido, el turismo de crucero y otras de turismo especializado.»

En el documento partidista aparece también un aspecto en el que se hace hincapié hace años, pero que no ha dado los resultados deseados: «Cada eslabón de la cadena, tendrá que ser eficiente y a la vez será necesario en determinados casos ofrecer paquetes de servicios cada vez más integrados y que logren el máximo efecto financiero neto. Deberá lograrse una disminución progresiva de los costos».

De acuerdo con cifras aparecidas en agosto en Cubanews, publicación de The Miami Herald Publishing Company, en 1996 el gobierno cubano y sus socios obtuvieron 31 centavos por cada dólar del turismo que recibieron. Así, afirma, «los ingresos netos para 1997 totalizarían 527 millones, haciendo al turismo la industria de mayores ganancias de la isla.

Mirando hacia adelante, el Ministerio del Turismo de la mayor de las Antillas tiene la vista fija en una cifra no poco ambiciosa, los 10 millones de visitantes. Para hacer realidad esa aspiración en el año 2010, autoridades del sector prevén que el ritmo de crecimiento anual tendría que ser de 17 por ciento, entre 2001 y 2010.

Pero cálculos independientes sostienen que para alcanzar los 10 millones, sobre la base de un ritmo de incremento anual del 17 por ciento a partir del 2000, el crecimiento en 1998 y 1999 no debe ser inferior al 23-24 por ciento.

En una intervención en la sesión del Parlamento, el presidente Fidel Castro reconoció que la cifra de 10 millones para el año 2010 era «alta y difícil», en las condiciones de bloqueo, que limita ostensiblemente el número de estadounidenses que viajan a la isla y que constituyen el principal mercado potencial para el turismo cubano. Castro recordó una encuesta hecha en los Estados Unidos cuyos resultados arrojan que el 64 por ciento de los encuestados dijo que visitaría Cuba de no existir las restricciones actuales.

Las estadísticas regionales indican posiciones favorables para esa isla caribeña. Según el Boletín de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), de los 20 primeros destinos en llegadas internacionales del continente americano, Cuba fue el país con un mayor avance, al pasar del lugar 24 en 1985 al duodécimo escalón en 1996. En el caso de los ingresos, Cuba aparece como el país de mayor progreso en el período, durante el cual escaló desde el escaño 24 al noveno con 1.350 millones de dólares en 1996.

A pesar de esos incrementos, las autoridades no desconocen sus debilidades y pretenden atenderlas cada vez más de cerca. En su intervención ante el Parlamento, el ministro de Turismo, Osmany Cienfuegos, señaló que aunque estos avances se lograron en los años más difíciles del período especial, es necesario racionalizar las inversiones, emprender proyectos más eficientes, rebajar los costos, perfilar la gestión de comercialización y trabajar en la calidad.

De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo (OMT) en el año 2000 se moverán en el mundo entre 670 y 700 millones de turistas y de ellos viajarán al Caribe algo más de 20 millones, nueve millones más que en 1990.

NIQUEL, A TODA VELA

La producción de níquel, catalogada entre las más significativas de 1997, alcanzó las 62.600 toneladas, es decir, 16,8 por ciento más que en 1996.

Las autoridades de la isla aseguran que tales cifras son el fruto de la recuperación de las capacidades productivas, un mayor índice de eficiencia metalúrgica y la búsqueda de metas más elevadas. Analistas señalan que como ninguna otra industria en la isla, la del níquel, ha protagonizado del 95 a la fecha un salto que muchos coinciden en calificar de espectacular.

En 1989, el país produjo 46.000 toneladas de níquel más cobalto. Sin embargo, el sueño del níquel ha estado acechado por un peligro mortal. Se convirtió en verdadera pesadilla, cuando al desaparecer el campo socialista europeo, la industria cubana se quedó sola, sin compradores ni suministradores de materias primas y piezas de recambio.

Hubo quien pensó en la muerte súbita. De 1989, que fue su año de esplendor productivo, a 1994 sobrevino lo peor. Ese último año es catalogado como el de la agonía, cuando las tres industrias del nordeste de la provincia de Holguín sólo llegaron a las 26.772 t.

Tabla I

 

POSICIONES EN LLEGADAS INTERNACIONALES

 

 

Posición          Visitantes

Destino           1985    1996    (miles) Por ciento

Estados Unidos          1          1          44.791 3,4

México            3          2          21.428 6,3

Canadá           2          3          17.386 2,9

Argentina        6          4          4.228   4,5

Puerto Rico    5          5          3.065   -2,1

Brasil   4          6          2.210   11,0

Uruguay          8          7          2.153   4,2

Rep. Dominicana       10        8          1.850   4,2

Bahamas        7          9          1.669   4,4

Chile    9          10        1.450   -5,8

Colombia        12        10        1.450   3,6

Jamaica          11        11        1.162   14,0

Cuba   24        12        999      34,6

Costa Rica      21        13        881      -0,5

Aruba  26        14        641      3,6

Guadalupe      22        15        625      -2,3

Venezuela       19        16        621      4,0

Guatemala      23        17        520      -7,6

Perú    18        18        515      7,5

Ecuador          24        19        500      13,6

Martinica         28        20        492      7,7

 

Fuente: Boletín de la Asociación de Estados del Caribe

 

La industria cubana del níquel descapitalizada, sin mercado y sin suministradores, volvió a vivir condiciones similares a las de la crisis de los años 60, tras la nacionalización de las propiedades de las dos plantas norteamericanas, cuando el sector quedó al borde de la parálisis. Entonces la solución vino de la ex URSS y luego de sus aliados del CAME. Pasados 30 años la solución salvadora vino de Canadá.

Los negocios con la canadiense Sherritt Inc., considerada una tabla de salvación para la minería cubana, se iniciaron en 1990. Con ese acuerdo se integraron las minas a cielo abierto en la oriental zona de Moa, a unos 900 kilómetros de La Habana, la planta Pedro Sotto y la refinería de Fort Saskatchewan. Así, la empresa extrae níquel y cobalto en Cuba, los refina en Alberta y los vende en el mercado mundial, siempre fuera de Estados Unidos.

Según la revista Businessweek, «mientras que docenas de compañías extranjeras han invertido en la isla, Sherritt definitivamente es el jugador más grande y la única compañía importante de occidente enfocada exclusivamente al país comunista. La bandera de Sherritt, junto a las de Cuba y Canadá, ondea afuera de la mina de níquel más grande de la isla en Moa, mientras que la maquinaria de Sherritt revive la producción de los viejos yacimientos de petróleo».

Ian W. Delaney, presidente de una empresa prácticamente insolvente en 1990, porque sus yacimientos se habían agotado y dependía de la compra de níquel en Australia, Africa y América, insistió a esa revista que quería convertir a la Sherritt en «una representante del desarrollo económico cubano» y que «este país es la mejor oportunidad de inversión en el mundo».

Las perspectivas del níquel parecen muy alentadoras. En la actualidad, tras la reorientación de su mercado y pese a las muy severas restricciones que le impone Estados Unidos, Cuba vende su níquel a unos 30 países.

Durante 1995, el país produjo 42.900 toneladas métricas del mineral y exportó 42.695 toneladas para un estimado de 300 millones de dólares de ingresos. En 1996, la producción total fue de 55.800 toneladas, de las cuales se exportó el 96,15 por ciento, para ingresos estimados de 340 millones de dólares.

La isla tiene reservas probadas de unos 800 millones de toneladas y estimadas en 1.200 millones. Según fuentes del MINBAS, algunos consideran que las reservas son las mayores a nivel mundial, mientras que opiniones más realistas las ubican entre las tres primeras. Las ventajas del níquel cubano están en la extracción a cielo abierto, que abarata los costos, buenos yacimientos, cercanos a la costa (fundamentalmente Moa y Nicaro, en la oriental provincia de Holguín), lo que facilita la exportación, y su cercanía a los mercados europeos y americanos.

La Resolución Económica del Quinto Congreso del PCC señala que «el níquel, cuya producción debe alcanzar 100.000 toneladas, y la minería en general cuentan con reservas naturales y con buenas perspectivas geológicas que las convierten en una importante fuente de recursos financieros»

Indica también que la diversificación de los productos del níquel y de las calidades que permitan una mayor valorización de las exportaciones deberá ser un propósito sobre el que hay que intensificar el trabajo complementando la gestión comercial externa.

El ministro de la Industria Básica, Marcos Portal, aseguró a inicios de este año que para el quinquenio 1996-2000 se prevé concluir la modernización de la industria cubana del níquel, lo que posibilitará competir en costo y calidad en sus producciones básicas, asegurar el mercado y alcanzar a finales del período producciones anuales estimadas superiores a las 75.000 toneladas de níquel más cobalto.

Expertos estiman que tras el primer susto de la crisis, parece imponerse un criterio realista en la conducción económica que impida, por un lado, que se verifique una situación de dependencia similar a la ocurrida con Estados Unidos antes delos 60 y con la Unión Soviética, después.

 

Al mismo tiempo, las enseñanzas de ese momento difícil indican la imperiosa necesidad de crear mecanismos de economía eficiente y autosustentable. De adentrarse en los caminos de la modernización, la industria cubana del níquel en los años venideros podría competir en costo y calidad y alcanzar una eficiencia metalúrgica hasta rangos comparables con las mejores plantas del mundo, según fuentes oficiales.

Estas mejoras podrían garantizar mayores cantidades de níquel más cobalto, con costos energéticos menores. Ello garantizaría la reproducción del capital con coeficientes tales de ganancias que contribuyan al proceso de ampliación y modernización de la industria y al cuidado del entorno, entre otros aspectos de significación económica y social.

TABACO, LA HOJA DE LA FORTUNA

Diez días antes de que terminara el año, la producción de tabacos para la exportación llegó a los 100 millones, para un incremento de 42,8 por ciento en relación con 1996.

«No es sólo el hecho de que haya producido más, sino que además, en esta ocasión se alcanzó una calidad superior a cosechas anteriores», señalan las autoridades, lo que da la posibilidad de contar con gran parte de la capa necesaria para incrementar aún más las exportaciones en 1998.

En una misiva dirigida a los trabajadores del sector, el presidente Castro aseguró que «el desarrollo de la actividad tabacalera es de la mayor prioridad para la economía del país, por lo que los exhortó a continuar trabajando por incrementar la producción programada para los próximos años, bajo el valioso principio de mantener y elevar la calidad de este producto que lo ha hecho el mejor del mundo».

Cuba obtendría en 1997 unos 179 millones de   dólares por la exportación de más de 102 millones de puros   habanos, el rubro más exclusivo y mejor cotizado entre las   exportaciones cubanas. Las cajas de habanos se cotizan en el mundo por encima de los 100 dólares, en unos 700 formatos.

El tabaco es uno de los principales rubros en aporte de divisas al país superado únicamente por las industrias del turismo, azucarera y del níquel.

Una caja con 90 puros exclusivos de la marca Cohiba, firmada por Castro e ilustrada por el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, fue rematada la noche del 28 de febrero en 130.000 dólares. La subasta llegó a recaudar 342.000 dólares por cinco lotes de los mejores habanos que se hacen en Cuba.

«Ochenta y siete por ciento (de los puros) están elaborados   artesanalmente», afirmó el vicepresidente de la empresa  comercializadora Habanos S.A., Manuel García, al revelar que se superarían los pronósticos de exportación para este año.

Cuba pretendía exportar 100 millones de puros   habanos. De acuerdo con las autoridades del sector, antes de que concluyera el año ya se habían exportado 98 millones, por un valor de 150 millones de dólares.

García aseguró que Cuba producirá el año próximo 160 millones   de habanos y recibirá 240 millones de dólares. Para Lage esta cifra «debe ser sólo la meta inicial, con 42 centavos de costo por dólar de ingreso como máximo, buscando cerca de 283 millones de ingresos como mínimo».

En 1999 se venderán 175 millones de puros y para el 2000 se espera llegar a 200 millones, cifra que se acerca a la demanda total estimada de puros cubanos en el mundo. «El volumen actual de producción se encuentra muy por debajo aún de la demanda existente en el mundo», dijo García y aseguró que «los ingresos actuales representan 70 por ciento de incremento en relación con 1996».

Las exportaciones alcanzaron 115 millones de dólares en 1991, el año de mayores ventas hasta ahora. En la campaña de 1993-1994 se descendió al punto más crítico en la producción tabacalera cuando sólo se cosecharon unos 365.000 quintales (1 quintal equivale a 44 kilogramos) de la hoja y se exportaron 55 millones de tabacos.

Para salvar este cultivo, considerado de élite, se inició un programa de recuperación que en los últimos tres años ha arrojado resultados alentadores, entre ellos, los 100 millones de habanos, la obtención de unos 700.000 quintales promedio en las últimas campañas, así como la total eliminación de las importaciones.

Según Manuel García, vicepresidente de Habanos S.A., la recuperación «moderada» de la industria tabacalera cubana respondió al financiamiento por pagos anticipados, establecido por un acuerdo trianual con la empresa española Tabacalera S.A. Los fondos, estimados en unos 28 millones de dólares anuales, se destinaron a la adquisición de insumos para mejorar las plantaciones y ampliar las áreas de cultivos, aseguró el ejecutivo cubano.

Unos 85 millones de dólares aportó Tabacalera S.A. entre 1994 y 1996 como parte del contrato por pagos anticipados, modalidad considerada muy beneficiosa para la isla que carece de recursos financieros suficientes. Cuba recibió préstamos por 35 millones de dólares para la cosecha tabacalera de 1996, procedentes en lo fundamental de España y Francia, considerados los dos mercados principales de los puros habanos. Según trascendió la francesa Seita S.A. y la española Tabacalera S.A. aparecen como los mayores clientes del tabaco torcido y en rama que exporta Cuba y, al mismo tiempo, son los principales contribuyentes foráneos al programa de financiamiento que precisa cada año el sector tabacalero cubano.

Fuentes oficiales atribuyen la reanimación de este sector a la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC); la entrega de tierras en usufructo a familias dispuestas a cultivarlas; la asignaciones de recursos materiales indispensables, la introducción de nuevas variedades de calidad y resistentes a enfermedades; el empleo de nuevas tecnologías y una mejor, pero aún insuficiente organización del proceso productivo.

En todo el proceso de producción, desde agricultores -campesinos individuales y cooperativistas -, obreros agrícolas, de la industria y la preindustria y los movilizados, estudiantes y trabajadores, participan unas 200.000 personas.

Para el año próximo se prevé la confección de 118 millones de puros a mano y 42 millones, 26 por ciento del total, a máquina. Para el 2000, la producción de puros “maquinados» oscilará entre 70 y 75 millones. Fuentes oficiales aseguraron que el ritmo de crecimiento de la   industria tabacalera podrá mantenerse los próximos años, a pesar   de la crisis que vive esta isla del Caribe hace siete años.

De acuerdo con García, el ulterior crecimiento de la producción y las exportaciones dependerán «de la demanda, que es ascendente. Están creándose las condiciones para el aumento creciente de la producción de habanos cuidando siempre su extraordinaria calidad, pues si un producto mantiene esa condición desarrollada a lo largo de medio siglo, es el tabaco cubano».

El crecimiento de la venta de habanos a turistas extranjeros en Cuba es significativo, pues ya alcanzó 10 millones de dólares y   ocupa el tercer lugar detrás de los mercados de España y Francia. «Esperamos que el año próximo (1998) la venta en el interior de la isla sea superior y escale al peldaño número dos, cuando vendamos 15 millones de dólares» a turistas, dijo el vicepresidente de Habanos S.A.

El crecimiento de las exportaciones de tabaco en rama alcanzó 10 por ciento. Según especialistas, en la actualidad se desarrolla un boom del consumo tabacalero y el producto cubano figura como líder. Los mayores clientes del habano están en América Latina, Europa, Cercano y Lejano Oriente.

Un posible mercado para los habanos cubanos sería Estados Unidos, en caso de se levantaran las sanciones económicas de Washington a La Habana. Al respecto, García afirmó que Cuba podría exportar de inmediato 50 millones de habanos hacia allí. Se estima que los estadounidenses consumieron este año unos   300 millones de los puros clasificados como «premium cigar” (cigarros hechos a mano).

Analistas consideran como el ejemplo más elocuente de la demanda de los puros cubanos en el mundo el hecho de que el servicio de aduanas de Estados Unidos confiscó sólo en 1996 1,1 millones de dólares en este tipo de producto, todo un récord si se tiene en cuenta que dos años atrás la cifra sólo rondaba los 140.000 dólares.

 

Además de aumentar su producción de habanos de forma considerable y de lanzar nuevas marcas al mercado, Cuba comenzó una intensa ofensiva comercial con la apertura hasta el momento de más de 70 Casas del Habano en países como México, Suiza, Andorra, República Checa, Francia, Líbano, Arabia Saudita, Egipto, Brasil, Argentina, Canadá y Turquía.

Fuentes especializadas aseguran que las tierras cubanas, el clima, las normas tradicionales de cosecha y el torcido a mano, otorgan a los puros cubanos una calidad única que no se perdió ni durante los peores momentos de la crisis económica.

Sólo en los mercados en que está presente el tabaco cubano se calculan posibilidades de consumo entre 120 y 125 millones de unidades. Los estimados no incluyen el mercado estadounidense, vetado por el bloqueo a Cuba desde la década del 60, y donde al menos tres millones de los cinco millones de puros cubanos que se venden clandestinamente son falsificados.

Aunque en la competencia mundial por el mercado aún no encuentra un producto como el cubano, países como República Dominicana, Jamaica y Honduras viven un franco proceso de expansión de sus industrias tabacaleras con el propósito de ocupar el nicho que no logra llenar la mayor de las Antillas.

¿TUNEL SIN SALIDA?

Las noticias de los resultados del año de los sectores agropecuarios no sorprendieron a nadie, la población de la isla sintió durante doce meses que la agricultura seguía igual, más mal que bien.

Si bien la producción de arroz y frijoles creció 35,6 y 67,7 por ciento, respectivamente, eso no quiso decir que el país no tuviera que importar esos alimentos, que en su gran mayoría dependen todavía de las importaciones.

En el caso de los cítricos, la producción aumentó en 20,3 por ciento, para unas 830.000 toneladas, sin embargo la cosecha de viandas arrojó sólo 837.000 toneladas, tras un decrecimiento de 6,3 por ciento.

Otro de los escasos renglones con crecimientos fue la producción de leche de vaca, donde se obtuvieron 554 millones de litros, 5,2 por ciento más que en el año precedente.

Los primeros seis meses de 1997 reflejaron una especie de estancamiento en los niveles de ascenso de la actividad agropecuaria que se habían registrado durante el pasado año, aseguró el semanario Granma Internacional en su edición del 24 de agosto.

De acuerdo con la publicación, según cálculos realizados por el Ministerio de la Agricultura, hasta el cierre de junio la producción agrícola mantenía en valores económicos niveles similares a los de igual período de 1996, aunque con evidente decrecimiento en alimentos de alto consumo local.

«Globalmente, ni crecimos ni decrecimos, aunque hubo un descenso de 16 por ciento en viandas y hortalizas», dijo a la publicación Eduardo Chao, vicetitular de Agricultura.

Esto equivale a alrededor de 180.000 toneladas menos en la producción de viandas y hortalizas en relación al primer semestre de 1996…

El criterio de que no hubo ni crecimiento ni descenso se sustenta sobre la base del incremento de producciones como cítricos, maíz, frijol, café, frutales y arroz en relación con igual período de 1996.

El semanario indicaba que las producciones de carnes de vaca, cerdo, aves, huevo y leche durante la primera mitad de 1997 no sólo no equiparaban las expectativas de consumo, sino que, en algunos casos ni siquiera cumplían las cifras del programa, aunque estaban muy por encima de los peores momentos del llamado período especial.

En un análisis sobre las causas del «no avance» de la principal fuente de alimentos del país, en el que participaron dirigentes de la agricultura a todos los niveles, se concluyó que estas van «desde factores subjetivos de dirigentes y especialistas hasta razones ajenas a su voluntad».

Entre las últimas están la plaga de thrips palmi que atacó las plantaciones de papa, con pérdidas de hasta 46.000 toneladas y el ciclón Lili que ocasionó, entre otros daños, la pérdida de 68.900 toneladas de ese producto en los dos primeros meses de 1997.

Pero las cuentas no dan más y el país no puede seguir aumentando la compra de alimentos en el exterior. El ministro del ramo, Alfredo Jordán, dijo a finales de año que con los gastos destinados a la importación de alimentos se podrían hacer inversiones para aumentar la producción.

Un control gubernamental realizado a la agricultura en mayo reconoció algunos avances en varias producciones, sin embargo este sector, que agrupa al 20 por ciento de la fuerza laboral del país, queda muy por debajo de las necesidades.

«El producto interno bruto, aún en los años peores, cayó más que las importaciones de alimentos y eso significa que hoy la productividad de nuestra producción agropecuaria está por debajo. ¿Cómo hemos compensado eso? Con mayores importaciones totales, hemos pasado de un 10 a un 19 por ciento del total de las importaciones y no obstante comemos menos», señaló José Luis Rodríguez, titular de Economía, en la clausura del control gubernamental.

A juicio del titular del ramo, «en nuestras circunstancias, no hay problema más grave que la ineficiencia económica». Los altos costos golpean a una economía en crisis que pretende en lo adelante adoptar la medida de asignar recursos a aquellas empresas que tengan los costos más bajos, «la tendencia es a priorizar aquellos lugares que producen más, con mayor eficiencia y una mejor utilización de los recursos».

De ahí que las autoridades consideren que «los incrementos de la producción de alimentos en los próximos años tienen que ser a base de incrementar la producción nacional y la eficiencia», además de «concentrarse en aquellas producciones que nos permitan reducir importaciones de alimentos y de materias primas para producirlos», según aseveró Carlos Lage en una reunión de presidentes del Poder Popular.

Este es considerado como uno de los sectores donde se han producido las más importantes transformaciones en los últimos años. Entre ellas se encuentran la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, al decir de Lage, «transformación básica y medular que ha tenido la agricultura y es que un número importante de empresas estatales pasaron a ser cooperativas».

No obstante, hasta el momento, no se vislumbran incrementos en las entregas de viandas a la población y generalmente, los pronósticos se incumplen. Por otra parte, la participación de las empresas estatales en el mercado agropecuario, condicionada por el cumplimiento de sus planes de producción, es de sólo 15 por ciento. Para muchos, incluido el ministro, es contradictorio que un productor privado, en una finca pequeña venda en el mercado de libre oferta y demanda más que una finca estatal con mayor extensión.

Hasta mediados de 1997 funcionaban en diversas ramas del sector 14 asociaciones económicas con capital extranjero y otras 40 se encontraban en diferentes fases de negociación y puesta en marcha. Las asociaciones creadas abarcan las ramas de la floricultura, la producción de vegetales, la medicina veterinaria, los cítricos, el arroz, el girasol, los implementos agrícolas y 16 casas de cultivo para la venta de productos agrícolas al turismo.

LA CUERDA FLOJA DE LAS FINANZAS EXTERNAS

Francisco Soberón, ministro presidente del Banco Nacional de Cuba, dijo en abril que la economía cubana decrecería en 1997 en aras de «suavizar» el déficit externo y revertir el desbalance registrado en los últimos años.

Pero la mayor de las Antillas registró un «empeoramiento» de su situación financiera externa superior a lo previsto y esa coyuntura podría mantenerse incluso durante 1998, dijo meses después el ministro de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez.

La crisis económica que afecta a la isla desde 1990 trajo consigo un proceso de dualidad monetaria que se caracteriza por la convivencia en el panorama económico de empresas que operan en divisas y otras que sólo lo hacen en pesos cubanos. A pesar de lo negativo de la dualidad económica se estima que es ésta la que ha permitido el funcionamiento de la economía en los últimos años, el inicio de su recuperación y su conexión con la economía mundial.

El dólar se compra a 23 pesos en las casas de cambio pero la cotización oficial del peso cubano establece la paridad uno a uno con el dólar, situación considerada «irreal» y susceptible de una pronta «redefinición» por expertos locales. Rodríguez consideró que la isla tendrá que aumentar su eficiencia en el manejo de los recursos en divisas ante la agudización de sus dificultades en la disponibilidad de recursos de capital.

Cuba gastó 54 centavos de dólar en 1996 para obtener un dólar de bienes y servicios o servicios exportados, coeficiente que tendrá que disminuir en uno o dos centavos, de acuerdo con el ministro. Rodríguez, economista de profesión y uno de los ejecutores principales de la reforma económica que tiene lugar en la isla desde 1993, considera que esa reducción representaría un ahorro de cientos de millones de dólares.

El titular aseguró que las utilidades de las asociaciones económicas con capital extranjero aumentaron 14 por ciento, pero consideró negativa la tendencia de esas entidades a penetrar el mercado interno en moneda libremente convertible en lugar de cumplir su objetivo de producir para la exportación.

La situación financiera externa se ha convertido en el principal problema para una recuperación sostenida de la economía cubana, según el funcionario cubano. Al alto costo de los créditos, se une el deterioro de las relaciones de intercambio. Suben los precios de los principales productos de importación y bajan los precios de rubros exportables como el níquel y el azúcar. Por encima de lo gastado en 1995, la isla tuvo que desembolsar en 1996 unos 120 millones de dólares en alimentos y 108 millones en combustibles, sólo por el alza de precios.

Después de alentar la reanimación de la industria como aspiración clave para salir de la crisis, el gobierno muestra ahora más cautela y adopta medidas para garantizar, ante todo, la eficiencia y eficacia de cada dólar invertido y conseguido a un precio demasiado caro.

En reiteradas ocasiones, altos funcionarios del gobierno se han quejado por las duras condiciones de los préstamos que reciben. La isla no tiene acceso a modalidades de financiamiento cómodas. Los créditos que obtiene son a corto plazo y con altas tasas de interés; en la mayoría de los casos hipotecan buena parte de los ingresos por las producciones que financian.

En busca de una explicación, el gobierno señala con el dedo al bloqueo económico norteamericano y a las presiones que ejerce Washington en organismos financieros internacionales para cortarle el aire al gobierno comunista de Fidel Castro. «Estados Unidos, con la promulgación de la ley Helms-Burton, se autoconsidera en el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones financieras «accionista mayoritario» y le concede el papel de «accionistas pasivos» y de segundo orden a los demás miembros de esas instituciones, al prohibir la concesión de créditos a Cuba», señalaba Carlos Lage, secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, en una extensa entrevista publicada por la revista Cuba Internacional.

A juicio de economistas, sin embargo, otra razón más pesa como un fardo abrumador sobre los afanes cubanos de hallar un espacio en el mundo financiero internacional: la deuda externa.

Paralizada desde mediados de los años ochenta, la renegociación de la deuda externa cubana se alza como una condición para normalizar relaciones con los acreedores. El asunto, sin embargo, cada vez se torna más complicado.

En los últimos años, la deuda externa en moneda libremente convertible ha continuado creciendo. Según un reporte oficial del Banco Nacional de Cuba, al cierre de 1995 era de 10.504 millones de pesos, un 15,6 por ciento más alta que el año anterior. El dato incluye el principal y los intereses contractuales vencidos. Estimados del Centro de Estudios de la Economía Cubana, confirman la tendencia creciente de la deuda al situarla en 11 mil millones al concluir el año 1996 y en 12 mil millones en 1997. Pero en lugar de crecer la deuda podría haber descendido como resultado de la depreciación del yen y de la mayoría de las monedas europeas frente al dólar estadounidense, según funcionarios gubernamentales.

Los informes oficiales y los cálculos especializados no incluyen la deuda contraida con los antiguos países socialistas de Europa, sobre todo con la ex Unión Soviética, que enfrentan un complicado proceso de renegociación. Las partes deben ponerse de acuerdo sobre el monto y las condiciones de pago de una deuda que, en muchos casos, fue el resultado de negocios en monedas que ya no existen y con instituciones que desaparecieron.

A pesar del reducido acceso cubano a los créditos externos, varios factores se combinan para continuar engrosando el débito de la isla.

El marco alemán abarca el 27 por ciento de la deuda, en yenes está identificada el 21,5 por ciento y en francos suizos, el 8,5 por ciento, seguidos por la peseta española, el dólar canadiense, el franco francés y la libra esterlina. En dólares estadounidenses sólo se reporta el 17,5 por ciento del total. Como consecuencia, la deuda cubana ha crecido por la mera variación de las tasas de cambio.

Por países, los principales acreedores de Cuba son Japón, España y Francia, en ese orden, y en un segundo grupo, Reino Unido, Argentina, Italia, México, Suiza y Alemania.

Las fuentes de financiamiento con que ha contado Cuba en los últimos años, aunque limitadas, también han abonado sobremanera el crecimiento de la deuda, por los altos intereses que imponen. Sobre la isla pesa el sambenito de la crisis de la deuda de los años ochenta, la incertidumbre que despiertan en los acreedores tales antecedentes y las limitaciones económicas cubanas para pagar nuevos créditos.

Aun así, entidades de la isla han firmado acuerdos de prefinanciamiento que han sacado de la recesión a ramas claves en la economía: los cítricos, el tabaco, la agroindustria azucarera y el arroz.

Particular repercusión tuvo en el resto de la economía el prefinanciamiento logrado para reanimar la agricultura cañera y la industria azucarera. Bancos y casas comerciales, en su mayoría europeas, concedieron préstamos por unos 300 millones de dólares anuales para comprar fertilizantes, neumáticos, baterías y piezas de repuesto, entre otros insumos. Los préstamos, negociados directamente por las principales provincias azucareras y consistentes en una garantía de recursos monetarios por cinco años, llegaron a tiempo para el inicio de la reanimación azucarera en la zafra 1995-96. Sin embargo, para la contienda 1996-1997 llegaron con retraso, lo que se convirtió en una de las causas para el decrecimiento de esa industria.

Según economistas, para cumplir con esos acuerdos Cuba debería pagar una cantidad cercana a los 350 millones de dólares. Las tasas de interés acordadas oscilan entre 15 y 20 por ciento. El socio extranjero participa en el 25 por ciento de las ganancias de la venta de azúcar adicional producido cada año; tomando como base el promedio de los últimos dos años. La parte financiadora también adquiere derecho de primera opción para suministrar insumos.

Ante las limitaciones para acceder a mercados de préstamos y depósitos, Cuba ha tenido que recurrir fundamentalmente a acuerdos de financiamiento con proveedores, que, en opinión de funcionarios del Banco Nacional de Cuba, resultan sumamente onerosos y mucho menos flexibles que los financiamientos de instituciones financieras y los de carácter oficial. Los adeudos contraidos con proveedores, como los mencionados acuerdos de prefinanciamiento agrícolas e industriales, abarcan cerca del 23 por ciento de la deuda total.

El grueso de la deuda externa cubana sigue siendo la oficial bilateral (el 43,3 por ciento). Aunque de manera muy limitada, los gobiernos que mantienen relaciones estables con Cuba le han ofrecido garantías financieras a las empresas que sostienen vínculos comerciales con entidades cubanas. Esta modalidad de financiamiento ha salvado, sostenido e incrementado en algunos casos el flujo de mercancías entre Cuba y naciones como España, Francia, Italia, México, Chile y Alemania.

«La posibilidad de una apertura a conversaciones oficiales multilaterales está condicionada por la flexibilidad que muestren los acreedores», declaró Carlos Lage en la citada entrevista de Cuba Internacional. «La renegociación de la deuda – agregó la cabeza visible de la reforma económica cubana – para la obtención de créditos a mediano y largo plazo no se puede desligar de un contexto muy particular, caracterizado por las dificultades que impone el bloqueo y el trato discriminatorio de que hemos sido objeto, lo cual ha tenido su expresión muy concreta en el hecho de que la disposición a negociar por parte de los acreedores es menor y las condiciones que se le presentan a nuestro país son más duras que las de otros países.»

¿Cuál es la flexibilidad que espera La Habana de los acreedores? Según fuentes del Banco Nacional de Cuba, «una posición flexible permitiría el acceso de Cuba al crédito oficial, con la consiguiente reducción de los elevados costos que enfrenta hoy el país al obtener prácticamente el ciento por ciento de sus créditos a corto plazo sobre bases comerciales; Cuba podría, entonces, originar un excedente financiero que crearía las bases para elaborar una eventual propuesta de refinanciación de la deuda sobre bases aceptables para todas las partes.»

Habría que ver ahora, si las autoridades cubanas están dispuestas a negociar en la mesa de París con igual flexibilidad que la reclamada a los acreedores.

A su favor, la isla presenta los éxitos de una política de ajuste económico que rompió con esquemas y deformaciones. En la apertura al capital extranjero y en las medidas emprendidas para sanear la economía y las finanzas internas, la isla ha dado ya muestras de una flexibilidad inédita antes de 1990. A ello debe en buena medida la recuperación de equilibrios macroeconómicos y los crecimientos logrados durante 1995 y 1996. Todo indica, sin embargo, que no podrá avanzar mucho más por ese camino sin el auxilio de la banca internacional. Al parecer, la renegociación de la deuda externa se ha tornado inaplazable.

Mientras no tenga acceso a créditos blandos, para Cuba la recuperación corre el riesgo de convertirse en un espejismo, un ejercicio de estrangulamiento o una trampa que la endeude hasta los huesos. Independientemente de la cifra, que se confirmará cuando salga a la luz el informe del Banco Nacional de Cuba sobre el estado financiero el pasado año, la situación se mantiene entre los problemas más graves de la economía cubana.

EL DILEMA DE LA ENERGIA

En 1997, las estadísticas presagiaron una esperanza: por primera vez, desde el comienzo de la recuperación económica de la isla en 1995, la proporción negativa entre el crecimiento del producto interno bruto (PIB) y el consumo de energía. El PIB creció un 2,1 por ciento, en relación con igual período del año anterior, y el gasto energético lo hizo al dos por ciento.

Esta desproporción es uno de los puntos neurálgicos del proceso de reanimación de la economía cubana. Las autoridades del país han mostrado su preocupación por los excesivos gastos que, en los últimos años, ha tenido que hacer la isla para sostener una economía diseñada a la usanza de las grandes consumidoras del desaparecido campo socialista, en medio de una lenta reactivación.

Al respecto, un investigador de la macroeconomía de la mayor de las Antillas, el licenciado Hiram Marquetti, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, adjunto a la Universidad de La Habana, señala que Cuba es quizás el país de América Latina donde es más alta la relación de peso de producción por consumo energético.

El estudioso considera que de no modificarse el patrón de consumo energético, de mantenerse las desproporciones, resultará muy difícil sostener energéticamente el crecimiento de la economía.

Sólo en 1996, Cuba debió invertir 1.100.000.000 de dólares para la compra de petróleo y sus derivados; mientras que en el primer semestre de 1997, pagó 1,42 centavos de dólar de la deuda para obtener cada nuevo dólar de crédito a fin de adquirir combustible. Según datos oficiales, el barril de petróleo, que en 1959 costaba dos dólares, hoy se ha incrementado hasta 20.

Para la economía cubana, todavía sacudida por su más severa crisis desde 1959, no parece existir otro camino que el de la búsqueda de alternativas que acaben con el voraz consumo de recursos sin un respaldo productivo.

El país requiere de inversiones para la reconversión tecnológica de una industria en buena medida energéticamente ineficiente. Se estima, por ejemplo, que para que la primera industria del país- la azucarera-, pueda acceder a niveles óptimos de eficiencia, necesita una reconversión de sus instalaciones energéticas, que podría costar entre 400 y 500 millones de dólares.

El gobierno de la isla viene aplicando un programa de medidas que haga más eficiente la utilización de los combustibles en todos los sectores del país y acabe, de una vez para siempre, con las interrupciones del servicio eléctrico que tanto molestan a la población.

Una de estas alternativas, es la salida del horario de mayor demanda energética de las empresas que son grandes consumidoras. A ello se une una política que intenta promover entre los empresarios cubanos una mayor conciencia del ahorro: la aplicación de tarifas elevadas en ese período y un acercamiento del cobro del consumo de energía a su valor real en moneda libremente convertible.

Las autoridades cubanas han expresado además su voluntad de operar con tecnologías que aprovechen con mayor eficiencia el potencial calórico del combustible en las centrales termoeléctricas. Actualmente, ellas consumen aproximadamente una tercera parte de los combustibles que utiliza la isla en la generación de electricidad.

Fuentes dignas de crédito aseguran que el gobierno gestiona un financiamiento estimado en unos 500 millones de dólares para emprender el programa de modernización de las termoeléctricas del país, cuya inmensa mayoría proceden del desaparecido campo socialista esteuropeo, fundamentalmente de la URSS, de tecnología muy anticuada, grandes consumidoras de petróleo y de muy baja eficiencia.

Las firmas Babcock, Spie Enertrans y Gemco International, tienen en proyecto la rehabilitación de dos unidades de 100 megawatts de la termoeléctrica Antonio Maceo (Renté), en Santiago de Cuba. Cuando se pongan en marcha, en un lapso de 8 meses, no sólo sus calderas podrán soportar los rigores del crudo cubano, sino también, pasar del rango de 35-50 por ciento de disponibilidad eléctrica actual, es decir, de no salir del servicio, a los estándares internacionales que sobrepasan el 85 por ciento. Un proceso similar podría concretarse con las termoeléctricas de Nuevitas, en la provincia de Camagüey, y en la del Mariel, en La Habana. Esta renovación tecnológica sería de una gran alivio para las más eficientes del sistema electroenergético nacional que hoy descansa sobre la de Matanzas y la de Cienfuegos.

Los planes incluyen la construcción de otra unidad de 250 mw. En la más joven de todas las plantas, ubicada en Felton, Holguín, junto a dos unidades de 100 mw., cada una a partir de gas natural en Matanzas y La Habana, respectivamente.

Otras contribuciones para una mayor eficiencia en el empleo de los portadores energéticos en la isla parecen ser el proyecto que, mediante una empresa mixta, espera mejorar el servicio de gas a La Habana, al utilizar el gas natural y acompañante de los pozos del este de la capital cubana; los programas para disminuir las pérdidas en las redes; así como el reforzamiento de las auditorías, las inspecciones y de los análisis tecnológicos.

La población cubana parece que deberá continuar con las alternativas de ahorro en sus hogares, apoyada, según autoridades del MINBAS, por la introducción de medios más eficientes como el bombillo de 15 watts, que ilumina con una intensidad de 75 y dura 10 veces más que los tradicionales. Expertos consideran que su utilización masiva representa en un año el ahorro equivalente a la generación, durante esa misma etapa, de una planta de 100 mw, además de una cruzada educativa a favor de ahorro y aunque otras anteriores no han dado resultados favorables, las autoridades cubanas no cejan en su estrategia de promover la conciencia nacional sobre un tema que puede decidir la supervivencia de la estrategia para salir de la crisis, en medio de los trabajos – mediante las asociaciones económicas -,para encontrar petróleo y gas en el subsuelo de la isla.

Antes de cumplirse los próximos cuatro años, Cuba aspira a duplicar su producción de petróleo, incrementándola a 3 millones de toneladas en un año, declaró un especialista local al semanario Negocios en Cuba.

Pero esa es aún una posibilidad. Según el experto en extracción y prospección petrolera del Ministerio de la Industria Básica, Manuel Marrero, el estimado de producción para 1997 era de apenas 1,5 millones de toneladas, del cual se reportaron atrasos en el último trimestre del año. Un volumen que sólo cubre alrededor del 15 por ciento de la demanda nacional, calculada por diversas fuentes en 10 millones de toneladas anuales.

El petróleo que actualmente se extrae en unos 11 yacimientos explotados por la estatal Cuba Petróleo (CUPET), en un 80 por ciento es pesado, viscoso y con alto contenido de azufre, características que dificultan su extracción, manejo y transportación. Se utiliza, fundamentalmente, en la generación eléctrica, en las fábricas de cemento y en la elaboración de mezcla asfáltica y de aceites básicos.

Según expertos cubanos y extranjeros, en la isla «existe extensa presencia de manifestaciones de hidrocarburos almacenados en un amplio rango de tipos de rocas», criterio que por un lado incita a la búsqueda y por el otro advierte que se requiere experiencia, alta tecnología y paciencia para dar con el «oro negro» en la compleja geología del territorio cubano.

La producción de crudos nacionales parece brindar un panorama halagüeño a mediano plazo, a juzgar por el interés mostrado por empresas extranjeras por la inversión en la modalidad de exploración a riesgo. Incluso, expertos auguran la posibilidad de que la isla pueda convertirse en exportadora.

En tal sentido el inicio de la explotación de cuatro nuevos pozos, entre ellos dos con el denominado petróleo ligero, dan una medida de esa perspectiva, amén del crecimiento sostenido que ha experimentado la extracción en los últimos años.

Por ser una isla alargada y estrecha, Cuba no posee ríos con caudal suficiente como para pensar en la explotación ventajosa de la energía hidráulica, aprovechada hoy en muy pequeña escala, en el suministro de electricidad a comunidades rurales distantes de las líneas del sistema electroenergético nacional.

Tampoco existe un desarrollo significativo de las fuentes energéticas alternativas (biogás, bagazo de caña, etc.), cuyo potencial se calcula desde hace varios años en el equivalente a unas 8.000.000 de toneladas de petróleo al año.

Otro importante aporte al incremento de la disponibilidad eléctrica podría concretarse a partir del aumento de ese tipo de energía por los centrales azucareros.

En la actualidad ese aporte ni siquiera llega al 40 por ciento de sus potencialidades y aún existen un grupo de fábricas que dependen del sistema electroenergético nacional.

Una de las fórmulas para abaratar los costos de la tonelada de azúcar pasa por este renglón, por lo que resulta crucial el programa de autogeneración a partir del bagazo de la caña de azúcar.

El ingeniero Marcos Portal, ministro de la Industria Básica (MINBAS), quien durante el congreso del PCC ascendió al Buró Político, informó que se gestiona la instalación de una planta generadora de 100 megawatts en el occidente del país, a partir del gas natural acompañante del petróleo.

El titular del MINBAS se refirió al plan de modernización de las termoeléctricas procedentes de la antigua URSS y Checoslovaquia, caracterizadas por su baja eficiencia y alto consumo de combustible, junto a la construcción de una unidad de 200 megawatts, en la planta de Felton, en la oriental provincia de Holguín, a unos mil kilómetros al este de La Habana.

Las autoridades, por su parte, hacen continuos llamados a la eficiencia de la economía, en general, y del uso de los energéticos, en particular. También recurren a mecanismos que induzcan a esa eficiencia. Uno de ellos es la bonificación y penalización para las entidades que ahorren o sobrepasen el gasto – respectivamente -, de portadores energéticos, como un posible escape para este dilema que pone a la economía cubana entre el petróleo y la pared.

EL DINERO DE OTROS

La mayor de las Antillas cerró 1997 con unas 300 asociaciones económicas con capital extranjero y unas 160 empresas se habían instalado en sus tres zonas francas, según el titular de la inversión extranjera.

La crisis que afecta al país caribeño desde inicios de esta década colocó al gobierno de Fidel Castro ante la disyuntiva de abrir su economía centralizada y estatal a la inversión extranjera o perecer con las arcas vacías.

Las inversiones extranjeras a la isla, a pesar de la desaceleración provocada por la ley Helms-Burton, mostró en los últimos meses de 1997 una reanimación, a juicio de las autoridades. Según declaraciones de Ricardo Cabrisas, titular de Comercio Exterior, si en noviembre de 1996 existían 260 asociaciones con capital foráneo, un año después éstas habían aumentado hasta 294.

«Desde que se aprobó la ley Helms-Burton, se han creado y comenzaron a operar 80 nuevas asociaciones con capital extranjero. La interrogante a la cual no podemos dar respuesta precisa es ¿cuántas más estarían invirtiendo en Cuba de no existir esas leyes agresivas y amenazantes?», dijo. Entre noviembre de 1995 a igual mes de 1996, habían surgido 48 de esas empresas, sin embargo, entre el 1996 y 1997 sólo se habían sumado otras 34.

No obstante, este no es el único efecto perjudicial de la legislación norteamericana para la isla. Según Cabrisas, «Si bien han fracasado en sus propósitos de ahogarnos, estrangular nuestra relaciones comerciales y paralizar la inversión extranjera, por otra parte nos hacen daño al entorpecer los créditos, encarecernos las compras que hacemos, elevar los intereses y fletes que debemos pagar o inhibir algunas empresas de invertir en Cuba».

De acuerdo con publicaciones de la isla, las autoridades estudian fórmulas para flexibilizar y hacer más atractiva la legislación vigente sobre inversiones extranjeras.

La medida sería una especie de «antídoto» cubano contra la ley estadounidense Helms-Burton que desde su aprobación, en marzo de 1996, logró frenar el flujo de capital foráneo necesario para garantizar el despegue económico. Esa ley endurece el bloqueo económico a la isla y establece sanciones contra firmas de terceros países que negocien con antiguas propiedades estadounidenses confiscadas por el gobierno de Castro en la década del 60.

Aunque finalmente se hayan constituido unas 300 asociaciones económicas con inversionistas extranjeros, los especialistas preveían que esos negocios ascenderían a esa cifra al final de 1996. Así las cosas, se ha producido un atraso de un año en la atracción de la inversión foránea.

De acuerdo con los datos oficiales, que nunca hacen referencia a las asociaciones disueltas, a posibles retiros o cierre de firmas o empresas, las empresas mixtas operan en Cuba en 34 ramas de la economía, de las cuales la extracción de petróleo, turismo, minería y telecomunicaciones han asimilado los mayores volúmenes de capital.

El país que mayor capital tiene comprometido en Cuba es Canadá, con inversiones importantes en la industria del níquel, mientras que España se mantiene como líder en la cantidad de negocios acordados. El titular cubano de Inversión Extranjera, Ibrahim Ferradaz, reveló a la prensa que de 140 nuevos proyectos de inversión que estudian las autoridades cubanas, 35 correspondían a empresarios españoles. España pasó de sexto socio comercial de La Habana en 1992 a segundo en 1996. De las 600 firmas extranjeras acreditadas en la isla, más de 120 son españolas.

 

La ley cubana de inversiones permite la participación de capitales foráneos en todas las ramas de la economía, incluyendo los bienes raíces, y deja las puertas cerradas de las instituciones militares, los servicios educacionales y de salud. Pero estudiosos del tema consideran que la legislación no satisfizo las expectativas que creó en cuanto a sus posibilidades de hacer más flexible y atractivo el proceso de inversión en la isla por empresarios extranjeros.

En el caso de las relaciones comerciales con empresas estadounidenses, el valor de la actividad comercial autorizada en los dos últimos años alcanzó la cifra de 500 millones de dólares, informó John Kavulich, presidente del Consejo Económico-Comercial Estados Unidos-Cuba. El comercio se efectuó en las áreas de comunicaciones, transporte aéreo, suministradores de equipos médicos, tarjetas de crédito, entre otras. Según Kavulich, lejos de frenar el interés del empresariado estadounidense, la ley Helms-Burton significó «un salto» y provocó mayor interés hacia la información sobre Cuba.

Según Jesús Seade, director general adjunto de la Organizacion Mundial del Comercio «es fundamental introducir medidas que atraigan la inversión y que permitan una mayor eficiencia de su propio aparato productivo y una mejor cooperación con las demás áreas del mundo, porque eso es una ventaja».

Seade consideró afortunado el hecho de que el gobierno cubano, dándole lugar a su sistema político-económico y sin perder espacios, ha tomado medidas consistentes, muy propias y positivas, que están atrayendo a inversionistas europeos, canadienses, latinoamericanos y de otras partes del mundo.

¿QUE HAY DE NUEVO?

El Consejo de Estado de la República de Cuba decidió la creación del Banco Central, una de las medidas más esperadas dentro del esquema de la reforma bancaria en proceso desde hace dos años.

La aprobación por el parlamento cubano de una ley de bancos era esperada en octubre de 1996, pero no fue hasta el 28 de mayo de 1997 que la reestructuración del sistema encontró marco legal con la aprobación por el máximo órgano de gobierno de los decretos-leyes 172 y 173 sobre la creación del Banco Central y sobre los bancos e instituciones financieras no bancarias. «Tal decisión se fundamenta en lo imprescindible que resulta desagregar las funciones de banco central y comercial que indistintamente venía desempeñando el Banco Nacional de Cuba (BNC) desde 1960», afirmó el sábado 14 de junio el diario oficial Granma.

La reforma bancaria cubana intenta poner punto final a la excesiva centralización del sistema bancario en la isla que obstaculizaba los procesos en curso de apertura externa, a la descentralización del comercio y a la reestructuración empresarial, también conocida como «redimensionamiento», y que persigue la eficiencia de la empresa estatal a través de la reorganización del empleo, la reconversión tecnológica, la descentralización y la diversificación de la propiedad.

Expertos locales estiman que el redimensionamiento y saneamiento de las empresas estatales y el desarrollo de un sistema financiero y bancario que permita el diseño de una empresa pública autónoma de carácter mercantil que tenga condiciones para vender y comprar en el mercado con eficiencia y productividad, creándole las condiciones para que compita, es la única forma existente para defender y preservar la propiedad estatal.

La nueva institución, conocida como «banca de bancos» en la práctica internacional, tendrá autoridad rectora, reguladora y supervisora de las instituciones financieras y de las oficinas de representación que radiquen en el país. Además deberá ser capaz de contribuir de manera efectiva a las transformaciones económico-financieras emprendidas por el gobierno para paliar la crisis iniciada en 1990 y buscar la reinserción de la isla en el ámbito internacional.

«La tarea esencial del banco central es preservar la estabilidad de todo el sistema financiero, sin restringir indebidamente la capacidad de las restantes entidades para servir a la economía global, es decir, garantizar el bienestar financiero de la sociedad y preservar el valor de la moneda nacional; para el cumplimiento de esta tarea esencial el banco central debe tener un grado de autonomía, claro está, atemperado a las circunstancias del funcionamiento de la economía correspondiente», según el experto cubano Oscar U. Echevarría.

El BCC actuaría como agente fiscal y asesor del Estado y del gobierno, debería ocuparse de la emisión de la moneda, propondría la política monetaria y, una vez aprobada, dirigiría su aplicación. Entre sus funciones y atribuciones aparecen velar por la estabilidad de la moneda nacional, contribuir al equilibrio económico y el desarrollo ordenado de la economía, y asegurar el normal funcionamiento del sistema de pagos internos y externos.

La legislación echa por tierra cualquier cambio de moneda a corto plazo al disponer que la moneda nacional emitida por el Banco Nacional de Cuba, actualmente en circulación, mantendrá su curso legal y fuerza liberatoria ilimitada. Los rumores sobre un cambio de moneda circulan en la isla desde 1994 cuando el gobierno anunció la necesidad de sanear las finanzas internas y tomó una serie de medidas para eliminar el exceso de masa monetaria en circulación.

Soberón afirmó que el nuevo esquema contaría con siete bancos orientados a actividades específicas de inversiones, créditos y comercio, casas de cambio y dependencias de servicios financieros y agregó que en perspectiva está la eliminación cuando sea posible de la doble circulación monetaria y el establecimiento de una tasa de cambio que exprese el valor real de la moneda cubana.

Ante el desconocimiento de muchos de los habitantes de la isla del concepto de zonas francas,   de las características de su explotación, sus facilidades y ventajas, aparecieron durante 1997 en la geografía cubana con un argumento esencial: atraer mayores inversiones de capital.

Mayo, tradicionalmente conocido como el mes de las lluvias, fue testigo de la apertura de dos de estas zonas, destinadas a captar masas de dinero fresco hacia el país. Así las cosas, el día 5 quedó inaugurada la zona franca del Wajay, con 21,47 hectáreas, que fuera catalogada por la prensa cubana como «la primera golondrina del nuevo arsenal para atraer inversiones extranjeras».

Con este fin fue aprobado en el otoño de 1996 el Decreto-ley 165 que autorizó la apertura en la isla de las zonas francas y los parques industriales. El documento ofrece un régimen especial en materia de regulaciones aduanales, bancarias, laborales, tributarias, migratorias, de inversión de capitales y de comercio exterior.

De acuerdo con Octavio Castilla, director de la oficina nacional encargada de estas operaciones, en declaraciones al semanario Granma Internacional, «estamos rodeados de zonas francas y parques industriales muy calificados», sin embargo dijo tener «la convicción de que nuestro Decreto-ley es competitivo y con ese propósito estudiamos legislaciones de otros países, especialmente lo que ofrecen en cuanto a exenciones fiscales y costos de mano de obra».

Las normativas que rigen el funcionamiento de las zonas francas indican que tanto los concesionarios como los operadores que intervengan en las esferas de producción, manufactura, agropecuaria, ensamblaje y procesamiento de productos terminados o semielaborados estarán totalmente exentos de pagos de impuestos durante los primeros 12 años con bonificación del 50 por ciento durante los siguientes cinco años, además de la posibilidad de vender hasta el 25 por ciento de la mercadería producida en el mercado cubano, mientras que otras zonas de la región exoneran del pago sólo por 10 años y establecen la comercialización en el exterior para la totalidad de las producciones.

Entre las ventajas que ofrecen las zonas francas con relación a otras inversiones, las autoridades señalan una mayor agilidad en los trámites de autorización. Para las inversiones fuera de las zonas la tramitación puede llegar hasta 60 días, mientras que para ellas el plazo será de 45 días. De acuerdo con funcionarios cubanos otros atractivos serían la ubicación de la isla, la alta calificación de la fuerza de trabajo, la estabilidad laboral, además de la planta industrial y la infraestructura existentes.

Pasados los meses y cuando a la dos primeras se había sumado la zona de Mariel, sólo el 20 por ciento de las firmas se dedica a la actividad industrial. Para Castilla, aunque es alentadora la presencia de capital extranjero en esos enclaves, requeriría de una mayor participación de firmas dedicadas a la producción.

Las firmas inscritas hasta octubre para actividades productivas pertenecían a distintas ramas de la industria alimenticia, la ligera, eléctrica y electrónica.

La misma fuente aseveró a la prensa que cada empresa radicada en las tres zonas francas del país, independientemente que se dedicara a la producción o el comercio, podía generar hasta diez puestos de trabajo, uno de los beneficios alegados por las autoridades cuando se tomó la decisión de su apertura.

En la actualidad unas 150 firmas operan en las zonas de Mariel, Berroa y Wajay. De ellas, unas 65 son compañías que se habían instalado previamente en almacenes de depósito fiscal, con la modalidad in bond.

Según un parlamentario italiano, Luigi Colagianny, Cuba debería estudiar la forma de modificar sus leyes para captar mayores inversiones europeas, conservando su identidad. «Las relaciones económicas de Europa con Cuba podrían ser enormemente mayores y es un pecado que no lo sean por algunos obstáculos, entre ellos, las pocas posibilidades que otorga el marco jurídico actual para las inversiones del sector privado». «No ofrece las garantías suficientes para las inversiones y esto naturalmente frena el interés en Europa por invertir en Cuba», dijo.

Las zonas francas generaron hace cinco años más de 2.360.000 empleos directos, de ellos un 43, 6 por ciento se concentraban en Latinoamérica, señaló el estudio. La contribución neta de las zonas francas comerciales a la nación anfitriona se calcula entre seis y siete por ciento del valor bruto de las exportaciones, mientras que en las industriales entre 20 y 30 por ciento.

Las opiniones sobre la conveniencia de   la inserción en este tipo de operación son contradictorias. Un informe publicado por la revista londinense Gulf Marketing señala que el establecimiento de zonas francas ha sido aceptado como una de las mejores vías de las naciones en desarrollo para atraer a compañías internacionales que buscan una base local.

Fuentes académicas, por su parte, señalan que Cuba intenta introducirse en este espacio cuando las zonas tienden a desaparecer en la medida en que el mundo se dirige hacia la integración en bloques regionales y todo pretende ser una gran zona franca.

La apertura de las zonas francas vino acompañada de otros negocios que ya habían debutado en la isla. Según el ministro para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica, en los últimos tiempos se aprecia un creciente interés de los empresarios extranjeros hacia la rama inmobiliaria

El inicio de la construcción del Centro de Negocios Miramar marca un importante momento en el joven mercado inmobiliario cubano, toda vez que su monto monetario, ascendente a un total de 200 millones de dólares, constituye la mayor inversión que se ejecuta hoy en el país.

La inmobiliaria Monte Barreto S.A. es la encargada de la construcción y alquiler del complejo de hasta mil oficinas «inteligentes» ubicadas en 18 edificios de seis plantas cada uno, de los cuales los dos primeros estarán listos para su comercialización en 18 meses.

Dicha entidad es una empresa mixta entre la Inmobiliaria Lares, perteneciente a CUBALSE, y el grupo israelí B.M., cuyas acciones se reparten en 51 y 49 por ciento, respectivamente. B.M. es un grupo privado que tiene otros intereses en la isla en áreas tan sensibles como la industria azucarera y los cítricos. Según informó uno de sus vicepresidentes, su ingreso en el mercado cubano ha ido en aumento y su pretensión es continuar su expansión y diversificación. Dicha entidad está registrada en Panamá.

 

El negocio recién anunciado, que supera en 110 millones de dólares la edificación de la terminal número tres del aeropuerto capitalino, hasta ahora la mayor inversión del país, está pactado por 50 años y de su costo total, 50 millones son por el usufructo de la tierra y los restantes 150 millones el costo de la construcción, informaron sus directivos.

El complejo abarca siete hectáreas, comprendidas entre las avenidas Quinta y Tercera y las calles 70 y 80, sobre las cuales se piensan edificar por etapas 180.000 metros cuadrados de construcciones para locales de oficinas, comercios y otros servicios anexos.

Por su diseño está considerada la más moderna y polifuncional edificación cubana para tales menesteres, homologada con sus similares europeas y de Norteamérica, informaron sus diseñadores, quienes recibieron asesoría de especialistas de Canadá.

La ubicación del Miramar Trade Center es estratégica, toda vez que es uno de los polos de desarrollo más dinámicos de la ciudad. Según los urbanistas, hacia allí se va desplazando uno de los centros de la capital.

Monte Barreto, en Miramar, dispone de una amplia zona de terrenos destinados al desarrollo turístico con un potencial estimado en unas 4.000 habitaciones, de las cuales hay ya en explotación 1.139 en seis instalaciones hoteleras.

En esa área y sus inmediaciones también se gesta el crecimiento del negocio inmobiliario residencial. Ya en fase de ejecución se encuentran los apartamentos de lujo Montecarlo Palace y Havana Palace, de Real Inmobiliaria, y próximamente se comenzará a erigir el complejo residencial Jardines de Quinta Avenida por la inmobiliaria Costahabana.

Se estima en unos 50 millones de dólares el monto de la inversión de esas dos empresas mixtas con su par cubana Lares. Ambas cuentan con capitales de entidades de Mónaco y España, respectivamente, y en cuyas prerrogativas de comercialización está no sólo el alquiler de los apartamentos; sino también su venta a extranjeros y a naturales residentes en el exterior.

En La Habana existe un mercado muy amplio que demanda este tipo de inmueble especializado para oficinas. Los hombres de negocios que llegan a La Habana se quejan de la falta de oferta de locales adecuados para su trabajo. Hasta ahora la vertiente más socorrida es el alquilar una mansión en Miramar, por lo general con dimensiones desproporcionadas para sus fines, altos alquileres y costos adicionales por obras de adaptación, el mantenimiento posterior, servicio de protección y la colocación de plantas generadoras de energía eléctrica adicional, entre otros.

El edificio de la Lonja del Comercio, pionero de la reanimación del negocio inmobiliario en Cuba y propiedad de la Inmobiliaria Aurea, empresa mixta conformada por la Oficina del Historiador de la Ciudad y el Banco Exterior de España, a un año de su reapertura, parece no haber cumplido las expectativas.

Se estima que su comercialización es aún muy lenta (poco más del 50 por ciento), en comparación con la demanda de este tipo de locales por las empresas extranjeras y nacionales del sector de la moneda dura.

Muchos achacan ese bajo perfil de alquiler a las características de la zona, que si bien está en fase de restauración, aún no se corresponde con los intereses de quienes buscan todas las facilidades y un entorno agradable y seguro.

En ese entorno, podría correr la misma suerte la Inmobiliaria Fénix, propiedad exclusiva de la Oficina del Historiador que corre con la restauración y alquiler de esa joya arquitectónica habanera que es el edificio Bacardí, enclavado también en el centro histórico de la ciudad.

Por lo pronto, la juventud del negocio inmobiliario en Cuba no le ha impedido, al parecer, tener un comienzo alentador en apenas poco más de un año, incluso sin una legislación específica (está en fase de preparación) que norme este complicado mercado.

El monto total de la inversión inmobiliaria se estima sea de unos 300 millones de dólares y hay en estudio una veintena de proyectos más.

Según declaraciones de Ferradaz a la prensa, en la actualidad «no sólo existen cinco asociaciones económicas con presencia de capital extranjero, sino que tenemos ya prácticamente elaborada la versión de una normativa legislativa sobre el tema, la cual tiene posibilidades de aprobación».

José Luis Rodríguez, ministro cubano de Economía y Planificación, afirmó a la prensa que no se puede hablar de un «congelamiento» de las reformas en Cuba tras la entrada en vigor de la ley estadounidense Helms-Burton.

Sectores especializados apuntaron hacia el carácter «imprescindible» de las reformas previstas para la «sobrevivencia» de la isla y recordaron la cautela que caracterizó el proceso desde sus inicios.

Si en 1997 se trabajó en la reestructuración de los sectores textil, la electrónica, el vidrio y el papel como parte del llamado «redimensionamiento» de la economía, en 1997 le llegó el turno a la pesca, que fue seleccionado por una encuesta del semanario Opciones como la industria más destacada del país por sus resultados económicos del año.

Expertos y autoridades coincidieron a finales de 1995 que «había llegado la hora» de extender las reformas económicas en el plano interno a la esfera productiva si se pretendía seguir avanzando en la recuperación económica.

LOS LÍMITES DE LAS REFORMAS

La reforma económica iniciada por el gobierno del presidente Fidel Castro para buscar una salida a la crisis de los últimos seis años sigue su paso lentamente, con la cautela de siempre, pero sin detenerse.

Esa parece haber sido una de las conclusiones principales de la cuarta mesa redonda sobre Cuba que sesionó los días 4 y 5 en La Habana con el auspicio de la editora británica The Economist. Como sus antecesoras, la mesa redonda llamó la atención de analistas y observadores que miran ese foro como un barómetro que sirve para medir la recuperación de la economía cubana y la marcha de las reformas.

Una de las principales incógnitas que manejaron durante meses analistas fuera y dentro de la isla, quedó despejada durante el V Congreso del Partido con el reconocimiento oficial de la continuidad de las reformas económicas.

La polémica pública se debatía entre los que apostaban a favor de que los comunistas darían un nuevo impulso a las reformas estructurales y los que opinaban que las concesiones habían llegado a su límite posible dentro del pensamiento oficial.

Otro grupo, en una posición intermedia, estimaba que el gobierno podría dar pasos en aras de aumentar el control sobre la iniciativa privada y, al mismo tiempo, continuar incentivando la apertura externa de su economía y la transformación de su sistema financiero.

La gran expectativa se generó alrededor de una resolución económica que se presentaría al congreso comunista, y que el Partido había logrado mantener al alcance sólo de los delegados a la reunión.

El oficialista diario Granma afirmó antes de la cita que la resolución sintetizaba la experiencia acumulada durante la crisis, analizaba «pormenorizadamente la política económica» y trazaba «de modo realista las perspectivas de la economía» y añadió que el foro comunista evaluaría »las transformaciones operadas en la economía y las consecuencias no siempre favorables pero sí previstas que de ellas se han derivado».

La reforma, iniciada paulatina y cautelosamente a partir de 1993, respondió a la urgencia que impuso la crisis que ya dura siete años y, desde entonces, no ha dejado de estar signada por su carácter »indeseable» y, al mismo tiempo, »inevitable».

Fuentes oficiales atribuyen la crisis económica cubana a la combinación de los efectos del bloqueo de los Estados Unidos a la isla y de la desaparición del bloque socialista europeo con el cual La Habana mantenía la mayor parte de su intercambio comercial. Expertos locales agregan a la lista de causas ‘‘errores internos» en la dirección de la política económica. La depresión provocó una caída de 34,8 por ciento del producto interno bruto entre 1990 y 1993 y afectó directamente a la población que sufrió un rápido deterioro de sus condiciones de vida en comparación con la década anterior.

El paquete de medidas previsto para paliar la crisis incluyó la ampliación del trabajo por cuenta propia, la legalización del dólar, la apertura de mercados agropecuarios e industriales de libre concurrencia.

Para el saneamiento de las finanzas internas se aplicó el alza de tasas y tarifas, se eliminaron un grupo de gratuidades históricas como la entrada a eventos deportivos y museos y se elevaron los precios de productos no básicos como cigarrillos y bebidas alcohólicas.

Al mismo tiempo, con mayor cautela y de forma aún más discreta, el gobierno dio luz verde a las reformas estructurales de la economía en la esfera de la empresarial, laboral, bancaria, del comercio exterior y de la propiedad.

El mantenimiento del Estado como protagonista y fuerza rectora de la economía, cambios estructurales, espacio limitado a la iniciativa privada y mayor apertura al capital extranjero, es lo que al parecer podrá esperarse en los próximos años, según se desprendió de declaraciones de José Luis Rodríguez a inicios de octubre, sobre el desempeño de la economía cubana desde el inicio en 1990 de la peor crisis económica del gobierno de Fidel Castro.

‘No hemos concluido el proceso de reformas económicas», afirmó el funcionario, uno de los principales ejecutores de las reformas, quien agregó que las transformaciones en curso no se concluyen con un acto declarativo y que, en todo caso, se mantendrá el papel rector del Estado en la economía socialista cubana.

«Se va a producir una expansión más o menos gradual del trabajo por cuenta propia», pero ni ésta ni la pequeña o mediana empresa privada son vistas como »prioridad del desarrollo del país», aseguró el titular.

En el terreno de las reformas, el congreso del PCC no se pronunció por un paso adelante en el trabajo por cuenta propia que significaría la apertura de pequeñas y medianas empresas privadas. Sin embargo, observadores, catalogan como «ambiguo» el lenguaje empleado sobre el tema en la Resolución Económica adoptada por el evento partidista y consideran que las autoridades decidieron dejar la puerta entreabierta a esa posibilidad.

Por lo pronto, las transformaciones continuarán en el perfeccionamiento del sistema tributario, en el saneamiento de las finanzas internas, en al modernización de la banca y del comercio exterior.

De acuerdo con Rodríguez con el autoempleo el gobierno cubano pretende que no se »entronice» el parasitismo o el enriquecimiento ilícito y que, por el contrario, se distinga el ingreso por el trabajo. La ampliación del autoempleo fue aprobada en 1993 para satisfacer la demanda de la población de un grupo de servicios deficitarios y legalizar actividades que se realizaban en la economía sumergida.

Rodríguez descartó »un retroceso» en esta medida que, además, constituye una alternativa de empleo en medio de una reestructuración laboral que, según estimados especializados, podría afectar a unas 700.000 personas en la isla.

Por último, en 1997 el gobierno autorizó a los propietarios de viviendas el arrendamiento de habitaciones, de casas o apartamentos, a ciudadanos extranjeros y estableció los términos tributarios para esta actividad.

Uno de los problemas sociales más acuciantes que enfrenta la capital de Cuba se ha caracterizado desde hace décadas por la contradicción entre el alto nivel de ocupación de buena parte de su fondo habitacional, situado sobre todo en municipios como La Habana Vieja, Centro Habana y 10 de Octubre y la subutilización de otro número significativo de viviendas. De hecho esa fue la razón que asistió a las autoridades cuando en la pasada década autorizaron a los dueños de viviendas el alquiler de hasta dos habitaciones a compatriotas necesitados de un lugar donde vivir.

Manuel Millares, ministro cubano de Finanzas y Precios, dijo al semanario Juventud Rebelde que «con una cuota mínima de 20 dólares diarios por 180 días por el alquiler de una sola habitación, son 3.600 dólares, y hay quienes alquilan dos o tres». Y, también, quienes tienen mansiones en Miramar, un apartamento vacío en el Vedado y hasta casas con piscina para alquilar.

El ministro de Finanzas y Precios de Cuba, Manuel Millares destacó la necesidad de poner orden y restablecer la disciplina como la motivación de la adopción de un decreto sobre las normas para el alquiler de la vivienda.

Al mismo tiempo, reconoció que «el propósito es evitar una competencia desleal entre una entidad estatal que tiene gastos, que debe restituir el valor de una inversión y asumir un grupo de servicios».

Desde la implantación del pago de impuestos hace escasos dos años, mucho se habló de modificaciones a la Ley General de la Vivienda que actualizarían las regulaciones al respecto.

Millares recordó que la ley de la vivienda autorizaba el arrendamiento de hasta dos habitaciones, lo cual no se cumplía, pues, algunos alquilaban hasta una casa completa, sin ningún control. «Es normal que quien tenga una actividad lucrativa, deba pagar impuestos», insistió. Al fundamentar las razones de esa disposición, señaló que no existe lugar en el mundo donde un extranjero entre por una aduana sin luego conocerse su paradero.

Un estudio citado por el titular estima en más de 20 millones de dólares el monto total de la recaudación por este concepto. De acuerdo con datos recientes, algo más de la quinta parte de los turistas que llegaron a la isla en el primer trimestre del año, excluidos los cubanos residentes en el exterior, se hospedaron en viviendas particulares. Estimados indican que cerca del 22 por ciento de los visitantes que llegaron a la ciudad de La Habana durante 1996 se alojaron en casas.

Observadores locales estiman que la introducción de estas reformas en la esfera de la iniciativa privada se caracteriza por el reconocimiento y la reglamentación oficiales de actividades que existían en la economía informal sin aportar fondos al Estado.

Para Gilberto Valdés, investigador del Instituto de Filosofía de La Habana, »la necesidad de abrir nuevos espacios al mercado, como premisa de la reestructuración de la economía cubana, no implica preterir la búsqueda e implementación de nuevas formas de regulación por parte del Estado». En su trabajo »La alternativa socialista: reforma y estrategia de orden», Valdés cataloga como desafíos »hallar fórmulas nuevas de socialización de la producción y la política» y modos de autogestión, cooperación, democracia económica y control popular y ciudadano.

Las medidas, que afectan sobre todo al sector urbano, tuvieron su antecedente en un cambio en el régimen de la propiedad agrícola que, según Rodríguez, debe conducir a una transformación gradual de la economía cubana cuyos resultados pueden tardar años.

Si en 1992 el Estado cubano controlaba 75 por ciento de la tierra, este año controla entre 22 y 25 por ciento, de acuerdo con el titular de Economía y Planificación.

La reestructuración de la propiedad en los campos cubanos incluye la entrega de la mayoría de las tierras estatales en usufructo gratuito a cooperativas agropecuarias y a unas 60.000 familias de productores privados.

Cuba se abrió a la atracción de capitales extranjeros desde 1990 y dio luz verde a una reestructuración de su comercio exterior dirigida, en lo fundamental, a su descentralización.

Las empresas autorizadas a comerciar fuera de Cuba pasaron de 50 a 281 mientras que el comercio exterior con los países del continente americano pasaron de 6 y 7 por ciento del intercambio cubano a finales de los años 80 a 40 por ciento en la actualidad.

Según el titular del Comercio Exterior de la isla, Ricardo Cabrisas, una de las misiones principales de la economía es fomentar y diversificar las exportaciones, tanto de bienes como de servicios.

A juicio de Carlos Martínez Salsamendi, presidente de la Cámara de Comercio de la República de Cuba, las exportaciones hacia el área de América Latina y el Caribe han crecido en los últimos tiempos como resultado de un trabajo constante.

En las palabras de clausura de la feria internacional de La Habana, el vicepresidente cubano Carlos Lage, señalaba que el intercambio comercial de la isla creció en los últimos tres años a un promedio anual del 15,8 por ciento, mientras que en América Latina fue del 9 por ciento.

Los acuerdos de inversión extranjera ascienden a unos 300 y, según Rodríguez, el capital supera los 2.000 millones de dólares como compromiso, »una buena parte ya pagado».

El aumento de la diferenciación social, el auge de la prostitución y el proxenetismo y la corrupción son para la oficialidad algunas de las consecuencias »previstas» pero »indeseadas» de la crisis y de las reformas económicas.

Mientras filósofos y economistas tratan de buscar un sustento teórico a las transformaciones en Cuba, todas dentro del socialismo, algunos analistas se inclinan a pensar que las autoridades favorecerían un retorno a las modelos vigentes en los tiempos anteriores a la crisis.

De acuerdo con esa tendencia de pensamiento el gobierno intentaría frenar lo más posible la aplicación de medidas de corte capitalista, no cedería en los esquemas del llamado »socialismo de Estado» y minimizaría lo más posible las franjas abiertas a la iniciativa privada.

PROYECCIONES PARA 1998

1998 tampoco será un año fácil para la economía de la mayor de las Antillas. Según las proyecciones del Ministerio de Economía y Planificación, el PIB crecerá entre 2,5 y 3,5 por ciento. Los pronósticos aseveran que se producirá un «notable aumento» en las inversiones extranjeras, con la que se beneficiarán, fundamentalmente, la industria eléctrica, el níquel, el petróleo, turismo, azúcar, agricultura, industria alimentaria y telecomunicaciones.

Entre las aspiraciones de las autoridades de la isla está la de corregir el tiro de su gestión empresarial. Según palabras de Osvaldo Martínez, presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional, durante la última sesión anual del Parlamento, se prevé revertir las condiciones desfavorables de 1997 «alcanzando un crecimiento en la productividad del trabajo respecto al incremento del salario medio y un crecimiento del PIB superior al crecimiento del índice físico de consumo energético, así como una mejoría de 55 por ciento de los fondos básicos puestos en explotación por peso de inversión.»

Entre las medidas que se adoptarán para lograr esos objetivos está la extensión del pago en divisas de los combustibles por parte de todas las entidades con capacidad para hacerlo, lo cual llevaría dicho pago en moneda libremente convertibles hasta el 66 por ciento del consumo productivo total.

En 1998 en la economía cubana se aspira a la recuperación de la agricultura cañera. Para ello es imprescindible respetar las plantaciones hasta alcanzar una adecuada composición de cepas, es decir, de cañas con promedio mayor de edad, reducir los costos y sembrar unas 27.600 caballerías y una cifra no menor en los años venideros.

En el caso del sector agropecuario los estimados de crecimiento oscilan entre 6,5 y 7,5 por ciento, con énfasis en las producciones de tabaco, hortalizas, plátanos, viandas y huevos.

Uno de los soportes fundamentales de la recuperación económica del país, el turismo crecería en 22 por ciento en sus ingresos brutos, como resultado de la recepción de 1.400.000 viajeros, unos 300.000 por encima del real de 1997, al tiempo que deberán mejorar sus indicadores de eficiencia.

Para el sector industrial, el pronóstico de crecimiento oscila entre 1,9 y 3,9 por ciento; el acero, 27 por ciento; níquel, 9,5 por ciento; tejidos, 28 por ciento; cemento, 6 por ciento y cerveza, 33 por ciento.

La generación de energía aumentará un 0,4 por ciento, acompañado de un amplio programa de ahorro de electricidad.

Según el MEP, el déficit del presupuesto se incrementaría ligeramente, después de alcanzar en 1997 “límites más allá de los cuales es extremadamente difícil cualquier reducción, hasta llegar a 2,9 por ciento del PIB. De acuerdo con los especialistas ese déficit, al ser inferior al crecimiento previsto del PIB, es manejable y no es desventajoso si se compara con países considerados como buenos ejecutores de sus presupuestos.

Para el cubano común persiste cierta contradicción: la macroeconomía creció, aunque menos de lo que se dijo a inicios de año, sin embargo, en su radio de acción continúan las tensiones y limitaciones. Al respecto, para 1998 se pronostican «algunas mejorías en el consumo normado, en el abastecimiento del combustible doméstico y de aceite para cocinar».

Los números están por hacerse realidad, mientras tanto, buena parte de los cubanos piensa «nos esperan otros 365 días muy tensos».

ANEXO I

COMPORTAMIENTO DE LAS PRODUCCIONES MÁS SIGNIFICATIVAS EN 1997

Producciones Volumen         Crecimiento o Decrecimiento

Azúcar 4.252.000 Ton.           (-4,4%)

Níquel  62.000 Ton.    +16,8%

Generación Eléctr.     10.015 GWH  + 5,9%

Acero  345.000 Ton.  +49,4%

Cemento         1.930.000 Ton.           +29,8%

Jabón de Tocador      12.300 Ton.    +39,8%

Captura Pesquera      137.200 Ton.  +13,9%

Yogur  29.400 Ton.    +17,6%

Cítricos           830.000 Ton.  +20,3%

Tabaco Torcido          250.000.000 /u           +29,6%

Frijoles 53.000 Ton     +67,7%

Arroz   325.000 Ton.  +35,6%

Leche  554.000.000 /lit.          +5,2%

Viandas           837.000 Ton.  (-6,3%)

 

ANEXO II

 

PRONOSTICOS PARA 1998

Producción     Estimado de crecimiento

Acero  27,0 %

Níquel  9,5 %

Tejido  28,0 %

Cemento         6,0 %

Cerveza          33,0 %

Electricidad     0,4 %

Pesca  9,0 %

Exportaciones 10,7 %

Importaciones 4,7 %

Industria          1,9 – 3,9 %

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